He leído en el diario Regio7 una entrevista que le hacían a María José Caram, la hermana de la mediática Sor Lucía que estos días está en Manresa, en el convento dominico donde reside, más bien poco, la monja argentina. La entrevista es interesante porque revela una serie de datos que ayudan a entender la personalidad de la religiosa, que desde pequeña ya apuntaba maneras.
Nos dice su hermana mayor que de pequeña era muy traviesa y que se perdía con facilidad, explica la anécdota de que estando la familia en un parque de atracciones se les escapó y tuvieron que llamarla por megafonía, algo parecido también sucedió en una playa, donde pasó horas perdida hasta que un amigo de su padre la encontró. Todo esto demuestra un carácter de persona que va por libre, que necesita hacer la suya y no depender de nadie, la anécdota del parque es de cuando tenía cuatro años, por lo que esa manera de hacer de la Caram viene de muy lejos.
Dice la hermana mayor que son una familia muy religiosa y que sus padres les inculcaron con fuerza la fe. No es de extrañar por eso que tres de las hijas abrazaran la vida religiosa, la misma María José ha sido religiosa dominica durante 18 años y misionera en el Perú, ahora ya esta desligada y se dedica solo a la Teología. Otra hermana fue carmelita aunque también abandonó y ahora está casada y con hijos.
En cambio la única que permanece en la vida religiosa es la que menos parecía que aguantaría. Su familia pensaba que con su carácter resistiría muy poco en un convento. Claro que no contaban que como ella ha dicho en diversas ocasiones su convento es el mundo. Tenían muchas dudas de su vocación siendo una persona tan inquieta pero ella les contestaba: "Si no me hago contemplativa, me convertiré en guerrillera. Necesitamos cambiar el mundo".
Y esa es la explicación a su manera de ser, mitad contemplativa, mitad guerrillera, no porque empuñe las armas sino porque está metida en todo tipo de conflictos, como ahora en Ucrania, y porque le encanta la politica, y hablar de ella de forma partidista en todas partes, aunque a más de uno le haya sorprendido, que votó a favor de Milei Y es que hay que reconocer que la monja comunista es la Forcades, ella se ha movido en el ámbito de Mas y Puigdemont, independentistas, pero no de izquierdas.
Le preguntan a la hermana si la han visto en algún momento decaída o hundida y explica que solo en uno, cuando se intentó que se marchara de Manresa, porque estaba haciendo de todo menos de religiosa, eran otros tiempos, y ella no tenía las influencias que por ejemplo ha tenido con su paisano el Papa Francisco, que no solo le ha dejado hacer lo que ha querido sino que le ha creado unos estatutos especiales para tener libertad total de acción y que no tenga que depender de sus jefas dominicas.
En ese cambio tan drástico también aparece una figura bien conocida nuestra, el cardenal Juan José Omella que ha sido su gran avalador, hasta el punto de ningunear a su propio obispo diocesano, Romà Casanovas, porque ella tiene hilo directo con el cardenal de Barcelona y hasta hace poco con el Papa de Roma.
Lucía Caram, genio y figura, desde la más tierna infancia y hasta la sepultura.
Francisco Fabra


¿Y que mal hay en ello?
ResponderEliminar23.09 pues mire el mal lo representa el ser una monja montonera liante del estilo Francisco I, yo incluso diría que una "caballo de Troya" para demoler la Iglesia
EliminarLa " papisa" lleva estola roja en la foto ....
ResponderEliminarHay otro señor con "bufanda roja" como la monja, el.padre Angel que ha afirmado sobre los "migrantes" de Ceuta: "Son unos santos". Ondia! Que desnortados estos dos personajes
Eliminarla envidia es muy mala, Fabra...
ResponderEliminarAclare lo de envidia..Contactos con Omella, compadreo con los golpistas, Conchabeo el con el argentino...parecería que se le acababa la cuerda con León XIV pero se la ve bien suelta a la "madre" Caram
Eliminarse lo aclaro: el autor de estas chorradas tipo el repelente niño Vicente cree que señalando sus antipatías y prejucios contra quien perpreta y hace más que obvio su fariseismo (yo soy bueno ésta pecadora es la peste) acerca a alguien a la luz del Evangelio? es que no hay por donde cogerlo y sólo s entiende bajo la óptica de la pura envidia. He de añadir que no tengo ninguna simpatía por esta religiosa, pero mucho menos por tipos que no apotn más que su mala leche...
