Las materias sacrificiales y su colocación
En todas las liturgias se conoce la tendencia a convertir en ceremonia lo que en sí es simple acción exterior necesaria para el desarrollo del rito. En las liturgias orientales esa tendencia ha convertido el simple traslado de las materias sacrificiales en solemne procesión llamada Entrada Mayor. En la liturgia romana esa tendencia se manifiesta en el acto de depositar las materias sacrificiales encima del altar.
A veces, incluso la misma elaboración del pan se ha convertido en ceremonia. Los sirios occidentales tienen un rito especial compuesto de dos partes para la preparación de la masa y la cocción, acciones acompañadas de salmos. Los abisinios ponen junto al templo una dependencia llamada “bet-lejem” (casa del pan-Betlehem) donde trasladan al principio de la misa las ofrendas del altar. Desde luego en todas las liturgias orientales esta vedado a las mujeres cocer el pan y ni siquiera son admitidos para este trabajo los seglares.
Parecidos ritos se conocieron en Occidente durante la Edad Media. En el convento alemán de Hirsau en el siglo XI el trigo tenía que ser escogido grano por grano, el molino debía limpiarse con esmero y cubrirlo con cortinas blancas. El monje encargado de la molienda vestía alba y amito. Del mismo modo vestían los cuatro monjes que preparaban la masa y la cocían. Durante este trabajo guardaban silencio para que el aliento de sus bocas no tocase el pan. En otros conventos solían cantar salmos durante este proceso. Acto tan solemne, sin embargo, se repetía solo unas pocas veces al año. Entre el clero secular de la Edad Media existían semejantes costumbres. Actualmente suelen ser las monjas de clausura, en España tradicionalmente las clarisas, las encargadas de estos trabajos.
Formas y clases de pan
En los primeros siglos el pan usado para la consagración era pan ordinario, que se procuraba fuera de la mejor clase que hubiera. Pan, muy fino, que tenía forma de rosca del tamaño de una mano. Eran las famosas “coronae” de las que habla San Gregorio. No se empleaban recientes sino que esperaban hasta que estuvieran bien secos. Y así se introdujo la costumbre de cocer un pan especial, redondo y partido por una cisura en forma de cruz, con un sello (lo más frecuente era la XP entrelazada -el crismón- del nombre griego de Cristo). En la liturgia griega, la hostia destinada al celebrante era rectangular y en sus cuatro secciones, divididas por la cisura, se leían las palabras “Jesucristo, vence” (JC CP NI KA)
Todas estas clases de panes eran panes con levadura. Las primeras noticias del uso de pan ázimo son del siglo IX y aparecen en España y Francia basadas en la voluntad de adecuarse a lo que debió ser la cena pascual. Influiría también la sentencia paulina “…echad fuera la vieja levadura” (I Cor. 5,7) entendiendo que la levadura fomenta la corrupción.
Sea como fuere, el pan ázimo no se impuso como norma hasta el siglo XI, época en que triunfó en Roma. Los griegos rechazaron esa innovación y esa cuestión fue esgrimida entre las razones del cisma. Pero es una inexactitud pensar que en Oriente no se usó nunca pan ázimo ya que los armenios, desde que se hicieron monofisitas, así como no mezclaban agua en el vino tampoco levadura en el pan, por considerar ambos gestos símbolos de la naturaleza humana. En el siglo XV el concilio de Florencia declaró que la eucaristía se podía celebrar igualmente con pan ázimo o fermentado con tal que fuera pan de trigo.
