jueves, 25 de julio de 2019

La banalidad del mal

¡Ay los que llaman al mal bien y al bien mal, 
que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas! (Isaías 5,20) 

Cuando en 1961 se celebró en Jerusalén el juicio del teniente coronel nazi Adolf Eichmann, el semanario  The New Yorker escogió como enviada especial a Hannah Arendt, filósofa judía de origen alemán, aventajada discípula de Heidegger y exiliada en Estados Unidos. Arendt, que se había dado a conocer con su libro Los orígenes del totalitarismo, fue considerada entonces como una de las personas más adecuadas para escribir un reportaje sobre el juicio al miembro de las SS, colaborador necesario de la “Solución final”. Los artículos que la filósofa redactó acerca del juicio despertaron admiración en muchos, mientras que en muchos más provocaron animadversión, ira y un descomunal escándalo. Cuando Arendt publicó esos reportajes en forma de libro con el título Eichmann en Jerusalén y lo subtituló Sobre la banalidad del mal, el resentimiento no tardó en desatar una caza de brujas, organizada por varias asociaciones sionistas americanas  e israelíes.

Tres fueron los temas de su ensayo que indignaron a los lectores: El primero, el concepto de la banalidad del mal. Mientras que el fiscal en Jerusalén, de acuerdo con la opinión pública, retrató a Eichmann como a un monstruo al servicio de un régimen criminal, como a un hombre que odiaba a los judíos de forma patológica y que fríamente organizó su aniquilación, para Arendt Eichmann no era un demonio, sino un hombre normal con un desarrollado sentido del orden que había hecho suya la ideología nazi: ideología que no se entendía sin el antisemitismo. Lo que en realidad hizo Eichmann fue ponerla en práctica. Arendt insinuó que Eichmann era un hombre como tantos, un disciplinado, aplicado y ambicioso burócrata: no un Satanás, sino una persona terriblemente y temiblemente normal; un producto de su tiempo y del régimen que le tocó vivir. La única responsabilidad moral que le atribuye Arent es que se negó a pensar por sí mismo. ¿Pero cómo hacerlo con un criterio moral utilitarista y espurio?
 
Estremecedor es el hecho de que cualquier persona, aun siendo aparentemente apacible y familiar, pueda verse convertida en un ejecutor rutinario de cualquier ensañamiento, si el contexto se le impone. Son los malvados banales, afirma Arent. El acusado no es el monstruo que se quiso presentar, sino uno más de entre tantos burócratas del nazismo, que a fuerza de eficiencia y ubicuidad pretendían escalar en la pirámide del poder estatal alemán. 

Eichmann  no era pues un loco criminal o psicópata, sino una persona mediocre o, por decirlo en claro, normal: tal como certificaron seis psiquiatras. Un personaje ordinario sin antecedentes de fanático antisemita, que había llevado una vida trivial de ocupaciones cotidianas, pero que al verse en la estructura criminal nazi, cumplió escrupulosamente órdenes e intervino en la llamada "solución final" que, por cierto, se gestó en su presencia, pues asistió a la decisiva reunión de Wannsee en enero de 1942.

Lo que dio aun más motivos de indignación entonces fue la crítica que Arendt dispensó a los líderes de algunas asociaciones judías. Según las investigaciones de la filósofa, habrían muerto considerablemente menos judíos en la guerra, si no fuera por la pusilanimidad de los encargados de dichas asociaciones que, para salvar su propia piel, entregaron a los nazis inventarios de sus congregaciones y colaboraron de esta forma en la deportación masiva.

Estas consideraciones se extienden al papel cumplido por los Judenrat, Consejos Judíos formados también por gente normal y responsable, con los que solía entenderse Eichmann, y que allanaron el camino para que la maquinaria de exterminio nazi funcionara a pleno rendimiento. La autora pone la lupa sobre su actuación y emite un juicio lapidario: casi todos ellos traspasaron el límite entre “ayudar a huir” y “colaborar en la deportación” de sus representados, sin que la excusa del mal menor pueda ser admisible, dado que la raquítica cifra de sobrevivientes cancela de raíz dicha alegación (de acuerdo con Hannah Arent, en Hungría se salvaron 1.684 judíos gracias al sacrificio de 476.000 víctimas).

