jueves, 28 de mayo de 2020

El cimiento de la esclavitud es el temor a la muerte


La libertad no consiste en hacer lo que nos gusta, 

sino en tener el derecho a hacer lo que debemos

(Papa Juan Pablo II)


Los hijos de una misma familia son todos de la misma carne y sangre, de nuestra carne y sangre quiso participar Jesucristo, para liberar a los que, por miedo a la muerte, pasábamos la vida como esclavos. Con las palabras de la Carta a los cristianos hebreos, terminaba la semana pasada mi artículo. Creo que es una oportuna reflexión en estos momentos tan astutamente administrados de miedo a la muerte, después de haberla mostrado en su cara más atroz, empujando a morir justamente a quienes, por la edad, más temían a la muerte por vérsela más cerca. Los librepensadores creen que fue una operación descaradísima de eutanasia: con el impresionante ahorro de pensiones, y con una morterada de millones por el Impuesto de Sucesiones, allí donde este impuesto es cultivado con especial codicia (no sean mal pensados, que eso es por el bien común). Pero eso sí, con sedación: que hoy ya no está permitido matar sin sedación ni a los animales que filetearás para comértelos. A las residencias de ancianos que pedían medicinas y un hueco en el sistema asistencial, sólo se les enviaron sedantes. Los científicos que asesoraban al mando unificado de las residencias de toda España bajo la vicepresidencia de Pablo Iglesias, (tampoco sabremos quiénes fueron) creyeron que eso era lo mejor para nuestros ancianos…


Pero resulta que esas muertes han sido providenciales para el poder, porque gracias a ellas, se ha avivado y actualizado en la población el temor a la muerte. Y gracias a ese temor, se puede gobernar con muchísima más audacia. La gente (que dice Iglesias) está dispuesta a aguantarlo casi todo… A aguantar, por supuesto, el recorte despiadado de las libertades. ¡Qué claro lo tenía Pablo de Tarso, y qué claro lo tiene Pablo Iglesias! Es el temor a la muerte, es el miedo instalado en el “distanciamiento social” y en las mascarillas; y para los católicos, la prohibición de asistir a misa, lo que les da una jamás conseguida holgura de gobernanza. Tanta, como que los derechos humanos no constituyen para ello el menor obstáculo. Como que están “en suspenso”. 

miércoles, 27 de mayo de 2020

A Joan Maria Piqué solo le preocupa que Omella haga tweets en castellano

Mientras tanto "su" gobierno retira el concierto a los colegios de "su" Opus Dei



Los Piqué, vinculados al Opus Dei, son tres hermanos periodistas, Ramon, Toni y Joan Maria, que han ganado mucha relevancia en Cataluña en los últimos tiempos por su apoyo descarado al Procés y por su proximidad a los últimos presidentes de la Generalitat. Su poderosa influencia ha acabada preocupando incluso a algunos de nuestros actuales mandatarios independentistas catalanes, especialmente en los socios de gobierno de Esquerra, pero incluso en sus mismos compañeros del PdCat, Junts o como quieran llamarlo.

De los tres hermanos, el que más ha acaparado la atención es Joan Maria, que estudió periodismo en la Universidad de Navarra, vinculada al Opus Dei, y consiguió sus primeros puestos de trabajo en el ramo en la Agencia Europa Press y en el Diari de Tarragona, también aupado por miembros de la Prelatura que tenían influencias en esos medios. Después de esos inicios nuestro protagonista se especializó en periodismo al servicio del régimen nacionalista, y muy concretamente de sus presidentes. Llegó a ser responsable de prensa del Presidente Artur Mas. No continuó en el cargo con Carles Puigdemont pero si se convirtió en un estrecho colaborador suyo. Con la llegada de Quim Torra a la presidencia, ocupó el cargo de "coordinador internacional y relaciones públicas de la Generalitat". Actualmente es el responsable de prensa de la Conselleria de Interior, un cargo de gran importancia porque es quien tiene que dar explicaciones sobre cualquier tema que afecte a los Mossos d'esquadra.

martes, 26 de mayo de 2020

Los otros carteles y las otras parroquias

Afortunadamente en nuestra diócesis hay algo más que Pueblo Seco



En dos entregas hemos comentado el cartel de las parroquias de Poble Sec, y sus escandalosos contenidos. La semana pasada en mi artículo recordaba como este barrio entero se quedaba sin Misa diaria, y con una sola Misa dominical por parroquia (en Sant Salvador d'Horta ninguna). Ayer mi buen amigo Oriolt nos relataba la prohibición del Rvdo Joan Cabot ("El emperador del Paralelo") de que en sus cuatro parroquias puedan entrar los mayores de 70 años. Mientras tanto nuestro simpático y dicharachero arzobispo mirando para otra parte, y lo que es peor, cuando tiene posibilidad pone a Poble Sec como ejemplo de "Unidad Pastoral", lo que en el futuro tendría que ser para toda la diócesis.

Pero afortunadamente no todo es Poble Sec en Barcelona. Hay muchas realidades parroquiales que también han tomado medidas y han hecho carteles con motivo del retorno de la Santa Misa a sus parroquias, aunque éstas nada tienen que ver con las del Rvdo Cabot y su cuadrilla, son ejemplo de parroquia que no da la espalda a sus fieles, que se preocupa de sus necesidades espirituales y que sufre viendo algunas indicaciones y mandatos de su arzobispo que son muy difíciles de cumplir, si sus párrocos quieren ser buenos pastores para su rebaño.

lunes, 25 de mayo de 2020

El edadismo de Joan Cabot

 

En estos tiempos de pandemia y Covid 19 están surgiendo palabros nuevos. Uno de ellos es edadismo, que se refiere al trato indigno y la falta de respeto con la que son tratadas las personas mayores. De esa bajeza pocos hablaban hasta ahora y se solía mirar en otra dirección, pero el maltrato de ancianos (físico y psíquico) está tan extendido por nuestros lares que, con toda probabilidad, supera a la llamada violencia de género. Y no posee normativa protectora ni juzgados ad hoc. Con el coronavirus ha salido a la luz el triaje y la masacre de las residencias geriátricas. Pero, además, se ha puesto de manifiesto un edadismo instintivo y automático, que arrincona los mayores y los trata como niños pequeños. Con la particularidad de que, mientras la esperanza de vida aumenta y se sitúa en una franja muy alta, el inicio de la vejez se rebaja y se fija en los 70 años.

