Cuando leí por primera vez la inclusión del cardenal Bustillo entre los favoritos para suceder a Omella en Barcelona, pensé que era un absoluto disparate: traer a un obispo de Francia suponía una bofetada no solo para el episcopado catalán, sino para el español en general. Y, a su vez, representaba un bofetón mayúsculo al episcopado francés, llevándosele a uno de los dos únicos cardenales residenciales con los que cuenta actualmente.
Francisco-Javier Bustillo, franciscano conventual, nacido en Pamplona y ordenado sacerdote en Francia, fue una de esas peculiares creaciones cardenalicias de Francisco. Se prefirió al titular de la sede de Ajaccio, que ni siquiera es arzobispal, postergando a diócesis históricas como Paris, Lyon o Burdeos. Con el agravante de que la diócesis corsa tiene como metropolitano al arzobispo de Marsella, que es el otro cardenal francés. Una provincia eclesiástica con dos purpurados y el resto de Francia sin capelo.
Como les decía, me parecía esa candidatura pura fantasía. No obstante, después se ha venido repitiendo el nombre en medios de distinto signo, creándose un runrún reiterativo bastante sintomático.
Pese al extravagante nombramiento como cardenal, era consciente de que Bustillo no se iba a quedar como obispo en Córcega y que le esperaban destinos de mayor enjundia. Obviamente en Francia. Por su categoría intelectual y pastoral, está llamado a ser una figura del Sacro Colegio. Sucede que en Francia no pasa como en España y actualmente no existe ninguna sede vacante y solo cuatro obispos pasados de fecha, todos ellos nacidos en 1951.
Entonces, ¿por qué no Barcelona? Repasando su biografía, podría ser un nombramiento muy interesante.
Bustillo escogió seguir su vida religiosa en Francia porque la consideraba un desafío debido a su descristianización. Y fue en el convento de San Buenaventura de Narbona donde tuvo su primera experiencia de lo que después desarrollaría como una verdadera teología de la “reparación”. Se encontró con una comunidad religiosa en franca decadencia y, en lugar de resignarse a su desaparición como muchas otras, emprendió su renovación desde sus propios fundamentos: recuperó la identidad franciscana, hizo del hábito un signo visible de esa identidad y puso nuevamente la vida comunitaria al servicio de una misión pastoral.
La liturgia y la espiritualidad ocuparon un lugar central, como fuente de actividad misionera sostenida. La comunidad recuperó así una presencia espiritual continuada con catequesis, sacramentos, acompañamiento y participación de laicos. No se trató, por tanto, de mantener artificialmente con vida una estructura moribunda, sino de reconstruir una comunidad para devolverle capacidad evangelizadora.
Ahí se encuentra quizá una de las claves del pensamiento de Bustillo: la renovación cristiana no comienza por multiplicar actividades, sino por recuperar una identidad y una vida espiritual capaces de generar una nueva misión. Así lo dejó escrito en una de sus obras: La vocation du prêtre fase aux crises: La fidelité créatrice.
Pero el libro de Bustillo que ha tenido mayor repercusión ha sido Reparación ¿Una sociedad rota puede sobrevivir?, editado este año en español por Palabra. Su tesis fundamental es que nos hallamos ante una sociedad humanamente deteriorada, en la que la antropología cristiana contiene recursos para reconstruirla, pero esos recursos no se reducen a una ética humanística. Para Bustillo, la fuente de reparación es Cristo. Tras el encuentro con Él se produce la transformación interior que permite una nueva relación con los demás.
Lo interesante es que esta idea no parece haber nacido únicamente de una reflexión intelectual, pues, antes de hablar de ella, la había experimentado en Narbona ante la posibilidad de reparar una comunidad concreta.
Pese a la predilección bergogliana por el padre Bustillo, no ha sido un obispo bien visto por el progresismo francés. La revista Golias, exponente máximo del cristianismo de izquierdas, no solo no lo ha incluido entre sus favoritos, sino que ha emprendido una campaña en su contra, acusando de haber tolerado en Narbona actividades de sanación y prácticas carismáticas.
Por otro lado, también debe destacarse su postura favorable y abierta hacia la misa tradicional. En 2025 manifestó que “el rito tridentino no es un problema en sí mismo dentro de la Iglesia” y en diciembre de ese año administró personalmente la confirmación según el antiguo Pontifical Romano a 32 fieles vinculados a comunidades tradicionales de Bastia, contando con la presencia del provincial francés de la Fraternidad de San Pedro.