Y lo que es aún peor, la autora cree haber demostrado que en aquellas naciones en donde hubo una oposición decidida a la deportación, los nazis carecieron de la convicción necesaria para doblegarla: comportamiento que la llevó a concluir que el ideal de “dureza” de los nazis (o la apariencia monolítica de todo régimen totalitario) no era más que un mito dirigido al autoengaño, que ocultaba el cruel deseo de sumirse en un estado de conformidad a cualquier precio. La resistencia activa frente al mal es pues indispensable.

Es que la autora nos recuerda con dureza que en aquellos tiempos, todas las actuaciones estatales estaban respaldadas en leyes, decretos y reglamentos, cuando no en la propia palabra del Führer, considerada ley suprema incluso por prestigiosos constitucionalistas del momento. Es decir, que se daba la paradoja de que actos aberrantes y constitutivos de genocidio y de violaciones a los derechos humanos básicos, formaron parte entre 1933 y 1945 del ordenamiento jurídico del Estado. Lo criminal se convirtió en lo legal. En palabras de Hannah Arent, estábamos en presencia de un Estado Criminal. Y precisamente, dentro de las reglas jurídicas de ese Estado Criminal, desobedecer una orden se convertía en un delito, en una violación a la norma estatal, aunque la norma dijese “debes fusilar prisioneros o matar judíos ”. Ello, sumado al poderoso efecto que produce el ejercicio burocrático del poder estatal, por el cual hasta lo abyecto es convertido en algo rutinario y desapasionado (banal) -otro tema central de la obra Eichmann en Jerusalén-, explica, en el análisis de Arendt, la escasísima emergencia de héroes provenientes desde las propias entrañas del nazismo. ¿Nos recuerda eso la extrema docilidad con la que los colegios católicos aceptan las disposiciones corruptoras sobre género y los hospitales pseudo-eclesiales se someten a las directrices eutanásico-abortistas de la Seguridad Social? 

Arendt no esquivará el principal argumento de los partidarios de que las penas no se impongan quia peccatum (porque es pecado), sino ne peccetur (para que no se peque). ¿Puede volver entonces a ocurrir el holocausto?  Arendt contesta: sí, puede volver a ocurrir. Y enuncia el poderoso argumento de que todo paso que, para bien o para mal, dio la humanidad en su historia, está condenado a ser el umbral del siguiente hito en su camino hacia su salvación o destrucción, según el caso.

Pero ahí no se agota el enorme caudal de cuestiones que rozan con el derecho y la justicia. De la contemplación que efectúa Arendt de la maquinaria nazi, concluye razonando igual que los jueces en la sentencia: el grado de responsabilidad aumenta a medida que nos alejamos del hombre que sostiene en sus manos el instrumento fatal -que por lo general eran los sonderkommandos, prisioneros colaboradores de los campos-. Eichmann aparece a mitad de camino entre ambos extremos.

Queda como cuestión de concepto esencial nuestra propia estructura jurídica, según la cual no son los colectivos los que delinquen, sino los individuos. Por eso, mientras perseguimos sañudamente a los individuos -si no son lo suficientemente influyentes, claro-, dejamos que los colectivos actúen en total impunidad. Y del mismo modo que fue ese ente difuso llamado nazismo el que puso en marcha una imponente maquinaria delictiva que afectó a millones de personas -engranajes indispensables de una máquina que ellos no han construido (por ejemplo los mismos prisioneros judíos en los campos de exterminio)-, del mismo modo nos encontramos hoy con una imponente maquinaria de inmoralidad institucional ya no de carácter nacional, sino internacional en la que chocarán las naciones. No se vislumbra aún si el próximo choque entre bloques será por el calentamiento global – cambio climático (con las “leyes universales” que se pueden imponer a costa del mismo: imponer incluso manu militari)- o por la corrupción institucional de menores en la escuela, empezando por la primaria. Imputándose como grave delito el no hacerlo. Los que tienen el poder intentan imponer ambas cosas (y algunas más) a todos los países. 

Alemania y Eichmann fueron víctimas y,  a la vez, colaboradores indispensables del totalitarismo nazi. ¿Nos hemos planteado nuestro papel de colaboradores indispensables (el silencio es el generosísimo aporte de los buenos al mal) del totalitarismo institucional que nos están echando encima? Los pasos de ablandamiento moral que se están dando en esa dirección, son estremecedores. Estremecedores sobre todo, los ejércitos de funcionarios bien pagados al servicio de ese totalitarismo demoledor y el éxito que cosechan. De momento.

