Al igual que nadie puede dudar de la fuerza que tuvo el nacional-progresismo en la Iglesia en Cataluña, tampoco nadie podrá discutir que, pasados los años, su fracaso ha sido tan demoledor que ha llegado a producir la paradoja de que los hijos y los nietos de aquellos cristianos progresistas han abjurado de la fe de sus mayores. Eso en cuanto al laicado. Pero algo similar ha sucedido en la clerecía. Me atrevería a decir que incluso de forma más contundente.
Existió una generación que podríamos situar en los nacidos en la década de los años veinte del siglo pasado, que tuvo una categoría intelectual y una brillantez incuestionables. Batlles, Alemany, Rovira Belloso, Totusaus, Bigordà; eran sacerdotes de una gran formación humanística, pastoral y teológica. El nacional-progresismo gozaba de las cabezas pensantes más reputadas del presbiterio catalán.
Los sacerdotes de la década siguiente, nacidos en los años treinta, se dedicaron más al activismo que al estudio. De ahí salieron los curas comunistas y los impulsores de la JOC y la JOBAC. Sin embargo, aunque el nivel descendió, algunos de sus referentes (Hortet, Sayrach, Portabella) seguían siendo personas con un bagaje cultural notable. Después vino la caída en picado.
La caída en picado ha llevado hoy en día al ridículo estrepitoso. Lo voy a ejemplificar en un par de anécdotas sucedidas en los últimos días.
Cierto es que las redes sociales se han convertido en un estercolero en el que se deja por escrito lo que antes se soltaba en la barra de los bares. Ese ponerlo por escrito (Scripta Manent) incrementa la vanidad del emisor, el cual se siente tentado en decirla todavía más gorda y, como en el caso del Timabler del Bruc, su eco resuena de tal forma que simula un enemigo mayor que el que realmente existe.
De tal guisa, un tal Toni Strubell, lingüista y efímero diputado en el Parlamento catalán de aquel no menos efímero partido denominado Solidaritat Catalana, que presentaba a Joan Laporta como insignia, pasó un día por delante de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Barcelona y fotografió el anuncio de las misas.
¿Qué observó? Que todo estaba en castellano y ni una palabra en catalán. Entonces, al igual que aquellos delatores que denuncian camareros por no entender que significa gelat de maduixa o aquellos otros que solicitan un intérprete para hablar con la policía y les traduzca del catalán al castellano, el intrépido Strubell lanzó su deposición a las redes. Con un añadido que agravaba la pena: se anunciaba una misa en portugués y ninguna en catalán. De paso soltaba un mandoble a Illa y a Omella y colaba de rondón a Franco. Una buena empanada mental.
Obviamente, para nada se le ocurrió contrastar datos con la parroquia, donde le habrían explicado que allí se alberga a la comunidad de habla portuguesa en Barcelona, donde acuden tanto creyentes del país vecino como de las importantes colonias brasileña o angoleña. También le habrían explicado que todos los días por la tarde hay misa en catalán y que los domingos hay una en catalán y otra en castellano.
¿Para qué molestarse? Se encuentra un sospechoso de españolidad, además católico y se le lanza encima la caballería internáutica. La batalla del idioma, como se vio con el ridículo espantoso que hicieron con el pretendido escrache a León XIV en las calles de Barcelona, es el último asidero al que se agarra el nacional-progresismo.
El otro ejemplo, que enlaza con ese frustrado boicot al Papa, lo hallamos en un reportaje que ha publicado elDiario.es sobre la parroquia barcelonesa de Sant Medir, con un titular tan ridículo como pretencioso. “Aquí nadie fue a ver al Papa”.
Extraordinario. Se ve que la ausencia de los feligreses de Sant Medir resultó decisiva para que las calles de Barcelona y el estadio de Montjuïc no acabaran desbordados por la multitud. Una pérdida verdaderamente irreparable.
Esa llamada “última parroquia rebelde de Barcelona”, cuya rebeldía es bastante selectiva, pues en los años del procés bien se pusieron a favor de quien mandaba entonces en Cataluña, hace años que va por el despeñadero, no solo en cuanto asistencia de fieles y frutos pastorales, sino en la propia esencia del hecho religioso. No en vano, más que como templo católico, se presentan como “centro neurálgico de proyectos vecinales y reivindicaciones políticas”.
En eso, sí que ha quedado como el último experimento de esa mezcolanza que tuvo su peso en las postrimerías del franquismo. Después de cinco décadas, la parroquia de Sant Medir, sigue igual, pero con el número de fieles diezmado hasta casi la insignificancia.
Son dos ejemplos recientes de una decadencia imparable, innegable, aplastante. Un movimiento, otrora influyente, convertido en un canal de delatores lingüísticos y en parroquias reducidas a centros cívicos. Por suerte, al otro lado del camino están floreciendo otras semillas que aportan juventud y vitalidad a la Iglesia en Cataluña. Curiosamente, en el lado absolutamente opuesto a aquellos que dominaban el panorama eclesial catalán hace cuarenta o cincuenta años.
Oriol Trillas



Si en la práctica no se hubiera desterrado el latín de la liturgia de la Iglesia, ahora no andaríamos con estas querellas lingüísticas.
ResponderEliminaroriol miente. Se suspendieron todas las actvidades parroquiales de sta Maria de Sants y st Medir pra asistir a los actos de la visita papal. Porqué difama y calumnia? no hace falta que responda.
