BUENA NUEVA PARA EL AÑO NUEVO: LA LITURGIA RECUPERA EL CENTRO

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La expectativa del inminente consistorio de todos los cardenales convocados por el papa León XIV, ha desatado los análisis y comentarios respecto a los temas a tratar en él. Y es el tema de la batalla litúrgica iniciada por Benedicto XVI en un sentido (Summorum pontíficum), y enconada al máximo por Francisco en sentido contrario (Traditionis custodes), el que ha desencadenado la movilización de los dos bandos en litigio. Y no es que el tema de la sinodalidad no sea importante; pero no funciona de potentísimo imán como lo hace la liturgia. El del gobierno colegiado de la Iglesia (el papa con todo el colegio cardenalicio), al ser un tema totalmente nuevo, sin definir siquiera, no ha suscitado ni inquietudes ni cuestionamientos.
La gran sorpresa (mirábile dictu!) es que entre los grandes temas que abordará la Iglesia en el Consistorio, no haya figurado el gran tema del manejo sexual de clérigos y laicos, que es el que desde hace demasiados decenios, está monopolizando los afanes (incluso teológicos) de la Iglesia, que se está precipitando enloquecida tras la nueva moral sexual dictada por el mundo.
Es cierto que detrás de la liturgia se esconden dos temas capitales: la lex credendi, con la ley moral como corolario, que tiene profundamente alterada a la Iglesia (el desmadre de Alemania roza el paroxismo), y la valoración del Concilio Vaticano II, que para los más radicales defensores de la lex orandi antiqua) pone en alto riesgo su validación. Es que el Vaticano II (incluido su “espíritu”, claro está) es el baluarte de la progresía católica, es decir de su ala izquierda, mucho más numerosa que potente. 
Por cierto, en el Consistorio se verán dos cosas: la primera, si la inclinación natural del papa León tiende a la izquierda, en continuidad con el papa Francisco, democratizando su gobierno para “justificar” la verdad en el número de seguidores (son los criterios más modernos); y la segunda (partiendo de la evidencia de que su querencia no está en la tradición), es si será capaz de hacer los equilibrios que le mantengan en el centro entre ambas tendencias. En fin, nos encontramos ante el peligro de democratizar la Verdad, de apoyarla en el número de los que se adhieren a ella o la rechazan.    
Es una señal excelente, casi diría que un auténtico signum o seméion, que dicen en latín y en griego; vamos, un milagro que, en medio de la lamentable sexualización retorcida en que está inmersa la Iglesia, casi desde el Concilio Vaticano II, en un seguidismo evidente de las doctrinas del mundo (de aquellos polvos, este lodazal); es un milagro, digo, que se produzca una generalísima convocatoria de las fuerzas durmientes de la Iglesia (me refiero a la práctica totalidad de su más alta jerarquía) en cuyo orden del día ni siquiera figure el tema por excelencia de la teología, de la pastoral y de la liturgia que tiene alborotadísima a la Iglesia últimamente. Por el orden del día del Consistorio, hasta parece que la Iglesia vuelva a centrarse en Cristo.
Y más extraordinario es todavía, que el eje del debate previsto en la magna asamblea, se haya desplazado al tema de la liturgia: a la lex orandi, a fin de cuentas, que arrastra consigo a la lex credendi y a la lex moralis. Es decir, que sea la liturgia la que está previsto que marque el ritmo de la marcha de la Iglesia durante el presente pontificado. Un auténtico milagro, si las apariencias no tienen intención de engañarnos.
Entendiendo, por otra parte, que gracias a Dios, la liturgia es el eje estructural de la Iglesia, podría ocurrir que su imprescindible reconstrucción, se asentase sobre esta piedra fundamental. Porque precisamente confirma esta tesis en sentido contrario, el hecho de que precisamente en el desbarajuste litúrgico de hoy, se origina el desbarajuste doctrinal y moral que azota hoy a la Iglesia.
Tan evidente es el papel fundamental de la liturgia (al fin y al cabo, de la oración oficial de la Iglesia), que sería un enorme regalo de Dios que la condición irrenunciable de la pax litúrgica fuese la vuelta al orden en la celebración del Novus ordo. Sí, sí, del Novus ordo. Sólo con esto se reduciría enormemente la distancia que hay hoy (no la teórica, sino la práctica) entre el Vetus ordo y el Novus ordo. Bastaría que el Novus ordo se disciplinase hasta recuperar la condición de Ordo, para que la distancia entre un Orden litúrgico y otro, fuese ya tan poco relevante, que pudiesen convivir ambos en perfecta armonía. Una simple cuestión de disciplina eclesiástica.
Porque la enorme crisis que sufre hoy la Iglesia está en que los sacerdotes (y de ahí para arriba) no son buenos ya para guiar la oración de los fieles, para ayudarles a acercarse a Dios, porque ellos mismos han perdido la fe en la oración, ya no rezan: ni siquiera en la oración por excelencia, que es la Misa. No la celebran para Dios, sino para el Pueblo, de manera que han convertido la Misa en una actuación ante el pueblo.
Hemos ido a parar a unas misas que se han alejado mucho de lo más sustancial de las mismas, que es dar culto a Dios. El Novus ordo ha dado lugar a que no pocas misas estén orientadas fundamentalmente a los fieles, y no a Dios; y que hayan rebajado en gran manera su principal razón de ser, que es la oración. Es inútil que les preguntemos a los sacerdotes que celebran esas misas tan sui géneris si rezan el breviario; si aparte de lo que tiene para ellos de oración la celebración de esas misas, dedican algún tiempo más a la oración a lo largo del día. 
Es que se da el caso de que tenemos y mantenemos como Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, al gran promotor de la Misa con Payasos, el que a su vez atrajo a esa pastoral tan creativa, al papa que puso en sus manos el principal Dicasterio de la Iglesia. ¿La cima de la oración de la Iglesia confiada a los payasos para darle más esplendor? Eso no es fácil de digerir. Y a partir de ahí, todo lo que ha venido a continuación, que no es poco. ¡Menuda Lex orandi! Así no hay manera de rezar. Es el modelo más acabado de la conversión de la misa en un espectáculo.
Está claro que donde más se necesita poner orden no es en el Vetus, sino en el Novus ordo, que mucho más tiene de caos que de orden. Un caos litúrgico proyectado en toda clase de caos tanto doctrinal como moral. Una vez dispensados los sacerdotes de la oración, tanto que incluso es difícil percibir como oración algunas de sus misas, ¿qué les queda de sacerdotal a los que así celebran?
Celebremos, pues, con gozo y esperanza, que la Iglesia de León XIV ponga el foco de su pontificado en la Lex orandi, en que sea verdaderamente lex (ley) e indudablemente orandi (de orar, de rezar), y dentro de un Ordo (de un orden) tanto para los amantes del Vetus ordo como para los adictos al Novus ordo.
Virtelius Temerarius