Sin uniformes y sin cruces gamadas sí, pero con un objetivo y unos medios similares: aterrorizar a la población con brutales represalias institucionales y hacer así casi imposible la resistencia organizada. Se trata pues de fabricar, desde el Estado del bienestar, hombres y mujeres banales, sin otro criterio moral que su comodidad o la propia supervivencia. Carne de cañón para un sistema en el que una élite privilegiada destruirá, de grado o por la fuerza, cualquier principio moral que no sea el suyo  para convertirnos así en  esclavos depravados, aislados de cualquier relación humana normal y sin más familia que el propio Estado. Más o menos como Eichmann… Otra cosa es que lo consigan, pero interés tienen… ¡y mucho! Tal vez hasta más que nosotros en hacer lo contrario. 

Custodio Ballester Bielsa, Pbro. 
www.sacerdotesporlavida.info

18 comentarios:

  1. Impresionante.
    De lo mejor que he leído del P. Custodio, sin duda.

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  2. Grandioso artículo Mosen. Tenemos una CRUZ muy grande que cargar pero Nuestro Señor está con usted y con los que no estamos de acuerdo con el N.O.M establecido. Que DIOS LE BENDIGA, seguro que lo hace!

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  3. La banalidad del mal, la nada nadea (a/b)26 de julio de 2019, 4:05

    A Martin Heidegger, con vínculos con el nazismo, autor de Ser y Tiempo, le preguntaron una vez sobre qué hacía la nada, y él respondió:

    - ¡¡¡La nada nadea, y el mundo mundea!!!

    Aunque en otro juego de palabras, dijo que "la nada, en efecto, no aniquila. La nada anonada (nichtet)". Hay para todo.

    Lo digo porque el Arzobispado de Barcelona es la Nada de la Historia Interminable de Michael Ende, una Nada que nadea, que actúa en el ser de las cosas y lo aniquila: ¡milagro! ¡la Nada nadea! ¡Y el mundo bajo su príncipe satanás mundea a la Iglesia!

    Mons. Omella, Vadell y Gordo, auxiliares, haced algo, ¿creéis en Dios? ¡¡¡Pues demostradlo!!! Estas casas de espiritualidad anticatólicas, sedes del anticristo en Barcelona, destructoras del catolicismo, da creencias no católicas, de la Nueva Era. Lo hacen desde hace años, ya con Sistach.

    Omella, Gordo, Vadell ¿tenéis miedo? ¡Nadie os obliga a ser obispos! ¡¡¡Actuad!!! ¿NO veis que los lobos destrozan a las ovejas?

    I. En el Reial Monestir de Santa Maria de Pedralbes de Barcelona, se hacen cursos de espiritualidad zen: "Silenciament d’estiu. Meditació zen al claustre de Pedralbes".

    www.catalunyareligio.cat/es/agenda/silenciament-estiu-meditacio-zen-claustre


    II. En la casa de espiritualidad católica, la Casa San Felipe Neri, de Barcelona, casaespiritualitat.barcelona

    Aquí se da espiritualidad zen, paneuritmia e ikigai:

    casaespiritualitat.barcelona/wp-content/uploads/2019/07/2019-Training-Zen.pdf

    y se practica una extraña danza pagana, la paneuritmia, de Petar Danov (Beinsa Douno), un sincretista búlgaro fundador de la escuela esotérica Fraternidad Blanca Universal,

    casaespiritualitat.barcelona/wp-content/uploads/2019/03/Paneurimia-19-1.pdf

    Está el mantra y la bandera de la paz del ruso Nicolás Roerich:

    casaespiritualitat.barcelona/wp-content/uploads/2018/12/BANDERA-DE-LA-PAU.pdf

    PANEURITMIA: DANZA SAGRADA “La unidad de la Vida, experimentada en el círculo de la Paneuritmia "La Paneuritmia" es una síntesis de música y texto poético expresado a través de movimientos rítmicos, que se realizan en parejas en un círculo que es el símbolo de la gran rueda de la vida, la belleza y la unidad. Fue creada a principios del siglo XX por el maestro espiritual Petar Danov (maestro a su vez de Omraam Mickael Aivanhov). Sus movimientos están basados en formas geométricas, que expresan la "geometría sagrada", estudiada en todas las escuelas y movimientos espirituales. Al mismo tiempo, la música y el texto crean un estado de alegría y felicidad en conexión con el otro, con la naturaleza y con la propia alma...

