Es evidente: un tren necesita por lo menos un kilómetro para frenar, a causa de su descomunal inercia. Y si va a gran velocidad, son varios los kilómetros que ha de tener por delante el maquinista para detenerlo. Con lo cual, por mucho que le duela, y por más esfuerzos que haga, no puede evitar llevarse por delante al que se interponga en su camino.
Algo así le ocurre a la Iglesia. El anterior pontífice se empeñó en poner a la Iglesia en una aceleración extrema. Y al sentir de muchos, después de haberse desviado de la recta vía. Un tren gravemente desviado y temerariamente acelerado. Una máquina tan potente y con tantos y tan pesados vagones confiados a ella, no es fácil frenarla ni en un año ni probablemente en un lustro, por no decir en todo un pontificado. Estamos instalados en el misterio. No es fácil criticar objetivamente al maquinista: porque por más que quiera, no puede dominar una máquina tan potente, sobre todo si va desbocada, porque lo que actúa ahí con más fuerza, es la inercia.
Es inevitable, por otra parte, la inquietud de los viajeros de ese tren. Obviamente, de los que están pendientes de la ruta y tienen la clara sensación de que el maquinista les lleva en dirección equivocada. En algunos, la inquietud es tan extrema, que hasta piensan en desenganchar su vagón; o incluso, si no lo consiguen, en tirarse del tren en marcha. Y es justamente la idoneidad del maquinista, lo primero que se cuestionan estos pasajeros tan dolorosamente preocupados. Y entretanto, la tripulación del tren, ocupada en mantener la tranquilidad de los pasajeros, procurando inspirar confianza en la idoneidad y pericia del maquinista.
Creo que no es discutible la práctica imposibilidad de frenar esa máquina potentísima, en el supuesto de que ésa fuese la voluntad del maquinista, con la intención de desandar el camino errado y devolverla a la vía correcta. Toda la cuestión está en descubrir cuáles son las intenciones del maquinista, que ni siquiera tiene clara la opción del frenado (a no ser que sea sumamente lento y cauteloso); porque un frenazo potente pondría en peligro todo el tren: la tremenda fuerza de la inercia actuaría violentamente en su destrucción.
No hay manera de saber, por tanto, si el papa León XIV está aceptando la inercia que le imprimió a la Iglesia el anterior pontífice, por propia voluntad y por convicción de que la única manera de servir fielmente a la Iglesia es mantenerse en la ruta y la velocidad marcadas por el papa anterior; o por el contrario, tiene una visión distinta de cuál es la ruta correcta; pero, consciente de que lo único que conseguiría con un frenazo potente, sería descoyuntar el tren e incluso descarrilarlo: si no todo él, sí algunos de sus vagones. Consciente de ello, decide que lo único prudente es proceder en todo caso a un frenado muy suave, que no ponga en peligro la integridad del tren.
Y dada la tremenda inercia que le imprimió a la Iglesia el papa anterior, el frenado no es cuestión de meses, sino de años. So riesgo de romper el tren, de quebrar la unidad de la Iglesia: una unidad tan precaria, que ya no se sostiene en la fe, sino en legalismos.
Estando así las cosas, es muy aventurado criticar al nuevo timonel de la barca de san Pedro: porque no hay manera de saber si el rumbo que lleva la Iglesia se debe a su libre y consciente elección, o si simplemente acepta con resignación la inercia que trae, y que no puede frenar de golpe; pero que está en su ánimo devolverla al camino que traía de antes de las últimas convulsiones. No, no hay manera de saber se León XIV está siendo fiel a la línea reformista de Francisco, o si está siendo prudente para no dar un frenazo brusco de los que se acaba diciendo que es peor el remedio que la enfermedad.
Es evidente que, aunque el papa tenga la total responsabilidad de todas y cada una de las actuaciones que competen a la Santa Sede y al Estado Vaticano, tiene a su servicio una multitud de funcionarios (cerca de 5.000), a los que hay que añadir los curas y obispos, los religiosos y religiosas dispersos por el mundo, que están también bajo su custodia y responsabilidad. Algunos de ellos (por ejemplo, los obispos del Camino Sinodal con un tremendo impulso cismático; con ansias por desenganchar si vagón). Y es evidente que todos los dicasterios y departamentos funcionan con amplísima autonomía, con lo que es inevitable que ocurran cosas como el jubileo gay, el festival vaticano y los más inquietantes nombramientos en los que no hay forma humana de que participe el papa, más allá de estampar su firma donde le indique el responsable del negociado.
