El cardenal Omella está de salida; ya hace días que se encuentra en una posición parecida a la del presidente Sánchez después de convocar elecciones; sigue en el cargo, pero previsiblemente por poco tiempo. A diferencia del líder del PSOE, Omella sabe que pronto se irá para Zaragoza; Sánchez aún confía en que las urnas le revaliden una mayoría progresista. Por eso el cardenal tiene una agenda con muchas cosas fuera de Barcelona, como si ya fuera un emérito, prácticamente sin secretario, está esperando el momento de ser relevado, a pesar de que ese momento se está retrasando mucho más de lo previsto.
Como en un final de régimen, los altos cargos de la diócesis ya saben que se acaba una etapa, y algunos no continuarán; otros lo harán inicialmente, pero según quién venga, puede hacer más tarde o más temprano una renovación importante. Eso crea nerviosismo en algunas personas que han acumulado mucho poder o que tienen intereses personales o grupales en este momento bajo el mandato del cardenal Omella.
Este pasado domingo, el siempre bien informado periodista Pep Martí publicaba un interesante artículo titulado "¿Quién manda en el Palacio episcopal mientras se espera el relevo de Omella?". Como subtítulo pone: "Mientras el cardenal agota su mandato, un pequeño núcleo de confianza protege al arzobispo, con la figura de Marc Labori como pieza destacada". Los tres nombres que Martí sitúa como el núcleo duro, los incondicionales, "la guardia pretoriana" como se llamó en el final de pontificado del cardenal Carles, o el "bunker" para algunos sacerdotes diocesanos, son el secretario Marc Labori, el jefe de prensa Ramon Ollé y el todopoderoso Dr. Santiago Bueno, deán de la Catedral y vicario judicial. El artículo añade el nombre del Dr. Armand Puig, pero este biblista ya hace tiempo que tiene su residencia en Roma, aunque entre sus colaboradores, cuando estaba en Barcelona como máximo responsable del Ateneo Sant Pacià, están dos obispos de Cataluña, el arzobispo de Tarragona Joan Planellas y el obispo de Lleida Daniel Palau.
Marc Labori no ha sido un secretario discreto como lo fue Alfred Sabaté con el cardenal Martínez Sistach, ha intentado jugar un papel de obispo sin mitra, junto a los auxiliares Vilanova y Abadías, ha intentado influir aprovechando su cargo y ha protegido a los sacerdotes cercanos a él, especialmente ese clero joven de buena familia o de zona alta de Barcelona, que ha apostado por iniciativas como los retiros de Emaús o Effetá.
Santiago Bueno ha sido más que un obispo sin mitra; de hecho, en los ambientes clericales de Barcelona siempre se dice que manda más que los propios obispos auxiliares. Bueno, se ha aprovechado del casi nulo conocimiento en Derecho Canónico del arzobispo para asesorar a Omella y evitar que meta la pata; la recompensa es que el cardenal consulta casi todo con Bueno, y confía plenamente en su criterio.
Ramon Ollé ha sido el hombre que ha elaborado los comunicados de prensa del pontificado de Omella y el que ha controlado todos los medios de comunicación diocesanos. En esto también, como en el caso de Bueno, ha sido muy útil para evitar el estilo a veces tosco y bruto del arzobispo aragonés. Prudente y bien formado, Ollé ya venía de la etapa de Sistach, pero ha sido mucho más necesario y con más poder en la era Omella.
Ninguno de estos tres se prevé que tenga el poder que tienen actualmente; Labori no seguirá como secretario del nuevo arzobispo; de hecho, ya tiene el cargo de director
Espiritual del curso introductorio del Seminario Interdiocesano. Bueno, difícilmente influirá tanto en el próximo arzobispo, a no ser que también vaya tan escaso de conocimientos en Derecho Canónico como Omella, y Ollé difícilmente podrá seguir influyendo, no por su valía indiscutible, sino por el estado de su salud, que es muy delicado.
Espiritual del curso introductorio del Seminario Interdiocesano. Bueno, difícilmente influirá tanto en el próximo arzobispo, a no ser que también vaya tan escaso de conocimientos en Derecho Canónico como Omella, y Ollé difícilmente podrá seguir influyendo, no por su valía indiscutible, sino por el estado de su salud, que es muy delicado.
Pontificado nuevo, vida nueva. Aunque si el nuevo arzobispo es continuista, puede que muchas cosas continúen exactamente igual. Hasta ahora, en las últimas sucesiones episcopales de Barcelona no ha habido nunca continuismo; veremos si en esta ocasión las cosas son distintas.
Pietro Romano

