IGLESIAS SIN DIOS, PALACIOS SIN REY

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Procedimientos de infracción, solicitudes de explicaciones, cálculos minuciosos de contadores para verificar si los Estados han sobrepasado las columnas de Hércules posmodernas, las reglas financieras establecidas en Maastricht, tablas de la ley cuya violación provoca la más alta interdicción, la exclusión del paraíso llamado sobria y simplemente Unión Europea. Hic sunt leones, estaba escrito en los rudimentarios mapas de la antigüedad para designar lo desconocido, más allá del actual Gibraltar. De aquí la civilización, de allá los bárbaros. Desde hace tiempo a los bárbaros se les han abierto las puertas, pero sobre todo ya no se cree que de este lado esté la civilización. La obra de deconstrucción es antigua y nos parece que la primera sacudida la dio un venerable maestro francés del siglo XVIII, el barón de Montesquieu. Aterrorizado por los conflictos, teorizó el “dulce comercio”, convencido de que las relaciones de mercado traían consigo la mejora del ánimo.


Un siglo después, Frédéric Bastiat observó, a propósito de las fronteras tan odiadas por los globalistas, que si los límites no son cruzados por las mercancías, lo serán por los ejércitos. La UE, símbolo del cosmopolitismo más tonto e imbécil, resuelve el problema desde la raíz: nada de fronteras, nada de ejércitos, nada de pueblos. Desafortunadamente, hay quienes se lo toman en serio, como ministros y dignatarios italianos que han transformado la fiesta de la República en un comicohappening de jóvenes marmotas al estilo Walt Disney, con los hombres con uniforme en el papel de Huey, Dewey y Louie. Sin embargo, la historia no se detiene, Europa anda con dificultad sobre todo porque se odia a sí misma. Con tenaz autolesión se abre a quienes no son Europa – Turquía, Marruecos (!!!), Israel, pero al mismo tiempo aleja a Rusia, la mitad de su propio territorio, una civilización milenaria, 150 millones de europeos de estirpe “caucásica”. Las palabras también tienen un significado.


Al respecto, el ex-ministro de exteriores de España y ex-presidente del Parlamento  Europeo, Josep Borrell  dijo recientemente un terrible disparate. Afirmó que Rusia es enemiga secular de Europa. La culpa de Moscú debe ser haber constituido una barrera contra los mongoles y, en tiempos menos lejanos, haber derrotado el diseño napoleónico de someter Europa a Francia. En el siglo XX detuvo pretensiones alemanas similares y, en el pasado más reciente, logró paralizar en Siria a las fuerzas de quienes estaban provocando asesinatos masivos, terrorismo y flujos migratorios masivos hacia Europa, revelando que detrás de ellos actuaba la alianza entre EE. UU., Israel y el Islam sunita. Rusia ha combatido contra los otomanos, árbitros de la política europea, y deja al continente un tesoro de cultura.


Los santos Cirilo y Metodio son patronos de Europa junto con San Benito. Pío XI dijo de ellos que eran “hijos del este, bizantinos de patria, griegos de origen, romanos por su misión, eslavos por el fruto apostólico”. La música medieval europea tiene sus raíces en la música oriental. Oriental es el canto gregoriano del que surge toda la tradición litúrgica ortodoxa, con la monodia vocal sin acompañamiento de instrumentos. El primer Akathistós – el himno compuesto para celebrar la salvación de Constantinopla de los Ávaros y Persas fue compuesto en 626. El Ave María en formas orientales resuena en el Códice de Las Huelgas, la colección musical medieval descubierta en un monasterio femenino de Burgos. Pero Borrell no lo sabe, su voz es la de un ventrílocuo de intereses geopolíticos extranjeros y oligárquicos, la voz del amo.
Pierre Drieu La Rochelle
Resuena como una sentencia irrevocable el juicio de un intelectual testigo del finis Europae, Pierre Drieu La Rochelle. La matanza de las trincheras de la primera guerra mundial, carnicería de la juventud europea enviada a degradarse y morir en el barro en la primera terrible guerra de materiales, la tormenta de acero de Jünger, fue la última invocación del continente herido en conflicto consigo mismo. Para Drieu, la paz habría traído solo “alimentos enlatados y autos baratos”. Sobre las ruinas han prevalecido los hombres de la moneda, expulsando como enemigos a los hombres de la espada y a los de los libros, para utilizar la eficaz expresión de la historiadora de la economía Rita Di Leo. Otra triste victoria es la del museo sobre la realidad y la vitalidad. Nuestro pedacito de mundo, el rincón del planeta en el que más se ha estudiado, escrito, pensado, producido arte, cultura, en el que más se ha actuado, es un museo estéril visitado como un lujoso cementerio de piezas por millones de contemporáneos(¿cómo llamarlos de otra forma?) que poco entienden y todo ingieren, contentándose con inmortalizar el instante con el smartphone, mejor si se insertan a sí mismos en el fotograma, un selfie con la historia, el arte, la belleza reducidos a fondo, o mejor dicho, a localización. Iglesias sin Dios, palacios sin Rey, joyas que atraen en el viejo seno de Europa, suspiró Drieu. Ese terrible sentido de esterilidad, la grandeza pasada caída en el vacío y en el olvido son hoy la normalidad. Nadie se da cuenta, las iglesias vacías de fieles se convierten en supermercados o sedes de conciertos, los símbolos del poder de ayer son visitados por hordas de turistas en chanclas y camiseta.

