Los católicos catalanes tendrán que irse a Madrid para ver al Papa

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La indignación entre sacerdotes y fieles catalanes es enorme. El sistema de acceso diseñado para la visita de León XIV a Barcelona ha provocado estupor, enfado y una sensación generalizada de exclusión. Mientras en Madrid y Canarias se han organizado actos multitudinarios con acceso libre, en Barcelona todo estará blindado con entradas, invitaciones y filtros. Para ver al Santo Padre en la Catedral, en San Agustín, en Montserrat, en la Sagrada Familia o en el estadio de Montjuïc habrá que pasar por un sistema restrictivo que, además de opaco, ha demostrado ser un completo desastre organizativo.

El caos comenzó desde el primer día. Para la vigilia de Montjuïc se anunció la posibilidad de adquirir hasta cuatro entradas por persona a partir de las 19:00 horas del 8 de mayo. Quince minutos después, el sistema ya estaba colapsado y no permitía realizar reservas. Según la organización, se habían habilitado 37.000 entradas para un recinto con capacidad para 55.000 personas. Que 37.000 católicos se lanzaran en tromba a intentar conseguir plaza podría explicarse por el “despertar religioso”, pero lo verdaderamente escandaloso es que ni las parroquias ni los movimientos hubiesen recibido previamente cupos reservados. Ni uno solo. Allí nadie conoce a casi ninguno de esos agraciados 37.000. 

La reacción de la organización llegó tarde y mal. Tras la avalancha de protestas, el sábado se remitió a las parroquias un formulario para solicitar hasta 50 entradas. Nadie había informado antes de semejante posibilidad. Y, para rematar el despropósito, esas entradas solo se ofrecerán a parroquias de la diócesis de Barcelona. Las demás diócesis catalanas quedan excluidas. Además, el propio comunicado advierte de que rellenar el formulario no garantiza absolutamente nada.


Cincuenta entradas pueden parecer suficientes desde un despacho episcopal, pero resultan ridículas para muchas comunidades. La parroquia de San Rafael, por ejemplo, desplazó a 300 personas al Año Jubilar de Roma. Como ella, hay muchas otras. ¿De verdad nadie en la organización había pensado en esto?

La consecuencia es lógica: en San Rafael ya han organizado una peregrinación a Madrid, donde irán con las 10.000 banderas vaticanas que tenían preparadas. Claro que San Rafael pertenece al periférico barrio de La Guineueta y no pertenece a la pasarela vip que parece reservada para ver de cerca al Santo Padre.

Con la Sagrada Familia ocurre exactamente lo mismo. Ya advertí la semana pasada del riesgo de convertir la visita papal en un acto elitista tras las declaraciones de Esteve Camps. El temor se ha confirmado plenamente: solo habrá seis invitaciones por parroquia. Seis. Cuando Benedicto XVI visitó Barcelona en 2010 se repartieron entre diez y quince por comunidad. Y eso que el jesuita Enric Puig aseguraba que esta vez se quería evitar una visita “exclusiva y acotada”. Las palabras han quedado desmentidas por los hechos. Asistir a la misa en la basílica será el privilegio de unos pocos. 

Bastaba recordar la visita de Juan Pablo II en 1982, con actos abiertos en Montserrat, en la plaza de la Sagrada Familia, en Montjuïc y en el Camp Nou. Ahora todo queda reducido a círculos cerrados, invitaciones selectas y control absoluto.

En RAC1, el personaje radiofónico Nacho de Sanahuja habla de la “catalanor”, esa tendencia catalana a preferir lo pequeño, lo reducido y lo discreto. Algunos comentaristas religiosos han querido presentar esta visita “a la catalana” como la alternativa mesurada frente a los actos multitudinarios de Madrid, donde —dicen— todavía existe la necesidad de demostrar la fuerza social del catolicismo. El viejo código de siempre: aquí somos más cultos, más dialogantes, más sofisticados. Pero luego ni siquiera son capaces de organizar una página web de reservas sin provocar un colapso monumental.


