viernes, 8 de junio de 2018

La Glosa Dominical de Gérminans

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Cedro del Líbano (izquierda), Árbol de mostaza (derecha)
LA SIMPLICIDAD Y LA PACIENCIA EVANGÉLICAS
Concluido el tiempo pascual y las fiestas que le suceden, la liturgia nos devuelve al ritmo del tiempo ordinario. La liturgia de este domingo expresa la absoluta soberanía de Dios que actúa sus designios en la historia. El profeta Ezequiel presenta la esperanza de Israel bajo la imagen de un alto cedro de la cima del que Dios tomará un ramito que plantará en la montaña más alta de Israel y que crecerá dando cobijo a todos las aves del cielo. La parábola es un canto de esperanza. Habla de Dios y de su misericordia, anuncia el futuro de Israel convertido en lugar de peregrinación para todos los pueblos. Y obviamente nos ofrece una enseñanza moral: el Señor abate los altos árboles y ensalza el más humilde árbol, seca lo ufano y hace florecer lo seco. Todo en correlación con la perícopa del evangelio de Marcos que describe el misterioso proceso del crecimiento de una semilla. Es la analogía para comprender el crecimiento del reino de Dios, aunque revela las claves secretas de nuestra vida y abre ante nuestros ojos el camino de la esperanza y de sus dos principales tentaciones: por una parte creer de manera presuntuosa que podemos atribuirnos el fruto de la esperanza y por otra, aviso para impacientes y superficiales, pensar que los medios sencillos y la simplicidad de los principios no pueden llevarnos a grandes éxitos.
Toda la Iglesia ha de estar disponible con simplicidad y paciencia, adecuándose a la capacidad de comprensión de las personas y al ritmo personal de cada individuo. Todos debemos cooperar con humildad a la difusión del Evangelio. Todos hemos de sembrar con generosidad el mensaje. A pesar de las contradicciones que el Reino de Dios ha de sufrir en la tierra, las parábolas de Jesús son una invitación a la confianza y al optimismo, ya que el Reino es obra de Dios y no de los hombres. Dios tiene otros ritmos, otros criterios y otros recursos respecto a nuestros límites, a nuestras impaciencias, a nuestra estrechez de miras. Una vez sembrado en el corazón, el Reino de Dios crece por su cuenta. Es una maravilla de Dios, tan grande y hermosa cuán grande y hermoso es el crecimiento de la semilla sembrada en el terreno.
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De este modo, el crecimiento del Reino de Dios no depende de las fuerzas humanas: supera las capacidades humanas porque tiene dentro de sí un dinamismo propio. El evangelista Marcos quiere subrayar la mayor confianza que el hombre debe tener en la acción de Dios en la propia vida y en la historia, sin abandonar el esfuerzo cotidiano de corresponder a la fuerza interior del Espíritu en nuestro corazón. Hemos de evitar tanto el quietismo como el activismo febril que hace depender todo de nuestros esfuerzos y méritos.
Es necesario conservar la esperanza. Y cultivar la virtud de la paciencia que no puede adelantar la hora de la siega y la cosecha. Y por encima de todo no dudar de la realidad de la acción de Dios en el mundo y en nuestros corazones. San Ignacio de Loyola ha dejado escrito para sus seguidores: “obra como si todo dependiese de ti sabiendo que todo depende de Dios”.
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

4 comentarios:

  1. Muy oportuna mosén su reflexión sobre la paciencia, las cosas sencillas y el tiempo ordinario de la liturgia. Está usted aludiendo a la vida desnuda del día a día en una sociedad agraria en la que las figuras relativas al campo se entendían perfectamente y calaban. La vida sin complicaciones vinculada a un clima y a un suelo mediterráneos con una flora y una fauna características. Los cedros, los pinos, los algarrobos o los olivos constituían los árboles, que les suministraban energía, aromas y aceites sanadoras. La Biblia se teje en torno al pueblo, su entorno y un Dios creador y protector, celoso de su culto. Durante siglos, antes del advenimiento de la química farmacéutica, el mundo mediterráneo vivió de la farmacopea de Dioscórides. Dios había concedido a la cuenca mediterránea todos los medios necesarios para vivir y sanar la mayoría de las enfermedades. Es la vida ordinaria, la del hombre común, pues Dios vela por él a través de las cosas que tiene a mano. Es la grande de lo pequeño, mosén. Gracias.

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  2. No se puede adelantar la siega y la cosecha con nuestras fuerzas y empeño. Podemos trabajar para conseguir buenos resultados, pero no dominamos el poder que lleva en si misma la más humilde semilla para germinar en su tiempo y momento. Todo se resume en trabajar y tener paciencia en espera de que Aquel que tiene todo el poder se digne llevar todo a buen término. Viene muy a punto la recomendación "obrar como si todo dependiera de ti sabiendo que todo depende de Dios".
    Basta con observar: nada se para, todo llega a su debido tiempo.
    Trabajo, paciencia y confianza en Dios. Sabia recomendación, frecuentemente olvidada.
    Gracias, Mosén Francesc por ayudarnos a tenerlo bien presente.

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  3. Gracias Mosén Espinar por su maravillosa glosa . Y gracias también,no podría ser de otra manera,a mi admirado contertulio Don José Mª Valderas Gallardo,ejemplo VIVO de lo que debe ser un buen Católico.

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  4. Bien sabemos que en nuestras sociedades actuales: los humildes, los sencillos,los insignificantes..etc.,normalmente son quitados de la circulación, barridos y echados fuera a un rincón porque carecen de valor en una sociedad tan competitiva donde incluso molesta la "sencillez"... Pero que esto suceda en la iglesia que se pasa los días leyendo la biblia,las epístolas, los evangelios y estudiando teologías y rezando salmos,y predicando.. etc. etc.. digamos que son especialistas en la oración y en los estudios de la PALABRA, pues, resulta muy incomprensible que no se valore para nada la semilla de la mostaza..lo pequeño ,lo sencillo...¡¡para qué "invertir" en una semilla tan insignificante!!..vamos a cuidar bien la semilla del Cedro del Líbano, porque...¡¡ Caballo grande ande o no ande !!.... La sagrada escritura igual se equivoca..

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