Es inevitable que se le critique, porque suya es la responsabilidad última de todos esos hechos. Y porque las expectativas que se han formado sobre él los que le critican por ver en esos actos un seguidismo del papa anterior, van más allá de lo prudente y de lo posible, sin forzar las costuras de la Iglesia. Lo deseable (y parece que muy probable) es que el papa León reaccione a las críticas de un modo menos visceral y atrabiliario (atra bilis es la bilis negra) que el anterior pontífice.
Y como las cosas son como son, vamos a tener muy difícil criticarle por sus actuaciones (aún estamos pendientes de la reestructuración de la curia, que va lentísima). Entretanto hemos de fiarnos especialmente de lo que dice: con enorme distancia de lo que decía el papa anterior; pero sin que falten los inevitables errores cuando la comunicación es por medios tan poco formales como las entrevistas, totalmente sujetas a la improvisación y a sus riesgos. Ahí están clavadas como espinas en las sienes de Cristo, las afirmaciones ésas sobre la inmutabilidad de la doctrina… “de momento”: reconocimiento implícito de que con el tiempo puede cambiar. Salvo algunos deslices de este género, reconforta escucharle y leerle.
Lo que inquieta en demasía, es que siendo tan extensa y tan ejemplarizante la historia de la Iglesia, las cosas se estén moviendo como si ésta hubiese empezado en el Concilio Vaticano II, o como si éste hubiese sido una especie de borrón y cuenta nueva. Es muy preocupante esa actitud, que marcó profundamente el pontificado de Francisco, y que no ve nadie claro que el papa León se haya apartado de esa línea. Nos queda el consuelo de que León XIV, como agustino, lleva el bagaje de la doctrina de san Agustín como eje de su formación doctrinal.
En cualquier caso, parece que nos toca reprimir cualquier impaciencia con este papa, al que le ha tocado cargar con la inquietante inercia que le imprimió a la Iglesia el papa Francisco. Por lo menos, tenemos el consuelo de que no está por llevarse a nadie por delante.
Virtelius Temerarius



Nos habíamos acostumbrado a una sucesión de Pontífices, desde el Vaticano I, profundos conocedores de la doctrina que les estaba confiada a la que en muchos casos acompañaron con una ejemplar santidad de vida. Con sus dudas, como el hamletiano Pablo VI, y sus errores en la elección de personas, como el indómito Juan Pablo II. Pero el Señor probó a su Iglesia y fue elegido Francisco, en quien todo dislate doctrinal tenía asiento.
ResponderEliminarSe confiaba en que León XIV, siguiera la estela de León XIII, de quien heredaba el nombre. Ya que no podía apelarse a la Aeterni Patris, no es un hombre de estudio, se le asoció a la Rerum Novarum, en concreto a los aspectos éticos y sociales de la inteligencia artificial. Y en ello se abundaba cuando se recordaba su licenciatura en matemáticas. Ideal para entender de algoritmos que están transformando la sociedad humana.
Pero el fiel va de sorpresa en sorpresa. No sólo ha dejado en dicasterios capitales a sujetos manifiestamente heterodoxos, como el pornógrafo de la osculación profunda, sino que él mismo se ha enredado en traspiés de dicho y hecho. Sobre ambos ha sido explícito Virtellius es su siempre luminosa glosa.
