La guerra que hoy contemplamos —con Gaza como escenario visible, pero con Occidente entero como telón de fondo— no es solo un conflicto geopolítico ni una disputa territorial. Es, en su raíz más profunda, un choque entre visiones del mundo: entre pueblos que aún viven su fe como principio vertebrador de la existencia, y sociedades que han renunciado a la suya hasta vaciarse por dentro. El resultado es un desequilibrio moral que se traduce inevitablemente en un desequilibrio estratégico.
Mientras unos combaten por lo que consideran sagrado, otros apenas encuentran motivos para defender nada. Mientras unos mantienen una identidad firme, otros se diluyen en un relativismo que no cohesiona ni inspira. Y mientras unos crecen demográficamente, otros se extinguen lentamente, convencidos de que la vida es un estorbo y la trascendencia un mito superado.
Occidente, que durante siglos fue el hogar de una fe capaz de levantar civilizaciones, hoy se presenta en el campo de batalla sin alma, sin moral y sin hijos. Pretende compensar esa carencia con dinero, tecnología y discursos vacíos, pero la historia demuestra que ninguna de esas armas sustituye a la convicción interior que mueve a un pueblo a resistir, a sacrificarse y a perdurar.
Si esta es una guerra de religión —y lo es—, entonces la pregunta decisiva no es quién tiene más misiles, sino quién tiene más fe. Y la respuesta, por dolorosa que resulte, no nos favorece. El futuro no pertenece a quienes han renunciado a sí mismos, sino a quienes creen en algo más grande que ellos. Y mientras no recuperemos esa raíz espiritual que dio sentido a nuestra cultura, seguiremos perdiendo terreno, influencia y, finalmente, identidad.
Es evidente que no podemos hablar de guerras cuya única motivación sea la religión, porque en toda guerra se cruzan toda clase de motivaciones. Pero sí que tenemos en la historia un buen puñado de guerras cuyo máximo pretexto ha sido la religión. En la que se está desarrollando ahora con Gaza como epicentro, el factor religioso juega un papel decisivo. Empezando por Israel, el actor más agnóstico y desaprensivo de los que participan en esta guerra. Y no seré yo quien defienda a los musulmanes, pues éstos, solitos, bien saben hacerlo.
No descartemos, sin embargo, que la enorme soberbia con que actúa Israel tiene su principal motor en la condición de Pueblo escogido por Dios, que les prometió hace como 3.000 años, las tierras por las que luchan. Y no se privan de recordar que así está escrito en la Biblia, ni el ateo Netanyahu, ni los restantes miembros del gobierno.
No olvidemos que casi desde la existencia del Estado de Israel, los sucesivos gobiernos han podido formarse gracias a los más radicales partidos religiosos. Que no han logrado imprimir el menor grado de religiosidad ni al gobierno ni a la sociedad civil; pero que se tienen ganado un respeto casi supersticioso que les garantiza que Israel no incurra en la absurda persecución religiosa que experimentamos en España y en la mayor parte de Europa. Persecución de la religión que ha edificado Europa y que corre por sus venas, por más que se esté negando hoy con gran ahínco por la vía de los hechos. Persecución especialmente virulenta contra el catolicismo.
Tres actores religiosos tenemos enfrentados en la guerra de Gaza: el islamismo, el judaísmo y el cristianismo en su vertiente protestante, representada por Estados Unidos, que es realmente el principal actor. Se trata de las tres religiones “del Libro”, que dicen los musulmanes, en un singular planteamiento que en cierto modo las hermana para el Islam; y aunque los considere “infieles”, atenúa esta condición hasta el grado más leve. Lo cual ha posibilitado a lo largo de la historia, distintos niveles de entendimiento y diálogo en medio de las guerras a menudo feroces.
Viniendo a Gaza, no es necesario que nos fijemos en quién empezó la guerra en cada una de sus campañas. Mejor nos fijamos en quién ha decidido terminarla hoy, que es precisamente quien la ha estado sosteniendo desde el primer momento. En cuanto los Estados Unidos amenazan con retirarse de la guerra, ésta se extingue sola, como la vela que se ha quedado sin cera o el candil al que se le ha agotado el aceite. Es evidente que, en este caso, se trata de una alianza entre cristianos (EE.UU.) y judíos (Israel) contra los palestinos (musulmanes). Evidente también, que Estados Unidos e Israel en la práctica han sido un solo bloque, actuando de parte económica Estados Unidos, y de brazo ejecutor, Israel (con toda la ayuda operativa militar de Estados Unidos cuando la ha necesitado).