Eliminar2.20 Muchas gracias por su réplica. No conozco al Sr Fabra, lo que si conocemos son las "andanzas" de esta monja alocada que va de populista . Yo en mi crítica a este tipo de religiosos y al alto clero destructor no me considero que incurra en envidia ni en odio sino en el derecho que posee todo laico, bautizado y amparado por el derecho canónico de denunciar todo estos abusos litúrgicos. Ahi GG hace una gran labor y sus vistas asi lo atestiguan
EliminarPlanteamiento del problema: la anomalía canónica
ResponderEliminarLa eclesiología católica asigna la potestad de gobierno —la potestas regiminis— conforme a un orden jerárquico objetivo, que obviamente no lo tienen ni Caram ni Forcades: el Romano Pontífice como cabeza visible, los obispos como sucesores de los Apóstoles con potestad ordinaria propia en su diócesis, y los institutos de vida consagrada sometidos, según su naturaleza jurídica, a sus propios superiores, a la federación de su orden y, en materias determinadas, al obispo del lugar. La autoridad, en este esquema, no es una magnitud psicológica ni mediática: es una potestad recibida por consagración, oficio o delegación jurídica.
Sor Lucía Caram, sin embargo, es una religiosa profesa sin oficio de gobierno en su orden, sin cátedra ni magisterio doctrinal reconocido, sin causa canonizada de «letras» —docencia, escritos aprobados, dirección espiritual reconocida— ni de «gobierno» —priorato, abadiato, curia diocesana—. En términos estrictamente jurídico-canónicos, su rango es el más bajo de la escala de gobierno eclesial: la obediencia simple de la religiosa profesa.
Por pura lógica jurídica, esa religiosa no debería tener capacidad alguna de incidir sobre su obispo propio, y menos aún sobre el Romano Pontífice. Y sin embargo, la observación empírica —audiencias privadas, bendiciones públicas del Papa a sus proyectos, desvinculación de su monasterio respecto de la federación dominica y del obispo de Vic— contradice esa expectativa. Hay, pues, un desajuste real entre la potestas formal, lo que le corresponde por derecho, y la auctoritas efectiva, la influencia que de hecho ejerce. Ese desajuste, y no una vaga sospecha de «poder oculto», es el objeto propio del análisis que sigue: no se trata de si tiene poder —evidentemente lo tiene—, sino de identificar el mecanismo, jurídico primero y disciplinar después, que permite que ese poder exista sin apoyarse en ninguna de las categorías canónicas ordinarias de mérito: ni doctrina, ni virtud heroica reconocida, ni oficio, ni ciencia, ni gobierno.
Marco canónico: el mecanismo jurídico real (exención pontificia)
ResponderEliminarEl derecho de la Iglesia contempla, junto al régimen ordinario de dependencia de los institutos religiosos respecto de sus superiores, de la federación de monasterios y del obispo diocesano, la posibilidad de que la Suprema Autoridad —el Romano Pontífice, en virtud de su potestad universal, inmediata y suprema— sustraiga a una persona o a una casa religiosa del régimen común y la someta a dependencia directa de la Sede Apostólica.
Es lo que técnicamente se conoce como exención o indulto pontificio, y no requiere mérito alguno del sujeto beneficiario: es un acto de pura voluntad de gobierno del Papa, jurídicamente válido por sí mismo, frente al cual ninguna instancia intermedia tiene capacidad de veto.
La información disponible —recogida tanto por la prensa diocesana como por medios vaticanistas— indica precisamente esto: que el monasterio de Sor Lucía Caram fue desvinculado de la Federación Dominicana y sustraído, en la práctica, a la vigilancia ordinaria del obispo de Vic, mediante unos «estatutos especialísimos y personalísimos» concedidos con el respaldo directo del papa Francisco y la intermediación del cardenal Omella.