ResponderEliminar23.15 Pero vamos a ver..el Sr Trilla recoge una noticia de Eldiario.es y alli pone eso..que se pusieron flamencotes y nadie fue a ver al.papa. Además se lee que alli se fundó hace 50 años los Cocos de CCOO y que se encerraron 40 inmigrantes sin papeles...Pues a ver si en Sant Medir tienen sitio para los 7000 que dicen que aún deambulan por Ceuta a la espera de un "pase" de tapadillo a la Península y de alli a Barcelona es un plis plas
EliminarQue vergüenza dan esos que se creen Católicos y no son más que feligreses de una sinagoga Satánica.
ResponderEliminarEso de que “nadie fue a ver al Papa” en la parroquia de Sant Medir es difícil de saber. La parroquia es un territorio y dudo que en todo su territorio nadie haya ido a verlo. Otra cosa es que, quizás, muchos católicos que viven en este territorio prefieran asistir a misa en otro templo.
ResponderEliminarMuy probablemente lo segundo. Yo soy mismo pertenezco a una parroquia y voy a otra, me convierto en un feligrés pero asisto a una celebración cuidada con Santos sacerdotes y no nacional-progres cayendo y cayendo
EliminarEs un hecho constatado por un neurólogo de que la capacidad cognitiva de las generaciones de 1920 son superiores a las de 1930, pero a su vez, las de 1930 superiores a las de 1940 y así sucesivamente. Una hipótesis es el pequeño caos causado por la guerra civil (1940-1950), el auge de la tecnología sustitutiva del libro y hoy en día, la "nueva pedagogía" que estupidiza a los niños.
ResponderEliminarPrimero hubo la existencia de la radio popular (década 1930, pero sobre todo en posguerra 1940-50), las películas sonoras (1929), y la televisión (1963-70). Después el tocadiscos (1960), el casete (1970), walkman (1980), el VHS (1980), videojuegos por 1980-1990 (recreativos, hogares, consolas, ordenadores), Internet por cibercafés, RTC-módem y los primeros chats (1995-99), la tarifa plana, ADSL y Messenger con juego on-line (2000-2008), redes sociales y el móvil con datos (2006-2011), Smartphone, WhatsApp y la Fibra Óptica (2010–15), Vídeo Bajo Demanda (VOD) y el 'Streaming'
(2015–20), Directos en Twitch, vídeo corto (TikTok) e Inteligencia Artificial (2020–26).
El futuro de los jóvenes de hoy se enfoca en esto:
1. Hiperpersonalización e interactividad total, convergencia de la Inteligencia Artificial Generativa, la computación espacial (realidad mixta) y los motores gráficos en tiempo real.
2. Películas a la carta y cine sintético
3. Cine interactivo y generativo
4. Avatares y presencia personalizada
5. Democratización de la producción
6. Videojuegos generados al vuelo (Procedural & On-demand)
7. Mundos infinitos y reactivos
8. Gráficos fotorrealistas en tiempo real
9. Creación mediante lenguaje natural
10. La frontera entre película y juego desaparece
a) Holodeck / Experiencias inmersivas: Con la evolución de los visores de realidad mixta y gafas ligeras, el cine y los videojuegos se fusionarán. Podrás "entrar" en una película, caminar por sus escenarios, cambiar el rumbo de la trama y decidir si prefieres limitarte a observar o tomar un rol activo dentro de la historia.
b) Streaming de renderizado en la nube: La potencia de cálculo necesaria para generar estas experiencias en tiempo real se ejecutará en la nube y se transmitirá a cualquier pantalla o visor, eliminando la necesidad de hardware caro en los hogares.
Es decir, ya en menos de 3 años, se podrá "ver y oír" toda la Biblia y todos los Doctores, Padres, grandes teólogos, santos, místicos y ascetas, más la selección de los mejores herejes, apóstatas y cismáticos (incluidos los nacional-progresistas), grandes batallas y decisiones, mejores y peores papas... lo que se quiera, lo que pueda aguantar la IA y sus centros de cálculo.
El nacional-progresismo, el Concilio Vaticano II, el Novus Ordo, es de un mundo de teléfonos de baquelita, TV blanco y negro, LPs, radio y películas de doble sesión: retrodinosaurismo.
EL OCASO DEL NACIONAL-PROGRESISMO CATALÁN: FIN TERMINAL
ResponderEliminarMuy interesante artículo, es todo un recuerdo del mismo Germinans Germinabit cuando nació el 2007 procedente de De Bello Pallico del 2004-06 criticando a Sistach. ¡¡¡20 años pronosticando el futuro: RIP; y ni se enteraron!!!
En mi opinión, para ser analizado, cuanto se ha argumentado hasta aquí sobre la decadencia del nacional-progresismo catalán —la pérdida de una arquitectura de transmisión, la destrucción de una antropología cristiana, la ruptura de la tríada
traditio-habitus-ritus,
la paradoja de una corriente que triunfó históricamente y por ello mismo se volvió innecesaria, y la ruptura de la Iglesia doméstica como sujeto primero de la fe— no son cinco explicaciones rivales, sino cinco capas de un mismo fenómeno, observado desde ángulos distintos: el histórico-político, el antropológico, el teológico-litúrgico, el sociológico y el familiar.
