domingo, 10 de junio de 2018

¡Salgamos... de parranda y a enredar!

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Omella en Santiago de Compostela para una exposición sobre Gaudí
Esta semana nuestro sonriente y dicharachero Cardenal ha juntado Roma con Santiago, tal como dice el refrán. Bueno, mejor sería decir Santiago con Roma, pues ese ha sido el orden cronológico del periplo de Omella. Pero pasando por Barcelona y dejando para el viernes la visita a Cáceres para aleccionar a los sacerdotes diocesanos ofreciéndoles una charla y celebrando la misa con ellos. Por si no hubiera bastado lo de Guadalupe, ahora Cáceres. A eso se le llama rematar la faena. ¡Qué obsesión con Extremadura!
Nuestro cardenal, como los malos profesores: el aula les sienta mal, así que se dedican a las cuestiones administrativas y de poder de la enseñanza: es decir a dar lecciones a todos de cómo tienen que enseñar. Pero ellos sin pisar el aula, que les da urticaria. Así Omella, abandonando su diócesis para ir por el ancho mundo dando lecciones urbi et orbi. Eso le exige además estar cada dos por tres en Roma.  
Ya les avanzamos que el discurso es siempre el mismo: poner a Cristo y al pueblo de Dios en el centro de la misión evangelizadora, prioridad absoluta de la compasión y misericordia por los pobres materiales, etc. etc. etc. Nada de cosecha propia. El discurso francisquista cada vez más desgastado y menos creíble, a fuerza de repetirlo ad nauseam. Y tal como dijo Mons. Águer en su homilía de despedida en La Plata el día de Corpus: “se puede discursear de modo conmovedor sobre la misericordia; pero practicarla cuesta mucho”. 

¡Qué modelo tan diferente se propugna hoy en día de ser obispo! Mucha solicitud universal por la Iglesia yendo de aquí para allá, mucho viajar con enorme devoción peregrina, más allá de los confines de sus obligaciones; con el resultado de la pérdida total de estabilidad y equilibrio. Nuestro eximio cardenal padece de jet-lag crónico. Ya nunca sabe dónde está. Es lo que tiene querer estar en todas partes, porque ésa es la manera más elegante de no estar en la que es su sede.
Tanto que luchó Trento para crear obispos auténticamente residenciales y no comendatarios. Tanto que lo explicó y pormenorizó el Vaticano II. Atrás queda San Carlos Borromeo en Milán y en tiempos más recientes el cardenal Schuster en la misma diócesis lombarda, o Mons. Siri en Génova, que fueron recorriendo a lomos de mulos hasta los más remotos pueblos de sus diócesis.  
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El Cardenal Schuster en visita a Valsolda
Eran auténticos pastores de sus diócesis: no las conocían de pasada. Ni se conformaron con conocer a sus curas siguiendo el cliché puesto a su alcance por el funcionario curial de turno. Los escuchaban detenidamente: sabían de sus inquietudes y problemas. No es ni de lejos, el caso de Omella. Conoce las parroquias y a los sacerdotes de la misma manera que lee los libros: en diagonal. Lee la primera línea del párrafo y, sin concentrarse en ninguna palabra en concreto, pasa la vista desde el lado izquierdo en diagonal hacia la esquina derecha. Mientras hace esto, está pendiente de las palabras que hay alrededor. Pues así hace en todo. Tiene una visión periférica y extremadamente superficial de la realidad. Sólo se detiene en lo que le resalta el curial. Él no tiene tiempo de fijarse por sí mismo. Hace como que se interesa por el asunto o la persona que le han indicado. Lo demás le importa un bledo: ni siquiera se esmera en disimularlo.
Y que quede constancia universal de que lo de las consultas era un camelo. Nosotros que sí que estamos en el terreno, conocemos con nombres y apellidos a los sacerdotes que fueron unánimemente propuestos en una “accordata” para nombramientos clave en la Diócesis. Tal vez eran listas de bloque, sí. Pero de consenso unánime y homogéneo entre cada sector. Omella hubiese podido aprovechar esa información para conocer personas y tendencias de su diócesis. ¿Para qué, si no tiene el menor interés? Todo eso se la ha traído al pairo.
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¡Suerte que la concordia es prioritaria!
En todo el tiempo que a Omella le quede en Barcelona, él mismo se ha privado del derecho de hablar de “sinodalidad”. Lo suyo es ir a la suya. Mejor que vaya a predicarla a Sigüenza-Guadalajara si es que le dejan entrar. ¡Oye, es que es igualico que Francisco! El Papa que más habla de misericordia y pueblo de Dios “corresponsable”, y ha resultado ser el más inmisericorde, vengativo y autoritario de toda la historia contemporánea de la Iglesia. Y es que una cosa es predicar y otra dar trigo.
Entretanto, como él mismo dijo el día de Corpus en la explanada de la Catedral: “¡Tanto si llueve como si no, saldremos!” Sí, de parranda y a enredar. Verbo este último que en catalán suena de manera muy hermosa y descriptiva: potinejar. Que etimológicamente tiene que ver con manipular y manosear muchos botes (pots) dejándolos todos mezclados y confusos. Ita et Omella.

