El barcelonés P. Carles Gil nuevo Superior General de los Escolapios
La elección de Pedro Aguado Cuesta como nuevo obispo de Huesca y Jaca ha propiciado la elección de un sucesor al frente de la Escuela Pía. Y es que el nuevo prelado ejercía hasta el momento ese cargo, en una demostración más de la confianza que se tiene desde Roma a religiosos de Congregaciones y Órdenes religiosas en claro retroceso por no decir derrumbamiento, para cargos episcopales. Por otra parte, también demuestra que la maquinara vaticana bergogliana sigue funcionando a pesar de estar el Pontífice como está y de encontrarse España sin nuncio apostólico, hay que dejar ciertas cosas atadas como sucedió en 2005 cuando un convaleciente Juan Pablo II en las puertas de la muerte firmaba teóricamente el nombramiento de Manuel Ureña como arzobispo de Zaragoza, algo que sentó como una patada a muchos que decidieron por tierra, mar y aire cargárselo, hasta conseguir su objetivo. Campaña en la que estaba implicado hasta los dientes nuestro actual arzobispo barcelonés.
Pues resulta que el sucesor del nuevo obispo de Huesca y Jaca es un escolapio barcelonés, concretamente Carles Gil Saguer, que hasta ahora ejercía como Asistente General para Europa en la Curia General Escolapia que presidía Aguado. De entrada no es una buena noticia porque los escolapios en Cataluña son de lo más desastroso que puede haber dentro de los hijos de San José de Calasanz y segundo, porque observando la vestimenta del elegido, la verdad es que tira para atrás. Ya sé que saldrán los de que el hábito no hace al monje y cosas por el estilo, pero es que observando las fotos de los hasta ahora 5 miembros de la Curia General es el único que no lleva alzacuellos y que viste con tejanos.
En favor del elegido hay que decir que no es responsable para nada de los desmanes de sus hermanos en Cataluña porque ha realizado mayoritariamente su actividad pastoral en África, concretamente en Dakar. Una historia que recuerda un poco a la del jesuita Pau Vidal, actual delegado en Cataluña de la Compañía de Jesús, también proveniente de África, continente del que heredó la costumbre de ir descalzo. No es el caso de Carles Gil, pero su vestimenta ciertamente no es la sacerdotal.
En él se da otra coincidencia en este tipo de nombramientos, la de buscar religiosos jóvenes para los máximos cargos para no evidenciar la decrepitud de una Orden religiosa. El actual Superior General tiene 50 años, pero ya con 46 estaba en la cúpula escolapia con solo ocho años de sacerdocio.
La otra parte positiva es que es un cargo provisional y temporal, es decir, ocasionado por el nombramiento episcopal de Aguado, por tanto, cuando llegue 2027 se producirá un nuevo Capítulo General y elegirá, el 49 y elegirá de forma estable al Superior General. Se supone que si lo ha hecho bien lo elegirán a él y si ven que no es el más capacitado elegirán a otro.
El problema es saber que entienden los escolapios por hacer bien, porque aquí en Cataluña hemos visto el hundimiento de las Escuelas Pías, como centros de educación cristiana, que en algunos casos, dan más ganas de enviar a los hijos a un colegio público que a uno en manos de estos religiosos, que evidentemente no llevan directamente la pastoral de sus colegios, sino que la han dejado en manos de laicos con ideas claramente progresistas y muy poco cristianas, añadiéndoles el plus en Cataluña del nacionalismo, como se demostró en los momentos álgidos del Procés.
Me gustaría que el P. Carles Gil nos sorprendiera gratamente. Recuerdo hace años tener trato con un escolapio catalán que también estaba en África, tampoco vestía como religioso, me desmontó mi idea previa al comprobar que sus ideas sobre la Iglesia y sobre la Escuela Pía eran mucho más cercanas a mí de lo que podía imaginarme. Alguien de forma maliciosa me dijo: "Claro, a este se lo han sacado de encima y lo han enviado a África, para que no moleste".
Francesco Della Rovere
Siempre este estilo de vestir catalán eclesial tan "faba" y tan "perdis"...
