El avalista de Sergi Gordo es el cardenal Cobo

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En el dilatado proceso de sucesión del arzobispo de Barcelona, a falta de un candidato incontrovertido, todo quisque episcopal quiere jugar su carta. Así tenemos la opción de Omella (ahora Vilanova, antes Roselló); la de Argüello (Saiz Meneses) e incluso la del cardenal Cobo, que no es otra que la del actual obispo de Tortosa, Sergi Gordo. Un auténtico juego de tronos eclesial que muchos dan por cerrado desde hace días, pero que se sigue prolongando en el tiempo. Y, cuidado, que no se vuelva a demorar para no interferir en el proceso electoral que acaba de iniciarse este lunes. A Roma no le van las prisas y a este Papa, menos. 

Así como Omella fue el hombre de Francisco, cada vez está más claro que Cobo es el hombre en España de León XIV. No parece casualidad que el Papa lo haya convocado ahora al encuentro que se llevará a cabo en El Vaticano para la conmemoración del décimo aniversario de Amoris Laetitia. A él acudirá el obispo Argüello, como presidente de la CEE, pero la Santa Sede ha decidido expresamente que no vaya solo, sino acompañado de su vicepresidente, que no es otro que el cardenal de Madrid. Más allá de la cuestión protocolaria, el mensaje es bastante evidente: Cobo no está ejerciendo de simple número dos. Nunca un vicepresidente de la CEE (cargo meramente honorífico) había tenido tanto poder. Y nunca un presidente del órgano episcopal había sido tan opacado y controlado por su número dos, como le sucede al bueno de monseñor Argüello. 

Sergi Gordo y José Cobo son buenos amigos desde que eran obispos auxiliares. El primero fue nombrado para Barcelona en junio de 2017 y el segundo para Madrid en diciembre del mismo año. Juntos acudían en aquellos primeros años episcopales a las reuniones de Añastro y siendo más o menos coetáneos de edad (Cobo es de 1965 y Gordo de 1967) hicieron buenas migas. No obstante, su trayectoria es distinta. Mientras el de Madrid desarrolló una notable carrera pastoral, el actual obispo de Tortosa jamás ha estado al frente de una parroquia: recién ordenado, ya entró como formador del Seminario Menor y, con tan solo 37 años, fue designado secretario-canciller de la diócesis por Sistach. Un hombre de despacho. Un auténtico curial. 


Cobo se siente fuerte y se ve como el futuro presidente de la CEE. Por eso, tiene el máximo interés en formar una dupla con el arzobispo de Barcelona. Como en los tiempos de Tarancón y Jubany. Su amigo Gordo, con el que puede alcanzar quince años o más de pontificado, sería el compañero ideal para dominar el episcopado español. Un paralelismo evidente con los años setenta.

Sergi Gordo tiene, además, otros avales. El principal es el del nacionalismo, el cual suspiraría por Planellas, pero que ya ha visto que esa carta es imposible. Al desacreditado obispo de Tarragona no le ha salido bien ni la visita del Nuncio, quien ha recibido en persona más de una queja sacerdotal, que se une a las múltiples que ya tenía en conocimiento, más otras tantas que le han derivado desde Roma. 

No es Gordo el más nacionalista de los obispos catalanes actuales. Le superan Octavi Vila y, sobre todo, Daniel Palau. Estos dos llevan poco tiempo en sus diócesis y no parece que vayan a dejarlas vacantes para obtener el premio de Barcelona. Especialmente problemático sería dejar otra vez Gerona sin obispo, cuando hace poco estuvo vacante nada menos que dos años. Por ello, todos aquellos que siguen con la matraca de bisbes catalans, se agarran a este hijo de granadinos, que ha dado muestras suficientes de acomodarse a sus proclamas. Aunque, con el tiempo. tendrán que cambiar su antiguo lema por el de Volem catòlics catalans! Que ese es el verdadero problema que acuciará al nuevo prelado.
 

Y aunque sea anecdótico, también tiene el aval de su amiga Sor Lucía Caram, cuya preponderancia parece mantenerse intacta en el actual papado. La dominica de Manresa ha congeniado siempre con el cardenal Omella, al que incluso ha salido a defender cuando era atacado por las huestes nacionalistas. Y, después de haber obtenido de Francisco esa especie de prelatura personal que desgaja su convento de la diócesis de Vic donde se halla enclavado, necesita apoyarse en la potencia del arzobispado barcelonés. Para ella, sustituir a su amigo Omella por su también amigo Sergi Gordo sería, por tanto, una solución perfecta. Sor Lucía ya es una estrella mundial y, como tonta no es, también quiere jugar sus bazas.
 