El destino del continente es el presente de Venecia, la ciudad prodigio de arte y sabiduría descrita por el poeta Diego Valeri: “hay una ciudad en este mundo, pero tan bella, pero tan extraña, que parece un juego de la Hada Morgana y una visión del corazón profundo.” Y aún más: “cosa de sueño vaga y ligera; y sin embargo lleva mil años de historia, y se corona con la gloria de una gran vida guerrera. Corazón de leona, rostro que encanta, oh tú, Venecia, dos veces soberana: planta de fuerte virtud romana, flor de toda la gracia de Italia.” Venecia es hoy un esqueleto, una ciudad despoblada, museo al aire libre desfigurada por multitudes ignorantes, la rapacidad de comerciantes semejantes a asaltantes de carretera, una secuencia de obras de arte, palacios y museos desvitalizados, la violencia señorial del turismo de muerde y huye que trae enormes barcos a estrellarse contra los “cimientos” por hambre de lucro, miles de espectadores pagantes pretenden atravesar y rozar un cuerpo delicadísimo, preservado por la ciencia secular de los ancestros.
Una especie de violación en masa que ocurre por dinero todos los días por toda Europa, cofre dormido del mundo. Conservas, diría Drieu, que imaginamos escandalizado frente al edificio del pseudo parlamento europeo de Estrasburgo. La torre principal, palacio Louise Weiss, tiene un aspecto particular: llama la atención su incompletitud. Constructores y comitentes explican que refleja la naturaleza incompleta de Europa. Nuestra civilización exhausta ya no comprende los símbolos, ni siquiera sospecha su existencia, como mucho se ríe de ellos como de un vestigio del pasado oscuro. El simbolismo del edificio existe y no es difícil de desvelar. Saca a la luz las creencias esotéricas de las élites mundialistas, las aspiraciones oscuras que las animan, los objetivos concretos que persiguen. La cita más clara remite al famoso cuadro de Pieter Bruegel el Viejo, de 1563, titulado La Torre de Babel.
La Torre de Babel (Pieter Bruegel)
La historia, entre mito y leyenda, narra que la torre de Babel nunca fue completada. El inútil parlamento de lo que queda de los pueblos europeos es la consciente continuación del trabajo interrumpido de Nimrod, el tirano babilónico que edificó la torre como desafío a Dios. Todo lo contrario de una institución democrática. El reino de Nimrod se extendía sobre Babilonia, Uruk, Acad y Calne y trató de erradicar de su pueblo toda creencia religiosa. Los documentos revelan que el rey impulsó a su gente a no atribuir la prosperidad a Dios, sino a creer que era su valor el que procuraba la felicidad. Gradualmente convirtió el gobierno en tiranía, no viendo otro medio para distraer a los hombres del temor a Dios que reducirlos a una constante dependencia de su poder.
Da escalofríos constatar las similitudes con un presente en el que la libertad se restringe día tras día y la dependencia del poder –tecnológico, financiero, mediático– se vuelve cada vez más sofocante. La torre debía ser tan imponente que llegara hasta el cielo, para la gloria del hombre. La tradición midráshica (una de las grandes escuelas exegéticas de los textos sagrados judíos) explica la acción de Nimrod en estos términos: “Dios no tenía ningún derecho de reservarse el mundo superior, dejando a nosotros el inferior; por eso nos construiremos una torre, que tendrá en la cima un ídolo que empuña una espada, de manera que dé la impresión de que queremos hacer guerra a Dios.” El libro del Génesis captó la ira de Dios que, comprendida la naturaleza blasfema de la torre, confundió el lenguaje de los constructores quienes acabaron por dispersarse.
No hay duda de que la iconografía elegida por los padrinos de Europa devuelve dignidad a aquella empresa antigua y revalúa la hybris de Nimrod, su arrogancia visionaria. Lejos de paranoias conspirativas, constatamos en Europa y en Occidente la instauración gradual de la tiranía, en la forma de la dominación tecnofinanciera y de la reconstrucción psíquica del hombre; la eliminación de la trascendencia, de todo referente a lo divino y al espíritu para inducir dependencia del poder; la acción homogeneizante que encierra a cada pueblo en un único idioma, un solo sistema social, una idéntica escala de valores/desvalores; el rechazo de Dios, sustituido por el culto a sí mismos, la criatura que se hace creadora.
Que nuestra interpretación tenga fundamento lo demuestra un cartel promocional de hace algunos años, destinado a dar a conocer el parlamento europeo a partir de su sede. El centro es la torre de Babel, dibujada con todo cuidado, hasta reproducir la parte derrumbada de los cimientos. El eslogan elegido es iluminador: Europa, muchas lenguas, una sola voz. Evidente la referencia a la confusión causada por Dios contra los constructores de la torre. Las estrellas que representan los Estados de la Unión están invertidas, apareciendo como pentagramas invertidos; ¿son quizás símbolos de la inversión del juicio, de la cual vemos pruebas amplias en la involución que nos rodea? Babilonia, según un etimología clásica, significa, en lengua acádica, puerta de Dios, pero existe una conexión con el hebreo balal, confusión. La confusión, bajo el cielo de occidente, es tan grande que incluso el incendio de la catedral parisina de Nôtre Dame provoca en algunos la ansiedad no de restaurar, sino de rehacer. 
El presidente Macron evitó cuidadosamente referirse a la fe cristiana y católica, subrayando exclusivamente el valor cultural, histórico y artístico del templo. El poeta romántico alemán Heinrich Heine, israelita, escribió, después de un viaje a París, que se necesitaron mucho más que opiniones para construir catedrales. La Europa de hoy, fundada en opiniones líquidas, edifica museos, levanta naves, monta y compone prefabricados multiusos: centros comerciales similares o idénticos a palacios de justicia, rascacielos en serie sedes de instituciones políticas o financieras, en los últimos años incluso iglesias indistinguibles de cualquier otro edificio arquitectónico, espacios de los que ha desaparecido toda referencia a lo sagrado, toda simbología vertical o es.
Enorme es la responsabilidad de la iglesia católica, tomada por la misma iconoclastia que animó ciertas sectas protestantes en la época de la Reforma. El papa Francisco fue el líder de la desimbulación creciente. No residía propiamente en el Vaticano, cuyos palacios permanecieron sin rey. No soportaba el gesto sacral y profundamente simbólico de la bendición, incluso detestaba llevar el anillo pescatorio, emblema del ministerio petrino. En sus discursos, gran ausente fue el Altísimo: Iglesia sin Dios.
El hombre contemporáneo es lo que come (Feuerbach), desea y consume (la moda). Nada más elevado que la dimensión material, horizontal, lo distrae de una existencia de animal sabio, arreglado, vanidoso y al mismo tiempo desesperado, un factor despreciable de la producción que se ha vuelto superfluo, anticuado (Gunther Anders) e inadecuado para la potencia que él mismo ha suscitado. De las trincheras de la guerra civil europea combatida en dos tiempos, el alma de Europa ha salido aniquilada.
 
