lunes, 14 de enero de 2019

Un hombre de Dios

La imagen puede contener: 8 personas, personas de pie y textoEl pasado 28 de diciembre falleció, a los 90 años, el padre Angel Marsá Fernández, Misionero del Sagrado Corazón. A pocos les sonará su nombre, a no ser que sean antiguos alumnos del Colegio San Miguel o habituales del Santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de la calle Rosellón de Barcelona, pero los que tuvimos la suerte de conocerlo no solo recordaremos a un sacerdote ejemplar, sino a uno de los últimos religiosos de una estela irrepetible, que impartía lecciones tanto en las aulas como en el templo. Me refiero a la estela del padre Pacios, el padre Alomá, el padre Tomás, el padre Pastrana, el padre Tuñón o el padre Amigorena. Y el hermanito Pedro, que era el sacristán. El padre Ángel Marsá era el último de esa generación, a la que tanto debe la obra del padre Chevalier en Barcelona. 

Hijo del famoso crítico de arte y pintor Ángel Marsá Beca (1900-1988), que en su juventud había simpatizado con el anarcosindicalismo, al nacer nadie habría pensado en su destino a la vida religiosa. Tras el fallecimiento de leucemia de su hermana, quedó como único hijo y para sorpresa de sus padres decidió profesar en la obra de los Misioneros del Sagrado Corazón, que desde finales del siglo XIX regentaban el colegio San Miguel. Un colegio que en los años 50 contaba ya con 1.000 alumnos. Pronto se incorporó el padre Marsá como profesor del centro y allí estuvo casi toda su vida, impartiendo sobre todo clases de historia, salvo un período de misionero en Nicaragua, donde tuvo que enfrentarse a su compañero de congregación, el asturiano Gaspar García Laviana, que empuñó las armas y se pasó a la guerrilla, acabando tan desafortunadamente como advierte aquella frase coloquial “de un Cristo con dos pistolas”.
 
Resultado de imagen de santuario nuestra señora del sagrado corazónEn los últimos tiempos, la salud había mermado un poco al padre Marsá. La cabeza la mantenía lúcida, pero las piernas le privaban de estar mucho rato de pie, lo cual le impedía celebrar públicamente la Santa Misa. Sin embargo, confesaba cada día. Sobre las 19,30 de la tarde, cuando se rezaba el rosario y la novena perpetua, salía de la residencia y se encaminaba al confesionario. A su confesionario. Antes de entrar, se arrodillaba y rezaba una breve oración. Cada día igual. Y cada día tenía cola de penitentes. Y supongo que a muchos les diría lo que me decía siempre a mí. “¿Padre de familia? ¿Edad de los hijos?” Y recomendaba: “pedagogía del no”. Y siempre acababa igual “le felicito, ¿sabe por qué? Porque ha venido a confesarse. Cuantas veces se confiese, tantas veces se lo diré”. Era una fórmula quizás preestablecida, pero estimulaba al penitente. Un confesor que aconsejaba. Ahora no es que falten confesores que aconsejan, es que faltan confesores. En el Santuario de la calle Rosellón ya no es fácil encontrarlos. Han quedado solo tres curas: el padre Jorge Morales, el padre Juan Molina y el padre Willy. El padre Paco Blanco fue designado provincial y trasladado a Madrid. Pero la ausencia de confesores es un mal general. La gente no se confiesa, dicen. ¡Falso! Los curas no confiesan, más bien. Allí donde hay confesores, se encuentran penitentes. Lo observé hace poco en la parroquia de la Santa Cecilia, donde probablemente no se confesaba nadie sino era en celebraciones comunitarias. Mn. Octavi Sánchez confesaba antes de la misa y no le faltaban penitentes.