Oriol Trillas 

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13 comentarios

  1. Que el Cardenal Cobo sea el hombre de León XIV en España dice muy poco del actual Papa.

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  2. Es preferible Mons. Sergi Gordo, que Mons. Javier Vilanova.
    Sergi Gordo, conoce bien las parroquias, a muchos de los sacerdotes diocesanos, tiene capacidad de organitzación, cuando fue Secretario General-Canciller atendia muy bien a los sacerdotes y solucionaba siempre que podía los temas planteados.
    Sería un acierto su nombramiento y si además viene apadrinado por el Cardenal Cobo mucho mejor.
    A ver si el Papa León XIV nos hace este obsequio a Barcelona.
    Muchos sacerdotes que ahora estamos arrinconados, y molestos con algunas decisiones de esta última etapa Omella y de la actual curia, veremos un cambio a positivo.

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  3. Réplica: Rumorología de pasillo ante la sucesión de Barcelona
    El análisis que presenta como siempre el Sr.Trillas , sobre la sucesión en la archidiócesis de Barcelona es un compendio de especulaciones de sacristía y clichés políticos que dista mucho de la realidad eclesial. Bajo el disfraz de una crónica informada, el texto no es más que un intento burdo de trasladar las dinámicas del bar de la esquina a las decisiones de la Santa Sede.
    Para empezar, la obsesión del autor por dibujar un "juego de tronos" entre el cardenal José Cobo y monseñor Luis Argüello roza la paranoia conspiranoica. Pretender que la convocatoria del Papa a ambos prelados para la conmemoración de Amoris Laetitia es una maniobra para "opacar" al presidente de la CEE demuestra una profunda ignorancia sobre el funcionamiento de la Iglesia. El autor confunde interesadamente el protocolo y la colegialidad vaticana con una lucha de poder interna, intentando crear divisiones artificiales donde lo que hay es un trabajo conjunto y complementario.
    El ataque directo a la trayectoria de monseñor Sergi Gordo, tachándolo despectivamente de "hombre de despacho" por no haber sido párroco, es un argumento tramposo. Dirigir una archidiócesis de la complejidad, volumen y desafíos de Barcelona requiere, precisamente, una capacidad de gestión institucional y un conocimiento curial impecable. Despreciar esa experiencia solo demuestra que el autor prefiere el prejuicio personal a la valoración objetiva de las competencias que Barcelona necesita urgentemente.
    Por último, el texto cae en el ridículo al mezclar en la misma coctelera el nacionalismo catalán, la visibilidad mediática de Sor Lucía Caram y las supuestas primicias de analistas como el "Sr. Trillas". El autor se desacredita a sí mismo al basar sus conclusiones en cotilleos y filias personales. La designación del futuro arzobispo de Barcelona no se decidirá en tertulias digitales ni responderá a las pataletas de quienes añoran consignas del siglo pasado. La Iglesia de Barcelona se enfrenta a retos vitales como la secularización y la escasez vocacional, problemas que no se solucionan con crónicas de campanario orientadas únicamente a buscar el morbo y a sembrar la cizaña.

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  4. Cobo es el corcho que siempre queda en superficie sin hundirse con los problemas, hoy en Infocatólica. Y para no morir de aburrimiento en GG, ahí va este video: https://www.facebook.com/reel/1023393520514239

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  5. Sr. Trillas, no le de más vueltas que nos vamos a marear. Alea iacta est.


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  6. Nadie menciona a Paco Conesa.
    Es un obispo con una gran formación: tiene dos doctorados; Gordo, ninguno. Además, cuenta con experiencia pastoral: ha sido párroco —Gordo no— y vicario general con tres obispos distintos, lo que indica que no lo hacía precisamente mal. Gordo, nunca ha sido pàrroco, en Barcelona, no tuvo responsabilidades de gobierno y, en Tortosa, deja que sean otros quienes decidan por él.
    Conesa habla perfectamente catalán y, en la calamitosa diócesis de Solsona, sin hacer ruido, lo está haciendo bien.
    Y, ya que la sinodalidad está de moda, pocos obispos españoles tienen una experiencia tan directa de ella como Conesa: fue padre sinodal y actualmente es el referente de la Conferencia Episcopal Española para la implementación del Sínodo sobre la sinodalidad.
    Conesa es dos años más joven que Benavent, por lo que habría que descartarlo como posible sustituto suyo. Si se quisiera promocionarlo a arzobispo, Barcelona podría ser una buena opción.
    Conesa tendría por delante un pontificado teórico de unos diez años: ni demasiado largo ni demasiado corto.