Y cuando nos centramos en el motor religioso, ahí tenemos el gran factor diferencial entre las tres religiones en liza. No cabe duda de que Gaza, Palestina y los países árabes en general, son pueblos religiosos que tienden a constituirse como teocracias (algunos ya lo son) por cuanto no establecen división entre deberes ciudadanos (políticos) y deberes religiosos. Para los musulmanes toda conducta ha de estar inspirada en la ley del Corán.
El primer resultado es que desaparecen la hipocresía (y la esquizofrenia en el mejor de los casos), que se producen en los países que se rigen por dos fuentes de derecho y de moralidad: la ley pública civil a nivel político, y la ley religiosa totalmente individual y privada. Leyes y normas que con enorme frecuencia están en flagrante contradicción, de manera que, en occidente, en los países cristianos y en el único país judío, es la política la que acaba predominando, a costa de la religión y por tanto de la moral. Santificando (dando cobijo legal y en algunos casos, de nivel constitucional) a la inmoralidad: es el caso del aborto, por citar el más escandaloso. Los políticos musulmanes en cambio, no han de dividir su fidelidad entre el Corán y la Constitución, puesto que ésta no puede pasar por encima del Corán. Eso les permite ser políticos de una sola pieza y una sola cara.
La sociedad civil, por tanto, funciona con ideas mucho más claras, y sin contradicciones que desembocan en parálisis social, en diversos grados de inmoralidad y finalmente en desmoralización a la hora de enfrentar cualquier lucha. Por eso, de entrada, los países musulmanes cuentan con poblaciones mucho más aguerridas y mucho mejor dispuestas a ir a la guerra por defender su forma de vida, es decir su fe y su religión. Nada que se parezca a las tremendas dificultades que tienen para reclutar soldados, tanto Israel (¡donde los extremistas religiosos se niegan a empuñar las armas!) como los Estados Unidos. Y ya no digamos cuando nos centramos en Europa: en Ucrania, por ejemplo, de religión cristiana ortodoxa, tienen enormes dificultades para reponer las bajas de la guerra. La fuga de hombres en edad militar, es escandalosa. Y tampoco los países europeos, tan dispuestos a ayudar a Ucrania, tienen claro cómo conseguir soldados. Porque en cuestión de credo, de moral y de moralidad, la ciudadanía europea no tiene nada que defender; y por eso a nadie le apetece ir a la guerra. Otra cosa son los políticos y dirigentes, que juegan en otra liga.
Ante esta realidad, viendo como unos desharrapados de gazatíes se atreven a plantarle cara al más poderoso complejo militar del mundo (al menos hasta ahora), siendo sus principales armas la fe, la determinación en defender lo que consideran suyo, la moral de combate y la moralidad de vida, se le cae a uno el alma a los pies al ver que quienes estamos enfrente tiramos de dinero hasta el infinito (a los que tienen dinero, les encanta nuestra deuda infinita, ilimitada). Dinero y nada más. Pero sin fe y sin moral (es que la moralidad, rabiosamente hedonista, tampoco ayuda). Ni moral religiosa, ni moral para el combate. Y así, se nos comen.
Una religión muy sólidamente instalada en los pueblos respectivos, la religión islámica, frente a otra religión, la cristiana, que ni siquiera comparece al combate. La posibilidad de que triunfe la religión más activa y los pueblos que la practican, es exageradamente alta: más aún si tenemos en cuenta que ellos, pueblos crecientes gracias a su alta tasa de natalidad (el Islam es antiabortista), han venido a instalarse entre nosotros, pueblos decrecientes y envejecidos a causa de nuestra ruinosa tasa de natalidad (propiciada por nuestra legislación abortista). Es que al occidente judeocristiano le sientan mal los hijos… por eso esteriliza y aborta su relevo.
Porque las guerras no las ganan los más ricos, sino los más convencidos.
Custodio Ballester Bielsa, Pbro.




Jo pensava aprofitar qualsevol article escrit aquí aquest vespre per denunciar les fotos del president de la CEE aixecant el document vergonyós[*] firmat avui amb el govern espanyol com si hagi guanyat Eurovisió o el Premi Nobel de la Pau.