Prudentius de Bárcino

28 comentarios:

  1. Prudentius no sabe cuánto le agradezco la alusión al cardenal Schuster. Más de una vez he contrapuesto su egregia figura a la vulgar nimiedad de arzobispos, obispos, abades y clérigos de acá. Siendo niño en alguna biblioteca encontré el nombre del cardenal. Se convirtió en uno de mis héroes infantiles, junto con "El Cachorro", protagonista de un tebeo sobre piratas, galeones y demás aventuras en el mar de las Antillas durante el siglo XVII. Pensaba que era alemán. Y no acababa de entender eso de arzobispo de Milán. No había misterio alguno, aunque entonces no había Viquipedia para resolver dudas. Su padre era un sastre bávaro. Me atraía su firmeza ante el nacionalismo etnicista. Su oposición decidida contra el nazismo y las formas de nacionalismo racial, como se llamaba, que entonces había adquirido lo que andando los decenios sería la Lega Norte. Exactamente lo que el ladrón confeso Pujol y Torra proclaman, aquel hablando de hombres deconstruidos y éste de fieras, es decir, animales, con figura humana.
    Frente a Schuster, por cierto hoy en los altares, ¿qué han hecho lo obispos catalanes? Frente al antiguo monje benedictino, que eso era Schuster, ¿qué han hecho los monjes de Montserrat y Poblet? Venderse al nazi.
    Tuvo Schuster los arrestos de denunciar la represión sangrienta en Milán de una decena y pico de ciudadanos. Dejados en la vía pública para escarmiento, el cardenal amenazó con irlos a retirarlos él personalmente.
    ¿Qué han hecho los obispos de la Tarranconense? ¿Quejarse de palabras de odio del representante máximo del independentismo al frente de la Generalidad? No. Faltos de arrestos y de vergüenza torera les ha faltado tiempo para correr a felicitarle. Con Omella.
    Gracias por la referencia a Schuster.

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    1. En la mañana del domingo 12 de mayo de 1996 el papa Juan Pablo II beatificaba en la Plaza de San Pedro de Roma al que durante más de veinticinco años (de 1929 a 1954) fue arzobispo de Milán, el cardenal Alfredo Ildefonso Schuster, pastor ejemplar, el cardenal de la plegaria, que le tocó vivir momentos difíciles en una de las sedes episcopales ya de por sí más complejas del mundo. Y es que su largo pontificado en la misma sede que ocuparan santos de la categoría de san Ambrosio y de san Carlos Borromeo coincidió con uno de los períodos más convulsos de la historia reciente de su patria: apogeo y caída del régimen fascista, Segunda Guerra Mundial, resistencia partisana e inmediata posguerra, con la amenaza comunista.

      Alfredo Schuster nació el 18 de enero de 1880, en Roma, en el seno de una familia humilde. Su padre, oriundo de Baviera, había llegado a Roma para alistarse como suboficial en los ejércitos pontificios. Al enviudar, contrajo nuevas nupcias con Ana María Tutzer, natural de Bolzano, de la cual tuvo dos hijos, el futuro cardenal, y Julia (más tarde, religiosa, hija de la Caridad).

