En los momentos previos al inicio de la misa con el Papa en la Sagrada Familia, los ceremonieros pontificios avisaron a los sacerdotes que ocupaban asiento en el presbiterio (vicario general y judicial y arciprestes episcopales) de que debían abandonarlo y sentarse con el resto del clero. Las gradas del altar mayor de la basílica debían quedar reservadas para los ministros intervinientes y para los cardenales, arzobispos y obispos que asistían a la celebración. La advertencia no sentó nada bien a quienes se habían acomodado allí y varios se hicieron los remolones.
Fue entonces cuando apareció Turull, que había esperado al Papa para acompañarle a rezar ante la tumba de Gaudí. Al encontrarse con la discusión entre ceremonieros y curia de la archidiócesis, no solo no se arredró, sino que hizo valer sus galones de párroco de la basílica y arcipreste episcopal. De allí no se apeaba nadie, vino a decir. Los ceremonieros, como buenos romanos, no están acostumbrados a semejantes escenas en los minutos previos a una celebración presidida por el Santo Padre. Se llevaban las manos a la cabeza. Hasta que uno, que probablemente ya conocía al personaje que pretendía amotinarse, sentenció: “Monsignore Turull è terribile”.
¡Y tan terrible! Lo que desconocían era que ese mismo sacerdote suele hacer de “policía de estrados” en las celebraciones que se llevan a cabo en la Sagrada Familia y que, en la última ordenación sacerdotal, llegó a exigir a un clérigo que se quitara la casulla con la que se había revestido porque, a su juicio, no le correspondía protocolariamente.
Con la visita de León XIV le había tocado su cuota de protagonismo en la magna celebración de la basílica. La misma resultó litúrgicamente ejemplar; los cantos fueron solemnes y dignos y el marco incomparable. No obstante, hubo un detalle que a muchos sorprendió: los ornamentos de los celebrantes, especialmente los del Santo Padre. Unas vestiduras que pretendían ser originales, inspiradas en la cruz de Jesucristo que iba a bendecirse, pero que recordaban inevitablemente a la discutible propuesta estética utilizada en la reinauguración de la catedral de Notre Dame.
Aquellas casullas, cuyo bordado evocaba más a un antifaz que a una cruz y cuyas formas geométricas se asemejaban al plano del Ensanche, difícilmente podían haber sido escogidas en Roma. Monseñor Ravelli tiene un gusto más delicado y cuida los ornamentos papales de una manera mucho más clásica y digna. Aquellas casullas tenían que venir de Barcelona. ¿Y quién se ocupó de ellas? El párroco de la Sagrada Familia, en cuya parroquia, además, quedarán para la posteridad.
Los ornamentos litúrgicos fueron diseñados por Alejandro Seoane, uno de los arquitectos actuales de la Sagrada Familia, y confeccionados por una empresa de Zaragoza, denominada Zara Santa. Ya no se confeccionan casullas en Barcelona: aquellas benedictinas de Anglí o de San Daniel que las elaboraban ya no están para esos trotes y la Sastrería Ecumenic, del barrio de Sants, cerró hace tiempo. En Cataluña han desaparecido los talleres de ropajes litúrgicos y muchos sacerdotes los adquieren hoy por Internet a una empresa polaca.
Turull es un caso único en la diócesis barcelonesa. Nuestros lectores más veteranos recordarán que, de no haber sido porque este portal rescató su foto con el megáfono arengando a las masas contra la división de la archidiócesis en 2005, Sistach probablemente lo hubiese colocado como su obispo auxiliar. Pese a ello, fue rector del Seminario y, en la actualidad, párroco de la Sagrada Familia, canónigo de la catedral, prior de la capilla de Sant Jordi del Palacio de la Generalitat, Arcipreste episcopal de Barcelona Centro, Párroco Moderador de la unidad pastoral de Sagrada Familia (siete parroquias), director de la Biblioteca Episcopal del Seminario y profesor de la Facultad de Teología. El sacerdote que acumula más cargos en la archidiócesis.
Y todo ello, sin haber concluido siquiera su doctorado en teología dogmática en la Gregoriana. Sin embargo, tanto Sistach como Omella le han dispensado siempre una confianza absoluta y, como el corcho, Turull acaba emergiendo una y otra vez. No les extrañe que vuelva a aparecer en las quinielas episcopales de algunas de las próximas promociones que pueda haber en Cataluña. Sería, sin duda, el terribile colofón a su cursus honorum.
Oriol Trillas



¿Qué cargo es el de "arcipreste episcopal"? O se es arcipreste o se es vicario episcopal de un territorio.
ResponderEliminarPor cierto, ¿quién se salió al final con la suya en la ceremonia del Papa en la Sagrada Familia, Turull o Ravelli?