En noviembre de 2014 saltó la sorpresa al ser designado un simple obispo de Calahorra como miembro del Dicasterio para los Obispos por un trienio. Un año después, ese mismo prelado, sería promovido a la diócesis de Barcelona y, dos años más tarde, recibiría la dignidad cardenalicia. Desde aquel lejano 2014, ese obispo, Juan José Omella Omella, ha ido viajando cada mes una o dos veces a Roma, consiguiendo una influencia que jamás habrían pronosticado sus antiguos fieles riojanos.
El cardenal cumplirá 80 años dentro de dos meses, pero tan redondo aniversario tampoco será óbice para que deje de viajar regularmente a la Ciudad Eterna, pues el Papa le acaba de confirmar en el importante Dicasterio por el que pasan todos los nombramientos episcopales. Se supone que cuando cumpla 80 años será relevado en el arzobispado barcelonés, aunque algunos ya lo dudan, dada la aparente perpetuidad del mitrado turolense. Por otro lado, la confirmación de este sábado se contradice con la normativa establecida en la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (promulgada por el papa Francisco en 2022) que prevé que los miembros de un Dicasterio Romano cesen en su cargo al cumplir los 80 años. Se ignora si existirá una excepción Omella.
De los miembros del Dicasterio confirmados en el cargo, el cardenal de Barcelona es el de mayor edad y el número siete de antigüedad en la institución. Junto a él solo hay tres eméritos: los cardenales Braz de Aviz y Tscherrig, nacidos en 1947 y el anterior obispo de Münster, Felix Genn, que nació en 1950. Junto al arzobispo barcelonés, se hallan otros dos miembros españoles: el cardenal Cobo y el obispo Satué, este último obispo colocado en el Dicasterio cuando era un mero obispo de Teruel. Apadrinado, lógicamente, por su paisano Omella.
En el elenco de miembros confirmados en dicho organismo curial destacan los cardenales Parolin, Cupich, Tobin, Aveline, Tolentino, Grech, Roche, Tucho Fernández o el arzobispo de Buenos Aires, García Cuerva. El mismo día que el Papa confirmaba a los citados, incorporaba también al dicasterio por primera vez a Sor Simona Brambilla, Prefecta de la Vida Consagrada. Ocupará el lugar de otra religiosa, la salesiana Yvonne Reungoat, nacida en 1945.
Estos nombres son los que decidirán los nombramientos de obispos en el próximo trienio. Entre ellos, se supone, el del sustituto de Omella en Barcelona. Que a nadie le quepa duda de que el cardenal influirá todo lo que pueda en el procedimiento. En España hay actualmente cuatro diócesis vacantes y seis prelados pasados de fecha, sin que se haya producido ningún nombramiento desde que el nuncio Pioppo aterrizara en diciembre. En el período vacante en nunciatura, Omella -por si acaso- promocionó a dos de sus delfines (Satué y Abilio) a diócesis más importantes que las pequeñas demarcaciones de Teruel y Osma-Soria que pastoreaban.
Por poner dos ejemplos de países católicos cercanos y de población similar, Francia solo tiene dos obispos con los 75 años cumplidos -ambos nacidos en enero de 1951- e Italia (con muchas más diócesis) tiene seis como España, pero el mayor nació en 1949. En España siguen en el cargo Omella nacido en 1946; Yanguas en 1947; y Taltavull en 1948.
En tiempos contemporáneos tendríamos que remontarnos al cardenal Rouco para hallar a un prelado español con tanta preeminencia en los nombramientos episcopales. El purpurado gallego se incorporó a dicha institución en 1998 y conservó su puesto hasta la llegada del papa Francisco en 2013; quince años en los que se dejó notar su decisiva influencia en las promociones mitradas.
La presencia en el Dicasterio de Omella, Cobo y Satué va a conformar la nueva nomenclatura del obispado español. Junto a las diócesis vacantes también se van a proveer algunos obispos auxiliares que ayudarán a remodelar la conferencia episcopal, donde deberá elegirse nuevo presidente dentro de dos años. Cargo que ya no podrá ocupar Luis Argüello, dado que, al haber nacido en 1953, no será elegible en aquellas fechas.
Todo apunta a que la maniobra del trio español en el Dicasterio para los Obispos buscará que el actual cardenal de Madrid sea entonces el máximo representante del episcopado. No en vano, posee la plena confianza de León XIV, como se ha patentizado en el respaldo obtenido en la asamblea Convivium.
Esto es lo que hay. Que sea para bien será otro cantar.
Oriol Trillas


