Este pasado sábado se celebró una reunión conjunta inédita entre el Consejo Presbiteral y el Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, para aprobar una reestructuración territorial, creada a imagen y semejanza de Barcelona, la idea es crear unas nuevas Unidades Pastorales, definidas como "grupos de parroquias vecinas que, dentro del mismo arciprestazgo y de manera sinodal, coordinen sus celebraciones y actividades pastorales en vista de un mejoramiento de la vida cristiana de sus feligreses y de su acción evangelizadora (comunión, participación y misión) dadas las circunstancias actuales". El lenguaje es prácticamente calcado al que se ha utilizado en la archidiócesis barcelonesa para "vender" los parabienes de esas nuevas estructuras.
A diferencia de Barcelona, no se han tocado ni los arciprestazgos ni las vicarías episcopales territoriales, ya que es una diócesis mucho más pequeña y con solo dos vicarías y pocos arciprestazgos, es casi imposible una reducción en esas estructuras mayores. Por tanto, siguen de momento los mismos arciprestes y vicarios episcopales con las mismas responsabilidades territoriales, lo que sí que se ha creado es una Vicaria Episcopal no territorial denominada "de dinamización pastoral", al frente de la cual, como era de esperar, se ha puesto a una mujer: María José Rodríguez, que formó parte del llamado "Comité Óscar Romero", lugar de encuentro en los años 80 de lo más "progre" e izquierdoso de la Iglesia.
Es de esperar que el proceso de creación de estas unidades pastorales sea más "sinodal" que en Barcelona, ya que hace muy poco que ha llegado su nuevo obispo (2024) Xabier Gómez que además es muy joven (55 años) y tiene muchísimo tiempo por delante para llevar adelante este proceso, todo lo contrario que en nuestra diócesis, donde las prisas y la improvisación han marcado esta reestructuración que ha entrado en vigor con un arzobispo Omella con 79 años y a muy poco de su relevo episcopal.
Ciertamente, no es una buena noticia para una diócesis ya muy deteriorada pastoralmente como la de Sant Feliu, probablemente la que tiene un clero más progresista, y unos resultados más que previsibles, de falta de vocaciones, de juventud y de futuro. La llegada del dominico Xabier Gómez como obispo, ya auguraba lo que iba a venir, la confirmación de que iba a continuar esa pastoral que lleva al fracaso y a la disminución progresiva de efectivos eclesiales.
Porque esa política eclesial tan francisquista, copiada de las órdenes religiosas, en claro declive, también llamada "repliegue territorial" cerrando a mansalva, casas y conventos, y unificando provincias, se traduce en las diócesis con estas nuevas estructuras llamadas Unidades Pastorales, en las que un sacerdote o equipo sacerdotal, cubren unas cuantas o muchas parroquias de forma que se hace realidad aquello de que unos presbíteros desquiciados intentan llegar a todas las parroquias, pero realmente no llegan a ninguna.
En Barcelona ya se ha visto los peligros de este sistema, en que el sacerdote pierde su comunidad, para convertirse en un simple gestor de sacramentos, ahora aquí y después allí, con prisas y sin poder atender y compenetrarse con su feligresía. En algunos casos el proyecto es escandaloso, un equipo de tres o más sacerdotes atienden tres parroquias con este sistema, cuando lo más lógico es que cada uno rigiera una sola parroquia con los beneficios pastorales que ello conllevaría, tanto para la comunidad como personales, para el mismo sacerdote.
Es verdad que la realidad en la diócesis de Sant Feliu es muy preocupante, con muchas zonas rurales y con tan poco clero, además anciano y con casi nulo relevo, algo hay que hacer, pero está claro que esta fórmula, tiene muchas lagunas y se tendría que buscar algún otro modelo a seguir, quizá mirando en otras diócesis de estructura sociológica similar que han tenido excelentes obispos y pastorales muy distintas que actualmente no se encuentran con estos problemas. Pero ya sabemos que esto no lo van a hacer, nunca van a reconocer sus errores que les han llevado a su fracaso, ahora toca copiar de Barcelona y de las diócesis bergoglianas. Al menos en nuestra diócesis, con un nuevo arzobispo no continuista, las cosas pueden cambiar para bien. En Sant Feliu, tienen a Don Xabier para muchos años.
Francisco Fabra


Sant Feliu sólo se salvaría haciendo un "Obispo Rey de Toulon" y pedir y acoger en masa: San Martín, Emmanuel, IVE, tradismáticos Fraternidad de San Pedro, benedictinos tradicionales, dominicos de Toulouse, etc.
ResponderEliminarA cada uno de ellos una ciudad de referencia.
Importar misioneros bien formados y abrir las puertas a nuevos movimientos.
¿Qué se ha hecho del sacerdote Zanotti de Marsella? Un Seminario de los Santos Apóstoles en Begues iría que niquelado