ResponderEliminar[*] Vergonya derivada directament dels abusos comesos per tantíssims mossèns/bisbes nostres que s'han mostrat febles per no dir falsos per no dir cruels per no dir sàdics.
I el president de la CEE fa somrís en lloc d'anar a la trobada amb roba de penitent.
(Evidentment tinc clar la hipocresia del govern que només parla de l'església i no dels abusos majoritàriament dins de la societat que li vota al poder ni de les normes socio-morals d'amoralitat que propugna el mateix govern i la manca de credibilitat de les xifres fantasmes del defensor del poble.)
Això no obstant, ahir/ avui, la vergonya és tota NOSTRA.
FEM
son pueblos religiosos que tienden a constituirse como teocracias (algunos ya lo son) por cuanto no establecen división entre deberes ciudadanos (políticos) y deberes religiosos. Para los musulmanes toda conducta ha de estar inspirada en la ley del Corán.
ResponderEliminar...
Hay una tercera base, la tribal, clánica y familiar. Estos países, como Líbano, Siria, en parte Israel, y muchos más, tienen vinculaciones clánicas, dinásticas, linajes, listas genealógicas. Se entrelazan muchas lealtades en enredadera.
Obviamente, en la religión, siguen escuelas rabínicas y escuelas musulmanas. Pueden verse chiítas y sunitas, luego aquellas 4 grandes escuelas de interpretación (hambalí, malikí).
Entre los judíos hay escuelas rabínicas y orígenes. El hasidismo tiene dinastías, serfardíes y lituanos van a su bola... Incluso hay una escuela de judíos que es antisionista y tienen en su barrio las banderas palestinas, y nunca van a un hospital israelí (estatal= sionista) sino que van a hospital católico, creo recordar... es todo un mundo muy interesante y sorprendente. Israel no es un sólido coherente.
La Halajá (judaísmo) y la Sharia (Islam) funcionan de forma similar, regulan desde qué puedes comer hasta cómo debes heredar o divorciarte, lo que indica una misma base cultural: son religiones espejo. El consejo de los ancianos tanto en un consejo de imanes como en un consejo de rabinos, la autoridad emana de la edad, el linaje y el conocimiento de los textos sagrados.
Son religiones de ortopraxia (lo que se hace) más que ortodoxia (lo que se cree). El Kosher y el Halal no son solo "no comer cerdo", son una forma específica de sacrificar al animal y supervisarlo. Ambos tienen rituales de lavado antes de rezar y leyes de pureza familiar que dictan la vida íntima de las parejas. En los sectores más tradicionales de ambos grupos, es común ver una separación física entre hombres y mujeres en eventos sociales o religiosos. Árabe y hebreo son lenguas semíticas, tienen la hospitalidad, vergüenza y honor familiar, el fatalismo (Dios lo quiere), la circuncisión (obligatoria o recomendable según escuela musulmana).
Eso en Europa no lo entienden porque la tradición es imperial romana, hasta se ve en el Papa: un amo-jefe (papa, rey o presidente-dios), un imperio, un estado, una corte de justicia y parlamento, una moneda, una bandera, una patria-nación, un ejército, una policía, una frontera, una aduana, una ley, una lengua, un mercado, una filosofía, unas fiestas, una medida, un horario, un DNI, un pasaporte, una capital, un himno, una religión civil o ideología estatal, unos ídolos políticos e ideológicos, unos mitos fundacionales, una seguridad social, una tributación, una blablablá... puros constructos sociales...
Por eso, estos países tienen artificiales estructuras europeas (estado-nación) ya descritas, y de paso, tiene entretejidos capas de interrelación con 300 variables: familia, clan, linaje, dinastía, edad, conocimiento y sabiduría, ascendencia moral, título, escuela, carisma y unción, espiritualidad, costumbres, usos, lugar, sexo, trabajo...
Como se vio en Siria y la caída del ejército sirio, los ejércitos árabes y de otros países son de estructura debilitada por las tramas de estado, región, raza, etnia, cultura, religión, clan, familia, linaje, dinastía... el mando no es sargento, teniente, capital, coronel, sino que está todo este tejido descrito está matizado por estratos sociológicos y religiosos: un teniente de una tribu importante no obedecerá a un coronel de un clan menor en determinadas cuestiones. La jerarquía militar está minada por estas lealtades.