De ahí se sigue que la grave anomalía ilógica e irracional tiene su origen desde el punto de vista estrictamente jurídico en el Papa: no es que la religiosa «ningunee» a su obispo por mérito, carisma reconocido o astucia personal; es que el propio Vicario de Cristo, en uso legítimo de su potestad suprema, la sustrajo de la jurisdicción episcopal ordinaria. El obispo no es desautorizado por Sor Lucía Caram: es desautorizado, en ese ámbito concreto, por el propio Papa, único que tiene potestad canónica para hacerlo. La religiosa es, en rigor, beneficiaria de una decisión de gobierno ajena, no titular de un poder propio. Queda respondido así el «cómo» jurídico, pero la respuesta traslada de inmediato la pregunta a un segundo nivel, más incómodo: por qué el Papa —primero Francisco, y aparentemente también León XIV, a juzgar por las audiencias y bendiciones documentadas en 2025 y 2026— decide emplear su potestad suprema en favor de una religiosa sin relieve doctrinal, místico ni de gobierno, en vez de reservarla para causas de gobierno mayor. Ahí el análisis debe abandonar el terreno estrictamente jurídico y entrar en el disciplinar: el de la auctoritas de hecho. Bien, pero, ¿por qué yo no tengo un estatuto personalísimo y excepcionalísimo por obra y gracia de León XIV?
Legitimación carismática bajo Francisco: la clave weberiana**
ResponderEliminarLa sociología clásica de la autoridad distingue tres tipos ideales de legitimación del poder:
la legal-racional, fundada en el cargo y la norma;
la tradicional, fundada en la costumbre y el estatuto heredado;
y la carismática, fundada en una cualidad personal extraordinaria —real o atribuida— reconocida por un grupo de seguidores, al margen del cargo formal.
La estructura canónica descrita en el bloque anterior es, por definición, legal-racional: potestas por oficio.
La influencia de Sor Lucía Caram, en cambio, no procede de ningún oficio: es, en sentido weberiano, una autoridad de tipo carismático, ligada a la persona y no a la institución.
La documentación pública permite identificar tres fuentes concretas de ese carisma no institucional:
un patronazgo curial de alto nivel, con el cardenal Omella como avalador ante Francisco, y su característica étnica argentina;
un capital de acción social y humanitaria objetivamente verificable —cientos de ambulancias y corredores humanitarios enviados a Ucrania, gestión de un banco de alimentos y de programas de vivienda social en Manresa—;
y una notabilísima proyección mediática —televisión, redes, premios civiles— que multiplica la visibilidad de las dos anteriores.
Estas tres fuentes no sustituyen al mérito canónico clásico, pero cumplen, en la praxis de un pontificado que privilegiaba el criterio pastoral y la cercanía personal sobre el cauce curial ordinario, una función equivalente: legitiman ante los ojos del Papa a una persona como interlocutora fiable y útil, al margen de su posición en el organigrama.
El carisma sustituye, de facto, al oficio.
Así, bajo Francisco, la anomalía se explica por la convergencia de una decisión jurídica excepcional —la exención pontificia— con una legitimación carismática de tipo weberiano, en un pontificado que, por estilo propio, primaba ese tipo de legitimación sobre la burocracia ordinaria de curias y episcopados.
Continuidad bajo León XIV: inercia jurídica y utilidad pastoral
ResponderEliminarEn derecho canónico rige el principio de continuidad de los actos de gobierno del Romano Pontífice: los indultos, rescriptos y estatutos concedidos por un Papa siguen vigentes bajo su sucesor mientras este no los revoque expresamente; el cese de un pontífice no extingue por sí solo los actos jurídicos válidamente emitidos durante su gobierno.
Y no consta que León XIV haya revocado el estatuto especial del monasterio de Manresa y su estrella galáctica, Caram; al contrario, los hechos públicos de 2025 y 2026 muestran una prolongación, e incluso una amplificación mediática, del vínculo: una audiencia privada el 28 de agosto de 2025, omitida deliberadamente del boletín oficial de prensa vaticano pese a quedar documentada por Vatican Media, y la bendición pública de una caravana de ambulancias en Barcelona en junio de 2026, ante unos cuarenta mil fieles reunidos para una vigilia. A nuestra estrellita Caram le ha nacido una cola cometaria dorada...
A la inercia jurídica se suman tres factores de continuidad ajenos a la nacionalidad argentina que compartían Caram y Francisco —factor que, en rigor, nunca fue la causa jurídica de la exención, sino, a lo sumo, un elemento de afinidad personal—:
la persistencia de la red curial que la respaldó, pues el cardenal Omella, sí, Omella, sigue siendo arzobispo de Barcelona; la magnitud creciente de su obra humanitaria, activo de proyección pastoral y diplomática difícilmente renunciable para cualquier pontífice; y, más significativo por proceder de la propia interesada, su declaración de que León XIV es «un papa que toma las decisiones por sí mismo, no tanto por la vía oficial», lo que sugiere continuidad de un estilo de gobierno personalista, y no solo de un vínculo biográfico con Francisco.