El pan ázimo se impuso sin duda porque al ser pan más blanco parecía más una materia espiritualizada pero también por facilitar su manejo. Pronto se cayó pues en la cuenta de que era más práctico y más reverente llevar preparadas de antemano las partículas. En el siglo XI ya tenemos constancia de las actuales formas “in modum denarii” (a manera de monedas). Como consecuencia de estos cambios se redujo el tamaño de las patenas que, provistas de un pie habían alcanzado los 60 cm de diámetro, con un peso de nueve kilos. Es la época en la que comienzan las “píxides” que con el tiempo se convertirán en nuestros copones actuales. Desde la reforma del 69 ha vuelto la tendencia hacia las píxides aunque desgraciadamente y en contra de las prescripciones han proliferado indignas canastillas de mimbre y paja recubiertas de servilletas o bandejas de cerámica del todo inapropiadas…
El vino
Menos cambios hay que registrar en el uso del vino. En Oriente se prefería generalmente el vino tinto por distinguirse mejor del agua y ser más semejante su color al de la sangre. Pero desde que se impuso el uso del purificador, a partir del siglo XVI, prefieren más bien vino blanco por más limpio. En España e Italia siempre hemos preferido un excelente vino dulce de uva base moscatel o vino de uva pasa, lo que en Italia se llama “vino appassito d´altare”. Ese procedimiento de elaboración se extendió a las regiones donde se hacía difícil conseguir vino, como en Etiopía, donde se procuraban uvas pasas que se mojaban hasta quedar bien empapadas, para luego exprimirlas en el lagar.
La deposición o colocación de ofrendas encima del altar
Veamos ahora cómo las acciones preparatorias sobre las materias, su traslado al altar y su colocación encima de él, dieron lugar a las diversas ceremonias en distintas liturgias.
El traslado de los dones al altar, que en nuestra liturgia romana nunca llegó a hacerse con ceremonia especial, en la liturgia bizantina sustituye prácticamente a nuestro ofertorio. Veamos cómo es esta preparación del pan y del vino encima de la mesa con las oraciones que la acompañan:
1º De las ofrendas que los fieles han depositado antes de la misa en una dependencia junto al templo, se preparan las hostias que hay que consagrar en una mesita especial llamada “prótesis”. Esta preparación llamada “proscomidia” exige 5 panes de los que se recortan determinadas partículas.
2º Del primer pan se separa la forma rectangular del celebrante llamada “cordero”, del segundo, una partícula en honor de la Virgen, del tercero nueve partículas para honrar la memoria de los santos, del cuarto un número indeterminado para encomendar a diversas personas y del quinto, finalmente, otra cantidad para recordar a los difuntos. A estas dos últimas series podían contribuir libremente los fieles.
3º Todas estas partículas se ordenan encima de una patena llamada “diskos”, que se traslada en solemne procesión al altar entrando en el presbiterio por la puerta principal del iconostasio. En Egipto se hace una procesión que da la vuelta al altar.
En la primitiva liturgia hispanovisigótica (mozárabe) se ordenaban sobre el mismo altar las partículas en forma de una o varias cruces, detallando San Ildefonso de Toledo en el año 845 cómo hacerlo. En la actual, después de la fracción, o sea inmediatamente antes de la comunión, se ordenan las partículas en forma de cruz para expresar el recuerdo de la pasión, resurrección, ascensión, y demás misterios de la glorificación.
Conviene explicar estos particulares para ilustrar con ellos ciertos detalles de nuestra liturgia romana, explicándonos mejor algunos aspectos secundarios del ofertorio.
En el culto estacional de la liturgia romana, el altar era una simple mesa pequeña, y sólo al final de la liturgia de la Palabra empezaban a prepararla. Hasta ese momento el altar estaba cubierto con un tapete de color (del que se derivó más tarde el antipendio o frontal). Inmediatamente antes de la misa sacrificial el diácono llevaba en una bolsa un mantel blanco, plegado y metido dentro. Es el corporal de entonces, que cubría casi todo el altar, como fue costumbre en las misas papales hasta hace poco. Huellas de esa costumbre permanecieron en la misa solemne hasta la reforma del 69 cuando el diácono durante el Credo llevaba los corporales al altar. La “palla corporalis” que así se llamaba el mantel, conservó aún más tarde, cuando era mucho más pequeña, un pliegue que permitía doblarla de tal modo que con su parte posterior se pudiera cubrir durante la misa el cáliz y la forma. En la baja Edad Media se separa esta parte del corporal para formar con ella la “palla” o palia, mientras que el trozo principal se convirtió en nuestro corporal.
