Retorno a Brideshead, publicada por primera
vez en 1945 es la novela más famosa del
la escritor inglés Evelyn Arthur Waugh, reconocido por obras irónicas,
desencantadas e ingeniosas, como "El difunto querido", que critica a
la clase dirigente británica. Retorno a Brideshead, en cambio, es una obra
profunda, conmovedora y trágica. Waugh fue un católico ferviente, uno de los muchos
católicos ingleses (en su caso, un converso) que fueron figuras prominentes en
la escena literaria británica de la primera mitad del siglo XX, desde Tolkien
hasta Chesterton, desde Benson hasta Belloc, desde Knox hasta Green. Un grupo
de autores que, idealmente, se extiende desde el cardenal Wiseman hasta los
años del Concilio Vaticano II, que, entre otras cosas, también logró extinguir
esta gran vena artística. Waugh falleció en 1966, tras haber vivido para
presenciar la conclusión del Concilio, que recibió con considerables críticas y
reservas. Mantuvo una visión teológica tridentina hasta su muerte.
La obra de Waugh, acertadamente descrita por
el erudito Richard Griffiths como la "cumbre de la Tradición", es muy
diversa, y solo con “Brideshead Revisited” la temática católica cobra
relevancia. El subtítulo, "Memorias sagradas y profanas del capitán
Charles Ryder", refleja la coexistencia de elementos satíricos y
religiosos, pero, sobre todo, revela la naturaleza íntima del texto, que evita
una trama abiertamente apologética y vira hacia una historia de refinado gusto
aristocrático que, entre los pliegues de una vida mundana y aparentemente
serena, esconde las semillas del tormento social y espiritual.
“Retorno a Brideshead” , como todo clásico
literario, continúa interpelando a sus lectores generación tras generación,
revelando incluso más de lo que su autor pretendía. Waugh había decidido dejar
de lado sus compromisos editoriales más urgentes por un tiempo y dedicarse en cuerpo
y alma a una novela escrita exclusivamente para sí mismo, totalmente
indiferente a la lógica del mercado. Es una novela que, detrás de sus
apariencias estéticas y de la descripción de la vida de la aristocracia inglesa
después de la Primera Guerra Mundial, llega al entendimiento con el catolicismo
inglés, un catolicismo muy peculiar.
La Iglesia católica, bajo Enrique VIII y aún más bajo su hija Isabel I, había
sido proscrita, perseguida hasta el derramamiento de sangre y recluida en las
catacumbas, donde permaneció durante casi tres siglos. La elección había sido
entre la apostasía y el martirio, y para los aristócratas, permanecer católicos
significaba perder su riqueza, propiedades y posición social. Quienes no se
convertían a la iglesia estatal eran llamados "recusantes", porque
rechazaban la pretensión del rey de ser la cabeza de la Iglesia. Luego, en
1829, las Leyes Penales que los habían perseguido fueron definitivamente
derogadas, y los católicos resurgieron de un largo estado de humillación y
opresión, que había dejado huella en sus vidas y su cosmovisión.
En la novela de Waugh, esta fe dolorosa y
crucificada es evidente, particularmente en la figura de Lady Marchmain. Junto
a esto, también está la problemática fe de Lord Marchmain y de su esposo el señor
de Brideshead, un converso que rápidamente perdió la fe que había abrazado
temporalmente. Pero la novela también presenta a su hijo menor, Sebastián,
quien al principio parece simplemente un dandy excéntrico y devoto del
esteticismo.
El
chico, en realidad, es presa de diversos demonios, en particular del
alcoholismo, que lo alejarán de Inglaterra y sus riquezas, y finalmente lo
llevarán —al final de su naufragio humano— a un convento en un país árabe.
«Siempre hay gente extraña en un convento, gente que no se adapta a la vida
exterior ni a la regla monástica»: así se juzga su elección, que lo llevó, tras
años de fiestas, champán y coches de lujo, al monasterio del desierto, sin
llegar a ser monje, viviendo al margen de la comunidad como hermano lego. «Las
personas como Sebastián son muy cercanas y queridas por el Señor», dirá en
cambio su hermana Julia. «Nadie puede llegar a ser santo sin haber sufrido
primero», es otra frase extraordinaria en estas páginas. Sebastián había vivido
con una vergüenza particular: no la de su vida como esteta en Oxford, sino «la
vergüenza de no ser feliz». El mundo de Brideshead es observado y descrito a
través de la mirada de Charles Ryder, un artista ajeno al catolicismo
inflexible de estos descendientes de los recusantes, asombrado por su sentido
del deber, su disposición a aceptar el sufrimiento y su destino. Un pasado
glorioso destinado a desmoronarse como los colores de antiguos escudos de
armas. Asimismo, la fe de la familia está en constante peligro, presa de las
tentaciones de la nueva era que avanza, «esta era escalofriante», como la llama
Julia.
El
hilo conductor que une los episodios de esta novela fue explicitado por el
propio autor en el prefacio de la edición revisada de 1960: «El libro gira en
torno a lo que la teología define como el acto de la Gracia, es decir, el acto
de amor inmerecido y unilateral mediante el cual Dios llama a las almas a sí».
Perdidos en tormentosos lazos existenciales, los personajes son perseguidos
constantemente por el espectro de la llama divina, un dulce e inesperado
acontecimiento que, como un sabueso, nunca abandona sus almas.
En
1981 RTVE emitió la obra como miniserie en 11 capítulos a través de La 2 con un
apabullante éxito, siendo calificada en una recensión de “El Diario Vasco” como
“sublimación de la belleza televisiva”. La edición por Tusquets despertó el
interés masivo por ella.
En
2008 se emitió por la gran pantalla, con la sublime interpretación de Emma
Tompson, Matthew Goode y Ben Whishaw.
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet


