Me han pasado un artículo del diario independentista Ara, con el titular "La Iglesia se divorcia de la extrema derecha", todo un amplio escrito con diversas fuentes consultadas para avalar esta teoría. Después de leer todo el contenido, uno se da cuenta de que al menos en Cataluña, esa Iglesia solo se refiere al arzobispo Planellas, ya que no han encontrado la declaración de ningún otro obispo de la Tarraconense, o de algún alto cargo eclesiástico catalán que vaya en esa misma dirección.
Pero interesa y mucho dar esa versión, de que la extrema derecha es tan mala que no la traga ni la Iglesia. En el paquete incluyen maliciosamente también al PP por aquello del pacto sobre la "prioridad nacional" para que los populares puedan gobernar en algunas comunidades en las que no tienen mayoría absoluta.
Pero no han encontrado ningún otro obispo catalán que defienda su postura, ni siquiera el tan francisquista cardenal Omella, bastante prudente en esta cuestión, porque sabe que tiene muchos matices y que no hay ni mucho menos unanimidad en el episcopado español por mucho que todos cierren filas alrededor del Papa, que en esto la verdad es que tampoco se ha pronunciado explícitamente como si lo ha hecho con valentía contra la guerra. Sin pesos pesados eclesiales a favor de su causa, han buscado a otros personajillos vinculados a la Iglesia que defiendan su teoría.
Y aquí es donde se ve el plumero al periódico, porque estas personas consultadas son todas de la misma línea ideológica, el típico independentismo progresista y sus grandes "gurús". Entre ellos un sacerdote, Joan Cabot, el que participaba en las manifestaciones a favor de la secesión, y que no se ha estado de publicar en la prensa que le encantaría presidir el sacramento del matrimonio con personas del mismo sexo. Este clérigo afirma en el escrito que "la estrategia de Vox lo contamina todo" aunque reconoce que "muchos cristianos se inscriben" en esas teorías.
Otro de los consultados es nuestro amigo el archiconocido "comisario" Carles Armengol, que siempre está en todas las salsas de los medios progresistas catalanes, y que en esta cuestión dice que "el catolicismo politico [de la derecha radical] ha sido desde hace mucho tiempo, más español que religioso" de ahí que se puede entender su oposición al mundo musulmán. El tercero en aparecer es Joan Maluquer, actual responsable de la Lliga espiritual de la Mare de Déu de Montserrat, otro conocido chiringuito del nacional-progresismo, que dice que "la base de la extrema derecha es el discurso contra la inmigración" y por eso las críticas de la Iglesia los han dejando con el paso cambiado.
Aquí en Cataluña esta polémica es cosa de Planellas y de su escudero y promocionador Oscar Bardají, como lo demuestra el hecho de que el arzobispo de Tarragona no ha atacado directamente a Aliança Catalana, que es independentista, sino sólamente a Vox, que es españolista, cuando ambas formaciones tienen una ideología calcada en el tema de la inmigración. Aún así Sílvia Orriols, se ha sentido aludida por las críticas a Vox de Planellas cuando dice que un xenófobo no puede ser un buen cristiano, y ha dicho con gran ironía: "A ver si para ser un buen cristiano ahora tendrás que ser pro-Islam", y no se contenta con eso, sino que afirma de manera contundente que "Promover y aplaudir la islamización de Europa a través de la inmigración desenfrenada o envolver al Niño Jesús con un pañuelo palestino después del ataque terrorista sufrido por el pueblo judío, no me parecen correctos por parte de quienes mandan en el cristianismo".
Por su parte VOX está intentando suavizar el enfrentamiento con representantes del episcopado español, sobre todo pensando en la próxima visita del Papa a España, y agradece posiciones como la del arzobispo de Oviedo, no olvidemos que el líder de la formación, Santiago Abascal tiene en su despacho una fotografía del cardenal Robert Sarah, africano de origen, pero muy crítico con la manera como se está llevando la emigración de su continente a Europa.


La relación entre Vox y el episcopado español atraviesa una etapa de tensión pública y confrontación abierta, especialmente a raíz de sus profundas discrepancias en política migratoria y la financiación de entidades eclesiales.