Una vez preparado el altar se colocaban sobre él el pan y el vino, cosa que en el culto estacional pertenecía al archidiácono que, ayudado por subdiáconos, escogía de entre las oblaciones de los fieles aquellas que formarían parte del sacrificio eucarístico, colocándolas en orden fijo sobre el altar. También preparaba el cáliz al que uno de los cantores echaba unas gotas de agua. Acabado todo esto en silencio y sin rezar formula alguna, el papa abandonaba su cátedra, iba al altar lo besaba y recibía las ofrendas de los asistentes añadiendo la suya propia, depositándolas encima del altar. Luego hacía una señal a la schola para que terminara el canto y pudiera decir en voz alta la única oración del ofertorio, la “super oblata”, que más tarde se convirtió en la “secreta” y que con la reforma del 69 volvió a su denominación originaria.
En la próxima parte, que será la última dedicada al ofertorio, veremos en particular el origen de las oraciones sea del modo extraordinario (misal del 62) como del ordinario (misal del 69) así como su razón.
Mn. Francesc M. Espinar ComasPárroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet






La preparación de las ofrendas en la liturgia bizantina: una mirada complementaria
ResponderEliminarSiempre me ha gustado la liturgia oriental. El artículo observa con acierto que, en todas las liturgias, lo que en sí es mera acción exterior tiende a convertirse en ceremonia. Pocos ejemplos lo confirman tanto como la tradición bizantina.
Lo que en Roma es un gesto sobrio de colocación sobre el altar es allí un rito completo, la proscomidia (proskomidí), cuyo conocimiento evita que el contraste con Occidente se quede en simple curiosidad.
Estas líneas no corrigen lo expuesto: lo completan. Para mayor claridad, distinguen lo que es historia, lo que hoy se practica y lo que el rito significa, en mi opinión, si hay mejora o error, se puede exponer.
Perspectiva histórica
En los primeros siglos, los fieles llevaban pan y vino, y de entre esas ofrendas se apartaba lo necesario para el sacrificio.
Aquella sencillez dio paso, con el tiempo, a una preparación propia, realizada en la mesa lateral de la prótesis y provista de oraciones y gestos fijos.
No olvidemos que en hay tres siglos de crueles persecuciones por los emperadores paganos, todo esra clandestino y en catacumbas, y el Imperio de Occidente y Oriente sólo se hacen católicos tardíamente:
313: Edicto de Milán, libertad religiosa y fin de las persecuciones y mártires
380: Edicto de Tesalónica, catolicismo como cristianismo niceno como religión imperial oficial
391–392: Teodosio I: prohibición de los cultos paganos públicos. Se prohíben los sacrificios paganos, el acceso cultual a los templos y diversas prácticas religiosas tradicionales. Aquí comienza propiamente la prohibición jurídica del paganismo como culto público con el Codex Theodosianus libro XVI, título 10, constitución 12: prohibición general del culto pagano. Este es probablemente el punto de prohibición jurídica del paganismo como práctica religiosa, y no solamente de la prohibición de determinados actos.
394: Derrota de Eugenio y desaparición de la última tentativa de restauración pagana imperial
Entre las primeras fuentes figura la Historia eclesiástica y contemplación mística, atribuida a san Germán de Constantinopla (siglo VIII), aunque en la forma en que la conocemos parece posterior.
Los testimonios se multiplican durante la Edad Media bizantina, y la interpretación simbólica se consolida con Nicolás Cabasilas (siglo XIV) y Simeón de Tesalónica (siglo XV).
La ordenación minuciosa de las partículas y la lectura alegórica de cada gesto son, pues, fruto de una maduración gradual, y no de una prescripción única y primitiva: es un ejemplo de Tradición Orgánica que el Novus Ordo revolucionó del todo.
Otro tanto cabe decir de los cinco panes: la tradición los pone en relación con la multiplicación evangélica (Mt 14,17-21), pero ese sentido es el que les dan los comentaristas medievales y no debe proyectarse sobre los primeros siglos.