Francisco no se dejaba aconsejar por nadie. Ni consultaba al llamado teólogo del Papa. Y así pasó lo que pasó. Diríase que Prevost no discierne entre los que le acarician los oídos, tal Omella. Me refiero a la visita obscena del infame Illa al Vaticano con otro sujeto no menos traidor a su fe que el democristiano ese que le acompaña en asuntos de religión. Los obispos norteamericano se han levantado contra Cupich por intentar premiar a un demócrata estadounidense. Omella ha cometido varios actos humillantes y anticristianos de protección al PSOE de Sánchez, Illa mediante. Los obispos norteamericanos han repetido que debe excluirse de la comunión, y por tanto de la comunidad, a quien se manifieste contra la vida de un ser humano. Illa no sólo pugnó por hacer el asesinato más sangrante, literalmente, más sangre, con la extensión del aborto, sino que ahora se ha convertido en escudero de un Sánchez que quiere hacer constitucional el aborto. Es decir, matar por imperativo constitucional, lo que supone un recorte a la objeción de conciencia. Se necesita ser muy malvado para propugnar semejantes políticas. Pues bien, Omella intervino para que Illa fuera recibido por León XIV. No era necesario sonreir, no siquiera imprescindible recibirlo. León XIV haría bien en buscar asesores solventes para que los fieles no se sientan traicionados con esos hecho de escarnio para la doctrina. Cómo se echa de menos el "No tengáis miedo" de Juan Pablo II, a imitación del maestro.
No hi havia gens d'inèrcia en l'anterior pontificat. Gens.
ResponderEliminarEn aquest, sí, moltíssima. Fins ara.
Ja ha de sortir la setmana que ve el primer encíclica; 'preparat pel papa anterior.' A veure.
L'article és massa abstracte.
Requetemoltíssim.
La llista és llarga. Entre molts altres
Rupnik
Tucho
Zanchetta
Becciu....
En addicció:
Hollerich
Grech
Maradiaga...
FEM
Se confunde no saldrá ninguna encíclica sino un documento de menor rango. Infórmese bien hombre!
Eliminarhttps://silerenonpossum.com/it/dilexi-te-lamore-che-si-fa-servizio/
EliminarVostè té tota la raó
M'he equivocat
Mea culpa !
[De l'estatus
Però no de la provinença ?]
FEM
PD: "Magnifica humanitas" sembla ser el nom de l'encíclica que sortirà 'aviat.' A veure.
Mire Virtelius, es correcto lo ue dice que tiene Dicasterios que van a "su bola" pero no nos diga que lo del.restaurante ese de "Laudato Si" con chef homo y 4 hijos adoptados, más lo de la.bendición a un bloque de hielo, más lo de la "cabalgata LGTB+"..no hace difícil la digestión. ¡Quiera N.S. de Rosario derrotar a todos esos "dicasterios peores que el Turco"!
ResponderEliminarVirtelius, a usted le puede la inercia de la actitud positiva ante el nuevo papa. Pero como dice el comentarista de las 20:03, los acontecimientos se amontonan y hasta se atropellan unos a otros, con lo que va tocando discernir qué se debe al anterior papa, y qué se debe a la voluntad de León XIV. Y si no a la voluntad explícita (que eso sería demasiado excusar), sí al gravísimo pecado de omisión. Porque es responsabilidad del papa todo lo que "bendice" la Santa Sede.
EliminarTotalmente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.
ResponderEliminarFrancisco no era ni más ni menos que un exponente muy arquetípico del marxismo cultural infiltrado en la Iglesia por y tras el Concilio V.II. Incluso su temperamento autoritario encajaba en este arquetipo. Hoy en el mundo no islámico, las únicas dictaduras o regimenes autoritarios que quedan son de corte comunista. Por tanto, sus partidarios necesariamente tienen que compartir el rasgo autoritario y destructivo: no hacen prisioneros, los eliminan. A diferencia de la derecha.
ResponderEliminarNo sé como piensa el Papa León, pero su temperamento es evidentemente otro: es un hombre contenido, un hombre en el que se adivina dominio interior, serenidad y equilibrio. He leído que practica deporte con regularidad, buena señal. Y esto es lo que va a aportar a la Iglesia: serenidad, aunque sea para decidir -como en mi caso- bajarse definitivamente de este tren que, aunque ya no se conduce con temeridad, no lleva a donde hace siglos, en su fundación, se le encargó que llevara.