ResponderEliminar1. El choque por la inmigración
Es el principal foco de ruptura. Mientras la Conferencia Episcopal Española (CEE) defiende la acogida de inmigrantes basándose en la Doctrina Social de la Iglesia, Vox ha endurecido su discurso
Acusaciones de "negocio": Santiago Abascal ha acusado a la jerarquía eclesiástica de actuar por intereses económicos, sugiriendo que la Iglesia se "enriquece" con la gestión de la inmigración ilegal.
Críticas a Cáritas:
Vox ha condicionado ayudas públicas a organizaciones, incluyendo las religiosas, exigiendo que no "promuevan" la inmigración ilegal.
Veto a rezos: La CEE censuró a Vox por prohibir rezos musulmanes en instalaciones públicas (como en Jumilla), calificándolo de contrario a la Constitución y a los derechos humanos.
2. Desencuentros ideológicos y políticos
Aunque comparten posturas en temas como el aborto o la eutanasia, Vox reprocha a los obispos lo que considera "tibieza" en otros frentes:
Ideología de género:
Vox critica que la Iglesia no dé suficiente batalla contra las leyes trans y de género, a pesar de que la CEE ha publicado comunicados críticos contra estas normas.
Valle de los Caídos: Abascal ha expresado su "perplejidad y tristeza" ante la actitud de los obispos respecto a la exhumación de Franco y el futuro de la basílica.
"Lejanía de la realidad": Desde el partido se acusa a los prelados de vivir desconectados de los problemas de los ciudadanos católicos que votan a Vox.
3. Respuesta del Episcopado
La cúpula de la Iglesia, encabezada actualmente por Luis Argüello (presidente de la CEE), ha respondido con firmeza: Religión Digital
Rechazo a la xenofobia: Diversos obispos han advertido que posturas xenófobas son incompatibles con ser un "verdadero cristiano".
Acusaciones de injurias: La Iglesia ha calificado de "injurias" las afirmaciones de Vox sobre el beneficio económico derivado de la inmigración.
Defensa de la unidad: Los obispos han acusado a Abascal de fomentar la división y la polarización política.
En resumen, la alianza natural que podría esperarse entre un partido conservador y la Iglesia se ha roto, dando paso a un escenario donde Vox cuestiona incluso el sistema de financiación eclesial y la autoridad moral de los obispos en temas sociales.
El Primado de las Españas "excomulga" a los políticos mas católicos y cristianos de España, si van a Misa coincidirá con muchos cargos de VOX y algunos del PP , que hacen cola en el confesionario, siguen con fidelidad la Misa y comulgan con devoción y sus acciones políticas sobre todo sus votos son coherentes con el Catecismo de la Iglesia Catolica.
ResponderEliminarEl Arzobispo de Tarragona, comulga con los separatistas, abortistas, eutanasiadores, comunistas, wokes, pijoprogres de la cup, etc. que no van a Misa ni piensan en hacerlo y mucho menos en confesarse, le parece bien que vivan en concubinato, maten a los bebes, que los hombres sean despreciados como desechos humanos (les encanta esto a las feministas woke).
Asi esta su diócesis, donde ya nadie pone la X en el IRPF y las vocaciones emigran a otros obispados.
Sic transit gloria mundi.
LA PINZA ESTRATÉGICA. REAGAN, JUAN PABLO II Y EL FIN DE LA UNIÓN SOVIÉTICA. En mi exclusiva opinión, hoy puede verse un evidente declive de Occidente, y sobre todo la Iglesia Católica de León XIV, antes con Francisco. Pero eso no fue así.
ResponderEliminarEn los primeros años de la década de 1980 coincidieron en el escenario mundial tres hechos que terminarían por articular una estrategia sin precedentes: la Guerra Fría llegaría a su fin, pero la guerra seguiría por más caminos, los clásicos y los nuevos: si vis pacem, para bellum.
Ronald Reagan llegaba a la presidencia de los Estados Unidos el 20 de enero de 1981 con una convicción que sus predecesores habían esquivado: la "URSUS", Unión Soviética, no era un equilibrio estable que gestionar, sino un sistema estructuralmente débil que podía colapsar y que por tanto, el comunismo socialista debía de ser destruído y aniquilado.
Juan Pablo II llevaba ya tres años al frente del pontificado desde el 16 de octubre de 1978, y su mera elección había sido interpretada correctamente por los servicios de inteligencia soviéticos como una amenaza existencial para el bloque del Este: un papa polaco, anticomunista, con acceso moral directo al eslabón más frágil del sistema soviético, Polonia, entre la URSS y la RDA.