Todo ello dibuja el perfil de un pastor que confía más en la recuperación de la entidad cristiana que la simple adaptación de la Iglesia a una sociedad descristianizada. Por eso, la idea empieza a resultar menos fantasiosa: un obispo que no solo escribe sobre la reparación de la sociedad, sino que la ha experimentado (y logrado) en su actividad pastoral. Justo lo que necesita Barcelona.
Pensándolo bien, no sería ningún disparate la designación de este obispo franco-español. Después de dos prelados curiales como Sistach y Omella, Barcelona necesita un obispo-pastor. Si, además, es ajeno a todas las polémicas y polarizaciones que vienen contaminado esta diócesis desde años ha, mejor que mejor. Si, por ende, tampoco está viciado por la política nacionalista que ha emponzoñado el episcopado catalán, ya sería de nota.
Pero hay algo más, Barcelona no necesita únicamente una administración eclesiástica eficaz ni una nueva gestión de sus equilibrios internos. Necesita reconstruir una comunidad cristiana capaz de volver a evangelizar. La cuestión no sería simplemente traer a Barcelona a un obispo francés, sino comprobar si el hombre que consiguió devolver vida a una comunidad religiosa en declive podría aplicar esa misma lógica a una comunidad en la que -pese a algún brote verde- el cristianismo se está reduciendo a mera anécdota.
En tal caso, la elección de un obispo reparador sería verdaderamente necesaria y aconsejable. Y quizá aquel disparate que me pareció al principio no lo sea tanto.
Oriol Trillas




Creo que Bustillo es de lo mejor del colegio cardenalicio y me gustaría que fuera nombrado arzobispo de Barcelona, pero el otro día me decepcionó verlo en una foto junto al arzobispo de Pamplona con esta pinta tan poco cuidada y tan poco propia de un cardenal, acostumbrado como estoy a verlo casi siempre de hábito:
ResponderEliminarhttps://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/2026/08/18/arzobispo-florencio-rosello-recibe-visita-navarro-francisco-javier-bustillo-cardenal-obispo-corcega-832048-15.html
Bueno..es que volvía a su tierra y, como navarrico que es y, a buen seguro el calor que haría, pues posó en mangas de camisa. El hábito no hace al monje que se dice
EliminarL'Esglesia a Catalunya será catalana o no será.
ResponderEliminarFranco murió mal pese a algunos.
No se meta usted con el Caudillo.
EliminarGracias a el , la iglesia de Cataluña recuperó su esplendor.
No hizo lo mismo el energumeno de companys, de triste memoria.
¿Le pesa a usted que el Caudillo muriera? Sepa que Trump y sus amigos de Sión andan tan crecidos con la movida del apoyo a Marruecos para "secesionar" Ceuta que ya plantean un apoyo a todos los neo-separatistas pero del tipo MAGA, vamos la Orriols. Pienso que quizá si lo logren ahora porque todo el caos que montaron el Mas, el Junqueras, el Turull y toda la banda fue un pifosio y eso que decian que estaban los rusos detras y ya les habian cedido el puerto de Tarragona. Aqui sin pasta no se mueve nada, Catalunya será cristiana o no swrá. No nos cambie la frase como si fuera lo de ZP y el truco verdad/libertad
EliminarLa Iglesia es católica osea universal y un arzobispo negro que rezase mucho y solo hablase un poco de español y mucho en latín y ibo seria perfecto para los de la raza superior
EliminarAsi fuere, Sr Hijo de Dios..la raza suoerior arrastra muchos conflictos internos, están desarbolados y ahora no saben con quien aliarse, si con Sánchez/Illa o con Trump. Todo necedad. Deseemos un obispo santo y firme, sea de donde sea del Congo o de Vilavella de Dalt, que ponga orden entre los mosenes levantiscos y, si no puede, pues que rece mucho y dé mucho ejemplo
EliminarBuen elemento este Bustillo, un hombre enjuto, delgado y con tipo de actor de cine, pero no solucionará los problemas del independentismo catalanisfobo, llegaràn otra vez los gritos de ¡¡¡volem bisbes catalans!!!. Traer a Barna un obispo francés es muy moderno que parece copiado del Voltaire pero si no predica el Diluvio y la Pentápolis nada de revolución eclesiástica y, todo será fuego de virutas.