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5 comentarios

  1. La de veces Virtellius que leemos que Jesús subía, al Templo, desde su presentación, o se retiraba a rezar alejándose de la muchedumbre y de los propios discípulos. Su vida fue siempre de relación con el Padre y el Espíritu Paráclito.
    A su imagen, los apóstoles, con Pablo de manera especial, nos recomiendan ser constantes en la oración. La vida del cristiano es, en efecto, una vida orante.
    A lo largo de la historia, la Iglesia ha hecho materia de culto la reflexión teológica de los Padres, de los Concilios, de los grandes teólogos. De sus escritos salieron los textos que, incorporados en la Liturgia, han mantenido la fe de los fieles. El Pange Lingua de santo Tomás recopila el misterion pascual al tiempo que asume la alianza vetero-testamentaria con una claridad y hondura únicas. A su vez, de la Liturgia han sacado luz e ilustración los grandes teólogos. En nuestros días, el Papa Benedicto XVI es un ejemplo magnífico de inspiración litúrgica. Es lo que debemos entender por teólogo de raza. Cuando se coge el rábano por los hojas y se cree descubrir el huevo de Colón se ahueca la voz (o el párrafo) para demorarse en accidentalidades que sustantivizan en una maniobra de despiste de la que la primera víctima es el sujeto, que, bajo manto de autoridad, lo que hace es desorientar y dejar perplejos a los fieles,

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  2. La gran excusa para inventar le Novus Ordo, fue para acercar la Liturgia a la gente, y resulta que consiguió lo contrario. En los años 60, el 70-80 % de los católicos asistían a Misa, actualmente no llega al 10%. Si se ha conseguido lo contario de lo que se pretendía ¿nadie hace autocrítica? ¿nadie se atreve a decir que el Novus Ordo ha sido un fracaso?

    Mi opinión es que el Novus Ordo no tiene arreglo. Ya lo intentó Juan Pablo II, con el documento Redemptionis Sacramentum, para atajar los abusos litúrgicos. Pero no tuvo ningún efecto. La mayoría de curas que he preguntado, ni se lo han leído.