Cuando voy por Israel y los países musulmanes, a veces, según lugares, no hay diferencias en absoluto por la manera de ser... Y lo mismo cuando se va por estos países: son teselas, mosaicos... Y esto se ve incluso en Cataluña, con sus tribus políticas y sociológicas...
"La posibilidad de que triunfe la religión más activa y los pueblos que la practican, es exageradamente alta: más aún si tenemos en cuenta que ellos, pueblos crecientes gracias a su alta tasa de natalidad (el Islam es antiabortista), han venido a instalarse entre nosotros, pueblos decrecientes y envejecidos a causa de nuestra ruinosa tasa de natalidad (propiciada por nuestra legislación abortista). Es que al occidente judeocristiano le sientan mal los hijos… por eso esteriliza y aborta su relevo."
ResponderEliminarEn la política europea y española, hoy por hoy, tenemos la peor clase política, tal como demuestra el desastre moral e intelectual del PSOE de Sánchez, una catástrofe y holocausto de tarados ético-jurídicos y de incapacidad e incompetencia: con 1 billón de euros de PIB español, con miles de años de historia, con la reconquista y la conquista, con la labor de los antepasados... y resulta que nos rigen desastres humanos con taras de todo tipo, lo mismo que en Cataluña: quien no roba, es golpista, y si no, es un pillo listillo...
Ahora Trump ha hecho un verdadero cambio de ciclo histórico, objetivo, real, operativo y eficiente, desde el 3 de enero, con la captura del tirano banderas de Maduro. En la política exterior occidental, que transita de una postura caracterizada por la pasividad, el abandono y una cierta cobardía ante regímenes autoritarios, hacia una aproximación más activa, decidida e intervencionista, con Donald Trump como figura central que impulsa y encarna este giro.
1. Los pusilánimes
La política exterior de Biden, Obama y varios gobiernos europeos —incluido el español Sánchez— abandonó cobardemente a poblaciones oprimidas en momentos críticos:
a) Durante la Primavera Árabe, los manifestantes en plazas como la de Tahrir en El Cairo quedaron desamparados
b) En Afganistán, la retirada de Kabul se vivió como una humillación que dejó a la población local a su suerte
c) En Venezuela, no se actuó con firmeza frente al régimen de Maduro
d) En Irán, la población civil fue tratada como un bloque homogéneo de radicales, sin apoyo real a quienes protestaban contra el régimen
2. El valiente
Con Trump se produce una ruptura: se adopta un enfoque más directo y audaz que busca corregir injusticias y transformar regímenes autoritarios sin abandonar a los ciudadanos vulnerables:
a) Operaciones decisivas relacionadas con Maduro y su entorno, un cambio radical en el tratamiento de la crisis venezolana
b) Amenazas explícitas y directas contra los líderes iraníes, algo que meses atrás parecía impensable bajo administraciones previas
c) Un compromiso más firme con la protección de poblaciones oprimidas y el fomento de movilizaciones internas que desafíen a los regímenes
3. Esencia del giro:
El mundo pasa de una política exterior hipócrita, limitada a intereses geoestratégicos estrechos y a menudo ineficaz, a una visión transformadora que “golpea la mesa” para despertar sociedades adormecidas y promover cambios profundos.
Este nuevo ciclo prioriza la intervención activa en defensa de los más vulnerables y la alteración directa del orden establecido en países autoritarios, más allá de simpatías o antipatías personales hacia la figura que lo impulsa.
4. España y Europa
ResponderEliminarHay una dificultad generalizada entre los ciudadanos europeos, y especialmente españoles, para captar la profundidad y la rapidez de estos cambios globales:
a) Población adormecida ante el momento histórico, centrada en lo superficial e incapaz de interpretar los eventos en su verdadera dimensión: se han quedado como personas incultas de súbito
b) Vulnerable al engaño por parte de pésimos políticos en moral y estudios, corruptos o poco fiables, y por análisis periodísticos que se limitan tertulias de confrontación sin explorar ninguna causa profunda
c) Carencia de pensamiento crítico suficiente para cuestionar narrativas simplistas, corrupción evidente o manipulaciones, lo que lleva a decisiones políticas y personales basadas en motivos superficiales (Trump psicópata, imperialista, todo es por el petróleo...)