ResponderEliminarNegativo está! Primero que no es un obispo francés, es navarro. Segundo, fue a empezar a Narbona, eso es parte de lo que estas gentes excitables llaman "països catalans". Sobre lo de los "bisbes catalans"..lo unico que quiere un indepe es vivir del cuento y/o que le.paguen pasta simplemente por ser catalanes ya que "són gent de poca fusta"
EliminarEl arzobispo Ulrich de París ha cumplido 75 años y por tanto ha presentado su renuncia al papa, si no acaba en Barcelona es muy probable que acabe allí
ResponderEliminarParís bien vale una misa pero perderse las delicias de una Tierra de Misión como es Cataluña? Haga bien el cardenal en venir aquí que en la.diócesis hay mucha agua a achicar
EliminarQue ganas de perder el tiempo en cábalas inutiles, hombre.
EliminarEl próximo Arzobispo de Barcelona será Tortosino o no será.
Así las cosas.
La eventual designación del cardenal François-Xavier Bustillo como arzobispo de Barcelona
ResponderEliminarPrincipio supremo: salus animarum suprema lex
Todo juicio sobre la "rejuventud" de una sede episcopal como la de Barcelona debe partir de un único principio rector, no de consideraciones de oportunidad, simpatía personal, procedencia geográfica o capacidad de gestión: la salvación de las almas, que el propio Código de Derecho Canónico eleva a ley suprema de la Iglesia (el último canon, 1752). Esta norma no es una fórmula retórica de cierre, sino la expresión codificada de un principio pastoral constante en la Tradición, que va desde san Gregorio Magno —cuya Regula pastoralis funda todo el arte de gobierno episcopal en la conducción de las almas hacia Dios, no en la administración de estructuras— hasta el magisterio canónico posterior.
De este principio se sigue un orden de examen necesariamente jerárquico. Un obispo no recibe una diócesis para gestionar con eficacia una decadencia, ni para adaptar la disciplina eclesial a las sensibilidades de la época o grupitos de interes y poder, sino para custodiar íntegro el depósito de la Fé (Benedicto XVI), santificar al pueblo mediante los sacramentos dignamente administrados y conducir a los fieles a la conversión y a la vida eterna. Por ello, la pregunta decisiva ante cualquier candidatura episcopal no es si el candidato resulta pastoralmente atractivo, sino:
¿Garantiza su doctrina, su prudencia y su concepción del gobierno la integridad de la Fé, de la moral y de la disciplina sacramental que las almas de Barcelona necesitan para salvarse?
Este criterio exige distinguir tres órdenes de juicio, jerárquicamente dispuestos porque los dos últimos dependen del primero: el orden doctrinal y espiritual (qué fe profesa y transmite el candidato), el orden jurídico-canónico (cómo se ejerce y debería ejercerse la potestad de nombrarlo) y el orden pastoral-programático (qué proyecto concreto de restauración ofrece). Sin Fé íntegra, lógico, no hay verdadera reparación, por excelente que sea la gestión comunitaria previa del candidato.
I. Orden doctrinal: la fe íntegra como criterio decisivo
El criterio evangélico de discernimiento
Nuestro Señor estableció el criterio permanente para reconocer a los verdaderos y a los falsos pastores:
"por sus frutos los conoceréis" (Mt 7, 16-20).
La Tradición ha entendido siempre este criterio en sentido objetivo y verificable: la doctrina efectivamente profesada y la conducta y discursos pastorales concretos, no las intenciones presuntas, la biografía edificante ni la simpatía o su sonrisa personal, son el signo por el cual se reconoce la rectitud de un pastor.
Aplicado a este caso, el criterio correcto no es "¿resulta Bustillo un hombre pastoralmente dotado?" —extremo que puede concederse sin dificultad, a la vista de su experiencia en Narbona—, sino:
"¿qué doctrina concreta enseña y qué praxis sacramental promovería al frente de Barcelona?".
Sabiendo que la Iglesia Católica está en grave crisis con Francisco desde 2016 con Amoris laetitia, Fiducia supplicans, Traditionis custodes y muchas decisiones..., sin vocaciones y sus miembros presbíteros y religiosos en práctica extinción funcional... llevamos más de 10 años en crisis y el relevo parece ser un "más de lo mismo con diferente carácter".