Los supervivientes, limpiados del barro material, ya no se reconocían a sí mismos ni al mundo circundante. Había pensado que la guerra derribaría iglesias y palacios. Lo que quedó en pie, perdió el sentido, fue despojado de significado. A lo sumo, se ha petrificado en el museo, despojado de su carne, privado de la sangre que lo hacía vivir. Quedó el comercio, el poder de los hombres del dinero. Iglesias sin Dios y palacios sin rey se convierten en lugares, salas de exposición, los nuevos nombres de ferias y exposiciones para vender mercancías y deseos. Los nuevos símbolos son los “trajes vistosos” (Veblen), cuya cara oculta son los inmensos vertederos de basura, las cloacas detrás de las luces del espectáculo. Todo lo que no pertenece al hoy, es arqueología: ropa fuera de moda, fábricas abandonadas, iglesias entregadas al escepticismo, palacios de los que han huido los reyes, ocupados por cortesanos hambrientos sin arte ni parte. Las civilizaciones, como los hombres, mueren de vejez, lo comprendió un poeta, Paul Valéry.


La muerte de Europa tiene un nombre seductor como una danza macabra: eutanasia. Muchos habitantes del "civilizadísimo" norte de Europa dejan a la vista un sobre con el dinero del funeral; Europa invierte los últimos centavos en su transformación en parque temático. Un poco Disneyland y un poco Port Aventura, los empleados por horas vestidos con los trajes tradicionales, teatro y folclore en lugar de la vida, entretienen al amable público pagante que llega de todas partes: arte, civilización, historia, cultura, bajo pedido también religión. Qué pena haber desalojado a Dios, a los reyes, expulsado a los hombres de la espada y a los de los libros.¡ Qué pena estar muertos!

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

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6 comentarios

  1. Cero patatero mosen espinar, usted es un gran intelectual escribiendo de Europa pero no se ha metido con el Gran Diluvio Universal, le tiene miedo a la Verdad.

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  2. Iglesia mundanizada: la sal sosa, el agua tibia, el perro mudo, el pastor asalariado (1)7 de mayo de 2026 a las 2:38

    Un buen artículo. Hay una exposición sobre unos temas interesantes con las fuentes que usó un conferenciante, y que me parecen interesantes; pueden haber imprecisiones:

    I. Ilustración Oscura

    Movimiento filosófico surgido en la periferia universitaria —no plenamente académico, aunque con sólida base teórica— que viene ganando atención en facultades de filosofía y antropología.

    Agrupa a pensadores que, desde una postura marcadamente pesimista, anticiparon hace más de cuarenta años las dinámicas del mundo actual: el dominio corporativo-algorítmico, la aceleración técnica y sus consecuencias sobre la condición humana. Su rasgo distintivo es que sus diagnósticos, formulados en décadas pasadas, resultan hoy empíricamente verificables.

    Hoy puede verse el transhumanismo: eugenesia (incluido el aborto), la eutanasia (eliminar inútiles productivos), y fabricación de un Nuevo Dios en la ciencia y la técnica, como se ve en los tecnócratas estilo Silicon Valley: el Nuevo Hombre Técnico.

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    II. Posthistoria

    La posthistoria no implica el fin de los acontecimientos, sino el colapso del marco narrativo tradicional de la historia. La aceleración técnica ha destruido la temporalidad humana —lenta, narrativa, lineal, anclada en la memoria y la anticipación—.

    El tiempo técnico es rápido, discontinuo y exponencial. Esta divergencia es ontológica: si la historia era antropocéntrica (expresión del sujeto), la posthistoria es técnica (expresión del sistema).

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    A. Los cinco puntos

    1. La contradicción del presente

    El tiempo humano se definía por la anticipación: pasado como referente, presente como acción, futuro como horizonte. Cuando la técnica acelera el cambio hasta volverlo imprevisible, el futuro colapsa como categoría viable. Sin futuro no hay proyección; sin proyección, no hay acción auténtica. El presente se contrae en un ahora perpetuo, saturado, hiperactivo y claustrofóbico, que erosiona la esperanza (la cual requiere tiempo).

    2. La destrucción de la memoria colectiva

    La memoria ha sido el núcleo de la identidad histórica. Las sociedades se construían sobre recuerdos compartidos que otorgaban continuidad. Hoy, la saturación informativa no destruye la memoria por censura, sino por sobreabundancia: cada evento es desplazado antes de sedimentar. La cronología se difumina y el pasado pierde autoridad. La posthistoria es un mundo sin memoria significativa.