    Inicio de la temporada de Paneuritmia. Sábado 23 de marzo de 2019 a les 10h. Lloc Casa d’Espiritualitat Sant Felip Neri. Nena Casas 37 –47, Barcelona.

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    1. Paneuritmia. Hace tiempo que en diversos tiempos litúrgicos del día las monjas trinitarias del monasterio de Suesa (Cantabria) practican danzas -acompañadas por los fieles asistentes que desean sumarse-. También suelen usar el lenguaje inclusivo, de esta guisa: "Te rogamos, Señor, por todas las que nos odian"; de manera que el grupo político de izquierda que para las elecciones generales del 28 de abril cambió su nombre va con algunos años de "retraso" respecto a las contemplativas cántabras. Ni pizca de ruborizarse (las del grupo político) por su ir a la zaga; al revés, se creerán punta de lanza.
      Habrá habido alguien que haya comunicado al obispado de Santander esta modalidad de banalidad o se supone que las prácticas descritas merecen la pena puesto que pueden atraer al cristianismo a personas alejadas de Dios?

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    2. Cuando se BAILA y no se REZA DE RODILLAS, es el preludio de la ABOMINACIÓN de la DESOLACIÓN. Están más entregados-as a adorar a la HERÉTICA TRIMÜRTI HINDÚ que a la CELESTIAL TRINIDAD CATÓLICA! El MUNDO AL REVES!!!

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    3. 21:07... por responsabilidad de Omella, y antes de Sistach...

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  4. La banalidad del mal, la nada nadea (b/b)26 de julio de 2019, 4:06

    Mons. Omella, ¿quién manda en Barcelona sobre fe católica? ¿Usted o unas monjas heréticas y heterodoxas? ¿No es usted cardenal y ministro vaticano para los obispos y miembro del Tribunal Supremo vaticano?

    Debe de prohibir inmediatamente estos cursos satánicos, no pueden darse en centros de espiritualidad católica, y menos dados por monjas y religiosas. ¿Que no ve que destruye a las vocaciones religiosas y sacerdotales y a la participación de los laicos? ¿No ve que esto va aniquilando a la fe católica? ¿Por qué no hace nada? ¡¡¡No hay que ser profeta para ver que si no limpias la Casa de Dios de los excrementos de satanás, más se corrompe y vacía la Casa de Dios!!!

    Debería de expedir un Decreto que prohiba ipso facto tales actividades anticatólicas bajo castigo si no se hace, debería de obligar bajo sanción a que todas las casas de espiritualidad le den el curso para que le dé usted el visto bueno. Mons. Omella, cansino, debe de hacerlo ¡YA, HOY! ¡¡¡Barra la Casa de Dios, es su deber y obligación!!!

    Le voy a dar unos documentos vaticanos que le ayudarán, pues en el Decreto, puede obligar a las monjas rebeldes a que los cuelguen en sus sitios:

    1. JESUCRISTO PORTADOR DEL AGUA DE LA VIDA. Una reflexión cristiana sobre la “Nueva Era”.
     
    www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/interelg/documents/rc_pc_interelg_doc_20030203_new-age_sp.html


    2. "ORATIONES FORMA": CARTA A LOS OBISPOS DE LA IGLESIA CATÓLICA SOBRE ALGUNOS ASPECTOS DE LA MEDITACIÓN CRISTIANA. Congregación para la Docrina de la Fe, Card. Ratzinger.

    www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19891015_meditazione-cristiana_sp.html


    3. DECLARACIÓN NOSTRA AETATE, sobre las relaciones dela Iglesia con las religiones no cristianas, de 28 de octubre de 1965


    4. CATECISMO de la Iglesia Católica, Cuarta Parte, LA ORACIÓN CRISTIANA, numerales 2558 a 2865


    5. El Yoga en la filosofía y en la práctica es incompatible con el Cristianismo. James Manjackal MSFS

    www.jmanjackal.net/esp/espyoga.htm

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    1. MARPN
      Anónimo de las 4:05
      Después de leer sus comentarios, que creo son ciertos, me pregunto ¿cómo es posible que el Cardenal y sus Obispos auxiliares consientan que se destruyan los principios de nuestra Iglesia Católica?. ¿Cómo permiten que conventos y otros lugares de reflexión, se transformen en algo que está en contra de nuestros principios católicos?. ¿Es que que no se dan cuenta, o pasan de ello, de que están apartando a los pocos creyentes que participan en las distintas parroquias?. Han de oponerse al engaño y con mano dura eliminar todos estos cursos-cursillos que están confundiendo a gran parte de los pocos practicantes católicos. De no hacerlo son tan culpables como los que los imparten y los que ceden o alquilan sus instalaciones a este fin.
      Mn. Custodio, no hacen falta comentarios sobre el artículo. María Auxiliadora, ruega por tu Iglesia y envíanos sacerdotes santos.