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  7. Hay afirmaciones que hay que matizar.
    1. Mons. Gordo no ha estado nunca al frente de una parroquia, pero tiene más talante pastoral que muchos obispos.
    2. ¿Nacionalista? Que nadie se llame a engaño: no creará rechazo a nadie en Cataluña, pero no lo encasillen en lo que no es. Que no lo hagan ni unos ni otros. Es hombre de equidistancias.
    3. Tiene más altura intelectual que el Cardenal Cobo. Y el Cardenal Omella. (Lo cual no es muy difícil).
    4. Es humilde, prudente, cuerdo y sensato.
    5. Últimamente, en Tortosa, ha mostrado virtudes, pero le falta arrojo apostólico. Parece suicidarse eclesialmente hablando con recetas sinodales y viejos planteamientos estériles. ¡Qué lástima! ¡Con lo que prometía!

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    1. Mons. Gordo es otro "acto fallido" más para rellenar la casilla del pato cojo de Omella. Las virtudes sobrenaturales pueden ser excelsas, pero los fallos y debilidades de la naturaleza humana no por ello quedan perfeccionadas, pueden tardar décadas o no desaparecer nunca o sí pero con gracia sobrenatural.

      San Francisco de Sales (1567–1622): la mansa bomba atómica

      En este santo hay una paradoja muy llamativa: tenía por naturaleza un temperamento fuerte, irascible y fácilmente excitable, explosivo, pero llegó a adquirir una mansedumbre extraordinaria mediante un esfuerzo consciente y prolongado por la gracia de Dios.

      Pío XI lo describe expresamente como naturalmente «temperamento ardiente y fácilmente irascible», y explica que mediante vigilancia constante y dominio de sí llegó a controlar esas tendencias.

      La anécdota de arañar la madera de su escritorio. Una fuente biográfica relata que, aunque exteriormente nadie advertía su ira, después de su muerte se encontraron marcas de arañazos en la parte inferior de su escritorio, producidas por las uñas cuando contenía interiormente la cólera.

      Hay además testimonios más antiguos y sólidos sobre el mismo fenómeno. Santa Juana Francisca de Chantal declaró durante el proceso de canonización que jamás lo había visto perder exteriormente el dominio de sí, pero que él mismo reconocía cuánto esfuerzo le costaba dominar su ira. En una ocasión le dijo:

      «¿Querríais que perdiese en un cuarto de hora el pequeño caudal de mansedumbre que he ido acumulando penosamente durante veinte años?»

      Y hay otra expresión suya muy reveladora: en una ocasión de justa indignación dijo que tenía que sujetar su cólera «con ambas manos» para impedir que se apoderase de él.

      Su mansedumbre era ira contenida por espíritu, no fue un temperamento naturalmente apacible, sino una virtud conquistada sobre una inclinación colérica y furiosa, violenta, incontrolable..

      Éste es un principio fundamental muy importante: un monje puede ser piadoso en extremo, una alfombrilla para el abad y un déspota para sus iguales e inferiores, como un teniente puede ser un barreño para los pies del capitán y un ogro para el alférez, sargento, cabos y soldados. Y lo mismo en la empresa, administración y cualquier organización, en lo público y en lo privado.

      Se quiere meter como arzobispo-cardenal de Barcelona a alguna gente que carece de competencia y capacidad tradicional para serlo.

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  8. Creo que en Roma y Barcelona y Madrid hay alguien, y no digo quiénes, que ha tomado para sí la postura de un magnánimo monarca absoluto estilo "todo para el pueblo pero sin el pueblo" o "La Iglesia soy yo":

    «Como si estuviera permitido olvidar que es únicamente en mi persona donde reside la potestad sobre la Iglesia; que de mí recibe su dirección, su autoridad y su orientación; que quienes ejercen funciones en ella las ejercen únicamente en mi nombre; que la plenitud de esta autoridad permanece siempre en mí; que solamente a mí corresponde decidir su rumbo, sin dependencia y sin compartir ese poder con nadie.