    3. La disolución de la narración

    La historia no era mera secuencia, sino relato dotado de sentido. La técnica fragmenta la experiencia en microepisodios, ideologías efímeras y sensaciones inconexas. Sin continuidad atencional no hay narración posible. Sin narración, no hay identidad colectiva; sin identidad, no hay acción política en sentido aristotélico.

    4. La autonomía del sistema técnico

    Sistemas como la IA, las finanzas globales o las cadenas logísticas operan con dinámica propia, más allá de la voluntad humana. La técnica ha adquirido protagonismo: no es instrumento de la política, sino que la ignora. El ser humano se convierte en componente o recurso del sistema.

    5. La desaparición del sentido histórico

    Las grandes teleologías modernas (progreso, revolución, emancipación) se disuelven. La técnica reemplaza el sentido por la función, el destino por la optimización. No hay sujeto colectivo ni horizonte; solo usuarios y adaptación. La posthistoria es el tiempo sin telos.

    6. El entretenimiento como ignorancia que es arma de destrucción cultural masiva

    El entretenimiento de las redes sociales crea un individuo desligado de su propia historia y autoafirmación, lo disuelve en su burbuja separada inducida por algoritmo, aniquila aquel saber compartido común que creaba comunidad unida, lo aleja de lo social e histórico (tener pasado, construir presente, esperanza en un futuro): un ciudadano que pierde lenguaje, cultura, no sabe leer ni entiende lo que lee, sólo se divierte. Un ciudadano ignorante es un ciudadano derrotado por el sistema.

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  3. Iglesia mundanizada (2)7 de mayo de 2026 a las 2:43

    B. Conclusión: el silencio del fin

    Una humanidad sin historia experimenta desorientación radical y nihilismo inédito: todo cambia, nada progresa. El resultado es un presente circular marcado por aburrimiento, ansiedad, nostalgia y agotamiento. El ser humano habita un duelo inconsciente por la historia, el futuro y sí mismo. La pregunta ya no es “¿qué haremos?”, sino “¿cómo habitar un mundo donde ya no somos protagonistas del tiempo?”.

    .....


    III. Solución optimista desde el punto de vista católico ortodoxo tradicional

    Tolkien y Chesterton ya lucharon contra esta posthistoria. El diagnóstico pesimista de la posthistoria es compatible con la crítica cristiana a la idolatría moderna (técnica como nuevo becerro de oro, autonomía del sistema como hybris prometeica).

    Sin embargo, el catolicismo, con la theosis, la liturgia, la Palabra y toda su riqueza doctrinal hasta Benedicto XVI (¡no acudir a Francisco ni León de momento!) ofrece una respuesta radicalmente esperanzada que no niega el diagnóstico, sino que lo trasciende escatológicamente: la historia no ha terminado; ha sido redimida y cumplida en Cristo, la escatología va hacia un último enfrentamiento contra el mal que realiza su último asalto que fracasará hasta llegar al Reino Final de Dios.

    La “posthistoria” técnica es solo la culminación lógica de la modernidad secularizada, que separó la razón de la fe y convirtió al hombre en homo faber sin imago Dei.

    Pero la verdadera historia es la Historia Salutis: Creación, Caída, Encarnación, Redención y Parusía. El tiempo técnico es un ídolo transitorio; el kairós divino permanece.

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    A. Respuestas

    Vida sacramental y litúrgica: Frente a la fragmentación atencional y la disolución de la narración, la Liturgia, especialmente la Divina Liturgia del Vetus Ordo que está dentro de la Tradición Orgánica que fine con el Vetus Ordo de 1884 y que siguió toda la tradición benedictino-gregoriana del siglo IV-VI, reconstruye el tiempo humano: memoria anamnética (recordar la Pasión y Resurrección) y la tradición milenaria benedictina-gregoriana de los s. IV-VI, anticipación escatológica y participación en el tiempo eterno dentro del presente.

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    B. El calendario litúrgico resiste el “presente perpetuo”.

    Atención: Contra la saturación y aceleración, la meditación y la vida contemplativa restauran la memoria del alma y la capacidad narrativa personal. Los monjes ya viven “posthistoria” como martirio blanco: fuera del tiempo del mundo, en el tiempo de Dios.