Y ambos habían sobrevivido, con meses de diferencia, a sendos atentados —Reagan en marzo de 1981, Juan Pablo II en mayo de ese mismo año— que, lejos de neutralizarlos, los dotaron de una determinación reforzada providencialmente sincronizada: dar la puntilla a un régimen ominoso, demoníaco, que mató 100 millones de personas, la Bestia Roja, la URSS.
Sobre ese trasfondo se construyó lo que la historiografía ha denominado una alianza estratégica convergente: no un pacto formal con articulado escrito, sino una cooperación encubierta, pragmática y eficaz, cuya reunión fundacional tuvo lugar en el Vaticano el 7 de junio de 1982.
El periodista Carl Bernstein, uno de los investigadores del caso Watergate, la documentó en un trabajo publicado en la revista Time en 1992. El diagnóstico compartido era claro: la URSS era vulnerable, y el momento de actuar había llegado.
El dilema soviético: cañones o mantequilla
La lógica estratégica de la alianza descansaba sobre una premisa económica tan sencilla como letal para la URSS: destinaba hasta el 20% por ciento de su PIB al gasto militar, una proporción insostenible para una economía planificada que ya acusaba un deterioro estructural grave, por un hecho lógico en sistema comunista y socialista: el centralismo nunca satisface a la gente como la libertad de mercado.
Si se conseguía forzar al sistema soviético a gastar militarmente más de lo que podía permitirse, el colapso se produciría desde dentro, sin necesidad de confrontación armada directa en Europa, lo más temible.
La administración Reagan aplicó este principio con disciplina. En 1983, el presidente anunció la Iniciativa de Defensa Estratégica —conocida popularmente como la «Guerra de las Galaxias»—, un proyecto que supuso no solo un gran golpe de efecto político, sino también el paulatino agotamiento de la economía soviética, incapaz de sostener el coste de esa carrera armamentística.
A ello se sumó el apoyo encubierto a la guerrilla afgana frente a la ocupación soviética, que convirtió Afganistán en una sangría de recursos humanos y materiales para Moscú. Las guerras subsidiarias en Centroamérica y otras regiones completaban el cuadro: la URSS debía responder en múltiples frentes simultáneos con una economía que no daba más de sí:
1. Carrera armamentística
2. Guerras periféricas en Centroamérica
3. Guerra de Afganistán
4. Guerra de las Galaxias
Además, dos catástrofes providenciales ayudaron a destruir a la Bestia Roja:
1. La catástrofe de Chernóbil, que desvió muchísimos recursos en el 26 de abril de 1986
2. El desastre de la base de Severomorsk, del 13 al 17 de mayo de 1984, la explosión del depósito militar de la Flota Norte: esta Flota quedó neutralizada seis meses y la base tardó dos años en recuperarse.
3. El trienio de los tres presidentes: Andropov (1983-84), Chernenko (1984-85), y Gorbachov (1985-1991), que abrió un sistema comunista y socialista ya colapsado con el trilema uskoréniye (aceleración), glásnost (liberalización, apertura, transparencia) y perestroika (reconstrucción)
ResponderEliminarEl dilema clásico de la economía de guerra —cañones o mantequilla, gasto militar o bienestar civil— se volvió irresoluble para el Kremlin. Moscú eligió los cañones y sacrificó la mantequilla. Las consecuencias internas fueron inevitables, terribles.
El papel del Vaticano: Polonia como palanca
Los grandes dirigentes comunistas de la época veían en la elección del cardenal de Cracovia una amenaza mortal para la supervivencia del modelo comunista, conscientes de que un papa polaco tendría un efecto decisivo en la revitalización del patriotismo anticomunista de su país, que siempre había sido el eslabón más débil del bloque soviético, del Pacto de Varsovia y del COMECON.
Juan Pablo II lo sabía y actuó en consecuencia. Su primera visita a Polonia, en junio de 1979, supuso según varios historiadores el comienzo del fin de la URSS. Durante nueve días, millones de personas acudieron a verle. El pueblo polaco redescubrió su propia fuerza y, con ella, la debilidad real del régimen que lo oprimía. El líder de Solidaridad, Lech Wałęsa, señaló que la clave del éxito del movimiento fue precisamente aquella visita: 1979.
