La archidiócesis de Barcelona ha entrado en una actividad frenética, de proyectos y acciones pastorales, a marchas forzadas y con prisas como si no hubiera un mañana, como si con la próxima jubilación del cardenal Omella se acabara todo y hay que aprovechar el poco tiempo que le queda como si con la llegada de un nuevo arzobispo no se pudiera ya hacer nada.
El clero anda completamente desconcertado, no paran de llegarle documentaciones, propuestas, inauguraciones y presentaciones de iniciativas, en un tiempo que debiera ser plácido y tranquilo, como lo ha sido en todos los otros finales de pontificado cuando el obispo saliente es consciente del final de su mandato y se está quieto para no hipotecar a su sucesor, esto ha pasado aquí y en todas partes, excepto con Omella.
La última propuesta es "Spe Salvi" una buena iniciativa que tiene la intención de evitar la lacra de los suicidios, que cada vez son más abundantes y golpean con dureza a los más jóvenes. El nombre, que significa "salvados en la esperanza", recuerda la segunda encíclica del añorado Papa Benedicto XVI, hasta aquí todo perfecto, el problema es que este proyecto tiene todos los tics negativos de esta loca carrera que recuerda a algunos ayuntamientos cuando se acercan las elecciones y el ritmo de actuaciones municipales se redobla o triplica para arañar algún que otro voto indeciso.
Como en el resto de iniciativas de este estresante periodo, no ha sido consultada con los Consejos Diocesanos, que ni siquiera han sido informados, sus miembros se han enterado por la prensa como el resto de los ciudadanos y los fieles. Hay como una maquinaria en el palacio episcopal que trabaja a destajo, creando proyectos, sin tener en cuenta para nada al clero, incluyendo al que tiene responsabilidades diocesanas.
Se ha priorizado coordinar el proyecto con la Administración, con quien sí que interesa tener el visto bueno, así la Generalitat de Catalunya ha incluido la iniciativa diocesana dentro del Plan Nacional de Prevención al Suicidio de Cataluña (PLAPRESC), ellos sí que estaban al caso de todo, y tenían información detallada de todo, el clero no se enteraba de nada. Y esto es un verdadero despropósito, porque son los sacerdotes los que atienden directamente a las personas que tienen tentaciones de suicidio, son los mismos presbíteros los que intentan disuadir a estos de sus malas intenciones, y solo en el caso de verse impotentes para ello pueden recurrir a otras instancias más "profesionales". Nadie va a ir directamente a "Spe Salvi", son los sacerdotes los que pueden dirigir allí a las personas que acuden a las parroquias, sean creyentes o no.
También como en otras de estas iniciativas realizadas con rapidez y prisas, se observa la ausencia de sacerdotes diocesanos, delante de estos proyectos hay personas laicas, y no se vayan a pensar que son del laicado implicado en la diócesis o en movimientos apostólicos, son simplemente "profesionales" en materia psicológica y psiquiátrica. Parece que la esperanza cristiana no interesa, ni la luz de Jesucristo, ni la palabra evangélica, al final nos convertimos en un simple apéndice del laicista departamento de Sanidad del gobierno de turno.
Solo hay que ver el acto de presentación de este pasado sábado en el edificio del Seminario Conciliar de Barcelona, donde más allá del obispo Javier Vilanova que presidía el acto, ningún sacerdote diocesano tomó la palabra, de los muchos ponentes y los que participaron en la "mesa de experiencias" en la que al menos había un sacerdote gerundense. Eso sí, que no falte el parlamento del representante de la Generalitat, el Sr. Diego Palao, coordinador del PLAPRESC.
Así van las cosas, en este periodo de tantas iniciativas, con nula participación del presbiterio diocesano, con muchos "profesionales" externos, que organizan y coordinan todo con total libertad para hacer lo que quieran. Después se quejarán de que los sacerdotes no se sientan implicados en todo este carrusel de propuestas a espaldas de su clero.
Francisco Fabra