El origen de la promoción como indicio prudencial, no como prueba
ResponderEliminarQue Bustillo deba su capelo cardenalicio a un pontificado que ha producido Fiducia supplicans, una recepción práctica de Amoris laetitia que en no pocos lugares ha favorecido el acceso a la Eucaristía sin exigir el cese de la convivencia irregular, y Traditionis custodes, implementa una pastoral de la ética de situación y del misericordismo pastoral francisquista que elimina la doctrina objetiva católica (Seifert) un motivo legítimo de mayor vigilancia doctrinal, conforme al principio general, bien representado en la actitud de san Roberto Belarmino frente a las crisis doctrinales de su tiempo, de que la prudencia pastoral exige examinar con mayor rigor, no con menor, las promociones que resultan atípicas, disconformes a la ortodoxia clásica y tradicional: la preferencia por una sede no metropolitana como Ajaccio sobre las grandes sedes históricas de Francia es, en sí misma, un dato que invita a preguntar qué perfil se buscaba promover.
Fiducia supplicans: el problema de la significación objetiva del signo
Aquí conviene precisar el argumento con el rigor que exige la teología sacramental clásica. La distinción que introduce el documento entre "bendecir a las personas" y "no bendecir su unión" es, en el plano especulativo, en el mundo nebuloso de las ideas, formalmente sostenible: la Iglesia puede y debe pedir para cualquier pecador luz, fortaleza y gracia de conversión sin por ello aprobar su pecado. El problema no está, por tanto, en la letra del documento, sino en su aplicación pastoral concreta: lo que la gente ve, el escándalo y confusión que generan de facto.
La teología moral clásica —santo Tomás al tratar del escándalo (S. Th. II-II, q. 43) y, de modo eminente, san Alfonso María de Ligorio, doctor de la moral— enseña que el pastor no puede juzgar la licitud de un acto atendiendo solo a la rectitud material de su intención, sino que debe considerar también su significación pública y sus efectos previsibles.
Cuando dos personas que se presentan conjuntamente como pareja en situación objetivamente irregular reciben una bendición común de manos de un ministro sagrado, el signo percibido por los fieles y por la sociedad es, con altísima probabilidad, el de una aprobación eclesial de su relación, con independencia de la reserva teológica interna que el documento establezca. Esto constituye escándalo objetivo en sentido técnico, que la moral clásica obliga a evitar aun cuando el acto no sea intrínsecamente malo en sí mismo.
Por ello, si las fuentes disponibles recogen que Bustillo ha calificado de "infantil" la resistencia doctrinal a Fiducia supplicans, tal declaración no debe leerse como un matiz pastoral secundario, sino como indicio de una comprensión de la relación entre misericordia y verdad que la gran Tradición —san Agustín frente a los donatistas, el Catecismo Romano de Trento— jamás ha separado. La misericordia que oscurece la verdad moral deja de ser misericordia cristiana: no hay caridad verdadera sin veracidad: eso lo dijo Benedicto XVI: Fé y razón, Fé y caridad, Fé y justicia.
De ello se sigue una exigencia legítima y no acusatoria: antes de cualquier nombramiento, el candidato debería explicitar cómo garantizaría, en el gobierno concreto de su diócesis, que ninguna bendición produzca la apariencia de aprobación de una unión objetivamente contraria a la ley de Dios, o sea, que no aplique Fiducia supplicans y sí la práctica pastoral tradicional, ortodoxa y clásica.
Amoris laetitia: prudencia en la atribución, firmeza en la exigencia
ResponderEliminarEs de estricta justicia —y así debe mantenerse frente a cualquier tentación de exceso polémico— no atribuir a Bustillo una interpretación laxista de Amoris laetitia sin que exista una declaración explícita suya sobre los pasajes controvertidos del capítulo octavo. Ninguna asociación indirecta, ninguna coincidencia de lenguaje pastoral, prueba por sí sola una posición doctrinal determinada.
Pero la prudencia no equivale a pasividad. San Pío X, al exigir en Sacrorum antistitum (1910) el juramento antimodernista de los candidatos al episcopado y al sacerdocio, estableció un principio permanente:
la claridad doctrinal debe exigirse antes de la promoción, no darse por supuesta después de ella.
Aplicando el mismo principio de cautela pastoral, resulta legítimo y necesario exigir de Bustillo, antes de cualquier nombramiento a una sede de la importancia de Barcelona, una declaración pública e inequívoca de continuidad con la disciplina clásica recogida en Familiaris consortio 84 y Sacramentum caritatis 29:
la exigencia de no aplicar el Capítulo VIII de Amoris laetitia y el rescripto de 5 de junio del 2017 que lo eleva a magisterio ordinario, sino que debe de exigir la moral objetiva clásica (Seifert) como la continencia, continencia, castidad o separación como condición necesaria para la absolución y el acceso a la Eucaristía en el caso de divorciados que conviven civilmente sin nulidad matrimonial reconocida. La ausencia de tal declaración no demuestra error doctrinal, pero constituye una laguna prudencial que, tratándose de una archidiócesis de esta gravedad, no debe resolverse a su favor por mera presunción de buena fe.