Juan Pablo II era la inspiración y el máximo protector del movimiento Solidaridad, una alianza de trabajadores no comunistas dentro del imperio soviético que regía Polonia. La Iglesia católica participó activamente en la organización del sindicato en la línea política y social que el mismo defendía. El pontífice visitó Polonia de nuevo en 1983 y se reunió tres veces con Wałęsa. Ese mismo año, el líder sindical recibió el Premio Nobel de la Paz.
La aportación del Vaticano no era militar sino de otro orden, más duradero: legitimidad moral, cohesión identitaria, red humana capilar en territorios donde la CIA no podía penetrar.
El embajador de Reagan ante la Santa Sede, Frank Shakespeare, afirmó que su función consistía esencialmente en un intercambio de información entre el Vaticano y su gobierno, y añadió que el conocimiento de la Santa Sede sobrepasaba en muchos casos al de los Estados Unidos en áreas como Polonia, Checoslovaquia y Europa oriental.
Coordinación operativa y financiación encubierta
La cooperación no era solo de principios. En 1981, con las tropas soviéticas concentradas en la frontera polaca, la CIA informó al Papa de los movimientos militares. El Vaticano, a su vez, difundió el rumor de que si la URSS invadiera Polonia, el pontífice viajaría a su país natal. La amenaza surtió efecto: Moscú no intervino militarmente de forma directa.
La CIA transfirió alrededor de diez millones de dólares en cinco años a Solidaridad, canalizados siempre a través de terceros para preservar la negabilidad plausible. El sindicato recibía fondos desde los países occidentales y el director de la CIA, William Casey, se aseguró de que siguieran llegando. Con esas ayudas, Solidaridad publicaba periódicos, revistas, boletines de fábrica y emisiones radiofónicas encubiertas; solo entre 1982 y 1983, cerca de ocho millones de dólares.
El resultado y sus límites
Este proceso Juan Pablo II-Reagan fue una conspiración orquestada que fue el adyuvante, el impulso que faltaba para el colapso soviético. El sistema ya padecía disfunciones estructurales graves —ineficiencia económica, atraso tecnológico, rigidez del aparato planificador— que ninguna presión exterior había creado. La catástrofe de Chernóbil en 1986 agravó la crisis de legitimidad interna. Y la figura de Mijaíl Gorbachov resultó decisiva: sus reformas —la perestroika y la glasnost— abrieron fisuras que el propio sistema no supo controlar.
Lo que la alianza Reagan–Juan Pablo II hizo fue acelerar y dirigir un proceso que tenía raíces propias. Aplicó presión exterior precisa sobre una estructura que ya cedía; activó, desde dentro, la resistencia de sociedades que conservaban su identidad bajo el falso barniz comunista genocida; y privó al régimen soviético del tiempo y los recursos para sobrevivir algún tiempo más: aceleró su desgarramiento interno, su implosión.
ResponderEliminarConclusión
La convergencia entre Ronald Reagan y Juan Pablo II fue un plan de guerra total que combinaba lo viejo (guerras sin descanso) y lo nuevo (economía, Polonia), fue una alianza estratégica real, discreta y eficaz, articulada sobre un diagnóstico compartido —la mortal y próxima vulnerabilidad estructural total de la URSS— y un reparto funcional claro: presión económica y militar desde Washington; movilización moral y social desde Roma. Polonia fue el territorio donde ambas palancas actuaron de forma simultánea y con mayor eficacia.
La historia registra el resultado: en 1989 cayó el Muro de Berlín. En 1991 se disolvió la Unión Soviética. Que ello no hubiera sido posible sin la acción combinada de ambos líderes es una conclusión que la documentación histórica disponible sostiene con solidez suficiente.
Hoy en día la guerra vuelve de nuevo (¿cuándo se fue?), Polemos reclama su lugar en la historia de donde nunca salió: la guerra es una forma de continuar la política por los supremos medios de la ultima ratio de Estado. León XIV vendrá, todo será magnífico, tendremos un momento de paz con 13.000 policías, todo será un quedabién estupendo: "Todos todos todos ustedes son maravillosos, todo vale, todo va bien, todo lo hacen bien, nada pasa, sigan pecando".
Pero hay una nueva geopolítica: China avanza, Rusia resiste, India se proyecta, Irán se reivindican, EEUU se reorganiza, Europa se autoengaña en la paz perpetua, a la que León XIV se presta: "Paz, paz, paz", en medio de una plataforma que se quema por los cuatro costados.