La pervivencia del fenómeno bajo un papa sin afinidad nacional ni biográfica con la religiosa confirma, por vía negativa, que lo decisivo nunca fue sólo el origen argentino compartido, sino también un mecanismo estructural —exención jurídica más legitimación carismático-mediática— que, una vez instalado, tiende a perpetuarse por inercia institucional y por utilidad pastoral, con independencia de quién ocupe la Sede de Pedro. Es decir, que la señora y sus privilegios nos puede durar papas y papas...
De momento, una síntesis
ResponderEliminarToda autoridad eclesial legítima debería fundarse, según la tradición y el derecho de la Iglesia, en alguna combinación de oficio canónico, virtud reconocida, ciencia doctrinal o carisma discernido por la propia jerarquía a través de sus cauces ordinarios: aprobación de escritos, procesos de virtud heroica, nombramientos.
En el caso analizado, ninguno de esos cauces ordinarios de discernimiento ha intervenido:
no hay proceso sinodal (el pueblo de Dios, ausente) de reconocimiento doctrinal,
no hay causa de virtud heroica en curso (¿heroicas Caram y Forcades?),
no hay nombramiento a oficio de gobierno.
La legitimación ha sido directa, personal y extraordinaria: un acto de potestad suprema del Papa, sostenido después por redes de patronazgo curial y por capital mediático-humanitario: o sea, los canales subrepticios y con subterfugios fuera de la transparencia sinodal..
La pregunta de cómo una religiosa de rango mínimo puede dejar en la práctica en segundo plano a un obispo diocesano admite, por tanto, una respuesta doble, que conviene formular con precisión para no caer en la sospecha infundada: en el plano jurídico, porque el Papa, y solo el Papa, tiene potestad para sustraer a cualquier fiel del régimen ordinario, y así lo hizo; en el plano disciplinar más amplio, porque en un régimen eclesial que prima la cercanía pastoral y la eficacia mediática sobre la mediación jerárquica clásica, el carisma personal —construido sobre obra social, patronazgo y proyección pública— funciona como sucedáneo legitimador del mérito canónico tradicional (estudios, experiencia, edad, competencia y capacidad).
Existe, con todo, una lectura alternativa, sostenida por la propia interesada y por buena parte de la prensa que cubre su obra: que su autoridad no sustituye al mérito clásico, sino que encarna un carisma distinto, el de la acción caritativa directa, pero tratándose de Francisco, a su factor irracional, subjetivo, emotivo, "me cae bien", y pragmático, "me es útil", reconocido por los conocedores de Francisco.
Las perspectivas que siguen amplían este cuadro antes de volver, al final, sobre esa pregunta.
Redes de patronazgo y capital simbólico
ResponderEliminarLa sociología de las organizaciones eclesiales y de las élites religiosas muestra que la autoridad efectiva se genera y se mantiene mediante redes de patronazgo, acumulación de capital simbólico —visibilidad, prestigio mediático, «utilidad pragmática» pastoral medible— y la capacidad de producir bienes públicos que la institución valora: acción humanitaria de alto impacto, narrativa mediática positiva para una figura papal muy extremadamente necesitada de legitimidad, credibilidad, reputación, autoridad y prestigio.
En el caso de Sor Lucía Caram convergen exactamente esos tres elementos:
una red de patronazgo curial de primer nivel, con Omella como interlocutor privilegiado ante Francisco y, aparentemente, ante León XIV;
un capital humanitario objetivable y creciente, con decenas de corredores a Ucrania, cientos de ambulancias, banco de alimentos y vivienda social en Manresa, más empresarios detrás;
y un capital mediático que convierte la acción en relato visible que apoya explícitamente al poder constituido: Francisco, hoy León XIV.
Ninguno de estos elementos es mérito canónico clásico, pero todos funcionan como moneda de cambio en un campo eclesial que, desde el pontificado de Francisco, privilegió la cercanía y los resultados pastorales tangibles sobre la burocracia ordinaria.
La exención pontificia no nace, así, del vacío: es el resultado de que una actora de rango formal mínimo logra insertarse en una red de confianza personal y producir un output que el centro percibe como valioso.