Está claro que el Papa es consciente de la difícil situación de la Iglesia, particularmente en relación a su mínima unidad necesaria, hecha jirones por la irresponsabilidad y la inmadurez de su predecesor. Pero la restauración o el fomento de la unidad, para evitar nuevos cismas y escisiones no puede abordarse independientemente de la verdad, repartiendo juego a derecha e izquierda. Grano que no muere, planta que no nace. No se puede evitar el ejercicio del poder, no se puede evitar la corrección fraterna, no puede evitarse la corrección explícita de errores explícitos de su predecesor. Tienen que rodar cabezas en la Curia, tienen que rodar cabezas de cardenales, arzobispos y obispos, como el de Madrid, y de superiores religiosos. Sin eso, toda la amabilidad del Papa, todas las oraciones y exhortaciones a la unidad quedaran en nada.
Genial el anónimo de las 22:59. ¡Qué clarividente! Objetivo a más no poder. Y la conclusión, sin escapatoria: "Tienen que rodar cabezas en la Curia, tienen que rodar cabezas de cardenales, arzobispos y obispos, como el de Madrid, y de superiores religiosos. Sin eso, toda la amabilidad del Papa, todas las oraciones y exhortaciones a la unidad quedaran en nada." Diáfano.
EliminarLa tesis del artículo es que la Iglesia, marcada por la fuerte inercia del pontificado de Francisco, enfrenta una crisis de transición que el papa León XIV aborda con prudencia para evitar un cisma.
ResponderEliminarSu estrategia gradual busca reconducir la institución hacia su tradición doctrinal sin rupturas bruscas, consciente de que frenar la maquinaria eclesial requiere años para preservar la unidad.
Aunque su rumbo no está del todo claro, su enfoque agustiniano y sereno ofrece esperanza, exigiendo paciencia y discernimiento de los fieles ante una reorientación lenta pero firme.
...
Pienso que eso está muy bien, pero en mi exclusivo parecer y opinión, León XIV, al aceptar el papado, aceptó lo que dijo Benedicto XVI: ejercer el magisterio activo de enseñar, gobernar y santificar, y de otro, el magisterio pasivo de orar y sufrir.
PARRESÍA Y MARTIRIO
León XIV aceptó con plena libertad, conocimiento y consentimiento, nunca jamás fue obligado contra su voluntad. Por lo tanto, en mi opinión, debió de ejercer esta vocación de parresía (valentía) y martirio blanco (sufrir) y rojo (morir) por la defensa de la Fé, la salvación de las almas, extender e intensificar la Fé en la Iglesia y el mundo, ser el servidor de servidores para que los laicos cumplan su misión en el mundo, y luchar contra el mal, el malo y el maligno. El Papa, curiosamente, se enlaza con nuestra trimilenaria historia civilizatoria occidental, europea: Homero.
HOMERO
Homero, con su Ilíada, se erige como el primer evangelista, no en un sentido religioso católico, sino como portador de una verdad universal y cruda que transciende lugares y eras: todos moriremos. Sin embargo, la grandeza de la vida no radica en su duración o seguridad, sino en cómo se vive. La epopeya homérica rechaza el hedonismo y el carpe diem frívolo, proponiendo en cambio un ideal de existencia marcada por el honor, la lucha heroica y el sacrificio.
A través de sus personajes —Aquiles, Héctor, Príamo—, Homero ofrece modelos de virtud que, perfeccionados en Cristo, alcanzan su plenitud como arquetipos pedagógicos de la humanidad. En Cristo, la muerte no es solo un fin, sino la puerta a la vida eterna, un ideal que trasciende y culmina las lecciones de la Ilíada.
Aquiles y Héctor: los polos de la existencia heroica. La Ilíada presenta dos arquetipos opuestos pero complementarios:
ResponderEliminar- Aquiles, la juventud ardiente, encarna el anhelo de gloria inmortal. Su vida, breve pero intensa, rechaza la mediocridad de una existencia gris y anónima. Prefiere arder en un instante de esplendor que prolongar una vida sin trascendencia. Su elección refleja el ideal de superar los límites humanos, buscando siempre ser mejor, más alto, eterno a través de la memoria.
