¿Le quedan pocos días a Solsona como diócesis en solitario?

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Barcelona (y por extensión toda Cataluña) es un hervidero de rumores ante la reordenación episcopal que parece que se desencadenará con la demorada aceptación de la renuncia por edad del cardenal Omella. Como les decía la semana pasada, las fuentes están muy secas y todo el mundo habla de oídas. Sin embargo, hay un movimiento que parece más que probable: el traslado del obispo de Solsona, Francesc Conesa. Vaya a Barcelona o a Mallorca, este prelado abandonará la pequeña demarcación a la que llegó para curar las heridas producidas por el escándalo Novell. Curación que, ciertamente, se puede dar por conseguida.

La incógnita es qué sucederá después con Solsona. Todo parece conducir a que la vacante no se cubriría y se uniría in persona episcopi con el residencial de otra diócesis. ¿Con cuál? ¿Con Lérida, después del trauma con Barbastro? ¿Con Urgel, con todo lo que rodea al coprincipado? La alternativa más coherente sería Vic. No solo por continuidad histórica, sino también por proximidad territorial. Casi la mitad del territorio de Solsona se halla dentro de los límites de la provincia de Barcelona. Una diócesis central que se convirtiera en un contrapeso a las poderosas demarcaciones de Barcelona, Tarragona y Gerona.


Pero aquí nos encontramos con que el obispo Casanova no está por la labor y ya descartó esa posibilidad cuando fue nombrado administrador apostólico de Solsona, tras el enamoramiento de Novell. Por el contrario, el obispo Daniel Palau -eclesiástico ambicioso- suspira con extender los raquíticos límites del obispado ilerdense. Francamente, quedaría una geometría diocesana totalmente irregular y alejada de la homogeneidad que ofrecería una unión Vic- Solsona. Pero, aun así, es lo más probable que suceda.

Solsona puede tener los días contados. Con sus 120.000 almas es la diócesis con menos habitantes de Cataluña y, con sus 56 sacerdotes, la que menos clérigos posee. A excepción de las de Terrassa y Sant Feliu es la diócesis más moderna de Cataluña. Fue erigida en el año 1593, bajo el reinado de Felipe II, con la intención de crear, cerca de la frontera, una serie de diócesis que sirvieran de barrera contra la penetración de los hugonotes. Contemporáneas de Solsona son las diócesis de Jaca y Barbastro, así como la incorporación de Elna a la provincia eclesiástica de Tarragona.

Poco después, entre 1644 y 1655, Solsona estuvo ocupada por Francia, sin que ningún obispo pudiera tomar posesión de la sede. La sucesión episcopal se reanudó en 1656 y continuó ininterrumpidamente hasta 1838. El Concordato de 1851 suprimió la diócesis, pasando la catedral a la categoría de colegiata y su territorio quedó integrado en la diócesis de Vic. En 1895, la reina María Cristina decretó la creación de una administración apostólica de Solsona independiente de la de Vic. Entre sus administradores apostólicos, estuvo Monseñor Vidal i Barraquer entre 1913 y 1919. En 1933, el Papa Pio XI restauró mediante bula la sede episcopal de Solsona, siendo reconocida por el gobierno de Franco en 1945, designándose a Monseñor Tarancón como obispo.

Es decir, la continuidad del obispado ha estado en cuestión en múltiples ocasiones. La diócesis llegó a estar suprimida y fue regida por administradores apostólicos durante décadas. Nunca fue una sede preeminente, hasta el punto de que se cuenta que cuando el obispo Bascuñana sucedió a Tarancón, proveniente aquel de Ciudad Rodrigo, su hermana, que vivía con él, se enojó porque en Solsona no podrían departir ni con un gobernador civil ni con un gobernador militar.

Solo existen en España nueve diócesis más pequeñas que Solsona: Ibiza, Barbastro-Monzón, Teruel-Albarracín, Tarazona, Osma.Soria, Huesca, Jaca, Menorca y Ciudad Rodrigo y tanto Jaca como Ciudad Rodrigo ya fueron unidas in persona episcopi a Huesca y Salamanca. En Italia, donde existe un gran número de demarcaciones episcopales, en los últimos años ha sido muy habitual unir dos o tres de ellas bajo la autoridad de un solo prelado.


La salida de Conesa es el único vaticinio que parece que va a cumplirse con seguridad en este salseo de rumores. Los demás siguen envueltos en una auténtica nebulosa. Muchos continúan dando por seguro que la semana próxima se anunciarán los nombramientos e insisten en señalar al obispo de Gerona. Mientras tanto, este va diciendo a quien quiere oírle que él no sabe nada de nada. Puede que sea cierto, aunque resultaría extraño que, a estas alturas, no hubiera recibido ninguna comunicación. O puede que lo cierto es que a él no le nombran. No creo que mienta. 

Y, por si fuera poco, el cardenal Cobo comparece en la tribuna Joan Carrera y, tras soltar una chapa sobre la sinodalidad, anuncia que Barcelona tendrá un obispo magnífico y que cuenta con unos auxiliares muy buenos. Para qué quién tenga oídos, oiga.

Eso sí, para demostrar qué quién manda ahora en la Iglesia en España es él, logra que le designen dos obispos auxiliares con antelación a que se provean cuatro diócesis vacantes y seis obispos que han presentado la renuncia. Entre ellos uno que va a cumplir 80 años y seis meses y otros dos cerca de los 79. Las prisas solo son para algunos.
 
Oriol Trillas 

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