UN CRISTIANO (Y NO ES RONALDO) EN EL MUNDIAL

1


La gran sorpresa, la gran campanada del Mundial 2026 de Fútbol, ha sido Luis de la Fuente, entrenador de la selección española, cristiano para más señas. No de nombre, sino de género de vida y de hechos… con brillantes resultados. Llueven como granizo los análisis de todo género sobre el Mundial, algunos apocalípticos, como si marcase el final del fútbol como el mayor espectáculo-negocio del mundo. Y creo que es oportuno aportar aquí el análisis de lo que ha significado para el Mundial 2026, la actuación de un católico que ha sabido imprimir su hondo sentido religioso a una responsabilidad, la de entrenador de la selección española, que ha dejado al mundo boquiabierto y totalmente revuelto.

Lo más sorprendente es que ha sido precisamente su condición de cristiano, la que se ha revelado decisiva para el gran triunfo de España. Luis de la Fuente es cristiano tan recio y convencido que, además de tener su religión (heredada, pero luego reelegida) como inspiración y guía de su vida personal, la proyecta con fuerza en su vida profesional. De tal modo que si tuviésemos que elegir la causa principal por la que la selección española ganó el mundial, tendríamos que decidir que fue la fe católica de su entrenador, la que le dio la victoria.

Lo más alucinante es constatar la naturalidad y sencillez con que Luis de la Fuente vive un catolicismo que, dada la situación de crisis en que se encuentra la Iglesia, se nos hace tan enrevesado a gran número de católicos (incluidos curas, obispos e incluso más altas jerarquías). Sencillo, sencillísimo: a sus seleccionados (¡elegidos!) sólo les exige dos cosas: que sean buenas personas y que antepongan el bien del equipo a las ventajas e intereses personales. Y son estas dos virtudes ejercidas en grado heroico, las que les han permitido ser y mantenerse siendo “los elegidos” (por el seleccionador) y acabar siendo los grandes héroes celebrados por más de medio mundo. 


Atención, un dato esencial es que no sólo no les oculta a sus jugadores su condición de católico convencido, y les hace conocer su fe intensa en la oración, presente en todos los días de su vida y bálsamo para todos sus problemas, sino que les hace notar con su comportamiento, que está empeñado en que su condición de católico convencido impregne su relación con los jugadores y determine su forma de hacer profesional. Por ejemplo, siempre se santigua con toda naturalidad cuando sale al campo.  

¿Pero de qué Iglesia católica es auténtico forofo nuestro seleccionador? Porque está bien claro que lo suyo no es precisamente la solidaridad, la inclusión y el acompañamiento en que está empeñada hoy la Iglesia, que intenta ponerles a sus fieles cada vez más fácil el camino de la santidad, o al menos el de la virtud. Evidente, eso no está pensado para hacer del católico un triunfador, sino para mantenerle confortablemente en su condición de perdedor, si es ésa su zona de confort. 

Lo que está claro es que en una “selección”, el descarte es la norma. Un descarte que en la mayoría de los casos, sigue al “autodescarte” por el que ha optado cada uno (¡ojo con esta clave!). Y claro, nos sacude la duda de si el catolicismo de Luis de la Fuente, recio donde los haya, es compatible con el que nos han predicado tan insistentemente el papa Francisco y León XIV. Pero claro, los papas no son seleccionadores ni descartadores de los que han decidido no luchar por mejorar cada día, sino dejarse llevar por lo que venga. La clase dirigente del catolicismo no está diseñada para ganar un mundial de lo que sea. Su lugar no está entre ellos. 
No nos engañemos, Luis de la Fuente es un católico rabiosamente atípico. Él mismo se declara, en una de las versiones que corren por ahí, “católico, apostólico y taurino”. Lo de taurino, le viene por su inequívoco posicionamiento político como “español” sin complejos. Incluida la tan denostada condición de taurino. De lo que fácilmente se deduce que es también un católico sin complejos. Efectivamente, un católico decididamente atípico. Porque el acomplejamiento de los católicos es proverbial. A éste se debe, entre otras cosas, su corrosiva blandenguería.