- Héctor, el príncipe troyano, representa la dignidad y el sacrificio. Abandona su posición privilegiada para enfrentar la muerte con serenidad, defendiendo a su pueblo hasta el último aliento. Su lealtad no es solo a sí mismo, sino a Troya, su familia y su legado. Héctor no huye del destino, sino que lo abraza, convirtiendo su muerte en un acto de fidelidad suprema.
Ambos personajes encarnan la lucha heroica y sacrificada que trasciende culturas, siglos, lenguas e identidades. Sus historias resuenan como un canto a la intensidad de la vida y la dignidad en la muerte, valores que han inspirado a la humanidad a lo largo del tiempo.
La muerte como transformación, de la Ilíada a Cristo. La Ilíada no glorifica la muerte, sino que la presenta como un medio para transformar la vida en un ejemplo inmortal.
- Aquiles acepta su fin con honor, sabiendo que su nombre perdurará.
- Héctor muere por su pueblo, convirtiendo su sacrificio en un legado de resistencia.
- Príamo, en su humilde súplica ante Aquiles por el cuerpo de su hijo, eleva la dignidad humana al aceptar el dolor con grandeza.
Estos modelos, aunque sublimes, encuentran su culminación en Cristo (de ahí que los misioneros usaran este mundo homérico para conciliar el mundo cristiano y elevarlo).
En Jesucristo, la muerte no es solo un acto de honor o sacrificio, sino la fuente de la vida eterna. Su cruz sintetiza y perfecciona los ideales homéricos: la intensidad de Aquiles, el sacrificio de Héctor y la dignidad de Príamo se funden en un modelo pedagógico definitivo.
Cristo no solo acepta la muerte, sino que la transforma en redención, ofreciendo un horizonte de esperanza que trasciende la tragedia griega pagana. En Él, la lucha heroica y la fidelidad al propósito divino alcanzan su plenitud, cerrando el ciclo de los arquetipos humanos.
Un mensaje universal y atemporal: la Ilíada de Homero, al igual que el Evangelio, rechaza el hedonismo y la búsqueda de placeres efímeros. En su lugar, propone una vida de lucha permanente, donde el honor, el sacrificio y la lealtad definen el valor de la existencia.
Estos valores, encarnados en Aquiles y Héctor, resuenan a través de los siglos, cruzando fronteras culturales y lingüísticas. Sin embargo, en Cristo se encuentra la plenitud de este ideal: su vida y muerte no solo inspiran, sino que redimen, ofreciendo un modelo que no será superado.
Homero, como primer evangelista, proclama en la Ilíada que la muerte es inevitable, pero la gloria, el sacrificio y la dignidad dan sentido a la vida. Aquiles vive para la intensidad, Héctor para la lealtad, y Príamo para la dignidad en el dolor. Estos ideales, perfeccionados en Cristo, alcanzan su culminación: en su muerte hay vida eterna, un mensaje que trasciende la tragedia homérica y ofrece un modelo pedagógico definitivo. La Ilíada y el Evangelio convergen en una verdad: vivir con honor transforma la muerte en un legado inmortal.
JUAN PABLO II
ResponderEliminarPor eso existe el modelo de Juan Pablo II como ejemplo de parresía y martirio blanco y rojo. En su época, tardó unos tres a cinco años para tener formado su equípo básico: Ratzinger, Navarro-Valls, Casaroli.
El equipo estratégico de Juan Pablo II estaba formado por:
- Agostino Casaroli (diplomacia)
- Joaquín Navarro-Valls (comunicación)
- Joseph Ratzinger (doctrina).
Cada uno cubrió una dimensión esencial del pontificado: relaciones internacionales, proyección mediática y ortodoxia teológica. Su complementariedad permitió a Juan Pablo II transformar la Iglesia en una fuerza global, navegando crisis como el comunismo y el modernismo, aliándose con Reagan en la lucha y destrucción final de la URSS y el comunismo en el mundo. Juan Pablo II asumió el martirio rojo (el atentado de 1981) y blanco (ser siempre insultado y despreciado por el progresismo), un gran guerrero que vivió el nazismo y el comunismo en su patria.