El declive de Occidente: diagnóstico civilizacional e institucional
I. Tesis central
Occidente atraviesa un declive histórico estructural. Dicho declive no es meramente económico, demográfico ni geopolítico, sino ontológico: afecta a los fundamentos que articulaban la civilización como un organismo con memoria, identidad y voluntad de permanencia. La pérdida de esos fundamentos se manifiesta de forma paradigmática en la crisis de su institución más representativa: la Iglesia Católica.
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II. Los cuatro pilares perdidos de la civilización
1. Una civilización subsiste en la medida en que conserva cuatro condiciones esenciales: organización, doctrina, fidelidad doctrinal y voluntad de permanencia. Occidente ha comprometido gravemente las cuatro.
2. La organización ha degenerado en burocracia tecnocrática: una estructura técnica indiferenciada, administrada por oligarquías que gestionan sus propios intereses a expensas de poblaciones desarraigadas, gobernadas por un aparato abstracto y cosmopolita carente de raíces y pertenencia. El criterio cuantitativo —la eficiencia medible, el crecimiento estadístico, la gestión de flujos— ha sustituido al criterio cualitativo: la excelencia, la nobleza, la verdad.
3. La doctrina ha sido progresivamente vaciada o invertida. Las grandes tradiciones filosóficas, jurídicas y teológicas de Occidente han sido sustituidas por ideologías funcionales al orden tecnoeconómico vigente, carentes de toda trascendencia y profundidad metafísica.
4. La fidelidad doctrinal ha sido reemplazada por un relativismo adaptativo que presenta la apostasía de los propios principios como evolución, diálogo o misericordia.
5. La voluntad de permanencia —el instinto civilizacional de transmitir un legado y defenderlo— ha sido estigmatizada como conservadurismo, etnocentrismo o reaccionarismo, y sustituida por una apertura indiscriminada que disuelve la identidad sin construir nada en su lugar.
III. La Iglesia Católica como caso paradigmático
ResponderEliminarLa Iglesia Católica es el espejo más nítido de este proceso, precisamente porque fue durante siglos la columna vertebral espiritual, estética, filosófica e institucional de la civilización occidental. Su declive bajo el pontificado de Francisco y su continuación bajo León XIV no es accidental, sino el fruto coherente de un programa doctrinal sistemático.
A. El desmantelamiento litúrgico y estético
El Novus Ordo Missae, impuesto tras el Concilio Vaticano II, supuso la ruptura con la tradición litúrgica orgánica. Su resultado estético —la banalización del rito, la arquitectura sacra deshumanizada, el arte religioso desprovisto de sacralidad, el vacío espiritual— no es un efecto colateral sino la expresión visible de una teología que ha priorizado lo horizontal sobre lo vertical, lo social sobre lo trascendente, la asamblea sobre el sacrificio. Traditionis Custodes (2021) vino a suprimir sistemáticamente el último reducto de la legitimidad litúrgica tradicional, el Vetus Ordo de 1962 (por cierto, el más degradado de todos los misales, después de la reforma del breviario de 1920 y de la Semana Santa de 1955) declarando a la Misa de todos los siglos un peligro para la unidad eclesial.
B. El derrumbe doctrinal
Los documentos magisteriales del período francisquista-leonino constituyen, considerados en conjunto, una doctrina coherente de disolución:
- Amoris laetitia (2016) introduce la casuística situacional en la moral conyugal, relativizando la doctrina sobre el matrimonio y la comunión sacramental.
- Fiducia supplicans (2023) extiende la bendición a uniones objetivamente contrarias a la ley natural, invirtiendo siglos de disciplina sacramental.
- Fratelli tutti (2020) consagra un humanitarismo universalista disolvente del principio de preferencia natural por la propia comunidad, la patria y la nación.
- Laudato si (2015) subordina la teología a una agenda medioambiental de cuño tecnocrático-globalista.
- Praedicate evangelium (2022) desmantela la estructura jerárquica de la Curia Romana, diluyendo la autoridad doctrinal en favor de una gestión colegial indiferenciada.
C. El colapso de lo espiritual ante lo social
El eje vertebrador de este proceso es la sustitución del fin sobrenatural de la Iglesia —la salvación de las almas, salus animarum— por una misión social de carácter inmanentista: la construcción de un mundo más justo, inclusivo y sostenible. La proclamación del kerygma pierde coherencia y urgencia cuando la institución que lo anuncia presenta soteriologías irreconciliables según la geografía, la cultura o la sensibilidad pastoral del momento. No puede proclamarse con credibilidad la necesidad de la salvación si simultáneamente se afirma, de modo implícito o explícito, que todos los caminos conducen al mismo destino.