      Cuando Alfredo tiene ocho años, queda huérfano. La muerte de su padre coloca a la madre y a sus dos hijos al borde de la miseria. En noviembre de 1891 ingresa en la Abadía benedictina de San Pablo extramuros de la Ciudad Eterna como niño oblato, con intención de hacerse monje y sacerdote, aunque también se trató de una muestra de caridad, pues dejaba de ser gravoso a su madre. En la escuela benedictina fue confirmándose su vocación al estado religioso. El 13 de noviembre de 1896 inicia su noviciado de tres años y cambia su nombre por el Ildefonso. La crónica de la Abadía lo describe como novicio dócil, piadoso y estudioso, pero de salud precaria. Al cumplirse el tercer año, hizo su profesión monástica.

      Realizó sus estudios de filosofía escolástica en el Pontificio Ateneo de San Anselmo de Roma, bajo la dirección del P. José Gredt, donde obtuvo el grado de doctor en Filosofía. El 19 de marzo de 1904, en la fiesta de san José, el cardenal Vicario de Su Santidad para la Diócesis de Roma, monseñor Respighi, le ordena de presbítero en la Basílica de San Juan de Letrán.

      Los veinticinco años siguientes los transcurrió Ildefonso Schuster en San Pablo extramuros. Su capacidad intelectual y su laboriosidad le permitieron alternar sus ocupaciones en el monasterio con otros encargos, como el ejercicio del profesorado en la Pontificia Scuola Superiore di Musica Sacra, en el Pontificio Istituto Orientale y en el Pontificio Ateneo de San Anselmo, o el trabajo en organismos de la Curia Romana, donde consigue fama de liturgista.

      En 1908 fue nombrado maestro de novicios de la Abadía de San Pablo y el 5 de abril de 1918 es elegido abad ordinario del mismo monasterio. Su fama como experto en liturgia transcendió los muros conventuales y el papa Benedicto XV le nombró consultor de las Sagradas Congregaciones de Ritos y Religiosos. Años después, Pío XI le llamó a formar parte de la de Estudios y Universidades y lo envió como visitador apostólico de diversos seminarios y colegios extranjeros de Roma.

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    2. Tras la muerte del cardenal arzobispo de Milán, monseñor Tosi, termina su vida relativamente tranquila del monasterio el 26 de junio de 1929. El papa Pío XI, después de revisar mil veces las listas de los obispos de Italia, tomó una decisión inesperada: nombró arzobispo de Milán a Ildefonso Schuster. El fascismo acogió la noticia con gran alegría. Pensaban que un monje sería fácil de manejar.

      A pesar de haber rechazado varios cargos importantes en la Curia porque su vocación es la vida monástica, la obediencia al Papa lleva a Schuster a aceptar su nombramiento como arzobispo de Milán. Días antes de su ordenación episcopal (16 de julio de 1929) Pío XI le impone la birreta cardenalicia, y 22 de ese mismo mes y año, el mismo pontífice en la Capilla Sixtina, gesto poco frecuente en aquella época, le consagra obispo. Según indicaba el Concordato, el nuevo arzobispo juró ante el Rey de Italia.

      Sus primeras palabras en Milán son: Vengo a inmolarme. Y al tomar posesión de la sede ambrosiana expresa sus sentimientos en aquel momento: El arzobispo es ante todo una víctima. Tendré la gloria de dar el corazón, la sangre y la vida por la santa Iglesia en Milán y de seguir los pasos de aquellos héroes de santidad cuya Cátedra santa voy a ocupar indignamente.

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    3. Su acción pastoral fue extraordinaria en momentos muy difíciles. De los años de Milán emerge la figura de un hombre de fe, dotado de gran celo por las almas, como demuestran ‑entre otros hechos‑ sus cinco visitas pastorales a toda la diócesis. En estas visitas se preocupa por conocer con minuciosidad el estado espiritual de los fieles. Muchas veces, se sienta en el confesonario para administrar el sacramento de la Penitencia. Otras veces da catequesis a los niños. Una vez, cuando pregunta: ¿Por qué ha dado Dios la ley en tablas de piedra?, uno de los chavales salta con prontitud y responde: Para que no la roben los ladrones.

      En los cinco lustros de su pontificado, ordena a 1.500 sacerdotes, emprende continuas iniciativas para mejorar la formación espiritual del clero, se desvive materialmente por sus sacerdotes y cuida especialmente el Seminario. Un joven sacerdote decía de su arzobispo: Las preguntas que me hacía se dirigían más al alma que a la parroquia. Me preguntó qué hacía para llegar a ser santo. Confuso, le respondí: “Procuro cumplir con mi deber”. Me replicó: “El deber no basta, hay que hacerse santo”.

