LA MISA ROMANA (15): Ceremonias antes de la Plegaria Eucarística

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Incensación de inicio

Una vez dispuestas las materias sacrificiales sobre el altar, todavía se intercalan varias ceremonias que hacen de puente entre el ofertorio y la solemne oración eucarística. Dos de ellas tienen carácter de preparación privada, el lavatorio y el “Orate fratres”, en cambio la incensación ofrece características distintas. El sitio que ocupan actualmente no es el primitivo, quiero decir, que no refleja el orden en que se han ido agregando al ofertorio. Aún a pesar de eso, las explicaré por el orden en el que actualmente se encuentran.
 
1º La incensación

Incensacion de las ofrendas
 
Esta incensación entre el ofertorio y la plegaria eucarística es más antigua que la del principio de la misa. La menciona Amalario en el siglo IX. Por estar más cerca del centro del canon, reviste mayor solemnidad. Poseyó en un principio el carácter de ceremonia inaugural de la Plegaria Eucarística, por eso estuvo al final del ofertorio incensando únicamente el altar y casi iniciando ya la solemne oración eucarística. A partir del siglo XI se le fue añadiendo la de las ofrendas con las oraciones anexas, que no existen en la incensación del inicio de la celebración: la de la bendición del incienso invocando al arcángel San Miguel y la oración propiamente durante la incensación: “Incensum istud” seguida de versículos del salmo 140 y la oración “Accendat in nobis” (Encienda en nosotros) al devolver el incensario al diácono.

El rito de incensación de ofrendas compuesto por cruces y círculos (misal del 62) nos dice que es una ceremonia de bendición, su mutación en el Novus Ordo del 69 por 3 “ductus” abiertos de un “ictus” cada uno (como con los que el turiferario inciensa al pueblo- tres movimientos de un golpe) reforzaría la idea de ofrecimiento del incienso como sacrificio menoscabando la unicidad del sacrificio eucarístico. Si la incensación es una bendición, es una bendición; si no lo es y es un sacrificio en sí, como los prescritos en el Levítico, es un sacrificio en sí. Yo en cambio apuesto, vista la idea primitiva de incensar el altar rodeándolo completamente ( la “Sacrosanctum Concilium” y el Ordenamiento General del Misal Romano del 69, justamente lo que pide no es que los altares dejen de estar orientados “ad orientem” sino que no estén pegados a la pared para que se les pueda rodear en esta incensación) por la idea de que se trata de una señal de veneración y de segregación de los objetos y las materias con el humo sagrado significando que se separan del uso profano bañándolos en un ambiente sobrenatural. Muchos autores, entre ellos Jungmann y Baumann lo hacen. Pero no se deben eliminar los ductus con sus ictus (cada uno de los movimientos con sus golpes) en el proceso de incensación como algunos liturgistas arqueologistas quieren enseñar, especialmente de escuela germánica, y que lentamente rodean el altar con un incensario inmóvil y un ritmo hierático.

Acabadas las incensaciones de ofrendas y del altar comienzan las incensaciones de personas: celebrante, ministros, clero presente y fieles. Aquí la incensación cobra un nuevo significado: la participación en la virtud santificadora de las ofrendas y del altar, de todos los bautizados.

2º El lavatorio de manos


A la incensación sigue el lavatorio de manos, puesto aquí por una razón eminentemente práctica: tener limpias las manos al tocar las especies sagradas. Pero hay otro motivo trascendente: la pureza del alma, expresando con la ablución, por otra parte su frágil condición personal e indignidad para ofrecer el sacrificio y por otra, el ansia y afán de pureza interior. Esta significación simbólica está contenida en las oraciones que desde el periodo franco acompañan el lavatorio, generalmente los versículos 6 y 7 del salmo 25 (Lavabo) y finalmente para llenar el tiempo se añadieron más versículos con el “gloriapatri” final. En la Edad Media, se añadían incluso “kyries” y el padrenuestro en silencio. En el Novus Ordo del 69 se ha reemplazado por el versículo 2 del salmo 50: “Lava me Domine, ab iniquitate mea et a peccato meo munda me” (Lávame Señor de mi pecado, purifícame de mi delito”).

Quiero recordar que esa insistencia en las abluciones antes del sacrificio queda demostrada por el lavatorio antes de revestirse y que, aunque actualmente tiene lugar en la sacristía posee un carácter ritual, más si cabe cuando el obispo se reviste para Pontifical, acompañado de oración.

Una significación distinta tiene el lavatorio en la misa etiópica, en la que el celebrante en vez de sacarse las manos, se vuelva hacia el pueblo, y amenazando con la ira de Dios a los que se atrevan a comulgar indignamente, sacude el agua adherida a los dedos contra el pueblo. Curioso y digno de ser recordado.

3º El “Orate fratres” (Orad hermanos)

Orate frates y Suscipiat

Se trata de un rito personal del celebrante y que encontramos invariablemente en todos los ordinarios de la misa a partir de la época carolingia (siglo IX). Al principio no se apuntaba ninguna fórmula de contestación, señal evidente que se trataba de un ruego que el celebrante dirigía a los asistentes para que le acompañasen con sus oraciones particulares, mientras él, en calidad de pontífice, entraba solo en el “sancta sanctorum” (centro) de la plegaria eucarística. Es interesante observar como en estas palabras se refleja el modo de considerar la función sacerdotal del ministro que se separa del pueblo para acercarse él solo a Dios. La oración es una prueba evidente de dos sacrificios distintos uno del otro y de dos sacerdocios ontológicamente diversos, el del ministro y el del común de los fieles bautizados.
 