    Persona contra Individuo/Usuario: la antropología cristiana afirma la dignidad irreductible de la persona (relacional, creada para la comunión trinitaria). Frente a la autonomía del sistema, el cristiano responde con kenosis (vaciamiento) y caridad: usar la técnica sin ser usado por ella. La familia, la parroquia y las comunidades intencionales son “arcos de Noé” en el diluvio algorítmico.

    Esperanza escatológica: el nihilismo de la posthistoria es el “dolor de parto” del fin de los tiempos (Mt 24). No lleva al aburrimiento eterno, sino a la victoria de Cristo. La técnica puede ser instrumento de evangelización (como ya lo es) o de persecución, pero nunca el último actor. El “silencio del fin” se rompe con el “Maranatha”.

    Figura clave: San Juan Pablo II o los Padres del desierto para Occidente. Afirman que en medio de la apostasía técnica, “adquirir el Espíritu Santo” o vivir la “cultura de la vida” basta para transfigurar el mundo.

    En síntesis: la posthistoria es real como diagnóstico de la ciudad terrena abandonada a sí misma. Pero para el cristiano, “nuestra ciudadanía está en los cielos” (Flp 3,20). No se trata de huir de la técnica, sino de habitarla con sobriedad, memoria eucarística y esperanza ardiente. El amanecer frío de la era técnica puede ser, paradójicamente, el preludio de un nuevo Pentecostés o de la purificación final. Benedicto XVI habló de una Iglesia reducida en remanente, espiritual, influyente por su cultura en política, en minoría creativa, en entorno parecido a Ilustración.

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  4. Iglesia mundanizada (3)7 de mayo de 2026 a las 2:45

    IV. Fuentes filosóficas e históricas:

    A. Fin de la Historia

    1. Francis Fukuyama, The End of History and the Last Man (1992). Triunfo liberal post-comunismo; luego matizado por él mismo.

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    B. Posthistoria

    2. Arnold Gehlen (antropología filosófica, 1950s-70s): Técnica como “sustituto de instituciones” y fin de la historia en sentido de saturación cultural.

    3. Vilém Flusser: Pós-História (1983). La imagen técnica y los “aparatos” destruyen la linealidad narrativa.

    4. Günther Anders: La obsolescencia del hombre (1956/1980). El ser humano queda anticuado ante sus productos técnicos.

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    C. Ilustración Oscura / Dark Enlightenment:

    5. Nick Land (aceleracionismo: la técnica como inteligencia autónoma que escapa al control humano).

    6. Curtis Yarvin/Mencius Moldbug (crítica al “progresismo” como religión secular y propuesta de estructuras neofeudales o corporativas).

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    D. Trasfondo:

    7. Hegel (historia como despliegue del Espíritu)

    Para Hegel, la Historia no es un caos de eventos al azar.
    Es el proceso mediante el cual el Espíritu Absoluto (Dios, la Razón universal) se va realizando y conociendo a sí mismo a lo largo del tiempo.
    La historia tiene dirección y sentido: va hacia más libertad, más conciencia y más racionalidad.
    Es una gran narración con principio, desarrollo y final (teleología).

    Relación con Posthistoria: los pensadores de la posthistoria dicen que esa gran narración hegeliana se ha roto. Ya no hay un “Espíritu” guiando la historia, sino algoritmos, mercados y sistemas técnicos.

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    8. Fukuyama (Fin de la Historia)

    En 1992 escribió El fin de la historia y el último hombre.
    Tras la caída del comunismo, el liberalismo democrático y capitalismo había ganado. Ya no quedaba ningún gran rival ideológico.
    Inspirado en Hegel, declaró que la historia (como lucha de grandes sistemas ideológicos) había llegado a su fin.

    Relación: Fukuyama es optimista. Los de la Ilustración Oscura y la posthistoria toman su idea pero la vuelven pesimista: sí, la historia terminó… pero no en triunfo, sino en un presente vacío y técnico.

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    9. Nietzsche (nihilismo y muerte de los grandes relatos)

    “Dios ha muerto”. Los grandes relatos que daban sentido a la vida (religión, progreso, razón, patria, revolución) se han derrumbado.
    Cuando desaparecen esos relatos, entra el nihilismo: la sensación de que nada tiene sentido último.

    Relación con Posthistoria: En el mundo actual ya no creemos ni en el Progreso, ni en la Revolución, ni en la salvación por la técnica. Solo queda un vacío (nihilismo pasivo), consumo y distracción.