d) Inmersa en un sistema político nacional que es frágil, limitado y provinciano frente a los grandes conflictos internacionales como Venezuela o Irán
e) La mayoría ciudadana es intelectual y políticamente poco preparada, por no decir que es ignorante supina, para un mundo en rápida transformación, lo que dificulta apreciar el alcance y el potencial de los cambios
Eso se ve en todas las tertulias de radio y televisión. Verdaderos especialistas todólogos y zotes en la interpretación histórica actual sólo sirven para galvanizar la audiencia con gritos o insultos, o insulsas y risibles interpretaciones de ígnaros estultos.
Un esquema de amiguismo entre periodistas, políticos y pseudoexpertos de la nada, hundidos en su mediocridad cognitiva y moral.
Así, la operación de Trump del 3 de enero de 2026 que capturó a Nicolás Maduro, junto con las amenazas directas de Trump hacia el liderazgo iraní ante las protestas internas, han generado una fuerte ruptura abrupta en la política exterior occidental: todo ha cambiado, es la era de los dioses fuertes.
Trump ha pasado a las acciones directas, y este enfoque "muscular" evoca épocas pasadas de intervencionismo EEUU, menos atado a normas multilaterales: el fin de una era post-Guerra Fría de contención con la OTAN y el retorno a una lógica de poder directo, donde EE.UU. actúa sin esperar consenso internacional amplio.
Si es sostenible o positivo dependerá de los resultados —estabilidad en Venezuela, evolución de las protestas en Irán—, pero el impacto simbólico y práctico es innegable y ha sorprendido por su rapidez y audacia. Ha descolocado a todos, y de repente, la política tal como se entiende ha quedado anticuada, obsoleta.
La situación en España
Esta sensación de cambio abrupto se vive de forma más amortiguada y polarizada. El gobierno de Pedro Sánchez y la izquierda en general tienden a ver estas acciones como un retorno al unilateralismo peligroso, violatorio del derecho internacional y potencialmente desestabilizador (similar a cómo se criticaron intervenciones pasadas en Irak o Libia): siguen en el "Yankees, go home" de los 1977.
PP y Vox las interpreta más favorablemente: como una corrección necesaria frente a dictaduras que Europa ha ignorado o tolerado por debilidad.
Hay "falta de capacitación intelectual" o visión profunda de muchos ciudadanos: la política española está altamente crispada y polarizada, con debates que a menudo se quedan en tertulias superficiales, insultos partidistas o narrativas simplificadas (Sánchez "traidor" y Trump "imperialista").
Gran parte de la población sigue los grandes eventos internacionales a través de lentes ideológicas locales —corrupción interna, economía, migración— sin profundizar en sus implicaciones geopolíticas globales.
Y muchos no saben que la IA está siendo usada como instrumento geopolítico y de construcción de naciones ya de manera inevitable.
Y es que el ciudadano ignorante hoy es un ciudadano indefenso ante los políticos manipuladores.
La Fe produce milagros y en el Catolicismo estamos dormidos. Como por ejemplo nunca ha salido un autor católico que se haya atrevido a mencionar que las imágenes de este enlace son obra del Diablo y sus secuaces. Por cierto que nunca aparece un Cristo o una Virgen, solo son imágenes imposibles técnicamente de producir a menos que se disponga de medios sobrenaturales. https://www.google.com/search?sca_esv=11e50d49d5e228fb&sxsrf=ANbL-n6aXv_epzBj9E_SFsGpVw93bTnUjA:1767930411257&udm=2&fbs=ADc_l-a2SlE6SL3huXjdznPe49WRtCaKEbo6Bs_NfMTVbhF7kNJN3zkHB3s3f4C65Vh3xzWzyjIguZOMtRbanvb0YLrRseoFgFV4Opc4tfPUw6Bo468kBIB34fuRe8on_Z3GOn7b_uTRDy5I-u4wFLA5I9mGOKvvxl88SXsI-kHmeosOR3nR9IZER2dB9pGjyMSzAvjduWF6&q=crop+circles+inglaterra&sa=X&ved=2ahUKEwiL9ZmBxv2RAxU3g_0HHSjcFJQQtKgLegQICxAB&biw=1920&bih=957&dpr=1&aic=0
ResponderEliminar