Matabosch pincha el globo de Planellas

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El dicho popular de que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad- que a veces sustituye a estos últimos por los locos- tendría que hacerse extensible a los ancianos; no por la inmadurez infantil ni por la desinhibición alcohólica, sino porque, al estar de vuelta de todo, carecen de los filtros sociales que a menudo impiden la expresión veraz. Catalunya Religió nos ha ofrecido uno de estos ejemplos con una entrevista a Antoni Matabosch. El nonagenario sacerdote habla en ella desde su experiencia como delegado de Economía del Arzobispado barcelonés durante catorce años y reduce a la mínima expresión los efectos del acuerdo firmado entre la Generalitat y la Tarraconense, que debería permitir la cesión de propiedades de la Iglesia para crear vivienda social.

Efectivamente, la semana pasada, con toda pompa y circunstancia, el presidente de la Generalidad, Salvador Illa, y el arzobispo Planellas, en su calidad de presidente de la llamada Conferencia Episcopal Tarraconense, firmaron un convenio que debería aumentar el parque público de vivienda con la puesta a disposición de inmuebles propiedad de la Iglesia. La firma del acuerdo fue la primera actuación pública de Salvador Illa tras su baja médica por una osteomielitis, lo cual redundó en la magnitud mediática de la formalización del compromiso.

Vivimos en un tiempo en el que prevalecen los “clics” y los titulares llamativos. Se lanzan grandes titulares para que uno se quede en el enunciado, pero entre el titular y la realidad suele mediar un mundo. En la suscripción del convenio entre la Generalidad y la Iglesia, tan publicitado, sucede lo mismo: una cosa es el titular y otra será la realidad. En primer lugar, porque la Conferencia Episcopal Tarraconense no goza de personalidad jurídica para contratar y obligarse. No es una institución eclesiástica, habida cuenta de que la Santa Sede jamás la ha reconocido como tal. No es más que un organismo de coordinación que han establecido los obispos catalanes, al igual que existen en el caso de los obispos vascos, gallegos, andaluces o castellanoleoneses. Ninguna potestad tiene sobre los inmuebles que cada una de las diez diócesis catalanas ostente en propiedad. Ninguna. Planellas no puede cederlos en nombre de sus hermanos en el episcopado. En segundo lugar, aún en el caso de que los diez obispos quisieran cederlos, la aportación sería tan anecdótica que resultaría irrisoria su pretensión de contribuir a la solución del problema habitacional, cifrado en unas 200.000 viviendas necesarias en Cataluña. Y eso lo explica Matabosch de maravilla en la entrevista.


Obviamente, no se pueden ceder los templos ni los colegios sin un cambio de uso urbanístico. En cuanto a los bienes inmuebles procedentes de herencias- que son los que mayoritariamente nutren el patrimonio inmobiliario eclesial, como reconoce Matabosch- se hallan arrendados casi en su totalidad, percibiéndose en muchos casos rentas antiguas que no han podido actualizarse a precio de mercado. Si existen pisos o locales que generan ingresos más acordes a la realidad, con ellos se financia la economía de unas diócesis, cuyos ingresos disminuyen y los gastos se incrementan exponencialmente.

¿Qué viviendas pueden aportar los obispados? Según Matabosch, alguna casa sacerdotal en desuso en pueblos que ya no cuentan con sacerdote. Es decir, los periódicos han abierto con la noticia de un gran acuerdo entre la Generalidad y la Iglesia que va a permitir la cesión de la rectoría de Peramea o la casa del mosén de Belltall i Passanant. A lo sumo, una veintena de inmuebles en desuso desde hace decenios en los lugares más recónditos de Cataluña; aquellos en los que, además, el precio de la vivienda es más bajo, con lo cual la necesidad de vivienda social no es tan perentoria como sí lo es en las grandes ciudades y en los municipios más importantes. 

Pero Planellas obtuvo la foto que es lo que busca con ardor en los últimos meses, mientras en su diócesis están desesperados con él. Psicológicamente siente la necesidad de huir de una Tarragona que no solo le ha dado la espalda, sino que empieza a revolverse abiertamente contra él. No pueden más con su despótica arbitrariedad, su errática política de nombramientos, la defenestración de párrocos contra el sentir de los feligreses, la adopción de los curas del Seminari del Poble de Déu, a quienes él mismo investigó y catalogó de secta; en fin, nada que no se haya explicado antes en este portal.


Todo es humo. Un humo inmenso que tapa un pontificado que ha conseguido unificar en su contra a derechas e izquierdas. El contraste entre la solemnidad del acto y la limitada capacidad de ejecución del acuerdo permite afirmar que nos hallamos ante una operación más simbólica que efectiva. Por ello, con toda seguridad, el cardenal Omella, tan amigo de Salvador Illa, no quiso contribuir con su presencia a ratificar tan ridículo parto de los montes, dejando solo a Planellas con el único acompañamiento del obispo de Lérida, Daniel Palau, al que le correspondió en suerte por ser el más novato.
 
Oriol Trillas 

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