Traditionis custodes: la distinción entre sensibilidad personal y gobierno efectivo
Los antecedentes disponibles subrayan, con razón, la actitud personal favorable de Bustillo hacia la liturgia tradicional, incluida la administración personal de confirmaciones según el Pontifical antiguo. Este dato es positivo, pero insuficiente por sí solo, porque la sensibilidad litúrgica personal de un obispo no equivale necesariamente a un compromiso de gobierno de proteger a los fieles vinculados a esa liturgia frente a la aplicación restrictiva de Traditionis custodes en otras diócesis y la grave crisis de Fé y moral (Amoris/Laetitia) y eclesiológico (sinodalidad alemana, sinización china, francisquismo del misericordialismo pastoral): un mismo acto moral recibe tres respuestas escatológicas diferentes: salvación en cielo o purgatorio, condenación en infierno.
Un obispo puede apreciar y aun celebrar personalmente según el rito arcaico de 1570 y, al mismo tiempo, aplicar con rigor administrativo las restricciones vigentes contra las comunidades tradicionales de su diócesis.
La Tradición ofrece aquí un criterio de gobierno, no solo de gusto: san Carlos Borromeo no se limitó a apreciar la liturgia romana de su tiempo, sino que la impuso, la defendió y la protegió con toda su autoridad de gobierno tras el Concilio de Trento, pagando el precio de la impopularidad y aun de atentados contra su vida (el Vetus Ordo no gustaba). La pregunta pertinente respecto de Bustillo, por tanto, no es si le agrada personalmente el rito antiguo, sino si está dispuesto a ejercer activamente su potestad episcopal para custodiar y proteger a quienes lo aman, y no solo a tolerarlos como una reserva india.
La ausencia de programa católico tradicional explícito: una laguna, no un detalle pendiente
ResponderEliminarNingún candidato debería ser promovido a una sede tan gravemente erosionada como Barcelona —con seminarios exangües, catequesis desertizada y una identidad católica difuminada entre el nacionalismo político y el conciliarismo blando— sin presentar, antes de su nombramiento, un programa explícito de restauración doctrinal, litúrgica, sacramental y vocacional. Que se presente a Bustillo como "obispo reparador" sin que exista una sola declaración suya que fije líneas de gobierno claras en estas materias no es un vacío que se llenará después de la promoción: es, en sí mismo, un dato desfavorable para el discernimiento, porque la experiencia eclesial constante enseña que el silencio programático previo suele consolidarse, tras la toma de posesión, en ambigüedad de gobierno.
II. Orden jurídico-canónico: potestad, consulta y tradición sinodal
Distinción necesaria entre potestad válida y legitimidad pastoral plena
El canon 377 §1 reconoce al Romano Pontífice la libre provisión de las sedes episcopales. Esta potestad, de origen divino-apostólico (en realidad no es nombrar, sino es una potestad divina definitiva de revocar por justa causa en proceso debido lo sinodalmente electo por los obispos de la metrópolis), no puede ser condicionada ni sometida a un derecho de veto de ninguna instancia inferior de la Iglesia; sostener lo contrario incurriría en una forma inaceptable de conciliarismo. Por tanto, sería teológicamente incorrecto afirmar que el Papa carece de autoridad para nombrar directamente a Bustillo arzobispo de Barcelona.
Pero de esa verdad indiscutible no se sigue que el modo concreto de ejercer dicha potestad sea indiferente. El mismo canon 377, en su §3, establece un procedimiento de consulta preceptivo que procede de la elección sinodal episcopal de los obispos de la Iglesia Primitiva —al metropolitano, a los obispos sufragáneos, al presidente de la conferencia episcopal, al colegio de consultores, al cabildo catedralicio y, cuando se juzgue oportuno, a sacerdotes, religiosos y laicos destacados por su prudencia— para la preparación de las propuestas de nombramiento. Y el canon 378 exige del candidato no solo cualidades genéricas de virtud y ciencia, sino aptitud concreta para el oficio particular que se le confía: Barcelona no es una circunscripción administrativa abstracta, sino una Iglesia particular con una historia, unas heridas y una situación religiosa específicas.