      Llamaba la atención su cuidado de la liturgia: su mera presencia en las ceremonias de la catedral fue instrumento valiosísimo de apostolado litúrgico. Pero también tuvo una honda preocupación social, al promover obras como el Mes arzobispal, que atendía a 7.000 niños en 56 asilos parroquiales en Milán, o la Casa Ambrosiana, creada para paliar las dramáticas necesidades de vivienda tras la guerra.

      El episcopado y la púrpura cardenalicia no fueron obstáculos para seguir llevando una vida llena de austeridad, de auténtico monje. Se levantaba de noche aún, a las tres y media. Dedicaba una hora a la oración mental, y después rezaba el Oficio divino y celebraba la Santa Misa. A las seis y media se dedicaba al estudio, que sólo era interrumpido para desayunar. El desayuno era muy frugal. Según la religiosa que lo servía, era menos de lo que tomaban los canarios. Luego venían las audiencias. Por la tarde, después del almuerzo continuaba recibiendo gentes, hasta las cinco y media en que se retiraba para la visita al Santísimo, otro rato de oración, rosario y Bendición. Tras cenar, antes de acostarse recitaba la lectio divina.

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    4. El cardenal Schuster fue un hombre de Iglesia, no de política. Sus relaciones con el poder civil fueron de respeto, por encima de ideologías. Por lo que se refiere a sus relaciones con el régimen fascista fue prudente, según declaró en el proceso de beatificación el patriarca de Venecia, cardenal Roncalli, que fue amigo personal. En los primeros años del fascismo ‑añadía el futuro Juan XXIII‑, parecía demasiado servicial con el partido y sus jerarcas, especialmente cuando visitaba las colonias instituidas por el partido fascista. Pero esto lo hacía con una finalidad espiritual y apostólica.

      No dudó en entrevistarse con Mussolini, a quien pidió que intercediese por la enseñanza religiosa en Alemania. El DuceHitler tiene tres clavos en la cabeza y nadie se los puede arrancar: la cuestión de la raza, la lucha contra los hebreos y la persecución contra la religión católica. De todos modos, haré lo que pueda ante Hitler en favor del catolicismo. Pío XI comentó al conocer esta reunión: El cardenal de Milán ha tenido valor. le respondió:

      Por razones estrictamente pastorales tampoco dudó en enfrentarse directamente al régimen para denunciar los atropellos de las autoridades cuando las circunstancias así lo reclamaban. Tal fue el caso, por ejemplo, de los ataques fascistas contra la Acción Católica, o de la promulgación en 1938 de las leyes raciales, que condenó con la máxima energía y solemnidad.

      Dos meses después de su entrada en Milán, el 8 de septiembre de 1929, alertaba al Secretario de Estado vaticano sobre la violencia que provocaba el fascismo. En 1931 lanzó una carta muy dura contra el régimen para protestar contra las agresiones a la Acción Católica, y se negó a bendecir solemnemente la Estación Central de Milán, obligando así a estar ausentes de la ceremonia de inauguración al rey Víctor Manuel III y a Benito Mussolini. Por tanto no es nada extraño que en un informe de la policía secreta escrito en 1933 se dijera: A pesar de las apariencias (Schuster) es un enemigo convencido e irreconciliable del fascismo. Ningún prelado es tan adverso al régimen como el actual arzobispo de Milán, y bien haría Mussolini si provocara su sustitución.

      El 13 de noviembre de 1938 en un famoso sermón predicado en el Duomo condenó con dureza el racismo, con estas palabras: Ha nacido en el extranjero, pero se extiende por doquier una especie de herejía… Es el así llamado racismo. En aquella misma ocasión ponía en guardia ante las ideologías arias y el crecimiento de la industria bélica alemana, que pronto provocarían una guerra. En 1939, pronunció un discurso que nadie se atrevió a publicar. Decía el cardenal Schuster: Entre el cristianismo basado en el Decálogo y en el Credo, de origen divino, y este nuevo Estado hegeliano, totalitario, existe un antagonismo total.

