Este pasado domingo fue ordenado sacerdote en la catedral de Solsona, Rui Jorge Marques Freire, es la primera ordenación presbiteral presidida por el actual obispo, Francisco Conesa, en los cuatro años que lleva al frente de la diócesis, pero en los seis anteriores, cuando aún estaba Xavier Novell, tampoco se ordenó ningún sacerdote, en total 10 años sin ordenaciones. Como puede verse por el nombre y apellidos del ordenado, no se trata de una vocación autóctona sino de ascendencia portuguesa.
Es cierto que Solsona es una diócesis pequeña, de 143.000 habitantes, y, por tanto, los números no pueden ser grandes, pero es evidente que con esos números el envejecimiento del clero es más que preocupante, lo que quita dinamismo pastoral y dificultades para trabajar con los jóvenes, que al fin y al cabo es el semillero de donde tienen que venir nuevas vocaciones.
Solsona tiene un clero progre-catalanista en su mayoría, de hecho el mismo obispo Novell presumía de haber votado en el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017, aun así, las últimas promociones de sacerdotes, aunque escasas, no son progresistas, como no lo era Novell, pero sí hay bastante nacionalismo.
El obispo Francisco Conesa llegó con una difícil misión, la de dejar atrás toda la polémica que suscitó la dimisión de Xavier Novell como obispo para poder tener una relación sentimental con Silvia Caballol, a la que dejó embarazada de mellizos y con la que contrajo matrimonio civil.
Conesa combina una buena preparación doctrinal en la Universidad de Pamplona, con buena simpatía a la hora de tratar a la gente, el hecho de ser valenciano no ha sido ningún obstáculo para que se haya ganado el corazón de la gente, en una diócesis muy integrada en la Cataluña profunda. Además, el actual prelado de Solsona está muy bien considerado por sus compañeros de la Conferencia Episcopal Española que les consideran una de sus mejores cabezas pensantes. Como ejemplo está el dedicado documento "Cor ad cor loquitor" del que es su primer responsable, que trata sobre el papel de las emociones en el acto de la fe, donde se advierte de los peligros de una fe excesivamente emocional o sentimental.
Su nombre incluso sonó como posible sucesor de Omella, por todos estos puntos positivos que he aportado anteriormente, porque ya tiene experiencia en una diócesis catalana y porque dadas sus capacidades podría afrontar un reto tan difícil como es Barcelona después de haber superado con nota el tener que suceder a Xavier Novell en Solsona.
Actualmente, su nombre no suena demasiado en las quinielas para Barcelona, pero sigue sonando para la diócesis de Mallorca, donde podría ser el primer obispo que pudiera hacer las cosas bien, después de la calamidad del obispo Sebastià Taltavull, que ya hace tres años que presentó su renuncia. Pero es que anteriormente, sus predecesores, Javier Salinas, tuvo que ser trasladado a Valencia por el asunto de su secretaria, y a Jesús Murgui a Alicante por un caso claro de insuficiencia mitral, los dos como Conesa eran valencianos, Taltavull menorquín.
Si se va Conesa a Mallorca no dejará buenos números de seminaristas y ordenaciones en Solsona, pero sí el mérito de haber pacificado una diócesis que cogió en momentos convulsos, y de haber mostrado unas cualidades tanto intelectuales como de trato con la gente que son indiscutibles.
Pietro Romano