Una vez instalada la excepción, la red y el capital simbólico generan una dependencia de trayectoria —lo que en ciencia política se llama "dependencia mutua"—: resulta más costoso, simbólica y pastoralmente, deshacer la excepción.
La anomalía se explica, entonces, no solo por un carisma individual, sino por la articulación de redes de patronazgo y capital simbólico-mediático-humanitario que convierten a la religiosa en un nodo útil dentro del campo de poder eclesial contemporáneo.
Liminalidad y redefinición del espacio sagrado
ResponderEliminarLa antropología de la religión observa que las figuras que operan en el umbral —entre clausura y mundo, entre contemplación y acción, entre obediencia formal y protagonismo público— generan comunión y atraen reconocimiento cuando logran redefinir el espacio sagrado como «el buenista y publicitario mundo de los pobres económicos» en lugar del claustro físico.
Sor Lucía Caram y su comunidad han articulado explícitamente esa fórmula —«mi claustro es el mundo»—: abandono de la clausura estricta, convivencia con laicos, banco de alimentos y proyectos sociales dentro del convento, desvinculación de la federación dominica. Un caramelo en la puerta de un colegio: la gente tiene su corazón con los "vulnerables".
Esta redefinición liminal del monasterio como espacio abierto al sufrimiento social se presenta como fidelidad evangélica de justicia económica "radical", en anulación total del aspecto espiritual, y ha sido legitimada por el Papa.
Antropológicamente, la religiosa no rompe el orden: lo reconfigura desde una posición liminal que produce comunión con los excluidos y, al mismo tiempo, capital de autenticidad.
El obispo diocesano, anclado en la estructura territorial ordinaria, aparece en ese relato como defensor de un orden «puro» más rígido; la figura liminal, respaldada desde el centro, desplaza esa autoridad local sin necesidad de enfrentarla directamente.
La capacidad de dejar en segundo plano al obispo se apoya así también en una operación de redefinición del espacio sagrado y del carisma como liminalidad productiva, reconocida por la cúspide de la jerarquía.
Caram, en realidad, es una obispesa de facto meneando la cola por lugares donde nunca jamás se ha visto esta anormalidad en la Iglesia.
El mismo Jesucristo también se perdió y sus padres desesperados lo buscaban en el templo, iba por libre. Los estilos Forcades y Caram siguen a Jesucristo en la Libertad, sólo se les puede achacar cuando se desvían del Dogma Cristiano.
ResponderEliminarVale Sr Garrell..pero no va a comparar a estas dos friki-monjas con el Niño Jesús. Estás mujeres son "prófugas" decla realidad y lo que les gusta es cámara y público chusco. Jesús fue encontrado por sus padres en el Templo y obnuvilando a escribas y maestros, no por ahí dando arengas a las masas
EliminarGarrell, el trabajo de una Monja Católica lo tiene en el Convento.
EliminarY la 🧣, al río!
Siempre se desvían del Dogma Católico.
EliminarSiempre.
El factor lingüístico-identitario: origen argentino y lengua común
ResponderEliminarEn instituciones universales pero culturalmente estratificadas como la Iglesia católica, la lengua compartida, el origen geográfico y los códigos culturales comunes facilitan la construcción de confianza personal, el acceso a audiencias privadas y la percepción de afinidad de estilo.
Tanto Sor Lucía Caram, tucumana de familia de ascendencia libanesa, como el papa Francisco con su amigo norteamericano-peruano Prevost (hoy León XIV), ambos eran argentinos y hablantes nativos de español rioplatense (como León XIV), y éste, León XIV, aunque estadounidense de origen, tiene una trayectoria misionera prolongada en Hispanoamérica y un perfil pastoral que también valora la cercanía personal.
El español y el carácter americano funciona, en ambos casos, como lengua franca y conductivismo privilegiado de la relación; los códigos culturales compartidos —la directez, el énfasis en la periferia, la narrativa del compromiso incómodo, la manera de ser y sentir— facilitan una comunicación no mediada por la curia burocrática.
Esta coincidencia lingüístico-étnica no es causa jurídica de la exención, pero actúa como lubricante sociológico: reduce la distancia interpersonal, favorece la percepción de fiabilidad y permite que una religiosa de rango mínimo se presente como interlocutora directa.
