Jordi Pujol relata en sus memorias la reacción de Marta Ferrusola durante la visita de Juan Pablo II a Montserrat: “Le saludé, le entregué unos obsequios y mi mujer y yo hablamos tres minutos. Cuando entrábamos en la basílica Marta, que ya me había acompañado a Roma, se puso a llorar. Me dijo: “Aquest home no ens entén, aquest home no ens estima”
Es un clásico. Da igual quien se siente en la silla de Pedro. Tarde o temprano, el nacional-progresismo catalán descubre que Roma no les entiende.
Tampoco los quería Pablo VI. Por eso le organizaron la campaña “Volem bisbes catalans”, cuando nombró a Don Marcelo para la sede de San Paciano. Y cuando publicó la Humanae Vitae, hubo curas que no citaban su nombre en el canon, no fuera a contaminarse el altar.
A Benedicto XVI, el nacional-progresismo le tenía urticaria y por eso le recibieron fríamente en aquella visita de médico a la Sagrada Familia. Luego llegó Francisco, sobre quien proyectaron durante unos meses todas sus fantasías, hasta descubrir horrorizados que tampoco bendecía el Procés y que no nombró a ningún obispo catalán hasta que pasó el sarampión independentista.
Y ahora aparece León XIV. Misionero, dialogante, venido del tercer mundo… Todo ello prometía una luna de miel perfecta hasta que cometió un error imperdonable: decir que es del Real Madrid.
Al pobre Papa le están pegando tal paliza con el uso del catalán en su visita a Barcelona que terminarán agotándolo. Ya en el viaje de ida, una redactora de Catalunya Cristiana forzó al Santo Padre a que dijese unas palabras en catalán. Otro periodista insistió sobre el asunto y León XIV respondió humildemente que solo sabía decir Bon día.
Todo empezó en casa Llisterri, con una información que comparaba el uso del catalán en la misa de Benedicto XVI con el previsto en la del Papa actual. La noticia era tramposa, porque en la dedicación de la Sagrada Familia de 2010 hubo una mayor presencia del latín. Pero daba igual: el agravio ya estaba lanzado y a partir de aquí se inició la habitual táctica victimista, no exenta de mal gusto y pésima educación.
Uno de los más aguerridos fue aquel hombre de Waterloo, siempre atento a cualquier oportunidad de recordar que sigue existiendo. Sucede que el personaje suele pasarse de frenada y se refirió al colegio cardenalicio como “escarabajos purpurados”. Escarabajos (escarabat, en catalán) era como se referían los milicianos del 36 a los curas que asesinaban. Puigdemont es hijo de carlistas. No creo que sus antepasados se refiriesen con tal mote a los sacerdotes, pero, traicionándolos, ha usado el palabro despectivo con el que les daban caza.
Después vino una carta dirigida al Santo Padre firmada, entre otros, por los últimos presidentes de la Generalitat, rogándole que hablase en catalán, porque “somos tierra de acogida” y “amantes de la paz”. Si no fuese así, se presume que no tendría que hablar en catalán, sino en castellano -supuesto idioma de la guerra- que tiene la particularidad que es el que habla el Pontífice.
Como Llisterri no quiso dejar su momentáneo éxito, apareció el gran argumento geopolítico del momento: el quechua. Sucede que, para destacar que Prevost lo había aprendido en su estancia de 48 años en Perú, utilizó un artículo mío publicado en El Mundo. Sin citarme, claro está. ¡Cómo que no ha citado a Germinans en sus casi 20 años de existencia! Pero el argumento del quechua no podía ser más ridículo. Comparar el catalán, dialecto del latín y tan parecido al castellano, con una lengua indígena utilizada por campesinos andinos. Si Prevost aprendió el quechua era para que lo entendiesen aquellos que no comprendían el español. En Barcelona, no hay ni un solo catalán que no entienda el castellano.
Esa evidencia, unida a que el español es el idioma oficial de España y cooficial en Cataluña, la recordó el agustino Faustin Mlelwa, que recibirá al Sumo Pontífice en la parroquia del santo fundador de la orden. A este religioso tanzano le cayó la del pulpo: negro, inmigrante y españolista. El pack completo del horror para Silvia Orriols. Aquella en quien algunos católicos catalanes confían ingenuamente.
Para rematar el sainete apareció Miriam Nogueras y le habló al Papa en inglés, en su visita al Congreso, para exigirle que hablase la lengua de la tierra en Cataluña. ¡Una diputada catalana usando inglés a un Papa que habla español para reprocharle que no hable catalán!
Todo ese galimatías mediático no tiene ninguna repercusión en la vida de las parroquias y en los catalanes que irán a ver al Papa; por otra parte, mayoritariamente castellanohablantes. Pero la maquinaria del agravio necesita alimentarse constantemente, aunque sea convirtiendo una bendición papal en una cuestión de liberación nacional.
Lo que duele es esa auténtica turra que está teniendo que soportar el Romano Pontífice por una polémica absolutamente irreal. Veremos ahora cuántos son los que protestan en la calle con esteladas como ha pedido Puigdemont, o si en los balcones hay más banderas vaticanas que enseñas separatistas. Lo contaremos aquí, en este medio que, para algunos, no existe, pero cuyos artículos siempre leen y aprovechan. Incluso para llevar agua a su molino.
Oriol Trillas