ResponderEliminar1. Dos fotos: "El barcelonés P. Carles Gil nuevo Superior General de los Escolapios"; y "El equipo de gobierno de Pedro Aguado (centro) con Carles Gil a la izquierda" (pintura de fondo)
2. Foto "Representantes catalanes en el Capítulo General de 2015, Carles Gil a la derecha" (mural de fondo)
3. Dos fotos: "La persona que ven en la fotografía con pinta de monje oriental..."; y "Los pies descalzos de Pau Vidal en el Palacio Arzobispal de Barcelona"
germinansgerminabit.blogspot.com/2024/07/pau-vidal-sj-el-delegado-que-cambio-la.html
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Comparación con otras religiones
En mi particular visión y opinión, es cierto que en casi todas las tradiciones religiosas la vestimenta es un símbolo innegociable de identidad. Tres ejemplos de muchísimos:
1. Un monje budista theravada mantiene su túnica naranja independientemente de dónde esté, porque es parte de su voto y disciplina.
2. Un sacerdote ortodoxo conserva su sotana y barba como signo de su rol, incluso en contextos misioneros.
3. Un rabino jasídico no abandona su atuendo tradicional aunque viaje.
En estos casos, la vestimenta no se negocia porque está intrínsecamente ligada a la esencia de su fe y autoridad religiosa.
En el catolicismo, históricamente, el hábito o la sotana cumplían una función similar, pero desde el siglo XX, especialmente tras el Vaticano II, y en sectores heterodoxos, esta "rigidez" se eliminó, pasándo a otra "rigidez": o vestido de laico (colorido) o de religión indígena (Pannikar).
Esta "enfermedad" es típica del catolicismo y en especial acentuado en Cataluña (pero también está por España): es una anormalidad desde todos los puntos de vista: parece un odio o aversión hacia la propia religión y cultura. Nadie de África o Asia viene vestido como esta gente, sino que se adaptan. Estos parecen dioses, lo que adquirieron afuera lo traen aquí sin importarles nada, como si fueran seres de luz de dimensiones superiores. Un divertido caso de personaje de novela de Mossèn Tronxo...
Mientras otras religiones ven la vestimenta como un pilar no adaptable y fundamental y básico de su identidad y misión,, ciertos católicos catalanes, de la ideología nacional-progresista (protestante, modernista, liberal, laxa, relativista, marxista, nacionalista, antitradicionalista), la tratan como algo rechazable, y lo encubren bajo los valores de la cercanía y humildad, pero en el fondo, parece que les da asco y rechazo: no quieren ser asimilados a una religión "occidental", "española", "derechista", "franquista", "colonial", "constantiniana", "clerical", "jerárquica", "formalidad", "tradicional", "patriarcal", y todo este bla bla bla...
Esto enlazaría con una dinámica de rebelión contracultural revolucionaria: a través del vestido vemos con cierto grado de deducción el estado de su Fé y su corazón: su religión ya no es católica, es una síntesis sincrética de interreligiosidad o pupurri, mayonesa y macedonia de religiones y culturas, incluyendo a la Nueva Era y al orientalismo.
El vestido sería una reivindicación visible, junto con las misas celebradas con irregularidades y excentricidades progresistas, con un alto grado de probabilidad (que no de seguridad) de un falso catolicismo moderno, liberal, laxista, relativista, ecuménico, sincrético, antijerárquico, contracultural, antiformalista, igualitarista horizontal (todo iguales), anarquista (solidaridad, fraternidad, ecología, pacifismo, veganismo, austeridad, autenticidad, antidogmático...), abandono de la doctrina tradicional católica de toda la Fé y moral, en especial, de la vida, familia y matrimonio.