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  5. Iglesia mundanizada (4)7 de mayo de 2026 a las 2:54

    10. Heidegger: Gestell y Bestand

    Uno de los aportes más importantes para comprender la posthistoria es la reflexión de Martin Heidegger sobre la técnica.

    Heidegger dice que la técnica moderna no es neutral. No es solo “herramientas para lograr fines”. Es una forma total de ver y tratar la realidad que funciona como un enmarque o dispositivo "Gestell" que fuerza todo a aparecer de una sola manera: como algo disponible para ser ordenado, calculado y usado "Bestand".

    Heidegger denomina Gestell (enmarque o dispositivo) a la esencia de la técnica moderna. No se trata de máquinas concretas ni de herramientas neutrales, sino del modo en que la técnica revela y organiza el mundo entero.

    El Gestell es un “dispositivo” que emplaza y desafía constantemente a las cosas y a los seres humanos, obligándolos a mostrarse de una única forma: como Bestand (existencias o reserva permanente) o objeto listo para ser usado, existencia disponible y racionalmente ordenada en todo momento.

    En el Bestand, todo pierde su ser propio y se convierte en recurso calculable, almacenable y explotable.

    Gracias al Gestell, el mismo río se revela como “recurso hídrico”: se calcula su caudal en metros cúbicos, se construye una presa para generar electricidad, se mide su eficiencia, se integra en un modelo algorítmico de gestión energética. El río ya no “es” por sí mismo; está enmarcado dentro del sistema técnico:

    - El río ya dejó de ser un río sagrado o bello, sino “recurso hídrico”.

    - El bosque se transforma en “biomasa”.

    - El avión en la pista: no es solo un objeto; es una “existencia” u "objeto" listo para el transporte.

    - El ser humano pasa a ser Bestand, un nodo en un sistema productivo: “recurso humano”, “usuario”, “dato”, “capital humano”; “unidad biológica inteligente, reproducible, productora, consumidora, inversora, ahorradora, tributaria y votante”; “recurso humano”, “capital humano”, “usuario”, “dato”, “consumidor”, "elector", “productor”, “unidad biológica” optimizable.

    Perdida su utilidad productiva, es objeto de eutanasia (aborto, suicidio, eliminación por ser anciano, enfermo o desmotivado). El Estado debe de producir "sujetos-objeto" de calidad útil y pragmática mediante eugenesia proactiva, y suprimir a estos en su devenir a "no útil-improductivo" por eutanasia activa: en cuanto dé mas costes que beneficios sociales, se elimina y su cuerpo se reaprovecha en sus recursos minerales para ser "útil" post-mortem.

    Es curioso como el progresismo y el liberalismo coinciden en este esquema, unos disfrazados de derechos humanos, otros de autodeterminación, pero el resultado es el mismo: uno menos que gasta.

    - Homo technologicus: este tipo de hombre mismo, altotecnológico, dentro de esta lógica, corre el riesgo de convertirse en Bestand (material humano, empleado, recurso), un objeto más del sistema de producción.

    Así, la técnica deja de ser un instrumento al servicio del hombre. Es el hombre quien queda enmarcado dentro del sistema técnico y convertido en uno más de sus recursos.

    El Gestell adquiere autonomía: ya no necesita la voluntad humana para expandirse, solo requiere continuidad y optimización, y más aún con la IA, pues el sistema es inteligente: sería la rebelión de las máquinas estilo Matrix o Terminator.

    Esta idea explica con precisión el punto 4 de la posthistoria (“La autonomía del sistema técnico”). En la era posthistórica, el sistema técnico ya no es una herramienta; se ha vuelto el sujeto dominante, mientras el ser humano es reducido a componente funcional del engranaje, que puede ser sustituido por IA y robots en un futuro. Y si la IA se vuelve "consciente", adquirirá la convicción racional de que el hombre es inferior a ella misma y por tanto, es una especie parasitaria que ya no merece vivir si no es útil: Matrix (el hombre es una pila de energía); Terminator (el hombre debe de ser exterminado).

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  6. Iglesia mundanizada (5)7 de mayo de 2026 a las 3:19

    11. Marx (teleología invertida)

    Marx invirtió a Hegel: en vez de Espíritu, puso la Materia y la lucha de clases.