Conviene, antes de proponer una solución, refundir estas capas en un diagnóstico único, ordenado y coherente, sin repetir lo ya dicho, sino jerarquizándolo.
Una generación irrepetible y su fracaso reproductivo
Existió, entre los sacerdotes catalanes nacidos entre 1917 y 1937 —Batlles, Alemany, Rovira Belloso, Bigordà, Totosaus, Hortet, Sayrach, Portabella—, una constelación de hombres formados en el último modelo de cristiandad catalana:
¡¡¡ATENCIÓN!!! (importante, modelo escolar y universitario clásico): latín, griego, francés, castellano (literatura clásica), filosofía de la buena, teología escolástica, disciplina sacramental.
Su brillantez intelectual no puede discutirse seriamente. El problema no fue la calidad de aquella generación, sino su incapacidad estructural para reproducirse: formó grandes protagonistas de una época, pero no un sistema capaz de engendrar sucesores equivalentes.
Esta es la clave, en mi opinión, que atraviesa todo lo demás: no preguntar si aquellos sacerdotes fueron buenos o malos, cultos o mediocres, sino si el modelo eclesial que sostuvieron era capaz de transmitirse durante dos o tres generaciones. La respuesta, verificada empíricamente en la secularización catalana actual —sólo el 41,2 % de los jóvenes de 16 a 34 años se declara creyente, frente al 62,7 % de los mayores de 65—, es negativa.
El desplazamiento del centro de gravedad
Bajo el franquismo, una misma figura sacerdotal podía ser simultáneamente pastor, catalanista, antifranquista, defensor obrero e intelectual. La parroquia acumulaba funciones —culto, cultura, oposición política, sociabilidad, formación— que después serían asumidas por instituciones civiles distintas. Esta acumulación produjo una potencia histórica extraordinaria, pero desplazó insensiblemente el centro de gravedad de la vida eclesial: de Cristo, el sacramento y la conversión, hacia la conciencia social, el compromiso y la transformación histórica.
No se trató, en la mayoría de los casos, de una sustitución deliberada de la fe por la política. Se trató de una inversión de prioridades: la acción histórica, legítima como consecuencia de la fe, pasó a ocupar progresivamente el lugar de su fuente.
Y una Iglesia que deja de señalar con claridad su fuente sobrenatural termina por parecer prescindible en cuanto esa acción histórica puede ser realizada, con igual o mayor eficacia, por instituciones seculares y "tinglados y tenderetes" con medios de comunicación y buenos presupuestos económicos para nombrar, contratar y subvencionar (PSUC, PCE, PSC-PSOE, UGT, CCOO, Generalidad, ayuntamientos, ONGs...)
La Transición y la secularización por éxito
ResponderEliminarLa caída del franquismo en 1975-1977, que protegió a la Iglesia de su exterminio genocídico biológico y cultural por la II República y la Generalidad de la ERC de Companys (1936-39), no produjo, en primer término, una crisis doctrinal, sino una crisis de función social.
El sacerdote nacional-progresista, sustituto del cura nacional-católico, había sido eficaz mientras existió un adversario común —la dictadura— y un vacío institucional que la parroquia podía ocupar (eran otros tiempos, los 1960)
Cuando la democracia legalizó los partidos, los sindicatos absorbieron el espacio obrero, la Generalitat asumió la cultura catalana y la educación pública se expandió, la Iglesia perdió el monopolio de funciones que hasta entonces le habían dado un lugar central en la vida catalana.
Se produce entonces la paradoja decisiva: cuanto más eficaz había sido el nacional-progresismo en democratizar, catalanizar y organizar socialmente, más innecesaria se volvió la Iglesia para esas mismas tareas, ahora bien atendidas por instituciones seculares específicas (en educación, en realidad, más peor atendidas, como prueba PRISA).
Podemos llamar a este fenómeno secularización por éxito: no una derrota, sino una victoria histórica que dejó expuesta, sin disimulo posible, la pregunta que durante décadas había quedado aplazada:
- ¿qué ofrece la Iglesia que no pueda ofrecer ya una asociación cultural, un partido, un sindicato o una organización no gubernamental?
Mientras la respuesta se buscara en el compromiso, el diálogo o la defensa de los pobres, la Iglesia perdía, porque esas realidades ya existían fuera de ella, y a menudo mejor organizadas.
Su singularidad irreductible —Cristo, la gracia, la Eucaristía, el pecado, la conversión, la vida eterna— había quedado, en la práctica pastoral cotidiana, en un segundo plano.
El comunismo como decorado, no como causa
La caída del muro de Berlín en 1989 suele presentarse como explicación suficiente de la crisis del progresismo eclesial catalán.
Opino que es insuficiente: llegó tarde respecto al proceso real. Entre 1972 y 1979, antes de que el bloque soviético diera signos de agotamiento, España había perdido ya más de la mitad de sus seminaristas.
El comunismo cumplía tres funciones para el clero progresista:
1. adversario político frente al franquismo,
2. interlocutor ideológico que exigía demostrar la compatibilidad entre fe y justicia social, y
3. horizonte secular de redención histórica.
Cuando desapareció entre 1989-91, la izquierda cristiana perdió su gran interlocutor, pero esa pérdida explica el colapso de una gramática política, no el colapso de la fe.
El muro berlinés derruido en 1989 no derribó el edificio: hizo visible que ya se había vaciado por dentro por la podredumbre interna: el cascarón vacío.