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    2. Son un conjunto de muy buenas preguntas que me hago, pues la Nueva Era satánica en las casas de espiritualidad de religiosas católicas catalanas viene de antiguo, desde los 1960, cuando los viajes a la India, puestos de moda por Panikkar.

      La Nueva Era satánica promete grandes "milagros" y un nuevo "superhombre" a base de verdaderas tonterías como la meditación o las medicinas tradicionales.

      Los arzobispos de Barcelona han reaccionado muy despacio, y Omella debería poner fin definitivo a las cosas, qué caray, que estamos en el 2019...

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  5. Pocas veces estoy de acuerdo con Germinans, pero el artículo de hoy ha quedado bordado. Incluso se podría desear que no fuera tan angustiosamente real.

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  6. Me quito el sombrero, P. Custodio. Cierto todo, por desgracia. Ya estamos listos si Dios no nos ayuda y nos da fuerzas.

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  7. Esplendido mossen Custodio para que los obispillos lo enmarquen y recen cada dia con ello. El Espiritu Santo ya les vacia los seminarios pero si se convierten habra una gran alegria en el Cielo.

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  8. También a mí, Halomo, me reconforta ver en Gérminans artículos de tanta claridad y valentía. Menos mal que apenas ha tocado las implicaciones que conlleva trasladar esas reflexiones al momento actual. Pero la cosa es tremendamente grave. La experiencia del nazismo funcionó de maravilla, y la maquinaria social, política y jurídica que lo hizo posible, continúa intacta. Así que todo está a punto para repetir la experiencia: pero esta vez yendo a por todas.

    ¿Para cuándo el repensar nuestra inoperante estructura jurídica, según la cual no son los colectivos los que delinquen, sino los individuos? En este caldo de cultivo tan favorable, vivaquean todo género de instituciones delictivas. Pero como las instituciones no delinquen, y los individuos difuminan su responsabilidad en instituciones y en colectivos cada vez más amplios e indefinidos, pues nada. Bien venido el nazismo, bien venido el totalitarismo que emplea como palanca de poder el adoctrinamiento sexual de los niños en la escuela, bien venida por tanto la corrupción de menores institucionalizada, bien venido el racismo supremacista, bien venida toda clase de totalitarismos mientras vengan de la mano de instituciones y no de individuos. ¿Es que no está claro que las instituciones son no sólo el arma del delito, sino incluso el sujeto que comete el delito?

    Gracias por este luminoso artículo. Abundo en la opinión del anónimo de las 23:22

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  9. ¡Enhorabuena, Mosén Custodio Ballester! Excelente artículo.
    El Señor le bendiga.

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  10. El juicio a Cristo no debió ser muy diferente del de Eichmann: una venganza talmúdica, como los juicios de Nuremberg.

    https://graviolateam.blogspot.com/p/the-adolf-eichmann-trial-adolf-eichmann.html

    La denuncia de Arendt está bien, pero hay que negar la mayor: no hubo exterminio ni planes para llevarlo a cabo. Hubo persecución, en muchos casos criminal, de una población hostil que declaró la guerra a Alemania en cuanto Hitler fue nombrado Canciller y antes que tomara ninguna medida.

    Además, es obvio el intento de la Sinagoga de Satán de elevar el “Holocausto” a crimen absoluto para borrar el único crimen absoluto de la historia: el del Calvario. Es una blasfemia horrorosa, que añade insulto al crimen de Deicidio.

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  11. Ánimo, Mn. Custodio, no decaiga y siga a hora y a deshora desnudando la vergonzosa realidad que vivimos y muchos quieren callar.

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  12. ¡Pero lo que usted cuenta es exactamente el proces pujolés!

    Parece que no aprendemos.

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