Análisis del vestido sagrado
ResponderEliminar1. Marco normativo y teológico: La obligación del traje eclesiástico o religioso, salvo error:
a) Base canónica para los clérigos:
El Código de Derecho Canónico (CIC)
i. Canon 284: "los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar"
ii. Canon 285 §1: deben abstenerse de lo que "desdiga de su estado"
iii. El Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros (Congregación para el Clero, 2013. n. 61): el traje eclesiástico (sotana, clériman) es obligatorio y que, incluso si no se usa la túnica talar, el vestido debe ser "diverso de la manera de vestir de los laicos" y reflejar la dignidad del ministerio. Niega toda validez de prácticas contrarias como "costumbres legítimas" y urge a las autoridades a corregirlas
Afirma que en una sociedad secularizada y materialista, donde los signos de lo sagrado tienden a desaparecer, es crucial que el sacerdote sea reconocible como hombre de Dios, tanto por su comportamiento como por su vestimenta. El hábito talar refleja su identidad y pertenencia a Dios, manifestando que no se pertenece a sí mismo, sino que es “propiedad” de Dios por su carácter sacramental. Por ello, debe usar el hábito talar o un traje eclesiástico decoroso, según las normas de la Conferencia Episcopal y las costumbres locales, distinguible del vestir laico y acorde a la dignidad de su ministerio. No usarlo, salvo en casos excepcionales, puede indicar una débil identidad pastoral. El hábito también subraya su papel sagrado, recordándole su misión de servir, enseñar y santificar, mientras promueve la pobreza y la castidad. Prácticas contrarias a esta disciplina deben ser corregidas por la autoridad competente
b) Base canónica para los religiosos:
1. Código de Derecho Canónico (CIC)
a) Canon 669 §1: "Los religiosos han de llevar el hábito de su instituto, confeccionado según la norma del derecho propio, como signo de su consagración y como testimonio de pobreza." .
El hábito es obligatorio para los religiosos. El hábito no es opcional, es un signo externo de su consagración y refleja su voto de pobreza. Cada orden o congregación define su propio hábito (el cordón franciscano, la túnica dominica), pero debe ser distintivo y coherente con su carisma.
El canon usa "han de llevar" (indumentum instituti deferant), es un aobligación, no una sugerencia. La cláusula "según la norma del derecho propio" (iuxta normam iuris proprii) permite que las constituciones del instituto especifiquen el diseño o excepciones, pero no elimina el hábito. "Signo de consagración" y "testimonio de pobreza" subraya su carácter distintivo y vinculado al carisma (cordón franciscano, túnica dominica).
b) Canon 669 §2: "Los religiosos clérigos de un instituto que no tenga un hábito propio han de usar el traje clerical, según lo dispuesto en el c. 284."
Esto aplica a religiosos-presbíteros (jesuitas o escolapios) y cuyo instituto no tenga un hábito específico. En ese caso, se remiten a la sotana o clériman (clérigos seculares)
El término "clérigos" (clerici) se refiere a religiosos ordenados como presbíteros, y "instituto que no tenga un hábito propio" apunta a casos como los jesuitas, que históricamente no definieron un hábito distintivo. El Canon 284 exige un "traje eclesiástico digno" (sotana o clériman)
c) Canon 598 §1: "Cada instituto, teniendo en cuenta su carácter y fines propios, ha de definir en sus constituciones el modo como han de observarse los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia."
La vestimenta, como expresión de pobreza y consagración, debe estar regulada en las constituciones del instituto. No menciona explícitamente la vestimenta, pero al regular los consejos evangélicos (incluida la pobreza), abarca implícitamente el hábito, que el Canon 669 §1 vincula al "testimonio de pobreza". Las constituciones pueden detallar cómo se expresa esto (p. ej., un hábito simple), pero deben mantener la identidad religiosa.
2. Otros documentos jurídicos (s.e.u.o)
ResponderEliminara) Perfectae Caritatis y Vita Consecrata
i. Perfectae Caritatis (Vaticano II, 1965, n. 17):
"El hábito religioso, como signo de consagración, sea sencillo y modesto, pobre y a la vez decoroso; responda además a las exigencias de la salud y se adapte a las circunstancias de tiempo y lugar y a las necesidades del apostolado. El hábito, tanto de los hombres como de las mujeres, que no esté conforme con estas normas, debe ser cambiado."
Se permite adaptar el hábito a contextos culturales o prácticos (p. ej., misiones en África o Asia), pero sigue siendo un signo distintivo de la vida consagrada, no una excusa para abandonarlo por ropa laica o 'indígena' en contextos ordinarios.