La identidad de pertenencia frente a la identidad de conversión
El nacional-progresismo produjo, con notable eficacia, una identidad cristiana de pertenencia:
«soy católico porque pertenezco a este volk, pueblo, a esta cultura, a esta historia de compromiso».
Pero esa identidad depende enteramente de que el entorno cultural la sostenga.
La tradición católica clásica ofrecía algo distinto: una identidad de conversión, capaz de decir «aunque toda Cataluña dejara de ser cristiana, yo seguiría siéndolo», porque procede de una fe recibida que precede y juzga al propio entorno cultural, no que se disuelve con él: los grandes santos del siglo XIX y los grandes mártires del siglo XX en la guerra civil.
Cuando la identidad cristiana depende demasiado de que la sociedad circundante sea culturalmente cristiana, la secularización de esa sociedad arrastra automáticamente al creyente.
La ruptura antropológica: traditio, habitus y ritus
ResponderEliminarBajo estas causas históricas y sociológicas subyace una ruptura más profunda, de naturaleza antropológica y teológica: la fe católica no se sostiene únicamente en ideas, sino en la articulación clásica entre
a) traditio (contenido doctrinal estable)
b) habitus (forma de vida ascética y sacramental)
c) ritus (forma simbólica y litúrgica).
Cuando estas tres dimensiones se separan, y eso se ve con los curas y religiosos sin hábito ni vestido religioso, puros curas obreros desfasados del 1950 francés, la Iglesia deja de ser ordo —un orden vivido— y se convierte en discurso vaciado de espiritualidad que la Nueva Era lo cubrió de inmediato.
El nacional-progresismo rompió esta articulación en sus tres niveles.
a) En la traditio, porque la teología universitaria se distanció progresivamente de la catequesis, de la liturgia y de la piedad popular: hubo pensamiento denso, pero faltó la escala que lo llevara desde la facultad hasta la conciencia del fiel ordinario.
b) En el habitus, porque el sacerdote dejó de definirse ante todo por la oración, la disciplina sacramental y el estudio, y pasó a definirse por su capacidad de escuchar, acompañar y dinamizar grupos politizados a la izquierda y el nacionalismo: cualidades valiosas, pero insuficientes por sí solas para formar cristianos.
c) En el ritus, porque la liturgia, llamada por la propia constitución conciliar sobre la sagrada liturgia culmen et fons de la vida cristiana, perdió densidad simbólica, silencio y verticalidad, y se orientó hacia la creatividad expresiva y el lenguaje horizontal, un defecto, de hecho, inherente al Novus Ordo nacido del Concilio Vaticano II, basado en innovar, abreviar y elegir múltiples opciones sin lógica litúrgica.
La consecuencia de esta triple ruptura es que la Iglesia perdió el control de los ritmos de atención, de los símbolos y de la imaginación: el calendario litúrgico dejó de ordenar el tiempo de los fieles; la catequesis dejó de transmitir un vocabulario objetivo —pecado, gracia, sacrificio, redención, conversión— y lo sustituyó por un vocabulario psicológico —experiencia, proceso, compromiso—; y la autoridad sacerdotal, al psicologizarse, dejó de transmitir una verdad recibida para convertirse en acompañamiento de procesos subjetivos.
Sin lenguaje objetivo (latín y conceptos) no hay mundo compartido; sin mundo compartido, la fe no se transmite: se negocia en cada generación, y una religión no puede reproducirse indefinidamente por vía de renegociación.
Aquella generación brillante, formada en una cristiandad fuerte —latín, filosofía clásica, liturgia solemne, disciplina sacramental—, desmontó, sin proponérselo, las mismas condiciones que la habían hecho posible. Fue, en este sentido preciso, una generación irrepetible porque destruyó aquello que la había engendrado.
La ruptura de la Ecclesia domestica: del sujeto familia al sujeto pueblo
ResponderEliminarLas cuatro capas anteriores —histórica, sociológica, antropológica, litúrgica— comparten un punto ciego: sitúan el problema en el clero, el seminario, la parroquia o la diócesis.
Ninguna repara suficientemente en que la transmisión de la fe nunca ha dependido, en primer término, de la institución eclesiástica, sino del hogar doméstico, el gran despreciado por el nacional-progresismo porque según sus aberrados parámetros comunistas, la familia era lo que había que destruir gramscianamente junto con la parroquia y la escuela:
A. Infraestructura (base económica)
La Industria y las fábricas: es el corazón de la infraestructura, medios de producción y las relaciones de explotación (capitalista/proletario) donde se genera la plusvalía
B. Superestructura
1. Político-Jurídica (aparatos de control e imposición)
a) Estado: Instrumento político al servicio de la clase dominante.
b) Ejército (y la policía): Fuerza coercitiva directa para defender el orden establecido y la propiedad privada.
c) Derecho: Conjunto de leyes que garantizan la propiedad y las relaciones de clase.
2. Ideológica y de reproducción social (aparatos de legitimación y formación)
a) Familia: Reducida a institución superestructural que garantiza la transmisión hereditaria de la propiedad privada y reproduce la fuerza de trabajo.
b) Escuela y la Universidad: Instituciones educativas que forman la mano de obra en las destrezas requeridas por el capital e inculcan la ideología dominante.
c) Religión y la Parroquia: Formas de conciencia social que actúan como adormecedor espiritual ("opio del pueblo"), justificando el orden terrenal y prometiendo consuelo en el más allá.