Igual que cada tarde confesaba, cuando hacía buen tiempo solía pasear a media tarde. La última vez nos lo encontramos un amigo y yo, mientras tomábamos algo en una terraza. Lo invitamos a sentarse con nosotros y tomar un café. No quiso nada, pero se sentó. Y nos ilustró con una verdadera catequesis de la vida. ¡Cuánta bondad, cuánta delicadeza en sus palabras! Mi amigo, que no lo conocía de nada, me dijo: “este hombre es un santo”. Un santo anónimo. Como tantos curas sencillos, confesores pacientes, maestros vocacionales. La vocación de maestro, misionero y confesor. Esas tres vocaciones se amalgamaban en el padre Ángel Marsá. Con él se cierra, probablemente, la última etapa brillante del Santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. En pocos años, se ha pasado de diez religiosos a solo tres. Como en multitud de congregaciones religiosas. Se mueren los mayores y no hay renovación. La vida religiosa va languideciendo hasta su extinción. Florecerán otras comunidades, pero las que conocemos desde niños van camino a la desaparición. El padre Marsá se lamentaba siempre de ello. Al menos, no será él quien cierre definitivamente las puertas.

Oriolt

17 comentarios:

  1. "Un santo anónimo. Como tantos curas sencillos, confesores pacientes, maestros vocacionales. La vocación de maestro, misionero y confesor.

    Pero la ausencia de confesores es un mal general. La gente no se confiesa, dicen. ¡Falso! Los curas no confiesan, más bien. Allí donde hay confesores, se encuentran penitentes.

    Como en multitud de congregaciones religiosas. Se mueren los mayores y no hay renovación."


    Realmente, el nacional-progresismo debería de reflexionar y pedir perdón, porque ha rebajado la figura del "sacerdocio" a la de un pastor luterano y menos aún: no confiesa, hace una misa sui generis, y no catequiza ni evangeliza.

    Es un misterio la paciencia y el castigo de Dios, pero es urgente que Mons. Omella y los obispos, todos ellos convoquen un Concilio para pedir perdón por todo el mal que se ha hecho y el bien que o bien no se ha hecho o el bien que se ha hecho mal, además de pedir a Dios la fuerza de la renovación.

    La situación ya empieza a ser grave pero reversible, pues vamos a acabar como en Gerona: pocos y envejecidos curas con una media de edad de 75 años, celebraciones dominicales sin cura (misa sin consagración), calidad general teológica, fideística, moral y cultural mediocre-pésima.

    Éste es el verdadero problema de aquí nuestra tierra, no las periferias existenciales, no las iglesias en salidas al precipicio, no el ecologismo...

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    1. Anónimo 0:52, soy lo que podríamos considerar un nacional-progresista. Después de leer su comentario y reflexionar, me he dado cuenta de mis errores. Le pido perdón a usted y a todos los católicos por todo el mal que he hecho, a saber: que los sacerdotes en Cataluña no confiesen (es un mal solo en Cataluña), ni catequicen ni evangelicen. Mis más sinceras disculpas.

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  2. Un comentario en Flickr:

    Como todo desierto que se precie, Barcelona tiene sus oasis. Uno de ellos es la iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, sita en la Calle Rosellón 175. La regentan los misioneros del Sagrado Corazón. Más que regentarla, diría que la miman. Es de la iglesias más bien cuidadas de Barcelona. Abierta todo el día, con misas cada dos horas, los días laborables, desde primeras horas de la mañana. Rosario diario, novenas, adoración nocturna, un cura siempre en el confesionario, vía crucis multitudinario cada viernes de cuaresma, adoración al Santísimo los viernes. Obviamente, la iglesia está a rebosar. Se quejan muchos sacerdotes de que sus templos están vacios. Que prueben a tenerlos abiertos todo el día. La gente entra a rezar. Siempre hay alguien en la iglesia. Nunca está vacía. Mucho mérito tienen sus religiosos, pero el principal es de la Virgen. Abogada de las causas difíciles y desesperadas.

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  3. "La vida religiosa va languideciendo hasta su extinción. Florecerán otras comunidades, pero las que conocemos desde niños van camino a la desaparición."

    Visión optimista: su buena misión se acabó, y otras vendrán más adaptadas a los tiempos.

    Medio-medio: no ejercieron bien su carisma, no recibieron la bendición divina como castigo, todo se les arrebatará para dárselo a otros, si hay.

    Visión realista, quizás: estamos a las puertas de la Gran Apostasía (de los laicos, de los consagrados), previo al Anticristo.