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    5. Cuando a las seis de la tarde del lunes 10 de junio de 1940, Mussolini pronunciaba su histórico discurso de quince minutos desde el balcón del Palacio en la Piazza Venezia de Roma, declarando la guerra a Francia y Gran Bretaña ‑alocución retransmitida por todas las emisoras italianas en toda clase de ondas‑ todos los italianos permanecieron silenciosos y atentos siguiendo con vivo interés las palabras del Duce. Al escuchar la declaración de guerra, el cardenal arzobispo de Milán denunció: Es una traición atacar a Francia por la espalda cuando está empeñada en el frente germánico. Dios no puede bendecir esto. Los fascistas acabaron viendo al cardenal Schuster como un elemento molesto.

      Ya en la Segunda Guerra Mundial y durante la invasión germana, monseñor Schuster se convirtió en la última tabla de salvación para los perseguidos por el nazismo. Hizo todo lo que pudo por salvar a condenados a muerte: católicos activos, grandes intelectuales no cristianos y judíos. Son innumerables las personas que deben favores de todo tipo a la actuación del cardenal Schuster. Un caso célebre es el del periodista Indro Montanelli, encarcelado por la Gestapo durante la ocupación alemana de Italia y condenado a muerte. Sabiendo que era imposible que se revocase una sentencia dictada por un tribunal de guerra, a través de un carcelero, hizo llegar al Arzobispo una nota para que comunicase la noticia a sus padres en Roma. Pero la ejecución se dilató y Montanelli, al cabo de nueve meses, logró escapar. Investigando, años más tarde el famoso periodista descubrió que el cardenal de Milán había inducido a intervenir en su caso a una alta personalidad alemana, que no revocó la sentencia, pero la demoró. Cuando Montanelli, después de la liberación, había ido a ver a Schuster, éste no habló nada de su mediación, sólo comentó: Hijo mío, los milagros existen.

      También libró a la ciudad de Milán de la destrucción. Una noche, tras duras conversaciones de cuatro o cinco horas con el comandante nazi, consiguió que los alemanes no activasen las minas colocadas en los conductos de agua potable, la central eléctrica y la cárcel.

      El 10 de agosto de 1944, las tropas alemanas fusilaron en Milán a quince partisanos. Abandonaron los cadáveres en el suelo de una plaza pública, a modo de aviso a la población. Todo un espectáculo macabro. Cuando el cardenal Schuster se enteró, escribió inmediatamente una carta de protesta a la embajada alemana. Por la tarde, al ver que su aviso no sirvió de nada, declaró que, si los cuerpos sin vida de los partisanos no eran retirados de inmediato, él mismo los recogería personalmente. Los nazis le hicieron caso esta vez, pero el comandante de las tropas alemanas dijo: Un día de éstos, arresto al cardenal. Ocho meses después, el 29 de abril de 1945, sucedió una escena parecida: en la misma plaza Loreto de Milán fueron arrojados las cadáveres, y más tarde, colgados cabeza abajo, los cadáveres de Benito Mussolini, de Claretta Petacci y de otros jerarcas fascitas, fusilados por los partisanos. Los colaboradores de monseñor Schuster le escucharon alzar la voz por vez primera en su vida: O retiran esos cadáveres, o los quito yo mismo. Antes había fracasado en un intento de lograr una rendición sin condiciones de Mussolini.

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    6. Al acabar la guerra, publicó una valiente pastoral: El quinto: no matar, condenando la sed de venganza. Ya en tiempos de paz, continuó con su conducta de siempre actuando por encima de credos políticos. En 1951, con ocasión de las elecciones recordaba: Condénese el comunismo, pero ámense los hombres, sin odiar jamás a alguno. Por todos ha muerto Jesucristo.

      El cardenal Schuster fue el primer presidente de la recién creada Conferencia Episcopal Italiana, y como tal estuvo durante las reuniones iniciales (1952, 53 y 54). En palabras del arzobispo de Génova, cardenal Siri, sus breves intervenciones eran profundas, una cosa que nos hacía pensar, una cosa de que nos daba la medida de que estábamos ante un hombre que no era como los demás.

