La memorable celebración de la Sagrada Familia tuvo unos espectadores imprevistos, el presidente del gobierno, su imputada esposa, y hasta 14 ministros de su gobierno. Inesperada porque hace muchísimos años que nadie había visto a Pedro Sánchez en una celebración eucarística, el número uno del gobierno socialista y de su partido que siempre se ha autocalificado como "ateo a secas" ha renunciado siempre a participar de cualquier acto en una iglesia, incluso en situaciones en que esa celebración podría calificarse como "de Estado", por ejemplo algunos entierros.
Todo lo contrario, Sánchez ha intentado por todos los medios impulsar esos vacíos y fríos actos laicos y laicistas, con algún que otro fracaso, como el de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, que pasaron del funeral laico que les ofrecía el gobierno y pidieron una misa católica, a la que lógicamente el Presidente no se presentó.
Pero en estos momentos horribles de acusaciones de corrupción que implican a su partido, a su gobierno y a su entorno familiar, Sánchez ha encontrado en la visita papal un momento de sosiego, el viaje del Pontífice le daba la posibilidad de blanquear su imagen, con el argumento de que compartían ideología, en su rechazo a la guerra y su postura sobre la inmigración. La visita ha demostrado que sus posturas no son ni mucho menos iguales, el Papa está contra la guerra como todos sus antecesores, recordemos a San Juan Pablo II por ejemplo contra la guerra de Iraq. En Canarias, León XIV ha recordado que todos somos hijos de Dios, pero en ningún momento ha hablado a favor de una inmigración descontrolada y sin garantías, y por si no había quedado claro, recordó el derecho a la vida de todos en el Congreso de los Diputados.
Pues a pesar de todos esos datos, y de que es evidente que este gobierno socialista, completado por ministros de la extrema izquierda, es el más anticatólico de la historia de la democracia, ha sorprendido dolorosamente ver a sacerdotes en la Sagrada Familia volverse como locos para poder estrechar su mano con la de Pedro Sánchez, especialmente los del lado derecho del video, los del izquierdo parece que es más el líder socialista quien los busca. Y más después de ver la reacción del público del templo de Gaudí, que recibió con un silencio sepulcral al Presidente y su esposa, mientras que estalló en vítores y aclamaciones a la llegada del monarca Felipe VI y a la reina.
Cuesta mucho de entender que tienen en la cabeza estos sacerdotes que quieren hacer parabienes a semejante personaje, que no solo no cree en Dios, sino que está a favor de planteamientos laicistas, cuando en estos días de la presencia del Papa en España se ha demostrado lo muy católico que es nuestro país. Y como no cree en el Altísimo tiene que buscar referentes morales en personas puramente humanas, como el expresidente Zapatero, al que él mismo definió como su "faro moral" y ya hemos visto lo moral que era el personaje, y no tardaremos mucho en tener bastantes más datos de la catadura del actual Presidente cuando se resuelvan los inacabables casos judiciales que afectan a su propia familia y a su entorno más inmediato del gobierno y del partido.
Como me decía un buen sacerdote al que jamás se le hubiera ocurrido ir a buscar la mano de Sánchez, a los del video les iría bien que los enviaran un tiempecito de misiones a un continente lejano para que purgaran por lo que hicieron en la Sagrada Familia, escandalizando a muchos, porque esa penosa imagen la vieron millones de buenos cristianos.
Francesco Della Rovere

Ahí se ve a mossèn Joan Juvanteny, de la prelatura del Opus Dei manoseando la mano al presidente. Serviles como siempre al poder, siempre quedando bien.
ResponderEliminarYo he reconocido a varios de esos sacerdotes, y lo curioso es que son buenos sacerdotes. De los que además llevan alzacuellos.
ResponderEliminarSánchez vino a Barcelona, porqué aquí no le silban, ni abuchean como en Madrid.
Aquí lo saludan, o lo tratan con indiferencia, pero al menos en Barcelona somos más educados que en tierra de la Sra. Ayuso.