De ahí la distinción correcta: la potestad de nombrar pertenece exclusivamente al Papa; el discernimiento de la idoneidad concreta pertenece también, aunque de modo subordinado y consultivo, a la estructura eclesial que la propia legislación canónica prevé. Un nombramiento puede ser, por tanto, canónicamente inatacable y, al mismo tiempo, pastoralmente deficiente, si la consulta prevista por el §3 se reduce a un trámite formal previo a una decisión ya tomada de antemano en la Curia romana.
Y es que es imposible estar en una Iglesia que ahora mismo tiene ante un mismo acto moral 3 respuestas escatológicas y 4 morales (cielo, purgatorio, infierno): bonum polítium de la sinización china, intrinsece bonum del sinodalismo alemán, bonum imperfectum et incompletum del misericordialismo francisquista (Amoris/Fiducia) y intrinsece malum (diferentes tradicionalismos: FSSPX, Ecclesia Dei...)
La tradición sinodal antigua y la incoherencia de su invocación selectiva
ResponderEliminarEl canon 4 del Concilio de Nicea I (325) dispuso que el obispo fuera constituido por los obispos de la provincia eclesiástica, con el consentimiento escrito de los ausentes y la confirmación del metropolitano; la antigua fórmula cleri plebisque consensus, atestiguada en la praxis de la Iglesia primitiva, y la máxima atribuida a san León Magno —qui praefuturus est omnibus, ab omnibus eligatur— confirman que la elección del pastor estuvo, en el primer milenio, estrechamente vinculada a la comunidad que había de recibirlo. El Papa recibía pasivamente este nombramiento y eso sí, tenía la potestad divina de revocación, de oficio o a instancia de parte, por justa causa en proceso debido inapelable (herejía, simonía, sínodo mal convocado): al final, decide el Papa, aquí revocando y ordenando convocar un nuevo sínodo de elección de obispos.
Sería anacrónico e históricamente incorrecto presentar esta praxis como una democracia en sentido moderno, y conviene evitar ese error con el mismo rigor con que se evita el error opuesto de minimizar su significado eclesiológico: expresa una concepción de comunión en la que la Iglesia particular no es sujeto pasivo de decisiones tomadas enteramente al margen de ella.
Francisco invocó expresamente esta tradición el 17 de octubre de 2015, al afirmar que el camino de la sinodalidad comienza escuchando al pueblo de Dios y al vincular ese principio con la máxima QOT, quod omnes tangit ab omnibus tractari debet.
De ello se sigue una contradicción performativa que cualquier lector de recta razón puede advertir sin necesidad de erudición canónica especializada: si la escucha efectiva del pueblo de Dios es constitutiva de la eclesiología sinodal proclamada en 2015, resulta difícil de justificar que precisamente la decisión que más directamente afecta a la vida de una Iglesia particular —la elección de su propio pastor— quede sistemáticamente excluida de esa escucha en 2026, mientras la sinodalidad se invoca con profusión para procesos consultivos sobre materias morales controvertidas como si fueran churros con chocolate.
No se trata de reclamar para Barcelona un derecho de veto que nunca ha tenido ni debe tener; se trata, más sencillamente, de constatar que la coherencia entre el discurso eclesiológico proclamado y la praxis concreta de gobierno exige una escucha sustancial, no meramente nominal, de la Iglesia que recibirá al nuevo pastor: la sinodalidad de la Iglesia Primitiva.
...
III. Orden pastoral: el verdadero sentido de la reformatio católica
Los grandes reformadores de la Iglesia —san Carlos Borromeo tras el Concilio de Trento, santo Tomás de Villanueva, san Francisco de Sales, san Vicente de Paúl— jamás entendieron la reforma de una Iglesia particular como una operación de gestión eficaz o de revitalización institucional.
La entendieron como una obra esencialmente espiritual: conversión personal del pastor y de los fieles, restauración de la disciplina sacramental sin componendas, formación doctrinal sólida del clero y de los seminarios, vida de oración y penitencia como fundamento de cualquier renovación externa. No sé qué más puede hacer la Iglesia: ¿fabricar mesas, ser un hospital, hacer de Estado?
San Carlos Borromeo no se limitó a "recuperar comunidades en declive"; impuso visitas pastorales rigurosas, fundó seminarios de formación doctrinal exigente y sostuvo una disciplina sacramental sin concesiones, pagando por ello el precio de la impopularidad y del riesgo personal: martirio y parresía, Fé auténtica, ortodoxa, clásica, tradicional, recta y verdadera y ortopraxis al servicio de la verdad doctrinal, que por ahora, va escasa.