      A pesar de su naturaleza delicada estuvo trabajando incansablemente hasta el final de sus días. Y 30 de agosto de 1954 falleció santamente en su seminario de Venégonono. La fama de santidad que ya gozaba en vida se extendió más después de su muerte. En su elogio fúnebre el entonces cardenal Roncalli dijo en la Misa exequial celebrada en la catedral de Milán: Superó la actividad de san Carlos, la actividad exterior del mismo cardenal Ferrari de tan cara y bendita memoria… Nadie podrá atentar contra la perfecta buena fe del cardenal Schuster, contra su lealtad noble y grande, contra la pureza de su piedad misericordiosa. Incluso se le había atribuido el siguiente milagro en vida. Fue en el año 1953. Estando el cardenal Schuster confirmando a un grupo de jóvenes en Casorate Primo, un obrero cayó al vacío unos 23 metros desde la torre de la iglesia. Todos creían que estaba muerto. El arzobispo de Milán le visitó en el hospital y dejó junto a la cabecera del accidentado una medalla de la Milagrosa. Dos horas más tarde, sorprendentemente, el herido empezó a hablar y dos días después recibió el alta médica.

      En el año 1957, su sucesor en la Sede de Milán, monseñor Montini (futuro Pablo VI), abrió el proceso de beatificación, que fue clausurado el 21 de noviembre de 1963. El postulador de la Causa, el padre benedictino Paolino Beltrame‑Quattorochi, que conoció en los viejos muros del Monasterio de San Pablo de Roma al entonces abad Schuster, al serle preguntado por un periodista con motivo de la beatificación: ¿Cuál es la virtud que enseña al mundo de hoy el cardenal Schuster?, dijo: Le respondo con una frase del cardenal: “La santidad no está en las oraciones ni en la penitencia, sino en el amor”. Vivió siempre la voluntad de Dios en cada momento, estaba auténticamente enamorado de Él.

      En 1985, cuando se descubrieron sus restos, se comprobó que el cuerpo estaba incorrupto, aunque los vestidos estaban pulverizados por la humedad. El proceso siguió adelante y el 12 de mayo de 1966 el papa Juan Pablo II elevó a los altares al monje‑cardenal que añade su nombre a una lista de santos obispos de la sede ambrosiana.

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    7. 1. Hablamos de otra época, cuando los prelados tenían una gran cultura, incluso los catalanes.

      2. El caso de Torra y el silencio de los consagrados (¿ni un manifiesto? ¡oh!) es la típica de pleitesía cobarde con el poder constituido: alguien que dice que los catalanes que usamos el castellano somos bestias con forma humana, con baches en el ADN, y carroñeros, víboras y hienas, no merece ninguna legitimidad moral. ¿Las ha retirado y pedido perdón públicamente?.


      https://www.elespanol.com/opinion/editoriales/20180514/torra-rajoy-bestias-forma-humana/307359263_14.html

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    8. ¿Venderse al nazi? ¿correr a felicitarle? ¿fieras, es decir, animales, con figura humana? ¿De verdad? A eso se le llama rematar la faena.

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    9. Hoy toca su Eminencia Schuster. Ha habido y hay tantos que se le parecen!

      Otra contra el MHTorra. ¿No sería más prudente utilizar el original como base de discusión que limitarse a comentaristas de segunda mano?

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    10. Primero estuvo en el Barça y luego en el R. Madrid

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    11. El cardenal Schuster, de Milán, proclamó la expansión fascista en África como "una guerra santa".

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    12. Muy agudo el Sr.Anónimo 13/44.

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  2. Total y absolutamente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.

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  3. "ahora Cáceres. A eso se le llama rematar la faena. ¡Qué obsesión con Extremadura!"

    ¿Para ver al correligionario de su guía Jaume Pujol? Celso Morga, obispo en Extremadura.

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  4. La autodestrucción de la Iglesia Católica por el Vaticano10 de junio de 2018, 21:46

    El Omella-Cardenal puede leer este artículo de Elvira Roca Barea sobre la autodestrucción de la Iglesia:

    https://www.libertaddigital.com/cultura/libros/2018-06-10/elvira-roca-la-iglesia-catolica-camina-hacia-su-propia-destruccion-1276620100/

    Se repasa las terribles biografías de estos sangrientos y criminales Lutero y Enrique VIII. Iría bien que Omella-Cardenal le hablara del pajarraco que fue Lutero, homicida de miles y miles de campesinos, y ladrón-ladrón del 25% de los bienes raíces del Sacro Imperio: la falsa Iglesia Luterana debe a la Iglesia Católica todo el patrimonio robado y expoliado, por eso le califica como el primer revolucionario del mundo, es decir, el primer gran ladrón de propiedades, en este caso, eclesiales, por razones políticas.