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  4. "El padre Marsá se lamentaba siempre de ello."

    Lamento que no dijera las causas y los remedios.

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    1. salvador (nombre de pila)15 de enero de 2019, 12:18

      Anónimo de las 1:16, pues claro que lo pensaba y lo decia, IGLESIAS ABIERTAS TODO EL DIA Y CONFESIONAROS ATENDIDOS.
      realmente lo creen nuestros obispos de la Tarraconense.
      hace ya unos años, le dije a un Sacerdote recien Ordenado, Mn. J. siempre se esta a tiempo, solo cada dia de nuevo constancia por niños de primera Comunión, si en mi pueblo se hubiera hecho asi hoy la Iglesia no estaria vacia, bueno casi vacia, solo con asistencia de mayores de 65 años en adelante.

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  5. salvador (nombre de pila)15 de enero de 2019, 12:21

    Lastimosamente del seminario no salen solo Sacerdotes por Vocación, si no por PROFESIÓN.

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    1. Cierto, este es el principal mal de la iglesia, hoy día. Sacerdotes por interés y algunos bien disfrazados de tradicionales, llevando una vida hipócrita. Pero mientras que no se sepa, a aparentar y chupar del bote...

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  6. Un buen acerdote y un gran amigo. Descanse en paz.

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  7. ¡Qué alivio ver algo positivo en Gérminans! La verdad es que fácil no es, porque el desierto es extensísimo, y los oasis muy escasos. Gracias, Oriolt, por alegrarnos el alma.

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  8. Oh avui no ataquen a ningú !!

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    1. salvador (nombre de pila)15 de enero de 2019, 18:54

      Anónimo de las 14:40, A PALABRAS NECIAS OIDOS SORDOS, tambien escritos mudos.

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    2. Totalmente de acuerdo con el Sr. Salvador.

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  9. Descanse en paz el P. Marsá. Mi oración por su alma.
    En efecto, en este santuario he podido confesarme en más de una ocasión.
    Doy fe de lo relativamente fácil, por presencia de sacerdote, que es confesarse en bastantes ciudades de España y de la alegría de algunos confesores al escuchar y aconsejar al penitente.

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  10. Que recuerdos me trae el Sagrado Corazón de mi niñez y juventud! Las confesiones en el Sagrado Corazon con el padre Alomá, Tuñón, etc...era como los porteros del Real madrid en aquella época, a cuál mejor!. Bromas aparte, me dieron siempre una buena dirección y consejos.

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  11. "En pocos años, se ha pasado de diez religiosos a solo tres."
    Bueno al menos en este caso no es problema del catalán, ya que en ese Santuario (limpio y cuidado, y con abundantes misas) casi todo es en castellano.
    Lo que pasa que las vocaciones salen de las Familias (que tienen hijos), de la buena Educación en casa y en las escuelas.
    Del espirito de sacrificio, dar dar el si a Nuestro Señor,...
    Y el ambiente pagano y capitalista, junto con los valores que propone nuestra sociedad actual no ayudan nada.
    Hoy ser sacerdote diocesano y/o sacerdote religioso es una vocación de ir contra corriente, llevar una fuerte carga en los hombros, luchar contra muchas cosas, y a veces sin el apoyo debido de las mismas instituciones eclesiales.
    Fijense solo si hoy a un sacerdote le levantan una calumnia de pederasta: esta más solo que la una. Le destrozan su vida sacerdotal y su fama, y el mal ya esta hecho.
    Rezar al Señor para que nos mande buenos y santos sacerdotes no hay otra.

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  12. José Ramón Navarro19 de enero de 2019, 20:21

    Todavía vive el Padre Gines, alma mater del movimiento de Cursillos de Cristiandad para Jóvenes de Barcelona. Semillero de buenos católicos de donde salieron múltiples vocaciones, de las cuales tres obispos en activo, Sanz,Cristau y Oropesa en Cuba.
    Cuándo falte el Padre Ginés, entonces si, se cerrará etapa.
    No quiero dejar de tener un recuerdo especial para el padre Antonio Pacios, sacerdote sabio y Santo, Misionero del Sagrado Corazón y una delicia para el alma.

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