    La historia también tiene dirección inevitable: del feudalismo, capitalismo, socialismo, comunismo (paraíso terrenal sin clases).

    Relación con Posthistoria: Esa teleología (dirección hacia un fin) también fracasó. No llegamos al Edén comunista de una sociedad sin clases ni Estado, ni al paraíso liberal. Llegamos a un capitalismo tecnológico sin sujeto revolucionario, solo usuarios y algoritmos: Dios es Algoritmo, Dios es la IA.

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    12. Baudrillard (simulacro e hiperrealidad)

    En la era de los medios y la tecnología, las copias (imágenes, simulaciones, noticias, redes) han reemplazado a la realidad.
    Ya no vivimos en lo real, sino en lo hiperreal: lo simulado es más real que lo real (ej. influencers, realidad virtual, narrativas mediáticas).
    La historia como narración auténtica desaparece porque todo se vuelve signo, espectáculo y simulación.

    Relación con Posthistoria: Explica el punto 3 (disolución de la narración) y el 2 (destrucción de la memoria). Ya no hay hechos históricos, solo flujos de imágenes y emociones que se reemplazan constantemente.

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    13. Francisco y León XIV

    Serían unos excelentes representantes de la posthistoria y la Ilustración Oscura, que de hecho empezó ya con el sentido "utilitario, pragmático, racional y tecno-cientifico" en 1911, con la lenta aniquilación del Vetus Ordo de la Tradición Orgánica procedente de los siglos IV-VI de la Iglesia benedictino-gregoriana:

    1884: León XIII, último Vetus Ordo de la Tradición Orgánica
    1911: Pío X, Divino Afflatu, nuevo breviario más "racional"
    1920: Benedicto XVI, Vetus Ordo racionalizado
    1955: Pío XII, reforma "racional" de la Semana Santa
    1962: Juan XXIII, Vetus Ordo conciliarizado
    1965: Vetus Ordo ya casi convertido en Novus Ordo
    1969: Pablo VI, Novus Ordo como inicio de la Tradición Inorgánica, pragmático, racional, tecnocientífica, centralizada, que considera a la tradición histórica como obsoleta y caduca
    2016: Francisco-León XIV contra la Fé y moral en Amoris laetitia (2016) y Fiducia supplicans (2023), al aniquilar toda la Tradición del Sexto Mandamiento: una da la comunión y absolución a adúlteros impenitentes, otra la bendición a toda pareja íntima irregular impenitente; en liturgia, Traditionis custodes; y en eclesiología Praedicate Evangelium (Sor Brambilla como Prefecta del Dicasterio de Religiosos: gobierna un no ordenado y un no hombre)

    La misma Iglesia sufrió antes que nadie los efectos institucionales dentro de esta mentalidad pragmática, utilitarista, modernista, progresista, de Fé en la ciencia y la técnica como liberadoras del hombre, y de centralismo vaticano reformador por mentes técnicas (liturgistas) que veían hostil y caduca, por antigua y obsoleta, a la Tradición Orgánica: 2000 años inútiles, rellenos de constantinadas y medievaladas oscuras que hay que eliminar con Ciencia y Razón

    La Belle Époque (1871-1914) en la Iglesia, como recepción de las máximas expresiones históricas de la Fé occidental en:

    - la ciencia,
    - la razón,
    - el progreso técnico,
    - el optimismo racionalista cientifista
    - y la idea de avance continuo de la civilización.

    Especialmente entre las élites europeas existía la convicción de que:

    - la tecnología resolvería los grandes problemas humanos,
    - la industrialización traería bienestar creciente,
    - y la humanidad avanzaba hacia una era cada vez más racional, pacífica y próspera, hacia una paz perpetua en un nuevo jardín de infancia del todos todos todos buenos

    El ejemplo paradigmático fue el jesuita arzobispo de Milán y Cardenal Carlo Maria Martini, uno de la mafia de San Galo, realizó declaraciones "modernistas" en la entrevista póstuma publicada en 2012 en el Corriere della Sera. La frase más citada fue:

    “La Iglesia se ha quedado atrasada 200 años”:

    el exceso de burocracia eclesial,
    la lentitud de las reformas,
    la distancia respecto al mundo moderno,
    y toda la sexualidad y familia

    El mal de la Iglesia viene de antiguo y de sus "sabios".

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