Este martes, 21 de abril, no solo se cumple el primer aniversario del fallecimiento del papa Francisco, sino que el cardenal Omella entra en la octogésima, continuando al frente de la archidiócesis de Barcelona, habiendo transcurrido cinco años desde su renuncia. Ningún obispo de la sede barcelonesa, al menos en los últimos siglos, había alcanzado esa edad en el cargo. Sus predecesores más inmediatos -Sistach y Carles-, se retiraron con 78 años el primero y cerca de cumplirlos el segundo; Jubany y Modrego lo hicieron con 76. Desde que se implantó la presentación de la renuncia a los 75 años, tampoco se encuentran precedentes similares en España, con la excepción del cardenal Blázquez, cuya renuncia a la sede vallisoletana fue aceptada a los 80 años y dos meses. Aunque es costumbre prolongar la edad de retiro de los purpurados, tampoco han sido muchos los que han continuado como octogenarios en su sede episcopal. La última excepción fue el cardenal de Westminster, Gerard Nichols, jubilado a los 80 años y poco más de un mes. Habría que remitirse a Cuba, para encontrar prelados -aunque no cardenalicios- con esa edad al frente de sus diócesis.
Más allá del precedente histórico, lo único cierto, a día de hoy, es que el cardenal Omella acaba de perder sus derechos electorales en un hipotético cónclave. Este es el único plazo fatal que se cumple automáticamente. Todo lo demás queda a la discreción del Romano Pontífice, que puede prorrogar los mandatos hasta que considere conveniente.
En el caso de la sustitución de Omella, no solo no hay candidato claro, sino que, de los tres que figuran en las quinielas, dos (Benavent y Saiz Meneses) no desean ir a Barcelona de ninguna de las maneras y así lo hacen saber sin demasiados rodeos. El tercero (Roselló) solo lleva dos años en Pamplona y, aunque existen ejemplos similares, su posible nombramiento representaría un tremendo desdén para la archidiócesis navarra.
Con estos mimbres, nos encontramos con un cardenal con buena salud y una diócesis problemática sin candidato claro a la sucesión. A nadie le puede extrañar que el proceso se vaya a llevar con calma: esa calma y parsimonia de la que está haciendo gala el papa León XIV en su política de nombramientos. Aunque el problema no sería que no se quiera decidir, sino que probablemente no hay con qué hacerlo. No se trataría solo de prudencia, sino de bloqueo.
Tan poco inmediata se contempla la remoción que el propio Omella, quien en la ordenación sacerdotal de julio pasado manifestó que era la última que presidía en Barcelona, ya tiene agendada otra para el mes de mayo. Incluso les ha dicho a los futuros diáconos, que se consagrarán en noviembre, que quizá también los ordene él.
Quién se lo iba a decir a aquel Juanjo que promocionó Elías Yanes como auxiliar de Zaragoza y que, tras casi 20 años de obispo, llegó a una Barcelona que desconocía, con el único aval de estar bien considerado por el papa Francisco y hablar catalán, dado su origen en la Matarraña. Quien le iba a decir a ese “cura de pueblo” que, entre los 70 y 80 años de su vida, iba a hacer más viajes que en todos los años anteriores: de Barcelona a Madrid y de Barcelona a Roma. Presidente de la Conferencia Episcopal, miembro del Dicasterio de los obispos y del Consejo Cardenalicio de Francisco: el obispo de Barcelona con mayor poder de su historia reciente.
El papa León XIV con el cardenal Juan José Omella y los obispos auxiliares de Barcelona
Cuando llegó Omella hubo ilusión en la diócesis, tras el período inane y estéril de Martínez Sistach. No obstante, como ya escribí anteriormente, el pontificado del turolense ha sido enormemente contradictorio. Sin embargo, en estos momentos en Barcelona hay más temor por quién sea su sucesor que por decir adiós a don Juan José. Es un fenómeno ciertamente curioso, cuya explicación únicamente hallo en la ausencia de un candidato claro: se teme la sorpresa.
Se da la paradoja de que incluso los sectores más progresistas serían capaces de renunciar a un bisbe català, en el caso de que quien llegase fuese de su cuerda. Actualmente los candidatos catalanes son más conservadores que los que no lo son. Mucho ha cambiado la Iglesia en estos últimos diez años y más ha cambiado en Cataluña. No existe un banquillo progre ni en el sacerdocio ni en el laicado. Sin lugar a dudas, se rasgarían las vestiduras por el cansino tema de la lengua, pero después llegarían a sacrificar esa obsesión si llegase un claretiano de León antes que un piadoso del sur de Cataluña.
Oriol Trillas



Sáiz Meneses es el candidato más adecuado hasta por su edad, que augura un pontificado corto, lo que haría que sus detractores se conformasen con su nombramiento. Y si el Papa le pide que vaya a Barcelona, él no se va a negar por más que no le apetezca.
ResponderEliminarQuien lo ha visto y quien lo ve! Luego llama carcas a los curas que usan casulla de guitarra y míralo ahí con casulla de guitarra muy bordada en oro.
ResponderEliminarSupongo que lo del Claretiano de León es pura ironía.
ResponderEliminarPero es un secreto a voces, que el próximo Arzobispo de Barna será del sur de Cataluña y actualmente es Camarero privado de Su Santidad o algo así.
Sr. Oriol esta vez anda muy perdido.
ResponderEliminarDespués del fracaso de dos ternas, la del antiguo Nuncio, y la de Omella y Arana. Algunos de los candidatos de estas listas estan ya colocados en otras diócesis.
No se preocupe después del viaje del Papa León a Barcelona.
Sera aceptada la renuncia, y se hará público el candidato a sustituirle, que hace ya unos meses esta escogido, y por cierto habla catalán, este tranquilo,
Y no es progre, ni conservador, es una persona con mucho sentido común, y prudencia pastoral.
Omella nos deja una diócesis con muchos sacerdotes buenos muy desanimados con esta imposición a "corra cuita" del nuevo mapa territorial. Con algunos arciprestes que ni se les ve, ni se les escucha, ni hacen nada. Algunos con acumulación de muchos cargos y nada más.
También la "sinodalidad" que ha aplicado para escoger a los moderadores de las Comunidades Pastorales. Ha molestado a parte del clero diocesano. Tanta Sinodalidad y a la hora de la verdad, nombra a este, a aquel,.. a dedo.
Le deseamos una merecida jubilación y que pueda disfrutarla en la ciudad escogida por él, según dicen Zaragoza.
Que Dios bendiga y ayude al nuevo pastor diocesano escogido.
Y hay que darle las gracias por haber aceptado,
Ha demostrado valentia y mucha generosidad.