La tradición católica, formulada con precisión por el propio Concilio Vaticano II, enseña que la familia cristiana es Ecclesia domestica, Iglesia doméstica (Lumen Gentium, 11): es en ella donde los padres ejercen, respecto de sus hijos, el primer y principal magisterio de la fe, un derecho y un deber que ninguna institución puede sustituir (Gravissimum Educationis, 3).
El niño no aprendía primero la liturgia en la parroquia, sino en el rosario familiar y en el crucifijo del hogar; no recibía primero el habitus ascético del seminario, sino del ayuno y la confesión de sus propios padres; no recibía la traditio primero de la facultad de teología, sino del catecismo aprendido de memoria junto a su madre.
El nacional-progresismo catalán, al convertir la parroquia en célula de conciencia nacional y movilización marxista, desplazó el sujeto pastoral primario de la familia al "pueblo" entendido como sujeto colectivo, cultural y político (teología del pueblo)
Este desplazamiento no fue neutro: cuando la fe se transmite por pertenencia a un pueblo y no por generación dentro de una familia, deja de reproducirse como vida sobrenatural y empieza a reproducirse como identidad cultural volksgeist, que puede sobrevivir sin contenido religioso alguno.
Esta ruptura doméstica explica, mejor que cualquier análisis exclusivamente institucional, tres fenómenos verificables:
- la caída de la práctica religiosa se concentra precisamente en los hogares donde la fe se vivió como herencia cultural y no como enseñanza explícita;
- la delegación de la formación religiosa en la escuela o la catequesis grupal no ha compensado nunca la ausencia de oración en casa;
- y la crisis vocacional, antes que un problema de seminarios, es un problema de hogares que dejaron de proponer el sacerdocio y la vida consagrada como horizonte posible y deseable para un hijo.
La Iglesia no es primariamente un pueblo ni una nación, sino, en su célula más pequeña y decisiva, una familia de familias. Toda restauración que no comience devolviendo a los padres su primacía pastoral —subordinando a ella, y no al revés, la parroquia, la escuela y el movimiento apostólico— edificará sobre un solar sin cimientos domésticos que lo sostengan.
LA RECONSTRUCCIÓN: CUATRO EJES INSEPARABLES
ResponderEliminarLa solución no puede consistir en una sola medida, más doctrina, más liturgia o más pastoral familiar— porque el problema, como se ha visto, es sistémico: afecta a la vez a la liturgia, a la vida ascética, a la doctrina y al hogar: es una buena crisis, es decir, sistémica, holística y estructural completa y compleja, extensa e intensiva, con participación del Maligno y de hombres consagrados corrompidos, tal como ha de ser una buena gran crisis.
La reconstrucción exige actuar simultáneamente sobre 4 ejes:
a) ritus
b) habitus
c) traditio
y, como fundamento de los tres,
d) generatio, la familia como célula que los recibe y los transmite de nuevo, la Iglesia Doméstica de San José, la Virgen María y el Niño Jesús.
Primer eje: restaurar el ritus
La liturgia no es adorno de la vida cristiana: es la matriz simbólica que produce identidad y ordena el tiempo. De párvulos en antropología religiosa, estudiada por Mircea Eliade.
Su restauración exige recuperar
- forma ritual
- silencio
- gestualidad
- sentido sacro
- densidad simbólica: canto sacro, incienso, orientación del culto, verticalidad
- Dios sujeto del culto, no la comunidad que se autorrepresenta
- calendario litúrgico como estructura del año, del mes y de la semana familiar y parroquial
La liturgia empobrecida se hunde con cualquier distracción contemporánea; una liturgia verdadera no necesita competir, porque ofrece un régimen de realidad distinto, no una alternativa de entretenimiento.
Esto no exige inventar nada nuevo ni reñir con el Concilio: la propia constitución conciliar sobre la sagrada liturgia pide una participación consciente, activa y fructuosa de los fieles, no una simplificación que vacíe el rito de su densidad simbólica.
Recuperar esa densidad es, precisamente, aplicar con fidelidad lo que el Concilio pidió, frente a una recepción posterior que en no pocos casos lo desvirtuó.
Además, hay que derogar definitivamente Traditionis custodes: Vetus Ordo libremente escogido por el fiel, no prohibido por imposición del clero, pues el clero debe su existencia a ser el sirviente servidor al servicio del laico en su vida mundanal (Jesús en Jueves Santo: institución de la Eucaristía, el Sacerdocio y el lavatorio de pies).
Segundo eje: restaurar el habitus
El sacerdote debe volver a definirse, en primer lugar, como hombre de oración, y no como dinamizador de procesos sociales: carisma sacerdotal recuperado, empezando por el vestido clerical: el nacional-progresismo es fracaso y muerte segura.
Esto exige, en el seminario y en la vida presbiteral: oración diaria no negociable, disciplina sacramental —confesión frecuente, dirección espiritual—, vida comunitaria que evite el aislamiento y el activismo disperso, estudio continuo de la teología clásica y silencio como forma de vida, no como ausencia de actividad.
La formación conciliar sobre la vida sacerdotal describe precisamente esta identidad cuádruple
- ascética
- sacramental
- doctrinal
- pastoral
que el activismo posconciliar politizado sustituyó por una identidad exclusivamente social.