La norma permite adaptaciones ("circunstancias de tiempo y lugar"), pero insiste en que el hábito siga siendo un "signo de consagración". La orden de cambiar hábitos no conformes implica que debe haber un distintivo religioso, no que se pueda reemplazar por ropa secular o extranjera sin justificación.
ii. Vita Consecrata (Juan Pablo II, 1996, n. 25):
"Puesto que el hábito es signo de consagración, de pobreza y de pertenencia a una determinada familia religiosa, junto con los Padres del Sínodo recomiendo vivamente a los religiosos y a las religiosas que usen el propio hábito, adaptado oportunamente a las circunstancias de los tiempos y de los lugares. Allí donde válidas exigencias apostólicas lo requieran, conforme a las normas del propio Instituto, podrán emplear también un vestido sencillo y decoroso, con un símbolo adecuado, de modo que sea reconocible su consagración."
"Los Institutos que desde su origen o por disposición de sus constituciones no prevén un hábito propio, procuren que el vestido de sus miembros responda, por dignidad y sencillez, a la naturaleza de su vocación."
- El vestido es un signo elocuente de consagración, manifiesta la identidad del instituto, y no puede ser desechado sin motivo grave. El énfasis en el testimonio está explícito en el contexto. El hábito es normativo y su abandono excepcional por necesidad grave (causa de persecución) que no se da en Cataluña.
b) Vinculación: Estas normas son vinculantes en la Iglesia Católica y reflejan una tradición histórica que se remonta a los primeros siglos, cuando el clero adoptó vestimentas distintivas para diferenciarse del pueblo (siglo IV, Concilio de Laodicea). La sotana, derivada de la túnica romana, se estandarizó en la Edad Media como signo de consagración.
c) Significado teológico: Jesús, como Sacerdote, Profeta y Rey, es presentado en las Escrituras con vestimentas simbólicas (p. ej., la mēlōtḗ profética en Zacarías 13:4 o el manto real en Apocalipsis 19:16). El traje eclesiástico imita esta triple función, siendo un signo visible de la identidad sacerdotal y de la entrega total a Dios. El Directorio subraya que no usarlo puede indicar "un escaso sentido de la propia identidad de pastor".
d) Importancia: Este punto es el fundamento de todo el análisis, ya que establece la norma objetiva y la intención de la Iglesia: el clérigo debe ser reconocible como tal para dar testimonio público.
Ir vestido como laico o con estilos "indígenas" (como los casos que expongo) contradice esta norma, salvo excepciones justificadas y excepcionales (p. ej., persecución o misión específica) que no se dan en Cataluña.
2. Simbolismo social y religioso: El hábito como marcador de identidad
ResponderEliminara) Definición: El hábito o traje eclesiástico es un "símbolo poderoso de identidad religiosa" que distingue lo sagrado de lo secular. En el catolicismo, su carga simbólica es mayor por el "poder espiritual" de la Iglesia, reflejado en su historia, arte y cultura (cine, música, pintura).
b) Signo histórico: Históricamente, el hábito ha sido un signo de continuidad con la tradición apostólica (p. ej., San Ignacio de Antioquía, siglo II, habla de los clérigos como "vestidos de santidad"). Sociológicamente, estudios como los de Edward Thorndike (efecto halo) confirman que la vestimenta religiosa genera percepciones positivas automáticas de moralidad y devoción.
c) Implicaciones: Un religioso sin hábito (o con ropa laica/indígena) rompe esta expectativa, generando "sorpresa" o "cuestionamientos" en la sociedad. Para los tradicionalistas, esto amenaza la esencia católica; para los progresistas, puede verse como modernización. Sin embargo, también "difumina" la identidad hasta hacerla irreconocible, disolviendo el carisma en la "mundanidad paganizada".
d) La epidemia catalana: En la Edad Media, el hábito era tan crucial que su abandono se castigaba (Concilio de Trento, 1545-1563). Hoy, su ausencia en contextos como Barcelona podría reflejar una crisis de identidad postconciliar, agravada por ideologías "nacional-progresistas" que rechazan símbolos "clericales".
3. Percepción de la vocación y el compromiso
a) Perspectiva tradicional: El hábito evoca "tradición, religiosidad, devoción y vida consagrada". Su ausencia puede interpretarse como falta de compromiso o secularización, Esto resuena con San Francisco, cuyo hábito simple pero distintivo era una "ventana de evangelización".
b) Perspectiva moderna: Algunos argumentan que vestirse como laico hace la fe más "accesible", pero esto diluye el carisma fundacional (inspirado por el Espíritu Santo) y el impacto evangelizador.
c) Importancia: Este punto conecta la norma canónica con la experiencia social: sin hábito, el religioso pierde su rol de "recordatorio viviente" de la fe, afectando su misión.
