La candidatura de Roselló gana enteros

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El arzobispo de Pamplona se trasladó a Roma este domingo y fue recibido el lunes en audiencia privada por el Santo Padre, sin que haya trascendido el motivo de la visita. Que el Papa reciba a un obispo determinado puede tener muchas lecturas, pero lo que es indudable es que el Romano Pontífice no mantiene audiencias privadas con todos los obispos del orbe católico. Algún motivo concreto ha de haber. Y aunque seguro que no fue el único, a nadie puede extrañarle que, detrás de la audiencia, se halle la posible candidatura del obispo Roselló en la sucesión del cardenal Omella en la sede barcelonesa, máxime cuando es bien sabido que nuestro prelado preconiza al de Pamplona como su principal favorito para la sustitución.

Desde que se hizo correr hace meses el nombre de Roselló, tuve bastantes recelos respecto a sus posibilidades. Dos turolenses y dos obispos de la misma cuerda seguidos en Barcelona no encajaban en los usos de la Santa Sede. Por otra parte, Roselló recibió la ordenación episcopal el 27 de enero de 2004 y mantenerlo apenas dos años en Pamplona parecía un desdoro para los católicos navarros. 

Tampoco es catalanoparlante como Omella, dado que nació en Alcorisa Cierto es que entiende el catalán perfectamente y no le costará nada hablarlo. A los 11 años ingresó en el Seminario Menor de los Mercedarios de Reus y se trasladó a Molins de Rey para estudiar el COU. Fue ordenado diácono en Barcelona por el obispo Daumal en 1985 y comenzó su actividad pastoral en el Hogar Mercedario de Barcelona. Luego estuvo unos años en la Comunidad Valenciana y regresó a la Curia Provincial barcelonesa en 2003, desarrollando su labor en nuestra capital hasta 2015, cuando se trasladó a Castellón. Tiene, pues, mayor anclaje con Cataluña que el propio Omella, quien pasó toda su vida sacerdotal en la diócesis de Zaragoza.
 
 
Como he dicho antes, no sería normal -de confirmarse las previsiones- su exiguo paso por Pamplona, pero acaba de producirse un precedente bastante similar en la sucesión de la archidiócesis de Praga, donde el pasado 2 de febrero el Papa nombró a un redentorista, Stanislav Přiby, que no estuvo ni dos años en su anterior diócesis de Litoměřice, donde recibió la ordenación episcopal el 2 de marzo de 2024. 

Tampoco sería normal una influencia tan descarada de Omella en el proceso de sucesión episcopal. Desde luego, ninguno de los obispos contemporáneos de Barcelona (Modrego, Marcelo, Jubany, Carles, Sistach) consiguió medrar en la designación de su sustituto. Al contrario, el sucesor solía no tener nada que ver con el sustituido. Si Omella consiguiese ese trofeo, sería un jalón más en su exitosa carrera episcopal.

 
A todo lo anterior se interpone el viaje del Papa y el centenario de Gaudí. Puede que Omella sacrifique ser él el obispo que recibe al Papa en Barcelona a cambio de tener a su paisano como sucesor y no a otros que podían estar interfiriendo en el proceso. Puede que ahora sea el momento, y ello explique las prisas del cardenal en sus últimas decisiones: la desacralización de la parroquia Abraham y su arriendo a la funeraria Mémora, y el nombramiento del octogenario jesuita Enric Puig como organizador de la visita de León XIV, tal como ya lo fue en 2010 en la de Benedicto XVI. Demasiada celeridad en quien sabe que su caducidad está cercana.

De confirmarse el nombramiento, tendríamos a tres religiosos nombrados en los últimos años en las diócesis catalanas: un cisterciense, un dominico y un mercedario. Tanto el dominico Gómez como el mercedario Roselló son los que se han manifestado más rotundamente a favor de la regularización migratoria decretada por el Gobierno. Su designación para Barcelona y su fulgurante promoción dejarían claros por dónde van los tiros desde Roma. En cuanto a su pastoral en Barcelona, poco puede aventurarse, dado que sus dos años en tierras navarras no han dado mucho de sí. En cualquier caso, con el nombramiento, Omella conseguiría su sueño de ser, en su retiro, no solo el Yanes de Zaragoza, sino el de Barcelona. 
 
Oriol Trillas 

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1 comentario

  1. La mayoría de los nombramientos episcopales que León XIV ha hecho hasta ahora son malos por lo que no sería de extrañar que nombrase a Roselló arzobispo de Barcelona. Lo siento por la diócesis.

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