
El final de julio ha deparado varias noticias que afectan directamente el patrimonio y la economía de la diócesis de Barcelona. Ninguna de ellas es menor. Un relevo obligado en la dirección de una residencia sacerdotal tras sucesivas irregularidades económicas, la pérdida de un inmueble por expropiación y el cambio de rumbo comercial en la tienda del claustro de la catedral son tres episodios distintos, pero reveladores de la situación que atraviesa la administración de los bienes eclesiásticos en Barcelona. Cuanto menos, discutible.
A) Terrassa toma el mando de la Residencia Sacerdotal. - Después del revuelo producido por la intervención de las fundaciones diocesanas encargadas de centros de ancianos, se ha designado como nuevo director de la Residencia Sant Josep Oriol al seglar Alberto Camerón Fabra, de la diócesis egarense. Tanto el obispado de Terrassa como el de Sant Feliu de Llobregat comparten con Barcelona la titularidad de la fundación que rige la casa que alberga a sus sacerdotes de mayor edad.
Después de las irregularidades económicas con las que ha concluido la dirección anterior, que no hacían sino prolongar otras ya producidas con anterioridad, la situación financiera y contable de la residencia debe de hallarse en números más que rojos. El pésimo resultado que han ofrecido los nombramientos dispuestos desde Barcelona ha aconsejado que una de las otras diócesis asuma su dirección y encauce una labor de reestructuración económica que no parece sencilla.
Poco se conoce del recién nombrado y de sus capacidades de gestión. Se supone que ha sido recomendado por el ecónomo de Terrassa, Pere Alegrí Guitart, que sí es experto en temas de fundaciones y patronatos y como tal estuvo hace años en la propia diócesis barcelonesa. Como anécdota, que a algunos dará que hablar, cabe decir que el nuevo director se presentó en las listas electorales de VOX en las elecciones municipales de 2023, en la localidad de Sant Quirze del Vallés. Es padre de familia numerosa y uno de sus hijos, Eduard, fue ordenado diácono recientemente por el obispo Salvador Cristau.
B) Expropian la capilla de María Reina en el barrio de Can Caralleu.- El pasado 23 de julio, la Comisión de Gobierno del Ayuntamiento de Barcelona aprobó la expropiación forzosa de la capilla y casa sacerdotal de María Reina, en el barrio de Can Caralleu. Dicha capilla e instalaciones, sitas en la Calle Guardería 12, albergaron primigeniamente la parroquia de esa advocación hasta su traslado, en 1964, a su actual ubicación en el santuario de Nuestra Señora de Montserrat, en Pedralbes.
La expropiación es consecuencia del Plan Especial de Mejora Urbana del barrio, aprobado en 1996, y el hecho de que se haya demorado treinta años obedece a la tenaz resistencia que mantuvo su anterior párroco, Mons. Jaume González Agápito. Retirado este hace tres años, desaparecieron los obstáculos, al no mantener el actual rectorado, encomendado a los sacerdotes de Schola Cordi Iesu, aquella postura renuente a un acuerdo con el ayuntamiento.
Un recinto sagrado menos en Barcelona y un justiprecio que difícilmente puede calificarse de favorable para las arcas de la Iglesia. Los 1.025.207,58 euros fijados están lejos de un precio justo para una finca de 934 metros cuadrados en una de las zonas más selectas de Barcelona, por muy afectada urbanísticamente que haya estado desde el año 1996.
C) La Hormiga de Oro ha tenido que abandonar la tienda del claustro de la catedral. - Hace ya muchos años que la tienda de libros y artículos religiosos situada en el claustro catedralicio estaba regentada por la empresa La Hormiga de Oro,S.L, propietaria en su día de una de las librerías religiosas más tradicionales de Barcelona, situada en la céntrica Avenida de Puerta del Ángel. Aquel establecimiento cerró sus puertas en 2015 y su única actividad quedó reducida a la tienda de la catedral.
El cabildo catedralicio ha sustituido a aquella firma por la librería Laie; una librería multidisciplinar, pero sin experiencia ni arraigo en el hecho religioso. Además, le ha concedido más metros de los que tenía la anterior tienda, ampliando el establecimiento hasta el espacio que ocupaba la capilla de Santa Rita. Se ignora cual va a ser el futuro de la Patrona de los Imposibles, a la que tanta devoción guardan y profesan muchísimos barceloneses, pero, por ahora, ha sido la gran sacrificada de la nueva operación mercantil.
En cuanto a La Hormiga de Oro, abrirá tienda en el almacén que tenía en la calle del Duc. Cabe recordar que esta vía se llamó, hasta 2007, calle del Duc de la Victòria, en homenaje al general Espartero. A algún edil municipal se le ocurrió que el nomenclátor callejero barcelonés no debía homenajear al general liberal, pero sí a un innominado duque, cuya identidad tampoco se han molestado jamás en precisar.
Oriol Trillas