4. Interacción y control social: La presencia del hábito
a) Teorías sociológicas:
i. Solomon Asch (conformidad): La presencia de un religioso con hábito induce autocensura en el grupo, alineando el comportamiento con normas morales.
ii. Erving Goffman (autorregulación): El hábito proyecta una imagen de autoridad moral, obligando a otros a ajustar su "representación social".
iii. Max Weber (autoridad carismática): El hábito refuerza la influencia del religioso como figura carismática.
b) Confirmación: Estudios modernos (p. ej., Journal of Experimental Social Psychology, 2010) confirman que símbolos religiosos alteran el comportamiento social, aumentando la prosocialidad. El hábito actúa como "control social informal", como por ejemplo: evitar tacos y palabras malsonantes, tener actitudes impropias...
c) Implicaciones: Sin hábito, esta influencia se pierde. Un religioso vestido de laico o con ropa "indígena" no genera el mismo respeto o deferencia, neutralizando su impacto moral y evangelizador.
d) Ampliación: En contextos históricos (p. ej., misiones jesuíticas), el hábito se mantuvo incluso en tierras extranjeras para preservar la identidad católica, contrastando con la actitud de los casos catalanes, que han lanzado toda tradición por la borda...
5. Perspectiva antropológica: Vestimenta como marcador cultural
ResponderEliminara) Definición: El hábito es un "marcador cultural" que refleja la tradición y jerarquía de una orden. Su ausencia rompe con esa continuidad y complica el reconocimiento del estatus religioso.
b) Antropólogos como Mary Douglas (Natural Symbols, 1970) argumentan que la vestimenta ritual refuerza la cohesión grupal. En el catolicismo, el hábito une al clérigo con la comunidad eclesial.
c) Implicaciones: Vestirse como laico o con estilos "orientales" es como un rechazo a la cultura católica occidental, alineándose con un "rechazo esencial" a lo tradicional.
d) Ampliación: En otras religiones (p. ej., budismo theravada), la túnica es innegociable porque define la pertenencia. El contraste con estos religiosos catalanes sugiere una ruptura deliberada con su propia tradición, un verdadero acto subversivo de ruptura..
6. Perspectiva comunicativa y publicitaria: Visibilidad e impacto
a) Función: El hábito ofrece "identificación visual clara" y atrae atención, siendo una herramienta de evangelización pasiva. Sin él, el religioso pasa "desapercibido", reduciendo su impacto público.
b) Confirmación: Estudios de marketing (p. ej., Journal of Advertising, 2015) muestran que uniformes distintivos aumentan la memorabilidad. En la Iglesia, el hábito ha sido históricamente un "logo" de la fe.
c) Implicaciones: La ausencia del hábito diluye el mensaje religioso y puede sugerir "hipocresía" o "doble vida", al no proyectar solemnidad.
d) Ampliación: En la Contrarreforma, los jesuitas usaron la sotana para reafirmar la identidad católica frente al protestantismo. Hoy, su abandono en algunos contextos podría reflejar lo opuesto: una protestantización o secularización.
7. Perspectiva política: Legitimidad y autoridad
a) Función: El hábito confiere "legitimidad" para hablar de temas morales o religiosos, amplificando el impacto del mensaje. Sin él, la autoridad se cuestiona.
b) Autoridad: Max Weber (Economía y Sociedad, 1922) explica que la autoridad tradicional depende de símbolos visibles. En la Iglesia, el hábito legitima al clérigo ante fieles y autoridades.
c) Implicaciones: Un religioso sin hábito (o con ropa "indígena") pierde resonancia política y social, generando "desconfianza" en diálogos oficiales.
d) Historia: En la historia española, el clero con sotana fue clave en la vida pública (p. ej., durante el franquismo). Su rechazo hoy es una reacción a ese pasado y a todo lo que representa la religión católica, por increíble que parezca.