    Les canta las cuarenta a los catalanistas:

    "Para el nacionalismo, Cataluña es en realidad irrelevante, podría colonizar cualquier otro territorio y actuaría exactamente igual. Es falso, no aman Cataluña, si la amaran no querrían amputarle la mitad y no habrían machacado, como han machacado, a tantos catalanes, buscarían una integración, buscarían una forma de convivir, que es lo que uno hace con las cosas que quiere: quererlas y no destrozarlas ni destruirlas."

    Sobre la alegre autodestrucción de la Iglesia que emprende Francisco I:

    --- LD: Acaba de decir el papa Francisco que "una iglesia masculina tristemente se convierte en una iglesia de solterones". Situación a la que Lutero puso remedio.

    --- E.R.B.: Sí, bueno, la Iglesia católica camina, según veo yo, hacia su propia destrucción. Cuesta abajo y sin freno, encantada de destruirse...

    Le podría Omella pedir a Francisco sobre tres cuestiones:

    - sobre si retirará la entronización de Lutero y su calificación como testigo del Evangelio

    - sobre si contestará a las Dubia sobre la comunión y absolución de los adúlteros

    - sobre si contestará a las Dubia sobre la comunión de los luteranos casados con católicos

    Venga, Omella-Cardenal, su "cardenal" tiene el color que tiene por la cuestión del martirio en bien de la fe católica. La Iglesia tiene la por primera y fundamental función la santificación y salvación de las almas, es la Iglesia de los pecadores, no el ser una especie de ONG para salvar a las vacas sagradas de la India...

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  5. La sabiduría de los abuelos10 de junio de 2018, 21:49

    Sinodalidad, colegialidad, misericordia, periferias... como dijeron nuestros antepasados:

    "Dime de que presumes y te diré de qué careces".

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  6. "Eran auténticos pastores de sus diócesis: no las conocían de pasada. Ni se conformaron con conocer a sus curas siguiendo el cliché puesto a su alcance por el funcionario curial de turno. Los escuchaban detenidamente: sabían de sus inquietudes y problemas."

    En nuestra parroquia, todavía hemos de ver a Sistach y Omella en visita pastoral, para hablar con nosotros...

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  7. Dedico esta frase del cardenal Schuster, monje benedictino y abad, al abad de Montserrat: “La santidad no está en las oraciones ni en la penitencia, sino en el amor”. Puede ser, le sea útil en la reflexión.

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  8. Esta muy bien hablar del cardenal Schuster, pero aquí y ahora tenemos al Cardenal Omella y la realidad es muy distinta.

    Por cierto estamos en junio y los nombramientos siguen sin salir publicados. Y haber que saldra porqué los rumores de cumplirse en algunos cargos y personas no son nada esperanzadores.

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  9. Amor, verdad y justicia11 de junio de 2018, 10:02

    Amor, verdad y justicia. Amor y mentira, o amor sin justicia, esto es antievangélico. Las tres, de la mano.

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  10. Por ahora Omella se ha ganado la antipatía de tres cuartas partes del clero de Barcelona en los dos años y medio que lleva aqui, por muchos motivos, por no hablar con ellos, por hacerse clichés de lo que le han dicho en la curia de cada uno de los mossens, de visitar las parroquias pero no hablar de tu a tu con el mosen; ya tenia el cliche antes de ir, de no conocer de cerca la vida de su clero, de ver que el clero está muy desanimado con la actitud prepotente y de no importarle nada la vida de la diócesis.Solo unos cuantos de los que tiene nombrados y su camarilla están de acuerdo, porque así manejaran la barca, el resto, le importa un bledo, y para prueba un botón, por lo que ha hecho con la lista de mossen que pidió, Nada de Nada,dos años y medio para escoger gobierno y asi todo.Además es un hombre de poco gobierno, flojito,toda persona floja en gobierno utiliza el poder para derrocar e ir en contra de aquellos que debería defender si fuera inteligente, así son las personas de gobierno flojos. Por eso mucho me temo que la otra parte de clero que esta contenta con El, quedara desencantada pronto.Tiempo al Tiempo.Señor que buen Vasallo si hubiera buen señore.
    Al resto tengamos paciencia que quedan dos años y medio de Omella, sigamos trabajando por el Señor, no por el Omella, al fin y al cabo esa indiferencia que el tiene hacia su clero, esperamos que no se nos contagie a los mossens ya que el marchará, pero la diócesis queda aquí.Los nombramientos salen esta semana,ya veréis que tendremos tiempo de escribir.mientras tanto recemos para que el Señor nos ayude a tener paciencia , porque si de marginación se tarta , aquí hay mucha y a fardos con el clero de Barcelona.

