Los primeros tropiezos del obispo Octavi Vilà

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Parecía que, con la entrada del nuevo obispo, había llegado la calma a Gerona. Un cisterciense, hombre de silencio, recogimiento y oración, que transmitía sosiego solo con su presencia física. Un obispo de Gerona que -¡por fin!- no se metía en charcos nacionalistas. Un obispo que en sus dos primeros años se mostraba muy apegado al territorio de su diócesis, sin mayores pretensiones mediáticas. Parecía tan distinto a su metropolitano Planellas… Pues va a ser que no, porque la primera en la frente le ha estallado en Arenys de Mar.

El primer problema no se lo ha buscado él, sino el alcalde de Arenys con los capuchinos, aunque, como se verá, el obispo se ha puesto al lado del edil. Supongo que esta vez los frailes de la orden seráfica no me dejarán por mentiroso. Dicha orden religiosa se halla presente en la localidad del Maresme desde hace 400 años y desde hace muchísimo tiempo venía ofreciendo un comedor social donde todos los días se daba de comer a más de 50 personas, sin pedirles documentación, fichas ni listados.

Debido a la falta de vocaciones, en los últimos años la comida venía preparada por la Fundación Ferrer Salat, con unas condiciones impecablemente adecuadas a la normativa. En la cocina del convento simplemente se calentaban los recipientes y se entregaban por unidades a los usuarios. 
 
Estanis Fors García, alcalde de Arenys de Mar

El verano pasado, el alcalde, Estanis Fors García (de Junts), mandó una inspección a los capuchinos y decretó que la cocina debía ser reformada como si se tratase de una cocina industrial de un hotel o restaurante. Los frailes se vieron obligados a cerrar el servicio, pero, ayudados por unos cuantos voluntarios, decidieron repartir comida caliente a aquellas personas en situación más crítica. La respuesta del alcalde al Guardián, Fray Gil Parés, fue rotunda: si seguían repartiendo comida se les impondría una multa que oscilaría entre los 5.000 y 25.000 euros.

¿Qué ha hecho el obispo ante las protestas de los capuchinos y de una delegación de vecinos a la que recibió personalmente? Por ahora, nada. Y ese “nada” se sospecha que proviene de la protección que recibe el alcalde del anterior párroco de Arenys, hoy vicario general, Mn. Joan Soler. Un alcalde que está matriculado y estudiando Ciencias Religiosas y que ha sido profesor de religión en un instituto de secundaria. Algunos incluso dicen que se está preparando para ser diácono permanente, bajo la tutela y acompañamiento del nuevo vicario general.

Pero el conflicto con los capuchinos no ha quedado en un hecho aislado. Casi al mismo tiempo ha estallado un segundo frente que vuelve a poner en cuestión al obispo. Y lo más llamativo es que, mientras guarda silencio en un asunto social de primer orden, aquí sí ha intervenido con celeridad ante un conflicto interno de la parroquia.
 
Mn. Jordi Pascual Vancells

Resulta que, tras nombrársele vicario general, Mn. Joan Soler fue sustituido este verano por Mn. Jordi Pascual Vancells. Un sacerdote ortodoxo, aunque su aspecto físico y ese pelo largo le alejen de la apariencia convencional. El nuevo párroco retiró a un miembro del Consejo Parroquial por haber contraído matrimonio homosexual y le instó a abstenerse de comulgar. Respuesta del obispo: a Mn. Jordi Pascual se le cesa de las parroquias de Arenys de Munt y Sant Iscle de Vallalta que tenía confiadas y se le deja únicamente a cargo de Arenys de Mar. La explicación oficial es que es por motivos familiares. Motivos familiares en un párroco designado hace solo siete meses. Y se le obliga a readmitir el miembro expulsado del Consejo Parroquial, tras las presiones de los grupos LGTBI.

Se llenan la boca de la opción por los más pobres y se callan cuando un ayuntamiento obliga a cerrar un comedor social de la Iglesia. Se llenan la boca con la sinodalidad y no escuchan al pueblo fiel y sí al poder político (en este caso, municipal). Se llenan la boca con la ayuda a los inmigrantes y dan pábulo a un alcalde que pretende que los que iban al comedor social de los capuchinos desaparezcan del pueblo. Se nombra a un párroco y, a los seis meses, se le cesa, ofreciéndose explicaciones banales sobre su destitución. Se les llena la boca de que no son del mundo, pero caen ante la mínima presión mundana.

Se empieza a parecer al obispo Planellas. ¡Qué desilusión!
 
Oriol Trillas 

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