    Como si estuviera permitido olvidar que todo el orden de la Iglesia emana de mí; que yo soy su supremo guardián; que sus instituciones, sus ministros y sus fieles no son sino instrumentos de mi voluntad; y que los derechos, necesidades e intereses de la Iglesia están necesariamente unidos a los míos y no descansan sino en mis manos.

    Y si mis decisiones se acomodan a los intereses de los políticos, de los poderes económicos, de los medios de comunicación, de las modas culturales, de los movimientos ideológicos o de las corrientes estéticas del momento, ello no disminuye mi autoridad: soy yo quien decide qué debe entrar en la Iglesia y qué debe salir de ella.

    La opinión de los fieles podrá ser escuchada, pero no constituye la norma; las necesidades de las almas podrán ser conocidas, pero no determinan mi voluntad. La tradición podrá ser venerable, pero no limita mi poder. La doctrina podrá haber sido recibida, pero soy yo quien decide cómo debe entenderse, aplicarse o incluso transformarse.

    Porque la Iglesia soy yo. No soy simplemente su administrador, su custodio o su servidor: soy su señor. No recibo mi autoridad de aquello que debo custodiar, sino que aquello que custodio recibe su autoridad de mí.

    La Iglesia es una conmigo; su presente y su futuro descansan en mis manos; y todo cuanto ella es, enseña, conserva o transforma debe quedar sometido a mi voluntad.

    Yo no estoy al servicio de la Iglesia: la Iglesia está bajo mi autoridad. Yo no soy simplemente quien administra una potestad que ha recibido: yo soy la fuente de esa potestad. Y por eso, allí donde mi voluntad prevalece, allí está la Iglesia, no la salvación de las almas, ni la tradición, ni la lógica, ni la historia, ni la teología.»

    «Todo por el pueblo, pero sin el pueblo; todo por la Iglesia, pero sin la Iglesia; todo por las almas, pero sin escuchar a las almas. Porque la Iglesia soy yo.»

    «Yo sé lo que conviene al pueblo, aunque el pueblo no lo sepa; yo sé lo que conviene a la Iglesia, aunque la Iglesia no lo diga. Habéis oído: «Quod omnes tangit ab omnibus tractari debet… salvo cuando ya he decidido qué es lo que conviene a todos. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo; todo para la Iglesia, pero sin la Iglesia. No soy su servidor: soy quien decide por ella. Porque, en definitiva, la Iglesia soy yo. Recordadlo.»

    ...

    Recordar que sinodalidad implica la participación del todo el pueblo de Dios, es decir, que todos todos todos expresen sus necesidades espirituales y su opinión sobre el candidato a obispo, en abierto y transparencia total.

    Así lo dice el principio famoso QOT "quod omnes tangit" de la Iglesia Primitiva del Primer Milenio, el 17 de octubre de 2015, en su discurso con motivo de la conmemoración del 50.º aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, celebrado en Roma durante el Sínodo sobre la familia.

    «El camino sinodal comienza escuchando al pueblo, que “participa también de la función profética de Cristo”, según un principio muy estimado en la Iglesia del primer milenio: Quod omnes tangit ab omnibus tractari debet.»

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  9. Si Cobo es el preferido de León XIV, eso es la objetiva decadencia del régimen francisquista-leonino. Es la personalización del progresismo, y humildemente, ¿quién lo hizo obispo? Su nivel de competencia, capacidad, habilidad y espiritualidad es extremadamente baja, y sólo sin tener en cuenta sus muchas polémicas (El Valle de los Caídos, caso de abusos y el Gobierno).

    En el día de la Paloma hizo un grave acto ilícito (que no inválido) en la consagración: aquí lo muestran y explican muy bien:

    youtube.com/watch?v=kEimfn4wORk
    ALERTA: Cardenal Cobo de Madrid COMETE grave ERROR LITÚRGICO en la SANTA MISA
    Tekton Centro Televisivo


    1. Desglose rúbrico oficial de la Consagración del Novus Ordo paulino-bugniniano de 1969

    Las rúbricas de la Plegaria Eucarística establecen de forma clara una secuencia en dos tiempos (primero la Hostia y luego el Cáliz).