8. Perspectiva psicológica: Percepción física y efecto halo
ResponderEliminara) Efecto visual: El hábito enmarca al religioso (p. ej., la toca en monjas) como figura de "pureza y serenidad". Sin él, esta percepción se pierde.
b) Efecto halo (Thorndike): La vestimenta religiosa genera juicios positivos automáticos. Sin hábito, el religioso debe "probar" su compromiso, lo que debilita su autoridad moral.
c) Estudios: Estudios psicológicos (p. ej., Psychological Science, 2008) confirman que la ropa influye en la percepción de competencia y moralidad.
d) Implicaciones: En los casos catalanes, la ropa laica o "indígena" refleja un rechazo consciente a este efecto, priorizando una identidad personal sobre la institucional.
9. Contexto histórico y tradición
a) Evolución: El hábito católico tiene raíces en la túnica romana y se consolidó como norma en concilios medievales. El Vaticano II (1962-1965) permitió flexibilidad, pero no su abandono total.
b) Contraste: Órdenes como los franciscanos o dominicos mantuvieron sus hábitos como parte de su carisma, mientras que jesuitas o escolapios los descartaron, reflejando una deriva postconciliar.
c) Importancia: Este punto histórico refuerza la idea de que el hábito no es opcional, sino esencial a la tradición católica, haciendo más grave su rechazo.
10. Crítica al caso catalán: Ideología y rechazo
a) Percepción: Los religiosos catalanes "nacional-progresistas" (protestantoides, modernistas, marxistas, etc.) parecen rechazar el hábito por "asco" a una Iglesia "occidental, colonial, patriarcal".
Parece que lo encubren con discursos de humildad, pero da la sensación de que en realidad buscan una identidad alternativa como creación propia personal, desligada de la tradición: l'Església Alternativa, Progressista i Nacional de Catalunya.
b) Análisis: Esto encaja con el contexto postconciliar y el nacionalismo catalán, donde la sotana podría verse como símbolo de una Iglesia "española" o "clerical". Figuras como Raimon Panikkar, con su sincretismo, y muchísimas otras más, influyeron en esta actitud.
c) Conclusión: Su vestimenta (laica o "indígena") viola el CIC y el Directorio y las normas religiosas, contradice la tradición y diluye su identidad, apoyando mi crítica de una "disolución en la mundanidad" de la Iglesia catalana que la lleva hacia la decadencia y desaparición, ya muy adelantada en Gerona, Solsona y Tortosa.
¿Seguro que no le ha quedado algo pendiente sobre el "vestido religioso"? GG se convierte en su editorial y le ahorra el importe de la edición.
Eliminar- Tal y como es mi experiencia vital y personal ante los Escolapios de Barcelona es que sí que puedo afirmar que su decadencia tuvo una fecha de inicio, que fue la Transición es decir de 1977 hasta 1983, cuando enviaron sus hábitos y sotanas al basurero, y con ellos el carisma de su fundador, su vida religiosa, algunos se secularizaron y se casaron y volvieron como empleados de la orden, y trincharon enteramente su obediencia a la tradición y a la doctrina de la fe, la moral, la liturgia y evidentemente la eclesiología, que es el lugar que tiene su orden religiosa dentro de la Iglesia, además de dejar desamparada e indefensa a la Iglesia Doméstica, es decir a la familia y a los matrimonios, o sea, a nosotros los alumnos, que éramos los hijos de estas iglesias domésticas.
Eliminar- De estos Escolapios de Barcelona aún me acuerdo como a finales de los 1970 celebraban la misa en un pupitre con panecillos de Viena rellenos de grasa y aceite, y vino el Baturrico lleno de aditivos, que prohíbe en ambos casos la Iglesia. Si por los 1970 pisoteaban las normas de la Iglesia sobre como ha de ser el pan y el vino eucarísticos, que es lo máximo que tiene la Iglesia Católica, nada raro ha sido su vida disoluta moral y espiritual y religiosa. Es más por lógica racional debía de degradarse.
- Finalmente todas estas indumentarias que son ridículamente civiles o indígenas de otras religiones, solamente demuestran un proceso de abjuración de la propia tradición, civilización, cultura y religión.
Como lo dice la Biblia, son una caña rota que te hiere gravemente y te hace sangrar cuando quieres apoyarte en ella cuando lo necesitas. Y también no dan ningún tipo de enseñanza auténtica y encima hacen perder a los que caen bajo sus manos.