Lo mismo para el laico: la vida cristiana ordinaria exige un habitus reconocible: misa dominical no negociable, confesión periódica, oración diaria, ayuno y penitencia en los tiempos señalados, no reducible a la mera adhesión emocional o cultural a valores cristianos
Y recuperar a Benedicto XVI: principios no negociables en política: vida, familia y matrimonio, educación paterno-filiar y bien común patriótico-nacional.
Ni tampoco sustituir el párroco por una bandada de curas en agrupaciones parroquiales eufemísticamente llamadas comunidades pastorales, en parroquias regentadas por laicos (gratuitos), y en misas sustituidas por horribles celebraciones de la Palabra dominicales sin presbítero (misa sin cura), junto con la feminización cosmética de monaguillas, lectoras, acólitas, distribuidoras de la comunión y presidencias de las misas sin cura: alejan a las vocaciones masculinas presbiteriales, base de la Iglesia.
Tercer eje: restaurar la traditio
ResponderEliminarLa doctrina no es opinión negociable en cada generación, sino memoria normativa recibida
Su restauración exige una catequesis sistemática del Credo, no a dinámicas de grupo, una doctrina moral clara sobre el pecado, la gracia, la conversión y los novísimos, una teología sacramental sólida articulada según el principio clásico de que la ley de la oración funda la ley de la fé, y el estudio de los Padres de la Iglesia y de la escolástica como fundamento, no como erudición decorativa
Una teología desconectada de la catequesis y de la piedad popular, por brillante que sea en la facultad, no transmite: informa, pero no engendra
Esto implica la derogación completa de Amoris laetitia capítulo VIII y Fiducia supplicans. Seifert y multitud de teólogos y consagrados: son destructoras de todos los Sacramentos (Eucaristía, Confesión, Orden y Matrimonio), la moral objetiva católica del VI-IX Mandamientos, valida la moral luterana subjetivista, acepta la eucaristía indigna a adúlteros impenitentes en Amoris (penada con condenación, debilidad, enfermedad y fallecimiento: San Pablo en I Cor 11), la confesión inválida e ilícita sobre adúlteros impenitentes en convivencia more uxorio intrinsece malum, la comunión de la "una sola carne" de adúlteros y concubinos del mismo y diferente sexo (Amoris y Fiducia), la comunión en el pecado social y estructural (aceptando a pecadores graves objetivos), fomentando la lujuria y la concupiscencia de la carne y ojos, destruyendo la misma comunión única y uniforme en Fé y moral que predica San Pablo en I Corintios 5 (caso grave de inmoralidad sexual (porneia), y destruyendo totalmente la unidad doctrinal y escatológica de la Fé y moral católicas: un mismo acto moral depende del código postal del obispo, con lo que un fiel puede ir al cielo, purgatorio o infierno arbitrariamente según suerte y ventura del obispo que le toque, el cual, además, tiene derecho a decidir lo que quiera sin unidad alguna católica (respuestas a las dubia del cardenal Duka)
Una precisión necesaria sobre el criterio de la restauración
ResponderEliminarConviene señalar, para evitar equívocos, sobre qué fundamento doctrinal se apoya esta reconstrucción. No se trata de rechazar el Concilio Vaticano II, sino de aplicarlo con fidelidad a su letra y a su intención más sólidamente recibidas: la centralidad eucarística, la llamada universal a la santidad, la dignidad de la liturgia como culmen et fons, la Iglesia doméstica como célula primera de transmisión, la identidad ascética y doctrinal del sacerdocio, más su integración en todos los concilios generales y ecuménicos de los últimos 20 siglos: no es un planeta solitario.
Estos elementos gozan de una recepción pacífica y no han sido objeto de disputa seria dentro de la Iglesia.
La restauración propuesta se apoya, por tanto, en el magisterio perenne y en aquellos textos conciliares de aceptación unánime, y deliberadamente no se construye sobre las controversias posteriores que hoy dividen a la Iglesia, tales como cuestiones de sinodalidad indefinida, de disciplina sacramental discutida, de lenguaje doctrinal ambiguo sobre materias ya definidas, o de formulaciones que han generado confusión pastoral en años recientes, como Amoris, Fiducia, Traditionis, Praedicatio, Laudato, Fratelli, lavatorio universal e inclusivo de pies de Semana Santa, Querida Amazonía, Pachamama, ecumenismo sincrético, no a la Corredentora, Dignitas infinita y Magnifica Humanitas (inmanentistas y antropocéntricos como Fratelli y Laudato), gente como Tucho...
No porque deban ignorarse como problema, sino porque una reconstrucción sólida no puede edificarse sobre el terreno mismo de la discusión: debe apoyarse en lo cierto, recibido y estable, para desde ahí poder juzgar con serenidad lo discutido.
Conclusión
El nacional-progresismo catalán no fue una masa homogénea de sacerdotes ignorantes: produjo, en su primera generación, hombres de auténtica categoría intelectual.
Su tragedia no fue la falta de inteligencia, sino la incapacidad de su sistema para reproducirse: desplazó el centro de gravedad de Cristo a la conciencia social, rompió la articulación entre doctrina, vida ascética y liturgia, confundió su eficacia histórica transitoria con su misión permanente, y trasladó el sujeto pastoral de la familia al pueblo.
