Los seminaristas colombianos de Urgell

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El obispo Vives con los diáconos colombianos Gilberto Bea y Edinson-José Salas
 
Este pasado domingo fue el día del Seminario, momento en que las diócesis ofrecen datos de sus seminarios y de las cifras de seminaristas. Aunque este año ha sido mejor que el anterior, no es ningún secreto que los números no son los deseados, pero siempre hay excepciones, aunque no solo hay que quedarse con los números fríos, porque a veces hay algunas consideraciones que hay que tener en cuenta.
 
Así por ejemplo la pequeña diócesis de Urgell tiene 6 seminaristas, algo que en principio parece que no está nada mal, pero solo hace falta mirar la lista oficial y observar sus nombres y apellidos para darse cuenta de que muy catalanes no parecen. Estamos hablando de Juan David Franco (Curso propedéutico), Leonel Swistoniuk (1º de Filosofía), Eudald Pérez García (1º de Filosofía), Juan Carlos Carrillo Rodríguez (2º de Filosofía), Carlos Steve Rosas (Curso de Pastoral) y Mateo Arias Arango (Curso de Pastoral).
 
Si desglosamos por nacionalidades 4 de ellos son colombianos, uno es argentino a pesar de que su apellido Swistoniuk hiciera pensar que fuera de un país de Este. Solo uno de ellos, Eudald,  podríamos decir que es autóctono.
 
La diócesis de Urgell hace años, desde los tiempos del obispo Joan Martí Alanís, optó por la importación de seminaristas colombianos para paliar la crisis de vocaciones que aún se agrava en una diócesis rural con una barbaridad de pequeñas parroquias que hay que cubrir mínimamente. La experiencia ha tenido defensores y detractores, el nacional progresismo por ejemplo, siempre ha criticado esta fórmula porque considera que no se adaptan al "tarannà" catalán. De hecho, el obispo Joan Enric Vives sondeó la posibilidad de "importar" seminaristas filipinos, teóricamente más dóciles y con más fácil adaptación a la realidad catalana, pero parece que finalmente sigue predominando la cantera colombiana.
 
El seminarista colombiano Juan Carlos Carrillo
 
Estas fórmulas de importación de seminaristas o de vocaciones a la vida religiosa tiene sus riesgos y posibles complicaciones, pero permite atender espiritualmente a muchos fieles que de otra manera quedarían desamparados. Es una forma de tapar un problema, y a veces optando por una solución aparentemente fácil no se toma conciencia de que algo está fallando o no se han hecho las cosas suficientemente bien.
 
¿Qué ha pasado para que algunas diócesis de la Cataluña profunda no surjan vocaciones del territorio? No es una cuestión de culpar al nacionalismo como causa de todos los males diciendo que han convertido a sus hijos al "Dios-nació" en vez de al Dios de Jesucristo, hay bastantes más consideraciones, especialmente que un tipo de movimientos eclesiales nada progresistas, que están dando muchas vocaciones en diócesis catalanas como Barcelona o Terrassa no se encuentran presentes en esas iglesias más rurales.
 
Sea como sea, falta una autocrítica que analice las causas y motivos de esa falta de vocaciones y un verdadero propósito de enmienda, si no es así no queda otra que ir cerrando parroquias o "importar" seminaristas de otros continentes.
 
Francisco Fabra 

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