En la comparecencia semanal que el jefe de prensa, Oscar Bardají, prepara al obispo Planellas, le tocó esta semana acudir al diario ARA, y, ¡oh, sorpresa!, por primera vez en mucho tiempo le hemos leído una reflexión algo sensata. Como el periódico no tiene acceso gratuito y requiere suscripción, las declaraciones habrán pasado inadvertidas para muchos, pero gastarse 0,99 € no era un dispendio exagerado y mereció la pena al encontrarse con un Planellas razonable.
Como pocos habrán hecho esa mísera contribución al periodismo de pago, paso a transcribir sus dos párrafos más relevantes:
“P.- ¿Una eventual Conferencia Episcopal Catalana es hacer política? ¿Tener la Española no es hacer política?
R.- Quizá seré políticamente incorrecto, pero creo que una Conferencia Episcopal Catalana con los diez obispos que tenemos y la realidad que tenemos, nos empobrecería muchísimo. Y ahora estoy mucho más convencido que antes. Formar parte de la Conferencia Episcopal [Española] supone una riqueza brutal. Por ejemplo, acaba de publicar un documento interesantísimo sobre el emotivismo religioso. Nosotros asistimos y somos bienvenidos. Colaboramos en muchos temas. Goza de una riqueza que no la tendríamos por la cantidad de trabajo que se tiene que hacer”.
Impresionante. A la papelera aquella entelequia de la Conferencia Episcopal Catalana. Y quién la arroja es el máximo representante del sector nacionalista del episcopado. Años de energías dilapidadas, documentos, tesis sesudas y obsesión por marcar el tarannà, lanzados ahora a la basura por el más pragmático de los argumentos: somos cuatro gatos y carecemos de estructura suficiente para sostener un proyecto propio.
El otro párrafo destacable se refiere a la sucesión del cardenal Omella y tampoco tiene desperdicio:
“P.- Hay relevos pendientes como el del actual arzobispo de Barcelona. ¿Qué perfiles serían los recomendables?
R.- No creo que este y otros relevos en la Iglesia catalana sean inminentes ni se vayan a producir este año, por mucho que se insista en que se producirán después de la visita del Papa. Tengo la impresión de que el tema se puede alargar. El cardenal Omella goza de una excelente salud y lo ha hecho muy bien. Para mí, es como un hermano mayor. En los problemas concretos que he tenido, muchas veces le he consultado…”
De hecho, lo que dice Planellas es lo que he venido sosteniendo en artículos precedentes. El proceso de sucesión de Omella ni tan siquiera se ha iniciado. Comenzará, sí, después la visita del Papa, pero está por ver cuándo concluye, visto el ritmo cadencioso de este papado. Se trata de una sede compleja, de un trámite que resultará intrincado, sin candidatos claros y con varias voces intentando posicionar nombres.
Entre esos nombres vuelve a surgir el del arzobispo de Sevilla, a quien están presionando desde la presidencia de la Conferencia Episcopal para que abandone sus iniciales reticencias. Muchos obispos verían con buenos ojos un arzobispo de Barcelona que actuase como contrapeso al cardenal Cobo.
En todo caso, la remoción va para largo; no en vano, Omella ya les dijo a los diáconos ordenados a final de abril que quizá sería él mismo quien los ordenaría sacerdotes. Lo siento por todos aquellos que tienen prisa y ya piensan en pedir nuevos destinos al próximo arzobispo. Eso no sucederá en el próximo curso. Los nombramientos para el próximo año pastoral, si los hay, los firmará Omella.
Mientras tanto, la diócesis vive pendiente del caos organizativo de la visita papal: entradas que no llegan, desmentidos y rectificaciones e incluso el temor a hacer el ridículo y no llenar Montjuïc. Al parecer ahora sobran plazas y ni siquiera se sabe cuántas eran las que se agotaron en quince minutos; parece que eran poquísimas. Por citar un ejemplo: ayer en misa de 12 h en el monasterio de Sant Cugat del Vallés (diócesis de Terrassa) se anunció que dispondrían de 500 entradas y que se habían apuntado 480 personas. No hay quien entienda nada.
Oriol Trillas