    Mi conclusión es que el Novus Ordo es un fruto envenenado de Bugnini. ¿A nadie le preocupa que la Iglesia celebre la Misa con una Liturgia inventada por un masón? ¿la realidad es demasiado dura para aceptarla?

    En 2024 la Conferencia Episcopal de EEUU hizo una encuesta, y el resultado es que el 60% de los católicos asistentes al Novus Ordo no creía en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. En España el porcentaje será similar. ¿Por qué tanta gente ha perdido o deformado la Fe? ¿No hay nadie en la jerarquía que le preocupe esto?

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  3. Prepárense para una abolición del Vetus Ordo

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  4. 5. Erosión de la potestad sacra vía Praedicate Evangelium, que delega funciones clericales de gobierno a laicos (Sor Nathalie Becquart como prefecta de los religiosos, al ser religiosa es una laica consagrada en una orden, no es clérigo).

    6. Crisis litúrgica: Feminización y laicización aceleradas (monaguillas, lectoras, acólitas, ministras de la comunión, discusiones sobre diaconisas, lavatorio de pies inclusivo; violaciones en el Novus Ordo, como "misas creativas" o bendiciones innovadoras ("trozo de hielo", Jubileo "gay", n. 207 de Laudato Si' sobre la Carta de la Tierra). Esto pone en crisis la masculinidad clerical en la liturgia eucarística: su papel se ve irrelevante e invadido por no clérigos, tanto en funciones, en el altar, lo que elimina vocaciones masculinas célibes.

    7. No sigue los principios innegociables: vida humana, familia y matrimonio tal como los quiere Dios (procreación y educación de hijos, comunidad de vida, remedio de concupiscencia, por este orden), educación de los hijos por los padres y bien común.

    ........


    Este enfoque diluye el primado petrino (cc. 331-335 CIC), convirtiéndolo en un rol delegativo en foros pseudodemocráticos que simulan consenso pero acumulan ambigüedad y heterodoxia, al tolerar, disimular y omitir toda sanción sobre el desvío doctrinal.

    El consistorio extraordinario de los días 7 y 8 de enero de 2026 podría marcar un giro, pero hasta ahora representa más dilación que acción, y además, para más inri, no expone la totalidad de los problemas de la Iglesia.

    Este modelo diletante comporta que en unos 18 meses (desde 8 de mayo) la Iglesia, quizás a finales de este 2026., presente ya signos evidentes de ruptura de la túnica insconsútil entre ortodoxos tradicionalistas respecto de los heterodoxos: francisquistas, alemanes y chinos.


    Consecuencias en la Iglesia: rupturas graves y parálisis

    El resultado de todo liderazgo pasivo-evasivo es una parálisis institucional que acelera rupturas irrefrenables: disidencias en Alemania y China, relativismo doctrinal-litúrgico, y un colapso numérico-espiritual hacia un "papado envejecido" dependiente de bloques episcopales regionales.

    Priorizar simbolismo retórico sobre jurisdicción inmediata (normas y sanciones claras, firmes e inmediatas) erosiona la unidad, la eficacia moral y la potestad ejecutiva, fomentando un "catolicismo líquido" que aliena a fieles conservadores y acelera secularización.

    En 2026, con León XIV mudándose al Palacio Apostólico y enfocando en mensajes de paz y esperanza (Ángelus y Te Deum de diciembre 2025), se percibe un intento de comunión, pero se ve una premura en promover sinodalidad modernista sin resoluciones firmes, alentando una convivencia ya imposible e insana entre tradicionalistas, francisquistas, alemanes apóstatas y chinos sinizadores, profundizando divisiones futuras que van a ser inevitables y profundas: hay que prepararse para lo peor, y rezar, el realismo es positivo, a ver si no sucede nada.


    Perspectiva canónica-histórica: Soberanía en crisis

    Aunque el Código de Derecho Canónico preserva la potestad absoluta papal (no menoscabada por sínodos consultivos, cc. 342-348), su ejercicio elusivo bajo León XIV revela una soberanía percibida en crisis —análoga a la pérdida del poder temporal post-1870, pero agravada por la dimisión de Benedicto XVI y reformas franciscanas rupturistas y mandato personalista y dictatorial—.

    La crisis de la soberanía papal se agrava además porque ya no existe ningún tipo de soberanía pontificia (autoridad huérfana y estéril) en la apostática Alemania y en la comunista China, junto con las diócesis que aplican Amoris laetitia y Fiducia supplicans y la prohibicionista Traditionis custodes.