La práctica vigente
ResponderEliminarLa proscomidia (gr. proskomide, προσκομιδή: «ofrenda, acto de presentar»; de prós, «hacia», y komízō, «llevar, cuidar») se celebra «antes» de la liturgia (gr. leitourgía, «servicio público, obra del pueblo»; de laós, «pueblo», y érgon, «obra») de la Palabra, en la «prótesis» (gr. próthesis, πρόθεσις: «colocación delante, exposición»; de pró, «delante», y thésis, «acción de poner»), junto al altar y en buena parte oculta a los fieles por el «iconostasio» (gr. eikonostásion, εἰκονοστάσιον: «lugar donde se colocan las imágenes»; de eikon, «imagen», y stásis, «posición, estar de pie»).
Es la que siguen, con variantes menores, las Iglesias (gr. ekklēsía, «asamblea convocada») orientales católicas de tradición bizantina (la ucraniana, la melquita [del siríaco *malkāyā*, «real, imperial»], la rumana y otras) y las ortodoxas (gr. orthódoxos: «de recta opinión o de recta gloria»; de orthós, «recto», y dóxa, «opinión, gloria»).
De la primera prosfora (gr. prosphorá, προσφορά: «ofrenda»; de prosphérō, «llevar hacia, ofrecer»), por el sello «IC XC NI KA» (Jesucristo vence; abreviatura de Iēsoûs Christòs nikâ, Ἰησοῦς Χριστὸς νικᾷ, donde nikâ es «vence» y Christós, «ungido»), aclamación que el artículo menciona a propósito de la hostia del celebrante, el sacerdote recorta con una pequeña lanza litúrgica (lonché, λόγχη: «lanza, punta de lanza») un bloque de forma cuadrangular: el Cordero (Amnós, ἀμνός: «cordero»). Por la red hay fotos para verlo, es gracioso, parece un belén.
Mientras lo hace recita el pasaje del Siervo doliente (Is 53,7-8), según la versión de los Setenta (la Septuaginta, traducción griega del Antiguo Testamento, así llamada por los setenta traductores de la tradición). Los cortes perimetrales acompañan sucesivamente las frases
«como oveja fue llevado al matadero»
«y como cordero mudo ante el que lo trasquila»
«en su humillación fue quitado su juicio»
«su generación, ¿quién la contará?».
Al levantar el Cordero se añade:
«porque su vida es quitada de la tierra».
Se lo vuelve después, se le practica una incisión en cruz en la base y se dice:
«Inmolado es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, por la vida y la salvación del mundo».
Devuelto a su posición, el celebrante le perfora el costado derecho con la lanza y proclama Jn 19,34:
«Uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua».
En ese momento se vierten en el cáliz (gr. kýlix, κύλιξ: «copa») el vino y el agua.
El artículo enumera las partículas; interesa añadir cómo se disponen, pues su colocación no es casual.
En torno al Cordero, situado en el centro del diskos (gr. dískos, δίσκος: «disco, plato»; de dikeîn, «lanzar»; es la patena bizantina), se ordenan las demás.
A su derecha, la de la Madre de Dios, con el versículo del Salmo 44,10:
«a tu derecha está la reina».
A su izquierda, 9, en 3 filas, que representan a los santos por rangos:
a) los ángeles (gr. ángelos, «mensajero»);
b) el Precursor (gr. Pródromos, «el que corre delante») y los profetas (gr. prophetes, «el que habla en nombre de otro»; de pró, «en lugar de, delante», y phēmí, «decir»);
c) los apóstoles (gr. apóstolos, «enviado»; de apó, «desde», y stéllō, «enviar»);
d) los jerarcas (gr. hierárchēs, «jefe de lo sagrado»; de hierós, «sagrado», y árchō, «mandar, presidir»);
e) los mártires (gr. mártys, «testigo»);
f) los monjes (gr. monachós, «solitario»; de mónos, «solo»);
g) los médicos anárgiros (gr. anárgyroi, «sin plata»: los que curaban sin cobrar; de an-, privativo, y árgyros, «plata»);
h) Joaquín y Ana, abuelos del Señor,
i) con el santo del día;
j) y el autor de la anáfora (gr. anaphorá, ἀναφορά: «elevación, ofrenda»; de aná, «hacia arriba», y phérō, «llevar») que se va a celebrar, san Juan Crisóstomo (gr. Chrysóstomos, «boca de oro»; de chrysós, «oro», y stóma, «boca») o san Basilio,
k) existen pequeñas variantes locales
Bajo el Cordero se colocan las partículas por los vivos y por los difuntos. Sobre el diskos se pone luego la estrella (asteriskos; gr. asterískos, ἀστερίσκος: «estrellita»; diminutivo de astḗr, «estrella»), y patena (del gr. patánē, «plato») y cáliz se cubren con velos.