León XIV, guste más o guste menos, carece de tiempo, es decir, que debe de asumir una situación de crisis mucho peor que Juan Pablo II y Benedicto XVI, pues el sínodo alemán ha consumado el cisma en la Iglesia por su modernismo radical, junto con el francisquismo y su modernismo moderado y la Iglesia Patriótica china esclavizada al partido comunista: hay tres cismas con sus especialidades: francisquista, alemán y chino. Y León XIV procede de la curia francisquista, para elegir obispos francisquistas. Un tragedia suya y nuestra.
No se entiende por qué no derogó en su primer día a Amoris laetitia, Fiducia supplicans y Traditionis custodes. Él, como papa, está y debe de estar por encima de cualquier acepción de persona, sea sus compañeros de curia durante el francisquismo, amigos, parientes o familiares, de los EEUU, Perú o Vaticano. El único referente es Cristo, y el celo que le consume por la pureza del templo. Jesús sólo quiere que su templo tenga piedras sin grietas ni fisuras, vigas de madera sin carcoma, pisos y techos rectos, no inclinados. Y todo lo que haya que sacar y eliminar, se debe de hacer de inmediato, aunque sea doloroso. Si hay que excomulgar, y hacerlo a muchos, se debe de hacer, pues la verdad es lo primero. Hay una reacción adversial contra los enemigos de la Iglesia y su misión, hay que remover toda piedra que la obstaculice.
Retomando a Aquiles y Héctor y los polos de la existencia heroica, la Ilíada presenta dos arquetipos opuestos pero complementarios:
ResponderEliminar- Aquiles, la juventud ardiente, encarna el anhelo de gloria inmortal. Su vida, breve pero intensa, rechaza la mediocridad de una existencia gris y anónima. Prefiere arder en un instante de esplendor que prolongar una vida sin trascendencia. Su elección refleja el ideal de superar los límites humanos, buscando siempre ser mejor, más alto, eterno a través de la memoria.
- Héctor, el príncipe troyano, representa la dignidad y el sacrificio. Abandona su posición privilegiada para enfrentar la muerte con serenidad, defendiendo a su pueblo hasta el último aliento. Su lealtad no es solo a sí mismo, sino a Troya, su familia y su legado. Héctor no huye del destino, sino que lo abraza, convirtiendo su muerte en un acto de fidelidad suprema.
Ambos personajes encarnan la lucha heroica y sacrificada que trasciende culturas, siglos, lenguas e identidades. Sus historias resuenan como un canto a la intensidad de la vida y la dignidad en la muerte, valores que han inspirado a la humanidad a lo largo del tiempo.
La muerte como transformación, de la Ilíada a Cristo. La Ilíada no glorifica la muerte, sino que la presenta como un medio para transformar la vida en un ejemplo inmortal.
- Aquiles acepta su fin con honor, sabiendo que su nombre perdurará.
- Héctor muere por su pueblo, convirtiendo su sacrificio en un legado de resistencia.
- Príamo, en su humilde súplica ante Aquiles por el cuerpo de su hijo, eleva la dignidad humana al aceptar el dolor con grandeza.
Estos modelos, aunque sublimes, encuentran su culminación en Cristo (de ahí que los misioneros usaran este mundo homérico para conciliar el mundo cristiano y elevarlo).
En Jesucristo, la muerte no es solo un acto de honor o sacrificio, sino la fuente de la vida eterna. Su cruz sintetiza y perfecciona los ideales homéricos: la intensidad de Aquiles, el sacrificio de Héctor y la dignidad de Príamo se funden en un modelo pedagógico definitivo.
Cristo no solo acepta la muerte, sino que la transforma en redención, ofreciendo un horizonte de esperanza que trasciende la tragedia griega pagana. En Él, la lucha heroica y la fidelidad al propósito divino alcanzan su plenitud, cerrando el ciclo de los arquetipos humanos.
Un mensaje universal y atemporal: la Ilíada de Homero, al igual que el Evangelio, rechaza el hedonismo y la búsqueda de placeres efímeros. En su lugar, propone una vida de lucha permanente, donde el honor, el sacrificio y la lealtad definen el valor de la existencia.