Esto indica una necesaria renovación del pontificado, pues Francisco ya está total y absolutamente agotado, y carente de ninguna posibilidad para implantar en los próximos decenios ningún tipo de reforma y renovación que necesita la Iglesia.
Ya está en las últimas y actualmente con su capacidad muy disminuida.
Es imprescindible que se nombre el nuevo Papa que siga exclusivamente la línea ya señalada por San Juan Pablo II y Benedicto XVI.
De todas maneras sigue siendo un milagro que en Cataluña todavía queden religiosos jóvenes como vemos en la foto. Ya sólo falta que en la enseñanza de las clases a los niños se les meta en la mollera la historia bíblica en toda su espectacularidad, y no se limiten únicamente a la purificación de corazón en la vida social similar a medicina cardiológica. Para creer en Dios es necesario contemplar las historias heroicas que figuran en las escrituras empezando por el Diluvio, de lo contrario luego se buscan las espectacularidades en otras partes que no son cristianas. ¿¿Algunos siguen el canal DMAX ???, en ciertas horas dan materia sobre los extraterrestres, y los cristianos sobre el tema todavía no tenemos respuesta desde Roma. Si no se contempla a Dios y su Diluvio luego derivan las contemplaciones espectaculares hacia el Diablo y sus secuaces.
ResponderEliminarSr. Garrell, no le hablo más de su manía con el Diluvio. ¿Por qué no nos ahorra su disquisición sobre el tema? Estudie, estudie, el género literario de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Enriquecerá su pensamiento y dejará de repetir lo mismo.
EliminarLo de los extraterrestres habrá de dos tipos, los ángeles buenos porque está claro que su ámbito es fuera de la Tierra aunque actúen en ella. Y habrán, esos que van en Ovnis, grises o reptiloides, tanto da, son demonios.
EliminarSeñor Silveri Garrell tiene usted razón. Ayer en Catalunya Religió pude leer esta opinión de Montse Castellà: "Per tal que les religions puguin seguir sent font d’inspiració, han de ser flexibles i ajustar-se a l’època en la qual ens trobem".
ResponderEliminarLos únicos que van bien son los musulmanes, los cuales no cambian un ápice en sus creencias.
Pues ale pásese a los musulmanes homre! Estarán contentos cojn su adquisición!
EliminarEste comentario de Montse Castella es propio de alguien que se ha hecho una religión a su gusto. Nada que ver con el cristianismo.
EliminarSr. Silveri, què li semblaria canviar el Diluvi per David i Goliat? És més èpic i menys catastròfic. No siguem obsessius.
ResponderEliminarDavid I Goliat està força bé. Serviria per introduir una bona predicació sobre els Nefilim i el Llibre d'Enoc que no està al cànon. Sr Garrell, continuï malgrat esverar a ben pensats que van amb el segle.
EliminarMejor la Burra que le hablo a Balaam.
EliminarHay tantas cosas espectaculares que son imposibles de silenciar.
Este escolapio parece un poco piji-progre de abundancia en nuestra Cataluña. Debe ser de aquellos para los que "el hábito no hace al monje" y simplificando su vida yendo de tejanos en "su pastoral"
ResponderEliminarClaro que el hábito hace al monje! Como poco a él le preserva de trato no respetuoso y a nosotros nos "anuncia" que estamos ante una persona consagrada. Ojalá volviesen todos los hábitos!!!
ResponderEliminar¡¡¡CÓMO DE ACUERDO QUE ESTOY CON USTED!!!
ResponderEliminarYo, cuando me encuentro en el metro, bus o la calle, con algún/a religioso/a, siempre me acerco y le doy las gracias: "por su testimonio", les digo.
Excepto una mañana de invierno, que entró en el vagón un sacerdote con clerisman, se sentó, y, cuidadosa y rápidamente, ocultó con la bufanda, la cruz que llevaba en el ojal y bajó mucho la cabeza para ocultar el alzacuello, quedando así, como enrollado sobre sí mismo. Me dió mucha pena. No me atreví a darle las gracias porque sentí que para proceder así, sólo él debía saber las situaciones que habría tenido que soportar.