    Dentro de cada uno de estos tiempos se distinguen estrictamente tres fases:

    1. Preparación/Pronunciación
    2. Ostensión/Mostración al pueblo
    3. Adoración personal del sacerdote

    A. Consagración del Pan como materia oblata

    Acción previa y Palabras consecratorias: el sacerdote toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar (aliquantulum elevatum super altare), pronuncia las palabras de la institución: "Tomad y comed todos de él...". En este punto, el pan aún no ha sido plenamente consagrado hasta que no se pronuncia la fórmula institucional ("ESTO es MI CUERPO...").

    Mostración al pueblo (Ostentio): transustanciado el pan en el Cuerpo de Cristo, la rúbrica indica: muestra la hostia consagrada al pueblo (ostendit hostiam consecratam populo). Esta es la elevación para la adoración de la Asamblea.

    Depósito y Genuflexión: la deposita de nuevo sobre la patena. Y se arrodilla haciéndole genuflexión (et genuflexo adorat)

    B. Consagración del Vino

    Acción previa y Palabras consecratorias: del mismo modo, toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, pronuncia las palabras de la institución: "Tomad y bebed todos de él...".

    Mostración al pueblo: muestra el cáliz al pueblo.

    Depósito y Genuflexión: lo coloca sobre el corporal.Y se arrodilla haciéndole genuflexión.

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  10. En la reforma litúrgica del Novus Ordo de 1969 promovida por el papa Pablo VI y redactada bajo la dirección del arzobispo Annibale Bugnini (Secretario del Consilium), la revisión de las rúbricas de la consagración fue una simplificación formal con su profunda reestructuración teológica. Mi opinión para la polémica.

    1. Claridad de los gestos: narración y exposición

    Verba Institutionis y Ostensio: en el Misal Tradicional (Tridentino), ¡ad Orientem!, la elevación de la Hostia y del Cáliz se realizaba inmediatamente tras la fórmula consecratoria mientras el sacerdote permanecía inclinado sobre el altar, seguida de su propia genuflexión y luego la elevación.

    El Novus Ordo ¡versus Populum! desglosa con exactitud pedagógica dos acciones: el relato institucional dirigido a Dios Padre y la ostensio (mostración) dirigida a la asamblea. Sigue su lógica fuera de la tradición orgánica.

    Pablo VI y Bugnini buscaron (fuera de la Tradición) que la gente entendiera claramente qué pasa en cada segundo.

    Primero, el sacerdote imita a Jesús en la Cena dirigiéndose a Dios Padre ("Tomó el pan, dándote gracias..."). Una vez que el pan y el vino ya son el Cuerpo y la Sangre de Cristo, se los enseña a la gente para que los contemplen y adore. No se junta el "hablar a Dios" con el "enseñar al pueblo".

    2. Dimensión de la Asamblea y Teología Eclesiológica

    Participatio Activa y Conspectus Populi: con la reforma, el sacerdote celebra versus populum (de cara al pueblo). La ostensio se convierte en un momento dialógico donde el ministro presenta el Misterio Pascual a la Iglesia reunida, la cual responde con la aclamación anamnética, rememorativo ("Este es el Sacramento de nuestra fe...").

    En palabras normales: La liturgia ya no es una acción "secreta" o privada del cura de espaldas a la gente (todos ad Orientem, ad Deum). La reforma anglicano-luterana de Bugnini quiso que la gente no fuera mera espectadora, sino participante activa. Al mostrar la Hostia ya consagrada directamente a la altura de la vista del pueblo, se invita a la comunidad a mirar, creer y aclamar a Cristo presente.

    3. Del Clericalismo al Servicio del Ministro

    Actus Ministerialise In Persona Christi: la secuencia de la genuflexión posterior al depósito de la Hostia/Cáliz en el corporal subraya que el presbítero actúa únicamente como instrumento sacramental.

    El sacerdote no es el "dueño" del milagro. Primero realiza el gesto consagratorio, muestra a Jesús a la gente, deja la Hostia en la patena y después se hinca de rodillas. Esa genuflexión al final demuestra que el mismo cura se somete y adora al Señor que acaba de hacerse presente entre sus manos.

    4. Dirección del Sacrificio y la Plegaria (Anáfora)

    Anaphora y Epiclesis: toda la Plegaria Eucarística es una oración que la Iglesia eleva al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo. Alterar las rúbricas —como elevar la Hostia al pueblo antes o durante las palabras del Señor— confunde el eje vertical (ofrenda al Padre) con el eje horizontal (comunicación con la asamblea).