Al final, quienes verán al Papa de cerca serán los de siempre: la costra eclesial que lleva años monopolizando el poder en las diócesis catalanas. En román paladino: los enchufados. Los fieles corrientes, las familias, los jóvenes, los movimientos y las parroquias tendrán que conformarse con mirar por televisión… o marcharse a Madrid pagando de su bolsillo.

Y quizá eso sea precisamente lo que algunos querían evitar: que León XIV descubra que el pueblo católico de Barcelona no es tan distinto del de Madrid cuando se le permite expresarse libremente.

El resultado final es demoledor. La comisión organizadora, encabezada por el obispo David Abadías —qué enorme decepción— y por el octogenario jesuita Enric Puig, director general de Juventud del primer gobierno Pujol, ha conseguido lo impensable: transformar la ilusión por una visita papal en frustración, enfado y sensación de desprecio hacia los propios fieles. Muchos católicos catalanes acabarán viendo al Papa en Madrid. Allí no les cierran las puertas en la cara. 
 
Oriol Trillas 

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4 comentarios

  1. Por cierto, no parece que León XIV vaya a hablar en catalán más allá de alguna fórmula de cortesía.

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  2. Oriolt, esta vez la has clavado. Es así como lo cuentas. Gracias por tratar este tema que a muchos nos tiene enfadados y decepcionados. Me he puesto en contacto con un arciprestazgo que están pidiendo presupuesto de autocares para ir a Madrid. Aquí en Barcelona será imposible ver al Papa. Si en mi parroquia van a misa cada domingo 120 personas y me llegan 250 peticiones para ir a ver al Papa a Montjuïc, porque muchos familiares de feligreses habituales querrían también venir con ellos ¿cómo hago con 50 entradas? ¿Las sorteo? Saliendo de misa este domingo los más jóvenes comentaban lo de las entradas agotadas a los pocos minutos. Y algunas señoras mayores se mostraban muy perplejas con el tema. Eso sí, decían, si pagas 1000 euros tienes entrada, en referencia a la bonificación por mecenazgo.

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  3. A fallado la información clara y concisa después que la Santa Sede hiciera publico el Pograma de Actos Oficiales en Madrid, Barcelona, Montserrat, y Canarias.
    https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/travels/2026/documents/spagna-6-12giugno2026.html
    Ud. habla de Montjuïc y la Sagrada Familia.
    Pero no hay ninguna puerta abierta para asistir a la Catedral, ni a San Agustin.
    ¿Quién ha escogido a los asistentes a estos dos sitios, y con que criterios?.
    Lamento decir que el Viaje de San Juan Pablo II, y el de Benedicto XVI brillaron por la información previa, y también por la buena organización .
    Y sin los medios de que hoy disponemos a nivel técnico e informático.

    Por cierto el Monasterio de Montserrat en esta ocasión ha demostrado rapidez en las informaciones, instrucciones, y gestión para faclitar a los diferentes colectivos el acceso ese día a la Abadia. Ya sea en el interior de la Basílica, o en el exterior en las plazas.
    Lease: Confraria de la Mare de Déu de Montserrat, a las Romerias, a los Amic/s de Montserrat, Oblatos,...

    Todo esta preparado decian algunos curiales de Barcelona hace unas semanas, ya lo hemos visto.
    Seria excelente que la Curia y la Comisión diocesana de Barcelona, aprendieran algo de la Santa Sede, y de Montserrat a la hora de organizar estos eventos.

    Ud. dice: "transformar la ilusión por una visita papal en frustración, enfado y sensación de desprecio hacia los propios fieles."
    Yo añado a los sacerdotes que tampoco sabian que información darnos a los fieles, ya que a ellos tampoco se la facilitaban.

    Una pena tot plegat.

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  4. Puntualizo: muchas parroquias de Barcelona NO han recibido, a día de hoy, ninguna información aún sobre las entradas a Montjuïc y a Sagrada Família

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