La semana pasada, Antoninus Pius nos contaba el caso de las cuatro parroquias de Poble Sec, donde se habían eliminado las misas en días laborables (e incluso la vespertina de los sábados) y se había cerrado la iglesia de Sant Salvador d’Horta. Sin embargo, el bueno de Antoninus se dejó en el tintero el examen de la normativa impuesta por Joan Cabot (que es el que manda en esas cuatro parroquias) para acudir a misa. Y entre esas reglas, tan prolijas como las abluciones de la Ley Mosaica, se hallaba una de bien concreta: “Si tienes más de 70 años, quédate en casa”. 

domingo, 24 de mayo de 2020

Más difícil todavía

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Mi parroquia del Fondo de Santa Coloma de Gramenet (Sant Joan Baptista)
Las semanas que estamos viviendo están siendo una experiencia terrible para todos. Para algunos este tiempo ha acabado con la muerte, muchos han batallado contra ella, o bien luchando denodadamente en sus propias carnes por derrotar la enfermedad contraída o bien tendiendo generosamente la mano, aún a riesgo de su propia vida, para atenuar los efectos de la pandemia, y eso en infinidad de modos. Muchos estando viviendo un confinamiento con un aislamiento tan severo que su salud mental se ha visto más afectada que su salud física. Pienso en todas las personas mayores que no se han visto afectadas por este virus. Tenían que protegerse, por supuesto, pero ¿era necesario separarlos de sus lazos naturales hasta el punto que a los abuelos  se les ha prohibido ver a sus nietos? Si se hubieran tomado medidas preventivas consistentes y se hubieran dado las herramientas necesarias (como mascarillas) desde el principio, se habrían evitado las tragedias familiares. Sé  que desgraciadamente algunas de estas personas se han dejado morir. Conozco también algunas personas más jóvenes que debido a la tensión acumulada se han suicidado. Habrá que hacer una evaluación honesta de estas realidades.

viernes, 22 de mayo de 2020

La Glosa Dominical de Gérminans

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NO EL VIVO SINO EL VIVIENTE

Lo que le está sucediendo a Jesucristo frente a las miradas atónitas de sus apóstoles, no tiene nada que ver con un desaparecer en la estratosfera o con un perderse entre los astros de la bóveda celeste. Nada tiene que ver con marcharse como un cohete de una rampa de lanzamiento mientras el vuelo va acompañado de un adentramiento en una nube oscura. Se trata más bien de un fenómeno mistérico, insondable para los sentidos; pero por el que podemos tomar conciencia de que Jesucristo, Dios y hombre verdadero, después de haber compartido largamente con nosotros todos los aspectos de la humanidad, comprendida la persecución y la muerte cruenta, ahora se sustrae a nuestra percepción sensorial y se aleja de la esfera propiamente terrena. Asume la dimensión plena de la gloria, aquella inefable de lo divino, aún continuando manteniendo la misma humanidad. Verdadero Dios y verdadero hombre, entra en la esfera de lo divino.

El contacto puramente humano con el Señor Resucitado ya no será posible, porque Él asciende a los cielos y vuelve a la derecha del Padre. Huelga decir que de ahora en adelante ya no será posible experimentar según categorías terrenas; no tendremos manera de experimentar su presencia material, pero podremos percibir su presencia aunque sólo con un ulterior esfuerzo comprensivo de humildad, que es el de la fe. 

jueves, 21 de mayo de 2020

La pandemia que se lleva por delante nuestras libertades


“El papa Francisco nos pide que atendemos a los enfermos y que no tengamos miedo de acercarnos a ellos. Es parte del ministerio de los sacerdotes estar cerca de la gente”
(Cardenal Juan José Omella. Carta Pastoral. 14 de marzo de 2020) 

Es evidente que estamos pésimamente gobernados. Es evidente que a nuestros políticos no les importan para nada nuestra libertad y nuestros derechos; eso en el supuesto de que no estén aprovechando la crisis del coronavirus para laminar nuestras libertades y nuestros derechos hasta donde ellos puedan y nosotros nos dejemos. Resulta que el 9 de mayo apareció una orden del Ministerio de Sanidad, sí, del Ministerio de Sanidad, en cuyo artículo 9 se toman decisiones sobre el culto, vulnerando descaradamente la libertad de culto de los católicos, violando por tanto la libertad religiosa que reconoce la Constitución.

No se trata de un tema eclesiástico, sino de una cuestión de derechos fundamentales que el gobierno se permite vulnerar impunemente aprovechándose del estado de alarma. Y son muchos los católicos de a pie que han puesto el grito en el cielo: no están dispuestos a tolerar que el gobierno les diga si pueden ir a misa, cuándo y cómo, ni si pueden hacer procesiones en el exterior o si pueden cantar en el coro. Acabo de recibir una alerta pidiendo firmas para protestar de tamaño atropello. Se atreve a indicar la orden del Ministerio de Sanidad que se limitará al menor tiempo posible la duración de los encuentros o celebraciones. O sea, que las misas han de ser lo más cortas posible y otras lindezas por el estilo.