ResponderEliminarEn cuanto al número de panes, la práctica eslava conserva las cinco prosforas; la griega emplea con frecuencia una sola, de mayor tamaño, o un número menor. El cinco es, por tanto, una tradición venerable y no una condición absoluta del rito.
Lo que la prótesis recogía en silencio se manifiesta en la Gran Entrada (gr. Megálē Eísodos, Μεγάλη Εἴσοδος: «gran entrada»), cuando el celebrante lleva el diskos y el cáliz al altar, hace memoria de todos ante el Señor y la asamblea canta el himno querúbico (gr. Cheroubikón, «de los querubines»; del hebreo kerûb).
Tras la comunión de los fieles, las partículas conmemorativas se introducen en el cáliz mientras se pide al Señor:
«Lava, Señor, con tu Sangre preciosa los pecados de los aquí recordados, por las oraciones de tus santos».
Nota etimológica: proscomidia y prosfora comparten el prefijo prós- («hacia») y expresan el «llevar hacia» Dios lo que se ofrece. Prótesis nombra tanto la mesa lateral como el rito que en ella se celebra; proscomidia, el rito mismo. La etimología ilumina el sentido, pero no lo decide: manda el uso litúrgico.
El sentido teológico
Conviene precisar qué significa todo esto, porque un lector occidental podría malinterpretarlo. El rito no pretende repetir la Pasión ni dar muerte de nuevo a Cristo: es una anamnesis litúrgica, un memorial simbólico que dispone el pan a la luz de Isaías y del Evangelio de san Juan.
Tampoco el pan es todavía el Cuerpo del Señor: se le llama Cordero por anticipación. La tradición patrística, con san Juan Crisóstomo y san Agustín, vio en la sangre y el agua del costado abierto el origen de los sacramentos y de la Iglesia, y el rito lo traduce en gesto.
El sacrificio único de Cristo se hace presente en la anáfora (nuestro canon o plegaria eucarística), no en la prótesis.
De ello se sigue una distinción capital: en cuanto al pan, solo el Cordero está destinado a la consagración.
Las demás partículas no se consagran: permanecen como pan y representan a las personas conmemoradas. Con todo, el diskos ofrece una imagen visible de la Iglesia entera, reunida en torno a su Cabeza, y la inmersión final en el cáliz expresa la comunión de los santos y la eficacia redentora de la Sangre de Cristo.
Los comentaristas bizantinos, desde la Historia mystagogica, atribuida a Germán de Constantinopla, hasta Simeón de Tesalónica, añadieron una lectura que une Encarnación y Pasión.
La prótesis es la gruta de Belén y el diskos, el pesebre: al colocar la estrella sobre el pan, el sacerdote dice
«Y vino la estrella y se detuvo sobre el lugar donde estaba el Niño» (cf. Mt 2,9),
y los velos evocan los pañales.
Pero el Cordero que allí nace es el mismo que la lanza acaba de atravesar: Belén y Calvario se dan la mano en un Cristo nacido para ser inmolado.
La Gran Entrada se ha visto, por su parte, como un cortejo fúnebre, con el velo mayor como sudario y el altar como sepulcro.
Estas lecturas, y otras aún más amplias, como la del cosmos redimido, son alegóricas: pertenecen a la tradición espiritual y no son elementos constitutivos del rito.
También Occidente conoció exposiciones alegóricas de la misa, como las de Amalario de Metz, criticadas en su tiempo. Bien entendidas, ayudan a rezar el rito sin alterar su sentido: la proscomidia es anamnesis y no escenificación, y el sacrificio único se hace presente en la anáfora.
El contraste con Roma
ResponderEliminarEl artículo describe una tradición distinta, no inferior.