Estos valores, encarnados en Aquiles y Héctor, resuenan a través de los siglos, cruzando fronteras culturales y lingüísticas. Sin embargo, en Cristo se encuentra la plenitud de este ideal: su vida y muerte no solo inspiran, sino que redimen, ofreciendo un modelo que no será superado.
Homero, como primer evangelista, proclama en la Ilíada que la muerte es inevitable, pero la gloria, el sacrificio y la dignidad dan sentido a la vida. Aquiles vive para la intensidad, Héctor para la lealtad, y Príamo para la dignidad en el dolor. Estos ideales, perfeccionados en Cristo, alcanzan su culminación: en su muerte hay vida eterna, un mensaje que trasciende la tragedia homérica y ofrece un modelo pedagógico definitivo. La Ilíada y el Evangelio convergen en una verdad: vivir con honor transforma la muerte en un legado inmortal.
AMORIS LAETITIA: BOMBA ATÓMICA CONTRA LA MORAL CATÓLICA
ResponderEliminarFrancisco en Amoris laetitia falseó la Fé al aceptar la moral luterana moderada de los actos morales bonum imperfectum et incompletum, por el que los adúlteros impenitentes pueden seguir teniendo convivencia more uxorio (relaciones conyugales) si cumplen alguna circunstancia atenuante o eximente de la otra herética moral de situación, insertados dentro de un proceso eclesial de acompañamiento, discernimiento e integración, y éste paso último realizado en nombre de Dios y la acción de la Iglesia transforma al acto en bonum perfectum et completum, por lo que los adúlteros pueden tener convivencia more uxorio, tener acceso a los sacramentos (confesión y comunión) y sacramentales (Fiducia supplicans) y a todos los cargos y oficios eclesiásticos.
Seifert fue el primer estudioso de moral que supo que Amoris laeitita de Francisco destruída como una bomba atómica a toda la moral católica, ya que introdujo la moral de situación que aniquilaba a la doctrina dogmática de los actos morales intrinsece malum per se semper et pro semper in omnibus locis. El catálogo contenido en Amoris laetitia de "excusas" para arrasar y hacer añicos a la entera moral católica es espeluzante:
I. Factores relacionados con el conocimiento y la ignorancia
1. Ignorancia invencible sobre la naturaleza moral de la situación o sobre la enseñanza de la Iglesia que no puede ser superada por la persona.
2. Desconocimiento real de la enseñanza de la Iglesia por falta de acceso a la catequesis o formación adecuada.
3. Inadvertencia o negligencia involuntaria que impide un conocimiento pleno de las implicaciones morales de la acción, atenuando la deliberación consciente.
4. Dificultad para valorar los bienes inherentes a la norma moral, incluso conociéndola, debido a un juicio afectado por experiencias previas de fracaso o desilusión.
II. Factores relacionados con la voluntad y la intención
5. Falta de intención deliberada de hacer el mal o de ofender a Dios en las decisiones tomadas.
6. Búsqueda sincera de la verdad y del bien por parte de personas que intentan vivir su fe en medio de circunstancias adversas.
7. Buena fe subjetiva de quien cree estar actuando correctamente según su conciencia, aunque esté objetivamente equivocado.
III. Factores psicológicos y emocionales
8. Condiciones psicológicas o emocionales que limitan la capacidad de discernimiento moral y la libertad de elección.
9. Historial personal de abuso, trauma o experiencias dolorosas que afectan la capacidad de vivir plenamente los ideales de la fe.
10. Situaciones de vulnerabilidad especial como enfermedad grave, soledad, dependencia o fragilidad que condicionan las decisiones.
11. Crisis de fe o momentos de duda profunda que afectan temporalmente la vida espiritual y moral de la persona.
12. Inmadurez afectiva o falta de desarrollo psicológico suficiente al momento de tomar decisiones importantes.
13. Hábitos arraigados o adicciones que limitan la capacidad de cambiar la conducta de manera inmediata.
14. Afectos desordenados o pasiones intensas que nublan el juicio moral y dificultan el control sobre las decisiones impulsivas.