Medido con esta vara, el perfil de supuesta "reparación" atribuido a Bustillo —recuperación de la identidad franciscana, del hábito religioso, de la vida comunitaria y de la actividad misionera en Narbona, obispo de Ajaccio en Córcega, donde nació Napoleón Bonaparte— es un logro real y digno de consideración, pero permanece en un nivel primordialmente institucional y comunitario: formalmente está bien, parece bonito, hace guapo, pero nada que ver con Barcelona y sus peculiariedades, ni con el fondo real del asunto: Fé, moral, liturgia y eclesiología, verdad, justicia, parresía, martirio.
ResponderEliminarReparar la identidad católica de una archidiócesis entera exige, además de ese nivel, claridad doctrinal precisamente en los puntos donde la disciplina eclesial se ha visto más erosionada durante el pontificado Francisco-León XIV: el acceso a la Eucaristía, la naturaleza y los límites de las bendiciones pastorales, y la protección efectiva —no solo la simpatía personal— hacia la liturgia tradicional.
Sin este segundo nivel, la reparación queda incompleta, por meritoria que resulte la experiencia previa del candidato: todo queda en trampantojo, pues no hay ni parresía ni martirio para defender la debida Fé Católica tradicional, ortodoxa y clásica de los Padres y Doctores, grandes teólogos y místicos, magisterio pontificio y conciliar perenne y constante.
Conclusión: juicio final estructurado
De los tres órdenes examinados —doctrinal, canónico y pastoral, jerárquicamente dispuestos— se sigue una conclusión que debe evitar con igual firmeza dos excesos opuestos: la condena anticipada por asociación indebida, y la aceptación acrítica fundada en una biografía pastoral atractiva de lo aparente: viene de fuera, viste correcto, tiene buena oratoria, parece un hombre equilibrado...
En el orden doctrinal, la candidatura permanece insuficientemente acreditada mientras Bustillo no ofrezca una declaración pública e inequívoca de:
- fidelidad a la disciplina eucarística clásica frente a las situaciones matrimoniales objetivamente irregulares;
- rechazo explícito de toda praxis de bendición que pueda producir la apariencia pública de aprobación de una unión contraria a la ley moral;
- compromiso efectivo de gobierno —no solo sensibilidad personal— hacia la protección de la liturgia tradicional y de las comunidades que la aman;
- defender la Fé y moral, liturgia y eclesiología frente a la sinización china, el sinodalismo alemán, el francisquismo misericordialista pastoral, el progresismo modernista, como se vio en Santander: gente con miriñaques coloridos por el altar, sacerdotes negando dogmas marianos y consagrando feminísticamente de forma ilícita e inválida, Cobo no sabiendo cómo es una consagración...
En el orden canónico, el eventual nombramiento sería válido si llegara a producirse, en virtud de la potestad indiscutible del Romano Pontífice (que en la Iglesia Primitiva era potestad divina de nombramiento de obispo por sínodo episcopal metropolitano y potestad divina de revocación papal por justa causa y proceso debido); pero su plena legitimidad pastoral exige una consulta sinodal sustancial de todo el Pueblo de Dios, no meramente formal, a la Iglesia particular de Barcelona, conforme tanto a la letra del canon 377 §3 como al espíritu de la tradición sinodal antigua que el propio pontificado ha invocado expresamente: principio QOT.
ResponderEliminarEn el orden pastoral, la experiencia de reconstrucción comunitaria en Narbona (60.000 hab.), o ser obispo de Ajaccio (347.000 hab.) constituye un dato positivo, pero por sí sola resulta insuficiente para una archidiócesis gravísimamente erosionada en su identidad católica como es Barcelona (2,7 millones hab.) y con una gravísima crisis de vocaciones religiosas y sacerdotales junto con una caída de todos sus miembros, sean curas o religiosos masculinos y femeninos: se requiere, además, un programa explícito de restauración doctrinal, sacramental y vocacional, al estilo de los grandes reformadores postridentinos, no solo buena voluntad misionera, y mucho menos francisquismo misericordista pastoral y ética de la situación, condenadas por la Iglesia, y que como demostró Seifert para Amoris laetitia (y Fiducia supplicans), han destruido la moral objetiva católica por la moral de conciencia subjetiva protestante. Para ese viaje no hacen falta estas alforjas.