Roma, en su culto estacional, prefirió una acción austera y confió a la palabra lo que Oriente vuelve visible con la lanza, las partículas y los velos. La memoria de la Virgen y de los santos, de los vivos y de los difuntos, que Bizancio dispone sobre la patena, tiene en el Canon romano su expresión en el Memento de los vivos, el Communicantes, el Memento de los difuntos y el Nobis quoque.
Bizancio, por su parte, la repite también en las intercesiones de la anáfora: lo propio de la proscomidia no es la memoria misma, sino darle figura. Incluso el pan, fermentado en Oriente y ázimo en Roma, es signo de esa legítima diversidad, que Florencia reconoció al admitir ambos.
Son dos pedagogías de una misma fe, la de la imagen y la de la sobriedad y la palabra. Ambas exigen igual reverencia, la misma que el autor reclama al lamentar las canastillas de mimbre y las bandejas indignas que han proliferado en nuestras iglesias, en mi opinión, con el horrible Novus Ordo paulino-bugniniano de 1969, el primer Ordo que rompe con 2.000 años de tradición ad Orientem en todos los ritos latinos y orientales (la misa es para Dios, no es antropomórfica), tal como lo imaginó aquella ya distante y distinta generación tan lejana y alejada de nosotros, con su cabòries y excentricidades. Hoy he asistido al abuso litúrgico ilícito número 17.354 (ironía) cuando el celebrante ha metido morcillas por todos sitios, se ha tragado palabras, ha modificado rúbricas, ha hecho totalmente mal el ofertorio, se ha inventado trozos por todos sitios (intenciones, lecturas, plegarias eucarísticas, rito final)...
Para obispos y arzobispos: es un pecado mortal por falta de amor, caridad, misericordia, deber sacerdotal, verdad y justicia si no lleváis cuenta detallada y enseñanza celosa de todo lo mal que hacen vuestros presbíteros, tengan 90 años y estén asilvestrados, como tengan 30 años y sean rebeldes: nadie te metió una pistola para aceptar el oficio de obispo, nadie te amenaza para que no te marches si eres incompetente e incapaz de llevar una diócesis.
Las misas ilícitas son pecado mortal para el obispo y el sacerdote, no tienen excusa, es Divina Liturgia, y además, el fiel oye tantas misas diferentes que piensa que ya nada es definitivo, motivo de escándalo y confusión. Los misalitos ya están en móvil, y el error se graba en todos los sentidos. Malos pastores, además impedís ir a una misa que es ilícita repetidamente y notoriamente, pues no es tal como Dios quiere ni la Iglesia dispone, aunque sean válidas las consagraciones, no sois propietarios ni tenéis la potestad de dominio sino de administración de la Sagrada y Divina Liturgia Tradicional, de la Misa, que es de Dios y por eso sois ministros, no es de vuestro patrimonio, entonces, ¿por qué no os marcháis de la Iglesia y dejáis de cobrar de los fieles si no sabéis hacer lo mínimo: leer y actuar según indica un libro de rúbricas? ¡la profesión más sencilla: repetir, leer y actuar de lo ya escrito! Y lo mismo con Traditionis custodes, ¿por qué se impide el Vetus Ordo desarrollado en plena y absoluta libertad cuando la Iglesia tiene más de 20 ritos latinos y orientales? ¿No debíais de ser perros guardianes y fieles pastores de la puerta verdadera y del buen redil?
El conocimiento del rito no garantiza su amor; pero el amor verdadero a aquello que la Iglesia prescribe se manifiesta también en la fidelidad a su celebración.
ResponderEliminarCuando, conociendo la norma y sin causa legítima, se la rechaza voluntariamente, el problema deja de ser meramente ritual: puede convertirse en una cuestión de obediencia y, en último término, de amor a la Iglesia y al final, de los mandamientos:
- lex celebrandi, lex orandi, lex credendi, lex vivendi... que están en quiebra hoy en Occidente (sinodalismo alemán, modernismo, progresismo, misericordialismo pastoral y ética de situación de Amoris laetitia y Fiducia supplicans, negación del Vetus Ordo en Traditionis custodes).
Lo que afirmó Benedicto XVI sobre el gran mal de la Iglesia: sin Fé, ni razón, ni amor, ni obras santas, ni justicia, sin pesquis, ni seny ni senderi... tot esbojarrat, tants caps, tants barrets...