Bajo León XIV la afinidad nacional estricta desaparece pero no la americanidad y la hispanoamericanidad, y la lengua común y el capital humanitario ya acumulado bastan para mantener el acceso.
El factor argentino-sudamericano-español contribuye así a explicar la facilidad inicial de la relación y su consolidación personal, sin ser el fundamento canónico ni el único elemento de la autoridad de hecho. Y sirve para entender cuándo lo anormal, muy anormal, se vuelve normal, anormalmente normal.
El perfil psicológico: carisma personal y resiliencia ante la controversia
ResponderEliminarLos estudios sobre personalidad carismática y construcción de narrativa personal indican que las figuras que combinan alta visibilidad, capacidad de generar empatía, resiliencia ante la controversia y una biografía legible como compromiso radical tienden a atraer lealtad y a neutralizar la crítica institucional.
La trayectoria pública de la dicharachera tucumana Sor Lucía Caram encaja con precisión en ese perfil:
una narrativa coherente de encuentro con el sufrimiento —la dictadura argentina, la pobreza en Cataluña, la guerra de Ucrania—,
una personalidad mediática expresiva y directa, capacidad demostrada de transformar críticas y declaraciones polémicas en refuerzo de una imagen de «profeta incómoda» (aunque como ígnara diga algunas herejías),
y una proyección de autenticidad ligada a la acción concreta más que a la doctrina abstracta.
Este perfil genera atracción tanto en la base —fieles, medios, donantes— como en la cúspide, en papas que valoran la cercanía y los resultados. La controversia, lejos de erosionar ese capital, tiende a consolidarlo como prueba de independencia y compromiso.
El obispo local, por contraste, aparece en ese mismo relato como figura de control normativo, el chafaguitarras de este tinglado emocional, menos capaz de generar la misma identificación emocional, aunque sea el más fiel a la doctrina y pastoral ortodoxa, clásica y tradicional, carisma, vida sacramental, eucarística y oracional, y cercanía con la Iglesia Doméstica, la que da financiación, participación y vocaciones, algo que no interesa, al parecer.
La autoridad de hecho se nutre, pues, también de un perfil psicológico carismático que produce identificación y lealtad, y que permite que la excepción jurídica se sostenga en el tiempo con un coste reputacional bajo.
La religiosa como nodo de una red de poder
ResponderEliminarEl análisis de redes de poder en organizaciones jerárquicas muestra que los actores periféricos pueden adquirir una influencia desproporcionada cuando se convierten en intermediarios entre el centro y recursos externos valiosos —visibilidad mediática, acción humanitaria de alto impacto, apoyo de élites locales—, y cuando el centro prefiere las relaciones personales a los canales burocráticos.
Y sobre todo, cuando León XIV está terriblemente muy necesitado de este valor intangible como es el prestigio, unción, carisma, reputación, legitimidad y autoridad moral.
Sor Lucía Caram opera exactamente en esa función de intermediación: conecta al Vaticano con una obra humanitaria visible en Ucrania y en la pobreza catalana, con redes mediáticas y con el cardenal Omella como enlace curial, un Omella francisquista y ahora leonino (conoció a Bergoglio y a Prevost, el que nombraba obispos afines a Francisco).
La preferencia papal por un gobierno personalista, documentada en las propias declaraciones de la religiosa sobre León XIV, reduce el peso de los filtros ordinarios —obispo diocesano, federación dominica— precisamente en los puntos donde esa intermediación resulta más útil.
Una vez que ese nodo se consolida, la dependencia de trayectoria institucional hace costoso su desmantelamiento:
- revocar la excepción implicaría perder un activo pastoral-mediático y generar un ruido público difícil de gestionar.
La continuidad del fenómeno bajo un papa sin afinidad nacional con la religiosa confirma que el mecanismo es estructural —excepción jurídica más red más utilidad—, no meramente biográfico.
La religiosa, en definitiva, no vence al obispo por superioridad personal; se convierte en un nodo de red cuya utilidad para el centro supera, en términos prácticos, el coste de mantener la anomalía canónica.
Precedentes históricos y su diferencia específica
ResponderEliminarEl fenómeno de una religiosa de rango mínimo que accede a una influencia extraordinaria sobre la Sede Apostólica Universal y General, por encima de los cauces diocesanos ordinarios, no carece de precedentes en la historia de la Iglesia, pero claro, los ejemplos eran eximios, excelentes...