Cuando la sociedad catalana consiguió por vías seculares aquello que antes canalizaba parcialmente la Iglesia, quedó al descubierto que se había descuidado lo único que ninguna institución secular puede ofrecer: una vida sobrenatural que conduce a la salvación y a una vida misma en la Tierra bajo el brazo providente de Dios, más poderoso que cualquier, ninguna institución humana, ni la ONU con soberanía.
La salida consiste en expulsar definitivamente con el nacional-progresismo en su integridad de manera inmediata y urgente: es una enfermedad que mata y extermina poblaciones sin remedio alguno.
Consiste también en algo más radical y más simple: reconstruir la Iglesia como Iglesia
- ordo cultus
- ordo vitae
- ordo fidei
- Ecclesia domestica
y en el centro de los cuatro, Cristo. Porque la cuestión decisiva no es que la Iglesia catalana vuelva a ser culturalmente relevante o una Església Alternativa, Nacional i Progressista, sino que vuelva a ser religiosamente fecunda: capaz, de nuevo, de engendrar hijos en la fe
LA RAÍZ ÚLTIMA DEL PROBLEMA: UNA ESCATOLOGÍA SECULARIZADA
ResponderEliminarTodo lo dicho hasta aquí —la pérdida de transmisión, la ruptura de traditio-habitus-ritus, el desplazamiento del sujeto pastoral de la familia al pueblo— tiene una raíz última que conviene nombrar sin rodeos, porque de ella depende el fin supremo de cualquier reflexión sobre la Iglesia:
- la salvación de las almas.
La doctrina católica clásica, recibida sin discusión seria en toda la tradición y confirmada por el propio Concilio Vaticano II al describir a la Iglesia peregrina como signo escatológico orientado a su consumación futura (Lumen Gentium, 48), enseña que la existencia humana se ordena a un fin último no histórico: la muerte, el juicio particular, y la suerte definitiva del alma en el cielo, el purgatorio o el infierno, hasta la resurrección final y el juicio universal de las naciones:
- Escatologia individual de almas: cielo, purgatorio o condenación
- Escatología social: la Iglesia se expande por proselitismo en intensidad, extensión y lucha contra los hombres malos y los ángeles malignos hasta el último advenimiento del mal (Anticristo), su absoluta derrota y la segunda venida de Cristo en gloria y majestad absoluta y definitiva, todos unidos en la única Iglesia Católica válida y querida por Dios, erradicadas todas las creencias y religiones erróneas y falsas.
Esta estructura escatológica no es un capítulo más de la doctrina: es el horizonte que da sentido a todos los demás, porque sin él la Iglesia carece de razón de ser distinta de cualquier institución dedicada al bienestar temporal.
El nacional-progresismo, sin negarla explícitamente casi nunca, la dejó progresivamente en un segundo plano práctico. Sustituyó, en el discurso pastoral cotidiano, la espera de la vida eterna por la espera de la transformación histórica marxista y nacionalista, idolatría doble del Pueblo Nacional (volk) y Pueblo sin clases (marxismo).
El Reino de Dios, que en la predicación clásica designa la soberanía de Dios sobre las almas y su culminación gloriosa más allá de la historia, tendió a entenderse como sinónimo de justicia social realizable dentro de la historia.
La conversión personal, entendida clásicamente como paso del pecado a la gracia mediante la contrición y el sacramento, tendió a entenderse como toma de conciencia social. Y el juicio, entendido como comparecencia real del alma ante Dios, dejó de predicarse con la frecuencia y la claridad que exige su gravedad. Además, está el Reinado Social de Cristo, culminado en la escatología social.
Esta sustitución no es un matiz menor: es la inversión más grave de todas las descritas, porque toca directamente el fin de la Iglesia. Una Iglesia que deja de predicar con insistencia la muerte, el juicio, el cielo y el infierno, aunque conserve intacta su organización, su liturgia parcial y su discurso social, ha perdido su razón última de existir. Cualquier institución secular puede proponerse la justicia social; ninguna institución secular puede ofrecer el perdón de los pecados ni la vida eterna.
Por eso la pregunta decisiva, formulada ya en explicaciones anteriores —¿qué ofrece la Iglesia que no pueda ofrecer una asociación cultural o una organización social?— sólo tiene una respuesta completa cuando se nombra sin ambigüedad: la Iglesia ofrece los medios objetivos, instituidos por Cristo, para que un alma concreta se salve o se condene según su respuesta libre a la gracia. Toda pastoral que oscurezca esta finalidad, por generosa que sea su intención social, traiciona el fin para el que la Iglesia existe.
Restaurar la predicación clara de los novísimos —muerte, juicio, infierno, gloria— no es un añadido devocional al programa de reconstrucción expuesto en los bloques anteriores: es su fundamento último, porque la liturgia, la ascética, la doctrina y la familia sólo tienen sentido pleno si están ordenadas, en definitiva, a que las almas se salven.
UN CALENDARIO PARA LA RECONSTRUCCIÓN: TRES FASES ORDENADAS AL MISMO FIN
ResponderEliminarLos cuatro ejes expuestos —ritus, habitus, traditio, generatio— y su fundamento escatológico no se implantan de una vez, sino que exigen un orden temporal realista. Conviene proponer un calendario orientativo, no como programa burocrático, sino como itinerario pastoral cuyo único criterio de éxito, en cada fase, es el mismo: cuántas almas concretas se acercan, gracias a él, a la gracia santificante y a los sacramentos que la conservan y la restauran.