Por eso, la clave teológica sería 1 Jn 5,3:
«En esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos», asimilando rito a mandamiento.
No significa que toda infracción ritual, puntual y sin culpa, equivalga sin más a falta de caridad; pero sí que establece el principio de que el amor auténtico no puede separarse deliberadamente de la obediencia debida: ¡YA SON 60 AÑOS DE DESOBEDIENCIA!
Son de esa generación de rebeldes nacional-progresistas que se han pasado la vida acuñando el adagio modernista en el fondo de su corazón:
- Ritus rectus, rictus mortis= cumplir el rito es rigor mortis, hay que innovar a mi gusto porque me da la gana
- Fides rigida, vita frigida= cumplir la doctrina, los mandamientos, es una vida fría, sin la calidez del amor, hay que hacer lo que a uno le venga en gana... a viure que són dos dies!
- Ritus neglectus, fides neglecta, ad solam iustitiam socialem reducta, vita corrupta= «Rito descuidado, fe descuidada, reducida [la vida cristiana] a la sola justicia social, vida corrompida.»
Esta sería la actual gravísima crisis de Fé de la Iglesia que se vio con la mala consagración de Cobo (enseñó las especies al Pueblo) y los graves pecados en Santander (Suesa: misa feminista y consagración inválida; Torrelavega: negar dogmas marianos y bailes nuevaeranos con miriñaques) o en Barcelona (música y danza de una chamán en una iglesia católica), y los silencios de los obispos de Madrid, Santander y Barcelona: son obispos, pero parece que no va con ellos...
Para un lema muy contundente:
- Ritus neglectus. Fides neglecta. Iustitia socialis sola: vita corrupta.
Conocer para amar
Nada de esto debe quedar en mera erudición. El Concilio Vaticano II recordó que «conocer, venerar, conservar y favorecer el riquísimo patrimonio litúrgico y espiritual de los orientales» es de gran importancia para conservar la plenitud de la tradición cristiana (Unitatis redintegratio, 15).
San Juan Pablo II, que repitió que la Iglesia debe «respirar con sus dos pulmones», situó esa convicción en la perspectiva de «la unidad en la legítima diversidad» (Ut unum sint, 54). Con frecuencia se desdeña lo que no se conoce.
Conocer la proscomidia, donde un pan se dispone como icono de Cristo y de toda la Iglesia, es una manera de amar mejor lo propio y de admirar lo ajeno, y según se mire, el primer belén.
Vale aquí el viejo adagio: no se ama lo que no se conoce.
Que este conocimiento aumente en nosotros el amor a lo que la Iglesia atesora en Oriente, para mayor gloria de Dios y bien de las almas.
No creo que estos artículos hagan crecer los lectores de GG. Si no hay polémica no hay café estimulante, estos artículos más bien son agua de manzanilla.
ResponderEliminarSr. Garrell, haga el favo rde no ser el "martillo de GG". Hoy es NS de la.Mercè, patrona de Barcelona, que interceda por nosotros, por los articulistas de GG y nos dé santos sacerdotes y un obispo digno hijo de Sant Ramon Nonat
EliminarMe ha entristecido su calificativo. Agua de manzanilla!!!!! Con el esfuerzo que me llevan.
EliminarTenemos al Pioppo muy cerca y también el nuevo obispo de Barna, a bien seguro está cerca. El Planellas se pasea con el Pioppo. https://www.diaridetarragona.com/tarragona/santa-tecla/271405/arzobispo-planellas-guia-nuncio-papa-tarragona-fiesta.html
ResponderEliminarMuy bien Dr. Garrell.
ResponderEliminarMás de uno/a debemos estar hartos de estas tortas indigeribles y supongo que poco demandadas. Para palizas ya existe una bibliografía inacabable.
Hoy fiesta de la Merce no aparecen los actos religiosos en el programa del ayuntamiento, critican el discurso de odio sobre la teoría del reemplazo donde nuestras tradiciones católicas se extinguirían dando paso a una sociedad islámica medieval gobernada por talibanes con turbante
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