Catalina de Siena, simple terciaria dominica sin oficio ni ordenación, intervino directamente ante Gregorio XI para forzar el regreso del papado de Aviñón a Roma, desautorizando de facto a buena parte de la curia y del episcopado francés de su tiempo.
Teresa de Jesús emprendió su reforma del Carmelo enfrentada a obispos y provinciales, y obtuvo protección al más alto nivel eclesiástico pese a la resistencia local.
Ya en el siglo XX, Teresa de Calcuta consiguió para sus Misioneras de la Caridad un estatuto de derecho pontificio que las sustraía, igual que en el caso que nos ocupa, de buena parte del control ordinario diocesano.
La diferencia específica, sin embargo, es decisiva y conviene no pasarla por alto: en los tres precedentes, la excepción jurídica fue precedida o seguida, a lo largo de décadas, de un discernimiento eclesial explícito y codificado —examen doctrinal de sus escritos, reconocimiento de virtud heroica, procesos de canonización, e incluso, en el caso de Catalina, declaración como Doctora de la Iglesia—.
La anomalía histórica quedó, tarde o temprano, validada o desestimada por los instrumentos ordinarios de discernimiento que la propia Iglesia posee.
En el caso presente, la exención precede a cualquier proceso de esa naturaleza y descansa, por ahora, únicamente en la voluntad personal del Pontífice actual, León XIV, amigo de Francisco (fue su prefecto nombrador de obispos) y en la visibilidad mediático-humanitaria de la obra.
La comparación histórica, jeje, no permite que estemos ante el estadio inicial de un proceso que con el tiempo se codifique y legitime por las vías ordinarias, ni tampoco permite equipararlo sin más a esos precedentes: simplemente señala que la anomalía actual carece de ningún elemento que, en los casos citados, terminó por convertir la excepción en modelo reconocido: unas virtudes religiosas de fuerte fé, moral, amor a la liturgia, sometimiento a la eclesiología, vida del carisma religiosos, vida sacramental, eucarística y oracional, martirio y parresía... es una "unción" que se ve y se siente con aquéllas, y que con Caram se ve su ausencia, y uno se pregunta y elucubra ¿pero qué pasa aquí?...
El discernimiento teológico omitido
ResponderEliminarLa propia teología católica, al margen ya de la maquinaria jurídica del derecho canónico, ofrece categorías propias para este caso.
La Iglesia reconoce, junto a los ministerios ligados al oficio, la existencia de carismas repartidos libremente por el Espíritu —las llamadas gratiae gratis datae—, que Lumen gentium admite que pueden surgir legítimamente incluso entre los fieles de condición más humilde, precisamente por no estar vinculados a la jerarquía de gobierno.
Pero el mismo texto conciliar añade una condición que rara vez se recuerda cuando se invoca el carisma como justificación:
- su autenticidad
- y su recto ejercicio
han de someterse al juicio de quienes presiden la Iglesia, no a la mera acogida entusiasta de la base ni a la simpatía personal de una autoridad eclesial concreta, máxime cuando no hay sinodalidad alguna.
Aquí reside la tensión propiamente teológica del caso:
- el reconocimiento de un carisma extraordinario no debería derivarse automáticamente de su utilidad social ni del favor de un Papa determinado, sino de un proceso de discernimiento ejercido ordinariamente a través de cauces estables —aprobación de una regla o forma de vida, examen doctrinal de las afirmaciones públicas de la persona, verificación de frutos sostenidos en el tiempo—.
En el caso analizado, ese proceso formal no se ha producido de ninguna manera:
- ni hay aprobación de una nueva forma de vida consagrada,
- ni examen doctrinal de declaraciones públicas ciertamente controvertidas,
- ni intervención documentada del dicasterio competente en materia de vida consagrada o de doctrina.
La exención opera por vía administrativa directa, no por vía de discernimiento carismático y rigurosamente racional y jurídico-teológico reconocido.
Esto sitúa el problema en un terreno que la tradición conoce bien y ante el que siempre ha mostrado cautela:
- el riesgo de que una autoridad se sostenga en la inspiración personal invocada por "emoción o sentimiento subjetivo instintivo irracional e ilógico" o en el favor recibido, o en los beneficios atribuidos, y no en el fruto examinado y confirmado por la Iglesia como cuerpo místico de Cristo.