Final del Orate fratres

El “Consilium” para la reforma litúrgica (Benno Gut, Annibal Bugnini y sus seguidores) que defendían la doctrina de un único sacerdocio, el de Cristo con diversos “grados” de participación, como lo hace en público hoy en día su discípulo Piero Marini, planeó la abolición del “Orate Fratres”.

Finalmente Pablo VI tuvo escrúpulos y no firmó la abolición por ello la encontramos tal cual en la 1ª edición el Novus Ordo del 69, sin que haya sufrido ninguna modificación, aunque en las dos ediciones típicas últimas puede ser sustituida “ad libitum” por otras.

Como curiosidad añadir que en algunos misales del norte de Europa se encuentra la fórmula “Orate fratres et sórores”: orad hermanos y hermanas. Parece que esta costumbre no se limitaba sólo a los conventos de monjas.

Después de pronunciar estas palabras, cuando se celebra “ad orientem”, el celebrante no se vuelve al altar por el mismo lado, sino que da la vuelta entera (en sentido de las agujas del reloj) probablemente porque tenía que dirigirse al libro, que entonces se encontraba algo más retirado del centro que en la actualidad.

Finalmente repetir que en los siglos VII-IX no existía ninguna fórmula de contestación. Se insinuaban algunos modos de contestar con versículos del salmo 19 o las palabras del ángel a la Virgen: “El Espíritu Santo descienda sobre ti y la virtud del Altísimo te cubra con su sombra”. Nuestra fórmula actual, el “Suscipiat” (El Señor reciba de tus manos) la encontramos en Italia en el siglo XI, donde más tarde se impuso como única. En un primer tiempo se rezaba en silencio, más tarde se obligó a decirla en voz alta a los clérigos presentes en el coro. Finalmente a los fieles.

Sea como sea, el significado de toda ella es rogar a los fieles que supliquen a Dios por el sacerdote para que pueda presentarse dignamente ante la majestad del Padre y ofrecerle en nombre de la Iglesia el sacrificio de su Unigénito Hijo.

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet 

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8 comentarios

  1. No sé por qué no habláis del obispo de Gerona, que va ciertamente a Barcelona. Es una persona humilde, amable, culta, tratará, bien a los sacerdotes, sabe celebrar y conoce la liturgia, y es recto. Nos hará olvidar los caprichos y despotismos anteriores, los chascarrillos, la doble vara de medir en todo, la incapacidad de discernimiento. Es verdad que su nombramiento estará relacionado con el último arzobispo de Barcelona, esto es una sombra que el de Gerona no ha proyectado por su voluntad. Es un nombramiento de Luis XIV, está bien, pero arrastra aun un peso del pasado. Este peso se llama Omella. Moveos todos, porque si el buen cisterciense no cambia la curia y el tal Bueno (por decir algo) se lo comerán vivo.

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  2. La Liturgia es una "evolución" dentro del orbe cristiano, no una "creación", ésta, la Creación, era original cuando los apóstoles empezaban, luego con los siglos llego el Celibato e idem idem. Como decía Gaudí el santo, la verdadera originalidad es volver al origen. Con el Diluvio que no falte de quienes papas y obispos no hablan, ¡¡¡ale!!.

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  3. ¿Por qué no habláis de cómo Omella ha dejado la diócesis de Barcelona? ¿No conocéis cómo hablan, sacerdotes de Barcelona, obispos de toda España, seglares de todas partes, del legado que ha dejado Omella?¿Por qué no lo analizáis negro sobre blanco?

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  4. La Sodoma de la que los "santos" papas no dicen ni pío. https://www.facebook.com/photo?fbid=122156227245110662&set=a.122101929069110662

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  5. Estoy sobre ascuas por que llegue el momento de la Plegaria Eucarística PURA, la que ahora llaman número 1.

    Es la AUTÉNTICA, la de SIEMPRE.

    Nunca entenderé porque pusieron innumerables plegarias, hasta para niños 🚸🚸🚸.

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    1. Todo a su tiempo: por lo menos llegará en la próxima Iglesia regenerada. Sin duda.
      MT

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  6. Muchas gracias por «La Misa Romana (15): Ceremonias antes de la Plegaria Eucarística», publicado en Germinans Germinabit.
    Quiero expresarle mi más sincero agradecimiento por la profundidad, el rigor histórico y la unción con la que trata la sagrada liturgia en cada una de sus entregas. Su esfuerzo por rescatar la genealogía de ritos tan cruciales como la incensación, el lavatorio y el Orate fratres es una verdadera labor de catequesis que nos ayuda a ir mucho más allá de las rúbricas externas.
    En un tiempo donde la liturgia a veces se banaliza o se despoja de su misterio, artículos como el suyo nos enseñan a amar, comprender y vivir con temor reverente cada uno de los actos que se realizan en el altar. Nos ayuda a redescubrir que cada gesto —ya sea un ductus de incienso, una ablución o el giro del sacerdote en el Orate fratres— custodia una verdad teológica profunda y es un puente hacia lo sobrenatural.
    Gracias por su paciencia pedagógica, por su valentía al clarificar conceptos teológicos esenciales (como la distinción ontológica del sacerdocio en el Orate fratres) y por contagiarnos ese amor por la tradición litúrgica de la Iglesia.
    Le aseguro mis oraciones por su ministerio en la Parroquia del Fondo de Santa Coloma de Gramenet y quedo a la espera de sus próximas entregas.
    Con filial afecto en Cristo,

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  7. Qué buen análisis litúrgico e histórico ofrece este texto de Mn. Francesc M. Espinar Comas! Para un amante de la liturgia romana, este tipo de artículos son verdaderos tesoros por cómo desmenuzan el origen y el significado místico de gestos que a veces vemos de forma mecánica los domingos.

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