En consecuencia, el juicio que se impone, desde la fe católica tradicional, recta, ortodoxa y fiel al Magisterio perenne, es el siguiente: la candidatura del cardenal Bustillo, tal como está documentada hasta la fecha, no puede darse por plenamente acreditada.
Existe prueba de heterodoxia (Amoris laetitia y Fiducia supplicans) y subsisten lagunas doctrinales, morales, litúrgicas y programáticas que, tratándose de una sede de la gravedad pastoral de Barcelona, no deben resolverse a favor del candidato por simple presunción de buena fe. El beneficio de la duda pastoral tiene un límite cuando lo que está en juego, según la norma suprema del propio Código, es la salvación de las almas de toda una archidiócesis.
La Iglesia de Barcelona no necesita un obispo que administre con habilidad su decadencia, ni siquiera uno que sepa revitalizar estructuras comunitarias. Necesita un pastor que, con doctrina íntegra, disciplina sacramental sin ambigüedades y gobierno efectivo al servicio de la verdad, conduzca a las almas hacia Cristo. Solo entonces podrá hablarse propiamente, en sentido plenamente católico, de un obispo reparador.
El cardenal Bustillo tiene un aire a Cisneros...guante de seda, mano firme. Habria que preguntar a los de La Bellota cómo ven la quiniela, Bustillo frente a Gordo, Bertomeu...
EliminarEn San Feliu de Llobregat se nombró un obispo vasco. Y no pasó nada. Sólo se requiere que sea de la cuerda actual: sinodalista, inclusivista, perfil social, etc...Y que hable catalán. Además, recuerden que sectores aperturistas catalanes y conservadores recibieron bien el nombramiento de Mons. Xabier (Javier) Gómez. Algunos germinantes lo recibieron muy bien diciendo que no era nacionalista catalán, pero un vasco puede ser peor que un independentista, si decide quedar bien con todos. ¿Un arzobispo navarro en Barcelona? El Cardenal Bustillo puede encajar, si está dispuesto a jugar ese papel. Los catalanes aún no conocen a vascos y navarros. Son verdaderos camaleones: en la complicadísima Córcega, Mons. Bustillo ha quedado bien con independentistas corsos, franceses, sinodalistas, conservadores y hasta con musulmanes. ¡Cuidado con vascos y navarros!
ResponderEliminar8.12 menudo comentario el suyo! Lo de Euskadi, euskaldunes y demás sólo es un invento pero las provincias vascongada han dado. Insignes hombres y no digamos Navarra, sus requetés y las cadenas que arrebató el rey Sancho en las Navas y que figuran en el escudo de Bustillo. Si son tan arteros como usted dice, entonces sabrá torear a la cuerda indepe de los del "volem bisbes catalans" y a los progre- párrocos apoltronados en parroquias decadentes
EliminarEl obispo mártir de Barcelona, Irurita, era navarro.
EliminarEste señor nos tendría entretenidos al principio y con el tiempo nos daríamos cuenta que no solucionaría ni uno de los problemas que tiene la actual Archidiócesis de Barcelona.
ResponderEliminarNecesitamos un arzobispo que conozca la mentalidad de aquí, sino no es posible una inculturación del Evangelio.
Sino conoce a los sacerdotes, a los laicos con responsabilidad,… no hará nada.
Fuegos de artificio y desgraciar más la diócesis como ha hecho Omella con la nueva distribución territorial.
Para no hablar de los nombramientos “sinodales” de los nuevos arciprestes.
Si el nuncio conociera Barcelona, nombraría a un sacerdote docto, con criterio, con celo y perfecto conocedor de la vida parroquial, académica y pastoral de Barcelona: Dr. Jaume González Padrós
ResponderEliminarEl resto, más de lo mismo
¿Bustillo habla catalán?
ResponderEliminar15.17 ¿ Tiene que saber catalán? Con saber rezar en latín bastaria, lo que pasa es que la.pell és massa fina i la barretina massa gran. Si el ZP decia que aprendería economia en dis tardes por qué no habria de aprender monseñor Bustillo català en dos tardes, si habla español y francés. Collonades! que en diria en Pla!
Eliminar¿Pero no quedamos en que el próximo arzobispo-cardenal de Barcelona sería Monseñor Jordi Bartomeu? Como el episcopado alemán, tiene mucho que chantajear. Hasta al papa, claro, con lo de Chiclayo y el Lute.
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