Final
ResponderEliminarDespués de este evidente extenso análisis de esta clarísima anormalidad eclesial,
- además de la clave jurídico-canónica —solo el Papa puede sustraer a una casa religiosa del régimen ordinario, y así se hizo—
se suman ahora ocho registros complementarios:
- el sociológico weberiano,
- el de redes de patronazgo y capital simbólico,
- el antropológico de la liminalidad,
- el lingüístico-identitario,
- el psicológico,
- el de ciencia política,
- el histórico-comparado
- y el teológico.
Ninguno de ellos sustituye el mérito canónico clásico:
- doctrina
- virtud heroica reconocida
- oficio
Todos, en cambio, explican cómo, en un régimen eclesial que valora la cercanía, la emoción y sentimiento subjetivo, la necesidad de reputación y legitimidad, la eficacia mediática y la acción caritativa tangible sólo a un "pobre económico" fácilmente identificable, una religiosa de rango formal mínimo puede generar y sostener una autoridad de hecho que deja en segundo plano al obispo diocesano.
Queda para el lector de Germinans la pregunta que cierra el análisis:
- si lo que aquí se observa es el germen de un carisma todavía no discernido, comparable en su fase inicial a los grandes precedentes históricos (va a ser que no nada),
- o bien se palpa la sustitución silenciosa del discernimiento eclesial tradicional por la utilidad mediática, la red de influencias, el apoyo reputacional, la canalización de favores personales como nuevo criterio de autoridad en la Iglesia contemporánea: es decir.
- desaparece en la Nueva Iglesia el derecho, la razón, la lógica, la historia, la filosofía, la argumentación, la Fé y moral, la liturgia tradicional, los principios de la eclesiología, la vivencia del carisma religioso, la vida sacramental, eucarística y oracional, el martirio y la parresía, la unción, la vida santa, la atención a la salvación de las almas, la cura de la Iglesia Doméstica (familia y matrimonio) que dan financiación, participación y vocaciones religiosas y sacerdotales, los carismas para bien de la Iglesia (dones, frutos, gracias y carismas), las virtudes teologales y prudenciales, la vida mística-ascética religiosa.
Pues da la sensación de una iglesia de red de amiguetes y sus líos de favores: León, Omella, Caram... Vaja, vaja, caram...
EliminarExcelente explicación Sr. Explicaciónx12. Aquí lo único que tenemos que aclarar es si Benedicto XVI fue el último Papa elegido canónicamente o no. Prevost sigue la línea Bergoglio pero sin ir a salto de mata, la monja tucumana se ha callado un poco pero volverá. Aclaremos lo que importa
EliminarLo de que el padre un hombre férreo que les inpuso la Fe por la fuerza pues así acabó.. Dos de las hermanas abandonaron los convento y sor Lucía como sor Citroën dando vueltas por todos lados
ResponderEliminarEsto sí que és un informe de inteligencia y no los del CNI.
ResponderEliminarMuy amiga de porreros, 🐫🐪 varios y demás ralea.
ResponderEliminarMás le valdría quitarse la ropa clerical que lleva puesta encima y se vistiese de vedette, HOMBRE!!!
La Caram, con lo de Ceuta. Se ha bajado al "moro" a ayudar?
EliminarSoy Católico prácticamente, con mis virtudes y mis pecados, pero cuando veo esa gente, consagrada a Dios se supone, y van con corbatas rojas y bufandas a juego....
ResponderEliminarEs que me sale urticaria, porque son falsos, por muy buenas intenciones que parezcan llevar encima.
El Diablo a veces va disfrazado de fraile.
Al 🦜 pues.
Lo que no se sabe es cómo lleva la.monja Caram lo del gol de Ferran
EliminarSor Lucía no para de hacer el bien. Es objetivo.
ResponderEliminarSi le tienen tirria, lo siento. Es subjetivo.
Tirria de esa que la monja Caram tiene a todo lo que no sea emocionismo. En fin, que siga mezclando Caridad con politiqueo
EliminarPues a mí la hereje está me cae bien, como me cae bien todo el que sea un "alma libre"... La Forcades, que es otra hereje, almenos está con la medicina natural y contra las vacunas... No como mucho "opusino-conservador" que se puso varias dosis por qué lo decían "los expertos".
ResponderEliminarAún está enamorada del Sr. Don Arturo Mas?.
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