Con bombo y platillo y toda clase de pompa y circunstancia, la prensa subvencionada en Cataluña vino anunciando la semana pasada que una treintena de asociaciones se iban a agrupar en un movimiento denominado Xarxa d’Entitats Cristianes. Se trataba de buscar una sola voz en el magma de grupúsculos infinitesimales en los que se halla dividido el mundillo del nacional-progresismo eclesial, ante el que siempre he tenido auténtico recelo: una inflación asociativa tan prolija en siglas como exigua en realidad, donde la suma de muchos no alcanza ni siquiera a uno.
Pero llegó el día de presentar el engendro en el Colegio de Periodistas y de la treintena prevista ¡solo quedaron diecisiete! Por el camino se cayeron, entre otras de las anunciadas (que tampoco fueron nunca 30) la Fundación Pere Tarrés o la Acción Católica Obrera. Las 17 entidades que forman la nueva plataforma son: Centre Passsatge, Dones creients Alcem la Veu, Comunitat Vedruna, Cristianisme Segle XXI, Cristianisme i Justicia, El Pregó, Federació de Cristians de Catalunya, Catalunya Religió, Fundació Centessimus Annus, Fundació Dr. Albert Bonet, Fundació Joan Carrera, Fundació Joan Maragall, Grup Sant Jordi, Justicia i Pau, Lliga Espiritual de la Mare de Deu de Montserrat, la LLiga Jove de Montserrat y Moviment de Professionals Catòlics.
¡Son unos artistas! La Lliga y la Lliga Jove, como si en un mismo campeonato jugasen el Barça y el Barça B. La Federació de Cristians de Catalunya y su fundación, que no es otra que la del Dr. Albert Bonet. ¡Multipropiedad! O uno de los presentadores del acto, Carles Armengol Siscares (el comisario Armengol) que figura como vocal tanto de la Lliga Espiritual como del patronato de la Fundación Joan Carrera. Una auténtica hidra organizativa, aunque de carácter doméstico.
Si no fuesen tan faroleros, resultarían incluso entrañables. Me recuerdan a aquella comunista de la película Good Bye Lenin, que sale del coma tras la caída del muro de Berlín y a la que su hijo hace creer que sigue viviendo en la República Democrática Alemana. Ellos continúan anclados en Les dues tradicions de Carles Cardó, cómo si el catolicismo catalán no hubiese cambiado en las últimas décadas. Y ha cambiado tanto que sus grupos cuasi unipersonales se han visto obligados a reunirse bajo un mismo paraguas para que su menguada voz alcance, al menos, el volumen de un murmullo. Lo saben, pero se resisten a admitirlo. Lo saben porque sus hijos y sus nietos han abandonado la Iglesia. Ese ha constituido su auténtico fracaso: no haber sabido transmitir su fe a las generaciones futuras.
Ese fracaso - ¡su fracaso! - es la consecuencia directa de aquello de lo que tanto se lamentan: la reducción del catalán en las celebraciones. ¿Cómo va a haber celebraciones en catalán si el catalán ha dejado de rezar? ¿Por qué habrían de celebrarse en catalán misas a las que solo asisten fieles que rezan en español? ¿Exagero? Acudan a la Cataluña interior y comprobarán que en pueblos muy mayoritariamente catalano-parlantes no hay ni tan siquiera catequesis de primera comunión, porque no se ha inscrito ningún niño. Es cierto que en la época del tardofranquismo había más misas en catalán que ahora, pero es que entonces los catalanes (los actuales miembros de la Xarxa y sus padres) eran creyentes. Hoy sus hijos ya no lo son. Ese es el drama y, mientras no lo reconozcan, seguirán buscando culpables donde solo hay consecuencias. Salvo que les preocupe más el futuro de la lengua que el de la Iglesia.
A estas alturas, además, han incorporado nuevas obsesiones: las parroquias del upper Diagonal y las adoraciones eucarísticas. Uno de los presentadores del acto inaugural de La Xarxa, Joan Maluquer, presidente de la Lliga Espiritual de la Mare de Déu de Montserrat, declaró que “"L'Església catalana és molt més que determinades parròquies de més amunt de la Diagonal". Cómo si más arriba de la Diagonal no estuvieran la diezmada parroquia de San Ildefonso o los antaño concurridos franciscanos de Santaló. Aunque, quien sabe, quizá Maluquer también viva más arriba de la Diagonal. Y esas otras parroquias le descomponen. Donde seguro que no vive es en los barrios de La Florida en Hospitalet, El Fondo en Santa Coloma o Pomar en Badalona, donde las iglesias están tan llenas como en aquellas que desprecia, pero las que lo llenan son la cantera hispanoamericana.
En cuanto al auge de las adoraciones eucarísticas, la otra boutade de uno de los presentadores del acto, el comisario Armengol, el cual sostenía en El Punt-Avui que dichas adoraciones no forman parte de la tradición de la llamada Iglesia catalana. Mare de Déu Senyor, Armengol: su origen se remonta a la festividad del Corpus Christi, documentada en Cataluña desde el siglo XIII. Lo que aquí toma como novedad ajena es, en realidad, historia antigua.
Siempre es lo mismo: su Iglesia. Distinta a la de los demás. Ajena al universalismo católico. Una catalanidad excluyente en la que Iglesia catalana solo son ellos. Más bien eran.
Oriol Trillas


