domingo, 21 de abril de 2019

Pascua de Resurrección


   Mañana de Pascua


C:\Users\usuario\Desktop\untitledtombaaa.png


Las mujeres, calladas, contemplan el camino
que se pierde en el páramo espectral y brumoso.


Esqueleto del alma, los árboles desnudos,
cómo dos urnas negras, enmarcan el paisaje.


Y, aunque las ramas tienen algunos brotes tiernos,
no pueden impedir la profusión de espinas.


Bajo la luz dudosa del recuerdo de un sueño
se esfuman a lo lejos ciertas sombras extrañas.


Todo es simple y solemne como el astro radiante
que enciende en el espacio una pálida hoguera.


Por su altura en el cielo debe de ser la luna,
parece, sin embargo, un sol recién nacido.


Pero no canta el gallo y aún dormitan las bestias.
¿Amanece? ¿Anochece? Algo está sucediendo.


La muerte esta mañana es débil e imprecisa,
el frío está pintado de forma minuciosa.


                                                                              (Caspar David Friedrich)  

viernes, 19 de abril de 2019

La Glosa Dominical de Gérminans

https://2.bp.blogspot.com/-Ch14BVzawEA/VvPAQBfk3qI/AAAAAAAAJ3I/5nlU71_812gadVtfQGLHjHkbSSSgzkEbA/s1600/Pascua2.jpg

¡HA RESUCITADO! LO RECONOCES: HUELE A VIDA

Como descendientes directos de la estirpe del Iscariote: así aparecen a los ojos de la gente mis discípulos. Con heridas y monstruosidades, por años con el aliento ahogándoles y la amargura de la mirada, oliendo a sudor y cándidos de nostalgia. Los malditos, los bastardos, los traidores: existe siempre una aproximación por exceso de negación cuando se habla de Judas, del ladrón y de sus sucesores. Y sin embargo los he visto allí, agachados el jueves sintiendo el escalofrío de aquella agua descendiendo también por sus pies: el mismo amor por los pies de Judas como por los de Bartolomé y los de Tadeo usó aquel día el Maestro de Nazaret. Y yo, aquel día, sacerdote como Judas: también él fue consagrado sacerdote, primero entre los doce primeros sacerdotes de la historia de la humanidad. Aquella noche nos dormimos con un incómodo testamento en la cómoda: una jofaina y un pocillo de agua. Y nosotros, tremendamente hombres, hemos correspondido a la gentileza: un trozo de madero y un puñado de clavos. Hace siglos que el hombre debe recordar la ingratitud que alberga en el corazón.
Desde el viernes, con la Cruz estrechada entre las manos, quería boicotear el gesto del beso: “Señor, te evito una doble traición”. Los he observado mientras en el evangelio el gallo cantaba y Pedro mentía, mientras Barrabás exultaba y el inocente sucumbía, mientras en el Calvario se apresuraban las primeras sombras de la gran escena. Después, cuando los he visto en fila india, quería decirles: “no gente, cuando es demasiado es demasiado”. He intentado apartar aquella cruz, pero es como si Él me hubiese dicho: “Déjame aquí, enamorado hasta la burla”. Lo he dejado -Dios entre mis brazos pequeños a sostenerlo- y he llorado. He fotografiado los labios de mi Judas, duros mientras tocaban Sus labios: en los ojos la nostalgia de los grandes encuentros, la amargura de las pesadas traiciones, la conciencia de la miseria humana. Y Él allí, infatigablemente Dios, a dejarse tocar por aquellos labios impuros, para mostrar al hombre cómo el morir es el infinitivo del verbo amar. Allí, frente a mí, el eterno duelo entre la Vida y la Muerte, entre la Verdad y la Mentira, entre el sueño y la locura: a un paso de lo posible, para contemplar la agonía de la gracia derrochada a ultranza por la mastodóntica presencia de la desgracia. No ha soportado el peso de aquella mirada: ha abrazado la Cruz, la ha besado, la ha ensuciado de lágrimas. El todo como preludio de la espléndida afirmación susurrada casi en silencio: “Perdóname, Señor”. Aquella cruz debía quedar allí, para aguantarla debía estar yo: para aprender, aunque sacerdote, que para quien lo mira desde fuera, la gracia no es siempre comprensible. 

jueves, 18 de abril de 2019

Viernes Santo 2019


AL SANT CRIST DEL CANYET DE BADALONA
 
Des de la Creu aixecada
on teniu clavat el cos,
Jesucrist vostra mirada
gireu vers els pecadors.
...
 Voluntat de l'Etern Pare
al món vareu devallar
i una Verge us sigué Mare
que és com rosa a mig badar.
Llucifer d'aquesta aubada
s'enlluerna amb les clarors.
...
Tot un poble se us confia,
Senyor, ben devotament,
segueix la vostra agonia,
segueix el vostre turment.
Sa gent és neguitejada
de l'amor que té per Vós.
...
Des de la Creu que ens ampara,
sota del mantell blavís,
Jesucrist dolcíssim Pare
porteu-nos al Paradís.
Passarem per l'estel·lada
camí vostre lluminós.