Sermón del Monte
Cada hombre de gobierno inaugura su período administrativo presentando un programa de gobierno. Compartido o no por todos, debe constituir el pilar, la piedra angular sobre la que construir la comunidad civil, en el interés y para el bien de todos, amigos y adversarios políticos. Cada uno trata de inspirarse en valores, en conceptos clave de los cuales es conveniente que nunca se aparte, para evitar la pérdida de puntos de referencia que marquen su propio itinerario. Hoy, una sala parlamentaria muy especial - un monte de Galilea - sirve de escenario para la proclamación de un programa de gobierno que ve como candidato a un carpintero de Nazaret con una lista de ministros bastante inusual, formada por pescadores, usureros, recaudadores de impuestos e incluso algunos ex terroristas.
Pero lo más inusual y audaz es su proyecto político: instaurar, aquí en la tierra, el "Reino de Dios".
Alguien, incluso entre el pueblo, le dio confianza de inmediato: y evidentemente no se trataba solo de bonitas palabras, si después de dos mil años estamos nuevamente aquí escuchando su programa de gobierno.
Le bastaron ocho palabras, ocho frases, para decirnos que ni siquiera la muerte podría poner en peligro su Reino. Le bastó abrir al corazón de quienes lo escuchaban la esperanza, diciéndoles que, a pesar de todo lo que ocurre en la vida, podemos vivir "bienaventurados", es decir, "felices", "serenos", con esa serenidad que siente un niño en brazos de su madre después de que algo lo ha asustado.Muchas cosas nos asustan también a nosotros hoy, sobre todo cuando escuchamos hablar a gobernantes que no solo no están inspirados por Dios, sino que ni siquiera saben que para gobernar hay que estar inspirado, tener ideales, soñar con el bien, creer en la humanidad.
Le bastaron ocho palabras, ocho frases, para decirnos que ni siquiera la muerte podría poner en peligro su Reino. Le bastó abrir al corazón de quienes lo escuchaban la esperanza, diciéndoles que, a pesar de todo lo que ocurre en la vida, podemos vivir "bienaventurados", es decir, "felices", "serenos", con esa serenidad que siente un niño en brazos de su madre después de que algo lo ha asustado.Muchas cosas nos asustan también a nosotros hoy, sobre todo cuando escuchamos hablar a gobernantes que no solo no están inspirados por Dios, sino que ni siquiera saben que para gobernar hay que estar inspirado, tener ideales, soñar con el bien, creer en la humanidad.
Y así, mientras algunos piensan que pueden construir su propio reino sobre la riqueza y la ganancia sin escrúpulos, Jesús proclama: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Mientras alguien sonríe ante las desgracias ajenas pensando tal vez cómo beneficiarse de ellas, Jesús proclama: «Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados»;Mientras alguien piensa en ocupar tierras, terrenos y territorios haciendo la guerra o invadiendo países soberanos sin ningún derecho, Jesús proclama: «Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra»
Mientras alguien, solo para ocultar la verdad y no asumir responsabilidades, se inventa las teorías más increíbles, creyendo incluso poder acusar de homicidio a un alud de lodo o una avalancha, Jesús proclama: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados»
Mientras alguien organiza su vida social y la de los demás con base en el miedo, y niega incluso el mínimo gesto de atención a todos aquellos que, según él, son delincuentes solo por ser diferentes, Jesús proclama: «Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia» Mientras alguien piensa mal de todo y de todos, y juzga a los demás según sus propios prejuicios, Jesús proclama: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios". Mientras alguien piensa que para mantener la paz y crear una convivencia pacífica entre los pueblos, el único método es comerciar y traficar armas, Jesús proclama: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios"; mientras en los escondites de la corrupción los deshonestos se salen con la suya durante decenas de años, y los pobres desgraciados sometidos a ellos deben permanecer en silencio si quieren sobrevivir, Jesús proclama: "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos". Este es el programa de gobierno del Reino de Dios, y nuestro Maestro, como buen "primer ministro", lo ilustra de manera clara e inequívoca al inicio de su mandato. Y no usa términos ambiguos: es un programa que va en contra de la lógica de los poderosos de este mundo.
Felices vosotros
Quien vote a favor de su programa de gobierno, no espere aplausos o momentos de gloria, más bien: "Bienaventurados vosotros cuando os insulten, os persigan y, mintiendo, digan toda clase de mal contra vosotros por mi causa": no importa, lo que cuenta es saberlo desde el principio, sin descubrir sorpresas a mitad del mandato, como nos suele pasar a nosotros, ciudadanos desprevenidos del mundo, siempre listos para confiar en quienes nos prometen mares y montañas pero luego ni siquiera cumplen lo mínimo indispensable.
A mí me basta con una cosa para dar mi confianza a este programa de gobierno: noto que la mayoría de los verbos usados está en futuro. Y el futuro es el tiempo de la esperanza. A un reino con este programa no renuncio, bajo ninguna circunstancia.
Mn. Francesc M. Espinar ComasPárroco del Fondo de Santa Coloma