    Esto socava la infalibilidad personal (ex cathedra) y propicia decadencia irreversible hacia la desaparición, ya presente en amplios territorios, similar a fases tardías en la historia papal (Avignon o Renacimiento).

    Sin acciones firmes en estos ocho meses, el papado se arriesga a convertirse en un "imperio eclesial declinante", priorizando diálogo sobre autoridad.

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  5. Soluciones propuestas: Hacia un liderazgo fuerte y renovador

    Para romper este ciclo de debilidad y rupturas, León XIV debe transitar de pasividad a acción decisiva, aprovechando el consistorio inminente (7-8 enero 2026). Para que se entienda:

    1. Debe de abandonar por siempre todo el francisquismo, tanto en normas como en nombramientos (Tucho et al), salvado algunas como Samaritanus bonus contra la eutanasia

    2. Debe de enlazar obligatoriamente con San Juan Pablo II y Benedicto XVI en la hermenéutica de la continuidad y la "reforma de la reforma". No hay opción ni terceras vías, nada.


    Propuestas concretas:

    1. Intervenciones doctrinales claras: Emitir motu proprio para clarificar ambigüedades en Amoris Laetitia y Fiducia Supplicans, reafirmando moral tradicional, clásica y ortodoxa, que nunca debió de abandonarse; suspender el Camino Sinodal alemán si persiste disidencia, invocando cc. 331-335., excomulgando si es preciso a millones para restaurar la verdad: la unidad es en la verdad, no en la mentira. Suspender el Sínodo de la sinodalidad de 2028 por ser un vector de introducción de la apostasía alemana dentro de la Iglesia Universal. Abandonar ese invento de la Iglesia sinodal (antes era la Iglesia conciliar, pero ha pasado de "moda")

    2. Reforma Litúrgica estricta: Restaurar disciplina en el Novus Ordo, limitando innovaciones, y también en sacramentos de la confesión, hoy casi destruido porque muchos curas hacen lo que les da la gana; promover el Rito Antiguo Vetus Ordo como opción para fomentar vocaciones sacerdotales y religiosas.

    3. Potestad sacra: cesar a la laica consagrada Sor Brambilla como prefecta de los religiosos e introducir clérigos en el gobierno.

    4. Renovación vocacional: Lanzar un "plan de emergencia" con incentivos para órdenes tradicionales; intervenir todos todos todos los gobiernos de las órdenes religiosas decadentes hacia la extinción, empezando por los jesuitas. Sustituir a obispos de diócesis decadentes, ni que sean cientos. El que no sirve, rápido a corrales.

    5. Finanzas renovadas: auditar déficits vaticanos y reducir burocracia, utilizando la IA como control de funcionarios y gastos y deudas, junto con gestión patrimonial

    6. Diplomacia firme: Renegociar acuerdos con China para proteger la Iglesia clandestina; condenar sinización como herejía, y enfrentarse a Pekín en defensa de la libertad de la Iglesia: Pekín no es nadie para interferir en los obispos, sino es un precedente en todo el mundo, donde cualquier gobierno puede "nombrar" a sus obispos.

    7. Sinodalidad equilibrada: Transformar sínodos en órganos consultivos reales, no dilatorios ni en pseudodemocráticos, con énfasis en unidad doctrinal y acabar con esta trampa donde la pastoral destruye la doctrina; priorizar abusos y celibato en debates abiertos pero ortodoxos y tradicionales, fin de los sínodos vergonzantemente heterodoxos.

    8. Liderazgo personal papal: Adoptar un estilo directo y resolutivo, basta ya de diálogos y escuchas sinodales y consistoriales que sólo sirven para no hacer nada de nada, todo para reconstruir confianza y combatir relativismo con normas claras y sanciones si es necesario, aunque afecten a cardenales y obispos y a millones de fieles: o verdad o aceptar las consecuencias. Plantearse la vía Benedicto XVI: dimitir si no se ve con fuerzas.

    Estas medidas podrían rejuvenecer el papado, convirtiendo la "fase tardía" de un papado en declive y decadencia hacia el colapso y la extinción en un renacimiento, alineado con la tradición clásica y ortodoxa mientras aborda crisis modernas.

    Y eliminar la mayoría de normas de Francisco y expulsar a la totalidad de nombramientos de Francisco en la Curia, expulsando ya a Tucho y sustituyéndolo por un equivalente a Ratzinger: ya han gobernado 12 años, que se vayan a descansar.

    Sin ello, las rupturas se agravarán, amenazando la unidad católica.

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