La
Catedral de Barcelona tiene una nueva revista, en la era digital, donde
muchos diarios y revistas en papel desaparecen por el cambio de hábitos
de los lectores, parece que el sistema tradicional se ha impuesto a la
hora de promocionar el principal templo de la diócesis, donde está la
cátedra del obispo, que no el más turístico, que como es sabido es la
Sagrada Familia.
Las
revistas diocesanas y en general las eclesiales, suelen ser una fuente
de pérdidas y en algunos casos son bien ruinosas. Solo porque a un
obispo se le ha antojado tener "su" revista hay que pagar importantes
dispendios para mantener una publicación que a nadie interesa y que, por
tanto, hay que sufragar desde la economía del obispado, o sea la que pagan todos los fieles, también a los que la revista les importa un
bledo.
Así sucede con Catalunya Cristiana,
que empezó como revista independiente y autofinanciada, pero que acabó
absorbida por el arzobispado y desde entonces empezó a tener pérdidas,
cada vez más importantes, que parece que no importan demasiado a la
administración diocesana. Lo mismo sucede con la revista diocesana de
Girona El Senyal, otra publicación ruinosa, pero que ningún obispo se atreve a clausurar.
Pues
ahora la Catedral también tendrá su revistita, que da la sensación que
ha sido creada para mayor gloria de su actual Deán, el Dr. Santiago
Bueno, solo hace falta leer el primer número para ver como aparece en la
salutación, revestido solemnemente con los capisayos de canónigo, mientras a
Omella lo han puesto simplemente de clergyman.
Se
harán 2500 ejemplares de cada número, todos gratuitos, está claro que
si los ponen a la venta no los compraría nadie. Además, la publicación es
trilingüe, es decir todo está en castellano, catalán e inglés, por lo
que realmente las 40 páginas se convierten en 13 en cada idioma, a lo
que hay que descontar la publicidad, alguna institucional y otra
comercial, pues poco le queda de contenido a la revista.
Las
catedrales, no solo la nuestra, se van convirtiendo en máquinas de
hacer dinero a costa del turismo, perdiendo su finalidad original, e
impidiendo a base de guardias de seguridad, el acceso a las personas que
simplemente quieren ir a rezar. Más valdría que el templo estuviera más
horas abiertas al culto, que gastar el dinero en cosas que no sirven
para nada.
Francisco Fabra