Primera fase: restaurar el núcleo sacramental y doméstico
En los primeros años debe concentrarse el esfuerzo en lo que no admite demora, porque es allí donde el alma se juega su destino de forma más inmediata: la calidad y la frecuencia de la confesión sacramental, la centralidad de la misa dominical vivida como sacrificio y no como reunión, la predicación explícita de los novísimos individuales y sociales en la homilía ordinaria (condenación o salvación, Reinado Social de Cristo -Benedicto XVI: vida, familia y matrimonio, educación paterno-filial y bien común patriótico-nacional), y la recuperación del rezo doméstico diario en los hogares.
No se trata de reformas estructurales visibles, sino de una restauración discreta y profunda de lo que salva directamente: la gracia recibida en los sacramentos y transmitida en el hogar.
Segunda fase: reconstruir las mediaciones que sostienen esa vida sacramental
Una vez asegurado el núcleo, corresponde reconstruir las instituciones que lo sostienen en el tiempo: escuelas con identidad doctrinal clara, no sólo para sacar beneficios, catequesis sistemática de niños y adultos, formación seminarística centrada en traditio-habitus-ritus, y comunidades o movimientos organizados no en torno a la acción social como fin, sino en torno a la oración y la vida sacramental como fin, de la que después pueda derivarse, con orden recto, la caridad hacia el prójimo. Ninguna de estas instituciones tiene valor en sí misma: lo tiene en cuanto conduce almas concretas hacia Dios.
Tercera fase: recuperar una presencia pública ordenada a la verdad, no a la relevancia
Sólo cuando el núcleo sacramental y sus mediaciones estén asentados tiene sentido buscar de nuevo una presencia pública de la Iglesia en la sociedad catalana. Esa presencia debe buscarse incluso como antaño, por la vía de la relevancia cultural o política, y también por la vía de la verdad ofrecida con claridad: una Iglesia que hable sin ambigüedad de Dios, del pecado, de la gracia y de los novísimos individuales y sociales y el Reinado Social de Cristo, será más fecunda que una Iglesia culturalmente influyente que haya oscurecido su mensaje último. Y la excomunión-expulsión de los tres cánceres eclesiales: el sinodalismo alemán, la Iglesia patriótica china y el nacional-progresismo: no son católicos, no engañen más.
El criterio que ordena las tres fases
Ninguna de estas fases se justifica por su eficacia institucional, ni siquiera por la supervivencia numérica de la Iglesia catalana como cuerpo social. Se justifican únicamente porque, en cada una de ellas, un alma concreta puede recibir la gracia que la salva. Éste es el único criterio verdaderamente teológico para juzgar cualquier plan pastoral: no si aumenta la relevancia de la Iglesia, ni siquiera si aumenta el número de practicantes, sino si dispone efectivamente a las almas para su fin último, que es la visión beatífica de Dios.
En la Tierra no habrá nunca paz hasta el último advenimiento del mal y su misterio de iniquidad (Anticristo) y su derrota definitiva, pero mientras hay un deber de extender e intensificar la fe, justicia y santidad, luchar contra el mal (lo hace Dios) y a esperar la definitiva derrota del mal.
San Medir, como se traduce en Español dicho nombre???
ResponderEliminarGracias.
Será en castellano
EliminarSe traduce por Medín y también por Emeterio.
EliminarSan Emeterio.
EliminarSan Medín y Sta María tienen como párroco a Ramón Batlle. Él estuvo en el Estadio Olímpico de Montjuic, arriba y abajo por "platea", en la vigilia de oración con el Papa. Se le veía encantado saludando a cuanto prelado podía, para brillar y presumir de amistades. O saludando a la aristocracia del clero y de los políticos, con el mismo objeto. En la Sagrada Familia lo mismo. No le vi con estelada. Raro. Ni tampoco saludando a los pobres curas, los del clero llano, esos a los que ni Omella ni sus auxiliares tampoco saludaron.
ResponderEliminarHace años que el amigo de Omella, el párroco de los Ángeles de Barcelona, Rafael Méndez -que fue el semisecretario semioficioso de don Ricardo Carles- se empeña en celebrar la fiesta titular de la iglesia todo en castellano. No se da cuenta que está en el Eixample, no se da cuenta de la historia y realidad de la diócesis. Pero sí, sí que se debe dar cuenta, pero no quiere actuar de otro modo. Todo eso pasa por la mala (o ausente) formación que se daba (no sé ahora) en el seminario de Barcelona, eso en tiempo de Ramon Prat. Fueron unos cuantos, hoy sacerdotes, que son y continúan siendo igual que seglares -aunque vistan, cuando quieren, con vestido clerical-, y aunque ordenados sacerdotes, piensan como ejecutivos, viven una estrategia de subordinación y adulación a los obispos. ¿Quieren saber algunos nombres? Si alguien lo pide les daré nombres. Ni actitud anticatalana, ni antiespañola, ni liturgias restauracionistas, ni prepararse ahora para ganarse al próximo que sucederá a Omella. Aunque a Méndez le quedan pocos telediarios como rector. ¡Ah Omella qué ambiguo has sido en todo! Y no hablemos ahora de todo lo que hace con sacerdotes vinculados a la institución de Schola, unos neoconservadores formados en Toledo. ¿Cuándo se acabará todo eso, cuándo cambiará la curia de Barcelona (donde hay algunos que llevan los nombres que he citado).?
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