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  11. Chiripitiflautico es Don José, es lo qué hay, no hay MÁS!!!

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  12. La fugada Ponsati dice que jugaban de FAROL al poquer. Que poca vergüenza tiene esa gentuza!

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  13. El Cardenal Arzobispo de Milán, el Cardenal Schuster, fue más lejos e hizo todo lo que pudo para conferir a la Guerra Abisinia la naturaleza de una santa cruzada. "La bandera italiana (fascista)", dijo, "actualmente está llevando en triunfo la Cruz de Cristo a Etiopía, para liberar el camino para la emancipación de los esclavos, abriéndolo al
    mismo tiempo para nuestra propaganda misionera." (T. L. Gardini, Towards the New Italy).

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    1. Pues no dice mucho de Schuster, esto de la guerra de Abisinia. Una guerra colonial, puro capricho de Mussolini. Badoglio y Graziani usaron gases tóxicos, ya prohibidos por la convención de Ginebra, para liquidar a los pobres soldados del Negus. Bendita cruzada sería.

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  14. Para mejor comprender el alcance de su obra, valgan a título general estos breves datos, extraídos de la
    Introducción a Il card. Ildefonso Schuster maestro, pastore e padre (Collana di Spiritualità e Liturgia, NED),
    Milán 1976, p. 6: «Estas cartas revelan, más que ningún otro documento, los rasgos y el método de Schuster:
    la firmeza y la oportunidad; su cortesía atenta y afectuosa; sus hábitos austeros; sus gestos espirituales; la
    entrega total al ministerio episcopal, siempre sostenida por una visión de fe única e impresionante: aquella fe
    que supo atraer y sugestionar al clero y al pueblo, el cual veía en él a un sorprendente hombre de Dios».
    27 El cardenal cuidó de manera particular de educar y formar al clero milanés con arreglo a líneas bien precisas,
    escuela en la que creció Don Luigi Monza. Más precisamente, el principio fundamental que cimentaba la
    pastoral del clero era la santidad, a la cual exhortaba Schuster constantemente. El sacerdote debía ser un
    santo y debía caminar incansablemente hacia la meta de la santidad, concepto que era remachado una y otra
    vez en las exhortaciones, alocuciones, durante los sínodos, y también en las cartas pastorales.
    El cardenal Schuster mantuvo frecuentes contactos con los sacerdotes mismos, visitas pastorales
    aparte, concediendo numerosas audiencias y a través de un rico intercambio epistolar. De éste se puede
    destacar una serie de temas que se repiten:
    - la constante llamada a los sobrenatural, a la palabra de Dios actualizada;
    - la invitación urgente a dedicarse al servicio divino entendido como noble misión;
    - la veneración de los santos, sobre todo los mártires;
    - la atención para con los sacerdotes pobres, en el sentido más amplio de la palabra;
    - la firmeza en la denuncia de situaciones deplorables;
    - las recomendaciones en cuanto al decoro de la casa del Señor, las funciones litúrgicas, el canto sagrado.
    intensa, estuvo siempre empapada de un fuerte sentido de trascendencia e inspirada por
    una profunda vida de piedad. Persona de gran talla espiritual y cultural, el cardenal gobernó
    la diócesis con dedicación y eficacia, dándose maña para mantener una constante
    presencia en la vida parroquial y entre los fieles.

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  15. El Cardenal Schuster NUNCA JAMAS se hubiese adherido al Concilio Vaticano II,Marcel Lefevre fue " su,digamos, AVATAR.

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