    La Misa es ante todo una oración dirigida a Dios Padre. Si el cura levanta el pan hacia la gente antes de tiempo, parece que le habla al público en lugar de hablarle a Dios. La rúbrica de 1969 ordena los tiempos: primero se consagra mirando al altar/Padre, y luego se muestra con respeto a los hermanos.

    Para Pablo VI y Bugnini, el Novus Ordo buscaba una "noble sencillez" (nobilis simplicitas) copiando anglicanos y luteranos: que cada gesto litúrgico fuera transparente.

    Separar la toma del pan, las palabras consecratorias, la mostración al pueblo y la genuflexión garantiza que el misterio teológico no se vuelva ambiguo, respetando tanto la presencia real de Cristo como el papel activo de toda la comunidad en la Misa.

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  11. Tres cuestiones que suelen confundirse

    Cuando se habla del altar de la misa actual se mezclan tres cosas distintas.

    La primera es el altar exento, es decir, el separado de la pared, de modo que se puede rodear; es una cuestión de arquitectura.

    La segunda es la posición del sacerdote: ad orientem, cuando mira hacia el mismo lado que los fieles, o versus populum, cuando está de cara a ellos.

    La tercera es hacia dónde miran los fieles: hacia el este, hacia el altar, hacia la cruz o hacia el sacerdote.

    No hay implicación lógica entre las tres. En las iglesias orientales, por ejemplo, el altar está exento, en medio del santuario, y sin embargo el sacerdote celebra mirando al este, como los fieles. La reforma posconciliar Novus Ordo vino a fundirlas en un solo paquete: altar exento, sacerdote de cara al pueblo y asamblea mirando al sacerdote al otro lado del altar.

    Cómo es el altar en cada confesión

    Para entender los paralelos hay que saber qué se ponía en cada iglesia.

    En la misa católica anterior a la reforma, el altar estaba pegado al muro del fondo, con la cruz y el sagrario encima, y el sacerdote lo tenía delante y la asamblea detrás, todos mirando hacia el mismo lado.

    En el mundo reformado (presbiterianos, congregacionalistas, bautistas) no hay altar, sino una mesa sencilla y móvil, situada normalmente delante del púlpito, que es el centro del culto; el ministro se coloca tras ella, de cara a los asistentes, porque la Cena se entiende como memorial de la comunidad y no como sacrificio.

    En el luteranismo de Alemania y Escandinavia se conservaron, tras el cisma, los altares de piedra adosados al fondo, con cruz y candelabros, y el pastor celebraba mirando al altar y se volvía al pueblo para las lecturas y la bendición.

    Los anglicanos se repartieron entre dos extremos: los de tendencia high church o anglocatólica mantuvieron altares y ceremonial muy cercanos al católico, mientras que los de tendencia low church usaban una mesa de madera, a menudo móvil.

    Qué significa «el lado norte» en el anglicanismo

    El Libro de oración común anglicano de 1552 ordena que el ministro se coloque «en el lado norte de la mesa». La razón fue doctrinal. El libro de 1549 había dejado al sacerdote delante del altar, de espaldas al pueblo, como en la misa.

    Cranmer quiso evitar esa posición, asociada al sacrificio, pero tampoco puso al ministro de cara al pueblo, como quien preside un banquete.

    El resultado fue una solución intermedia: el ministro se sitúa a un costado de la mesa y queda de perfil respecto a los asistentes. Esa rúbrica se mantuvo en 1662. Su interpretación (si «lado» significa el extremo norte de una mesa adosada al fondo o el lado largo de una mesa colocada a lo largo de la iglesia) fue discutida, y en el siglo XIX enfrentó a ritualistas, que querían recuperar la posición hacia el este, y evangélicos. Esa posición de perfil, pues, no es versus populum.

    La complicación de las basílicas antiguas

    El argumento histórico Novus Ordo a favor del sacerdote de cara al pueblo se apoyó en las grandes basílicas romanas, como la antigua de San Pedro, cuyo ábside estaba al oeste y cuya entrada miraba al este.

    En ellas el celebrante, tras el altar, miraba hacia la nave, esto es, hacia el pueblo.