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IV. El diagnóstico civilizacional ampliado
El fenómeno eclesial no es autónomo, sino que reproduce a escala institucional una patología civilizacional más vasta.
A. La cancelación de la legitimidad histórica
ResponderEliminarLas obras culturales de Occidente han sido vaciadas de alma. Este vaciamiento opera en varios planos simultáneos:
- Filosófico: los principios metafísicos clásicos —el ser, la verdad, el bien, la belleza como trascendentales— han sido sustituidos por el pragmatismo, el constructivismo y el nihilismo performativo.
- Jurídico: los principios del derecho, enraizados en la tradición romano-canónica y en el derecho natural, han sido progresivamente subvertidos por normas ajenas a su raíz histórica, impuestas mediante organismos supranacionales sin legitimidad democrática ni cultural.
- Estético: las formas artísticas han sido banalizadas y deconstruidas, privadas de toda referencia a lo humano, lo bello y lo sagrado, reducidas a experimentación técnica o a denuncia ideológica.
- Lingüístico: las lenguas son estandarizadas por el interés mercantil y tecnológico, erosionando la riqueza expresiva, la diferencia cultural y la identidad de los pueblos.
B. La ruptura con el territorio y el linaje
Las instituciones han perdido la conexión con el linaje y la patria. Las ciudades han sido transformadas en megalópolis deshumanizadas, carentes de identidad local, desconectadas de la naturaleza y del paisaje que durante siglos articuló la relación entre el hombre y su entorno. La masa urbana resultante es exactamente lo que el modelo oligárquico necesita: individuos atomizados, desorientados, fácilmente gestionables mediante el consumo, el entretenimiento y el miedo.
C. La traición al orden orgánico-nacional
Aquí reside uno de los aspectos más graves del declive: la Iglesia Católica, que históricamente fue defensora del orden natural de comunidades, patrias y naciones —del principio de subsidiariedad, de la legítima distinción de los pueblos, de la bendición de los ejércitos que defendían lo propio—, se ha sumado al globalismo deshumanizador en todos sus aspectos fundamentales.
D. Niega o relativiza:
- La concepción orgánica de la comunidad nacional como realidad natural y legítima.
- El patriotismo como virtud moral ordenada al bien común particular.
- La defensa de lo propio como deber de justicia antes que como pecado de exclusión.
- La continuidad territorial e histórica de los pueblos.
- El principio hereditario como transmisión legítima de cultura, fe y pertenencia.
- La concepción clásica y natural de la vida, la familia y el matrimonio.
- La jerarquía natural de hombres y valores, sustituida por un igualitarismo disolvente.
- La Tradición como sostén del catolicismo.
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V. Conclusión: una civilización que se ha olvidado de sí misma
El diagnóstico final es preciso: Occidente es hoy una poderosa organización técnica indiferenciada que ha olvidado los fines para los cuales fue construida. Subsiste como residuo administrativo, sostenido por inercia institucional y capacidad tecnológica, pero privado del alma que le daba sentido, dirección y voluntad. Una civilización que cancela su propia legitimidad espiritual, estética y filosófica no evoluciona: se suicida ordenadamente, administrando con eficiencia burocrática su propia disolución.
La Iglesia Católica, lejos de ser el antídoto, se ha convertido bajo la dirección actual de León XIV en uno de los vectores más activos de ese proceso. Esta es la gravedad singular del momento: la institución llamada a ser el faro de la trascendencia en la historia ha elegido ser espejo de la inmanencia que la rodea, una vulgar rueda del globalismo.
Es un momento histórico muy interesante y muy divertido, muere algo y nace algo, mientras nuestros líderes, incluido León XIV, van como pollos sin cabeza (aunque para qué tener cabeza, si de momento demuestran que tienen poca cosa dentro).
Polemos, conflicto, guerra, vuelve a reclamar su lugar en la política y la historia: hoy el problema es que la energía de combustibles fósiles del Golfo Pérsico se traduce a bienes y servicios, Europa no tiene soberanía energética ni mineral (la energía nuclear será ya "verde", jeje), Asia va a reclamar más energía: crisis futura...