15. Condicionamientos biológicos o de salud (como enfermedades crónicas o desequilibrios hormonales) que limitan la capacidad física o cognitiva para cumplir plenamente las exigencias morales.
IV. Factores de presión externa y coacción
ResponderEliminar16. Presión social o cultural que condiciona fuertemente las decisiones personales debido a normas o expectativas del entorno.
17. Necesidad de protección ante situaciones de violencia, abuso o peligro donde la separación es necesaria para la seguridad física o psicológica.
18. Influencia indebida de otros mediante manipulación o coacción que limita la libertad real de elección.
19. Miedo fundado a consecuencias graves como represalias, pérdida de custodia de los hijos o abandono económico.
20. Violencia física o emocional directa ejercida sobre la persona, que suprime o reduce drásticamente la libertad de elección en momentos clave.
21. Mentalidad cultural general contraria a los compromisos definitivos que impregna el entorno y reduce la percepción de la norma como viable.
V. Factores económicos y prácticos
22. Factores económicos que restringen gravemente las opciones de vida y condicionan las decisiones personales.
23. Compromisos previos asumidos que dificultan o imposibilitan una solución inmediata a la situación irregular.
24. Imposibilidad práctica de regularizar la situación por causas ajenas a la voluntad de la persona.
VI. Factores relacionales y familiares
25. Dificultades graves en la relación que impiden una unión plena y comprometida según el ideal cristiano.
26. Circunstancias familiares complejas como responsabilidades hacia hijos, ancianos o personas dependientes que condicionan las opciones.
27. Escándalo temido o daño a terceros que podría resultar de un cambio drástico de situación.
28. Abandono injusto o traición en el matrimonio previo que genera una certeza subjetiva de invalidez del vínculo anterior, atenuando la culpa en la nueva unión.
29. Impacto en la formación de los hijos o en el cónyuge abandonado como factor que complica un cambio inmediato, requiriendo un discernimiento que priorice el bien común familiar.
VII. Factores de adaptación y desarrollo personal
30. Proceso de desarrollo personal o maduración que lleva a una reevaluación gradual de la propia situación vital.
31. Dificultad para adaptarse a nuevas realidades sociales y culturales que requieren un discernimiento cuidadoso.
VIII. Factores pastorales y de acompañamiento
32. Falta de acompañamiento pastoral adecuado en momentos cruciales de la vida que hubiera podido evitar decisiones erróneas.
33. Gradualidad en el camino de conversión que requiere tiempo y acompañamiento para alcanzar el ideal propuesto por el Evangelio.
De inquietante y muchísimo más el anterior pontificado con la bendición de parejas humusesuales y comunión de parejas adúlteras, ya es el súmmum, pero de una abertura a ordenar diaconesas y al celibato opcional nada de nada. Me ha hecho mucha gracia que para entender la bendicion de humusesuales el papa Bergoglio puso dos paginas de texto para hacer comprender en que consiste esta bendición, y el detalle me recuerda la encíclica Humanae Vitae en que tambien para definir el pecado de usar anticonceptivos se emplean varias paginas de texto e incluso en esta encíclica se usa frecuente el vocablo "gravísimo" como calificación de usar preservativos, y "gravísimo" es nivel de asesinato. A bien seguro Dios Nuestro Señor se vale dando la vocación de sacerdotes, obispos, y papas a los varones que menos valen para este oficio, y así brilla más el milagro del Espiritu Santo, de tal manera que podemos afirmar que la Iglesia se aguanta por puro milagro. Y a contentar lo que pide la gran mayoría, adelante con las predicaciones omitiendo Diluvio, Pentápolis, Diablo, Adulterio y etc, no sea que se enfaden algunos. Como detalle para una buen acústica en los lectorios se puede instalar una pantalla cóncava de madera detrás para enfocar el sonido porque no se entiende nada de lo que se habla en los lectorios estos que estan situados avanzados cerca del público.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo con el sr. Silveri Garrell
ResponderEliminarHasta que no saquen la palabra SINODAL de la Doctrina Católica iremos muy mal
ResponderEliminarUn Sínodo, sólo es una asamblea de MITRADOS, de NADIE MÁS.