Porque atreverse a ser rigurosísimamente selectivo y sin contemplaciones, justo en un momento en que la Iglesia lo apuesta todo a la solidaridad indiscriminada, la inclusión de lo que haya, sea lo que sea, y el acompañamiento de todos los que se dejan llevar por caminos torcidos, para que no se sientan solos; atreverse a sostener en este entorno eclesial tan relajado, el espíritu de superación (cada día, mejor) que se ha impuesto Luis de la Fuente a sí mismo, y que les ha impuesto a sus “elegidos”; atreverse a una actitud tan exigente y selectiva en la blandísima Iglesia de hoy, es una temeridad. Lo que ocurre es que, gracias a esa temeridad, ganó España el mundial. Y que por no atreverse a tanto las demás selecciones, por no exigirles demasiado a sus jugadores, lo perdieron. Es, en efecto, la actitud (el diagnóstico de moda) lo que tan a menudo marca la diferencia entre la salud y la enfermedad, el éxito y el fracaso. Pero bueno, si la Iglesia de hoy ha optado por abrazarse al fracasado (y al fracaso), al pecador (y de paso, al pecado); si ha optado por ser el hospital de campaña (¿qué campaña?), poco margen de maniobra queda. 


Me viene a la memoria el
Militia est vita hóminis super terram de Job 7:1 (el original griego no habla de “milicia”, sino de “peiratérion” (lugar de pruebas, de ejercitación); o la advertencia de Jesús en Mateo 11:12, al ponderar la reciedumbre de Juan Bautista: “el reino de los cielos sufre violencia (biátzetai, es abordado con fuerza) y los violentos (los valientes, biastái), son los que lo alcanzan. A la hora de traducir o entender, tenemos el inconveniente de que hemos sobrecargado en negativo el concepto de violencia.

Y puestos a recordar distintas modalidades de Iglesia, es imponente el posicionamiento de san Agustín, cuando se vio en la absoluta necesidad de crear un modelo de cristiano, una fórmula para construir una sociedad cristiana sobre las ruinas del imperio romano. Y escribió el De Civitate Dei Contra Paganos. El “contra paganos”, que forma parte de la esencia de la obra, y aporta un impresionante caudal de doctrina y conocimiento, se eliminó desde muy pronto. Era inminente desmantelar las doctrinas paganas sobre las que se habían sostenido las costumbres y las instituciones del imperio.

Hago referencia a este elemento porque es evidente que nuestro seleccionador nacional llegó adonde llegó porque tenía contra quién luchar (contra los equipos a los que le tocó enfrentarse) y también contra qué: contra comportamientos tanto personales como deportivos, condenados al fracaso. Es que, tener un enemigo bien definido, ayuda a que la batalla sea más valiente y más nítida. Quizá por eso, el catolicismo de hoy, empeñado en la inclusión y el acompañamiento de todo y de todos, está tan escaso de vigor.

Virtelius Temerarius     

Entradas que pueden interesarte

1 comentario

  1. "(...) Si tuviésemos que elegir la causa principal por la que la selección española ganó el mundial, tendríamos que decidir que fue la fe católica de su entrenador, la que le dio la victoria."

    Creo que se le va la pinza, Sr. Virtelius. Franco era de comunión diaria y no por eso dejaba de matar. Según Vd. un cristiano ejemplar.









    ResponderEliminar

ESCRITOS INTERESANTES ANTERIORES

ESCRITOS INTERESANTES ANTERIORES
Barcelona ya tiene todos los voluntarios para recibir a León XIV, faltan Madrid y Canarias
El Himno Nacional suena tres veces en Mataró al paso de las procesiones
La Conferencia Episcopal reacciona tarde al caso Noelia con un breve mensaje en redes
Los curas guapos. Un llamamiento a los sacerdotes que se están planteando tirar la toalla, contra la palabra que empeñaron.
¿Roselló refuerza su perfil en el horizonte sucesorio de Omella en Barcelona?
Diumenge de Resurrecció: un metge català explica lo que va passar
Estado de necesidad en la Iglesia rural
La muerte de un obispo
La colosal proporción de la cruz que corona la torre más alta de la Sagrada Familia comparada con un humano
El Papa ha puesto en marcha el proceso para nombrar los nuevos cargos de la Iglesia en España