    De ahí se infirió como hipótesis que la celebración de cara al pueblo era la forma primitiva, y a eso se llama hipótesis arqueológica.

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  12. La inferencia es débil por varios motivos.

    Orígenes (De oratione 32), Basilio (De Spiritu Sancto 27) y Agustín (De sermone Domini in monte II, 5, 18): se ora vueltos al oriente.

    Ratzinger, Gamber y Lang dicen que, en esas basílicas, la comunidad se volvía hacia el este durante la oración: sacerdote y pueblo miraban al mismo lado y la posición del altar era un efecto de la arquitectura y no un principio litúrgico.

    Otto Nußbaum (Der Standort des Liturgen am christlichen Altar vor dem Jahre 1000, 1965) no encontró prueba de que la celebración hacia el pueblo fuera la norma general en el primer milenio.

    Pío XII, además, advirtió en Mediator Dei (1947) contra el arqueologismo, incluida la vuelta a la mesa de forma antigua. De manera que la hipótesis arqueológica sirvió para justificar la posición del sacerdote y no el altar exento, y es, como mínimo, discutible.

    El Movimiento Litúrgico católico (1920-1940)

    La transmisión mejor documentada hacia el Novus Ordo es católica.

    - Van Acken publicó en 1922 su libro sobre el arte sacro cristocéntrico;

    - Guardini celebró de cara al pueblo en el castillo de Rothenfels a finales de los años veinte;

    - Parsch impulsó la misa comunitaria en Klosterneuburg;

    - Rudolf Schwarz teorizó la iglesia como comunidad reunida en torno al altar (Vom Bau der Kirche, 1938).

    Sus argumentos eran la arqueología y la participación activa, y no consta que citaran como modelo la práctica protestante. En esos años, además, los paralelos protestantes eran los de la tradición reformada, donde la disposición expresaba otra teología de la Cena; en el anglicanismo y el luteranismo la posición hacia el pueblo era minoritaria. Lutero, en la Deutsche Messe (1526), consideró más propio que el sacerdote se volviera al pueblo, pero dejó la cuestión libre, y la práctica luterana siguió siendo mayoritariamente ad orientem hasta el siglo XX.

    La época de Bugnini (1960-1969)

    El panorama cambia en los años cincuenta y sesenta.

    En el anglicanismo, el movimiento Parish and People (desde 1949), Hebert y Hammond (Liturgy and Architecture, 1960) defendieron el altar exento y la Eucaristía parroquial como celebración central, y los ensayos de revisión de los años sesenta admitieron ya la posición hacia el pueblo.

    En el luteranismo se extendió entonces el altar exento con el pastor de cara a la asamblea, sobre todo en Europa y Norteamérica.

    Estos paralelos son contemporáneos de la reforma católica.

    Inter oecumenici, del 26 de septiembre de 1964, ya recomendaba la disposición, y los observadores no católicos del Consilium se incorporaron hacia 1967, de modo que hubo una "sintonía" de la época entre católicos y protestantes, con los orientales ajenos a ello totalmente (seguían su iconostasio).

    Los textos romanos

    El nexo normativo es Inter oecumenici, n. 91, que recomienda construir el altar mayor separado de la pared, para poder rodearlo y celebrar de cara al pueblo (conviene cotejar la redacción latina exacta).

    La Ordenación General del Misal Romano repite la fórmula en 1970 (n. 262) y en 2002 (n. 299), esta vez añadiendo que esto conviene «dondequiera que sea posible».

    La constitución Sacrosanctum Concilium no dice nada sobre la orientación del celebrante. La recomendación es, por tanto, un consejo y no una imposición, y la orientación común hacia el Señor sigue siendo lícita.

    Conclusión

    Altar exento, sacerdote versus populum y asamblea vuelta hacia él no forman un conjunto necesario.

    Es una construcción apoyada en una hipótesis arqueológica católica discutible, en un ambiente de renovación del que participaban también anglicanos y luteranos, y en un texto romano de 1964 que lo hizo recomendable.

    Esa disposición coincida materialmente con la nacida de otras teologías protestantes de la Cena.

    Por tanto, se toma como cierta una hipótesis que con seguridad es equivocada (basílicas romanas primitivas) y un cambio protestante en la orientación de pastores y fieles en sus altares o mesas: las élites (Bugnini, Pablo VI, liturgistas) establecieron altar exento, versus populum, fieles mirando al cura.

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