domingo, 2 de diciembre de 2018

Defensa del catolicismo popular

Parroquia del barrio del Fondo en Santa Coloma de Gramenet
A lo largo de más de 22 años con ministerio pastoral en Santa Coloma de Gramenet, cuya población es eminentemente “popular” donde las haya, he tenido que ir escuchando de manera intermitente criticas solapadas, cargadas de desdén, por no decir de desprecio, a la religiosidad popular. Especialmente porque me creen defensor acérrimo de ésta, y sostenedor empedernido de esas formas de religiosidad que muchos consideran de segunda división por no decir de segunda categoría.
Pero cuando estos ortodoxos hablan de religiosidad popular no se refieren a ese conglomerado formado por las hermandades de gloria o penitencia que organizan procesiones o actos de culto de manera intermitente o saltuaria, siendo característica dominante en todas ellas, que la mayoría de sus integrantes se encuentran alejados de la práctica religiosa habitual y constante. En efecto, en este campo de las hermandades y sus procesiones (Rocío y Semana Santa) las dificultades para su acompañamiento espiritual son ciertamente arduas. Los que miran con desconfianza a la “religiosidad popular” no piensan en esas prácticas religiosas, tan generosamente aceptadas incluso por el mundo más mundano (los que tiraron la primera piedra contra la Semana Santa andaluza, salieron escaldados). No se refieren por tanto a esa “religiosidad popular” tan bien homologada por el mundo, sino explícitamente a todas aquellas prácticas que la elitista  pastoral posconciliar consideró y considera prácticas culturales o sociológicas, sin valor de fondo.
Para este tipo de mentalidad, toda norma incómoda debe ser silenciada en la enseñanza de la fe. Y entre ellas, la principal en el plano de la práctica religiosa, es la obligación de asistir a misa el domingo bajo pena de pecado grave. Ha sido el clero mismo el que ha “desinstalado” las reglas que con tanto esmero la Iglesia se había esforzado en hacer respetar a lo largo de los siglos.
De golpe, y como signo de modernidad hija del Concilio, han cesado de trasmitir esta práctica fundamental los medios que la sostenían y que propiciaban la transmisión de generación en generación de este catalizador del ser católico: la obligación del deber dominical y todo lo que conllevaba. No sólo eso, sino que en el ámbito de la piedad personal y de las costumbres devocionales se ha actuado con la misma tábula rasa. Sin embargo la mayoría de veces esto se ha llevado a cabo por medio de una pastoral reservada a una élite comprometida, formada y consciente -dicen-. Estos movimientos han dejado de lado a la gran masa de católicos que mantenían la práctica religiosa a través del armazón de los sacramentos más accesibles (bautismo, confirmación, penitencia y eucaristía). Es evidente que esta pastoral elitista ha ignorado al “pueblo” cristiano, es decir a la gran masa de cristianos del montón.
Estos movimientos, con el argumento de volver la religión más exigente, han intentado despojarla de todo lo que fuese costumbre, rutina, tradición popular, hábito adquirido. Pasando por el bautismo hasta el matrimonio religioso, los fieles que optaban por estas fórmulas debían elevar su fe y estar a la altura de esos sacramentos. Ya no se debía ir a misa por costumbre, sino participar plenamente (sic). En ese frente de lucha, la primera piedra de toque fue la primera comunión de los hijos. Los reformadores y renovadores de la pastoral criticaron ese rito “formal, hipócrita, sociológico sin verdadero valor espiritual”. Transcribo literalmente de una publicación arciprestal. El resultado práctico fue que se creó en la Iglesia una corriente de opinión en virtud de la cual la práctica religiosa tal como la asumía la gran masa era deseable que se extinguiera, en favor de transformarla en esas otras fórmulas pietistas e intensas. Y como no podía ser de otro modo, estas nuevas fórmulas tan “auténticas” fueron estrictamente minoritarias; mientras la práctica mayoritaria fue languideciendo ante la mirada indiferente de los reformadores que pretendían salvar de una vez la práctica religiosa del pueblo fiel.
Misa a la Virgen de los Dolores en su capilla de la Basílica de Santa María de Mataró
Frente a la gran masa católica partidaria de la religión popular (distinguirla de la mal llamada religiosidad popular) para la cual los ritos, las oraciones, las procesiones y el acceso a los sacramentos constituía el ser católico, apareció un nuevo clero (hijos del Concilio se hicieron llamar) que defendía y defiende una religión depurada y mucho más exigente, ignorando al pueblo cristiano: al que había heredado la religión con sus prácticas, y gozaba de esa herencia sosegadamente (como borregos, dirían los reformadores).
¿Y cuál era el objetivo de esa toma de conciencia?: Comprometer a los cristianos en la transformación social y política del mundo. Si la práctica religiosa no servía de trampolín para ese compromiso auténticamente cristiano, perdía todo su valor. A sus ojos es mucho más loable un comprometido por la lucha sindical, que un católico de misa diaria, al que seguramente tratarán de “hipócrita y fariseo”. Tout court.
Muchos argumentan que la crisis era inevitable: prefieren no hurgar en las  causas del hundimiento, por si les pilla alguna responsabilidad. Se sienten más confortables creyendo que todo ha sido efecto de una fatalidad inexorable. Y sin embargo, en el fondo de todo ese desastre está la tentativa de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo, tal como denunciaba Juan Pablo II en la exhortación Ecclesia in Europa de 2003. 
“En la raíz de la pérdida de la esperanza está el intento de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo. Esta forma de pensar ha llevado a considerar al hombre como «el centro absoluto de la realidad, haciéndolo ocupar así falsamente el lugar de Dios y olvidando que no es el hombre el que hace a Dios, sino que es Dios quien hace al hombre. El olvido de Dios condujo al abandono del hombre», por lo que «no es extraño que en este contexto se haya abierto un amplísimo campo para el libre desarrollo del nihilismo, en la filosofía; del relativismo en la gnoseología y en la moral; y del pragmatismo y hasta del hedonismo cínico en la configuración de la existencia diaria». La cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera.”
No hay duda de que la apostasía silenciosa denunciada por el Papa, se expresa de manera visible por la caída de la práctica religiosa. Como ejemplos reveladores, ahí están la irrisión y el sarcasmo con que los responsables de la pastoral han valorado la Vigilia de la Inmaculada en mi parroquia, que acaba con la tradicional procesión de antorchas por las calles del barrio. O el solapado desprecio ante el habitual numero de confirmaciones (entre 20 y 30 cada año). No por el número, sino por el hecho de ser mayoritariamente hijos de familias “latinas”. Como si mi parroquia estadísticamente no estuviera compuesta mayoritariamente por una población de origen iberoamericano. Y no digamos de la actitud  de estos responsables de la pastoral, ante la procesión de Corpus Christi, que descalifican tildándola de “religiosidad popular”. Para estos gurús de la pastoral todo, lo que no sea una misa seca con alba y estola en 45 minutos, recibe ese reprobable calificativo. Y yo mismo, por acoger y dar curso a esa “religiosidad popular” soy calificado como un cura “especial y peculiar”.
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P. Karl Rahner, S.I.
A mi entender todo podría resumirse con una imagen: la de la parábola del Buen Samaritano, que ha sido tomada como modelo y regla de la pastoral actual. Una simpatía sin límites hacia el hombre laico, por el hombre sin Dios. Por el “samaritano” no en razón de su amor y atención al prójimo sino en tanto que “outsider”, como persona al margen o fuera de las tendencias más comunes, o séase, agnóstico, laico por no decir ateo.  Obsesión por el “no creyente”. No para salvarle, para hacerle descubrir sus heridas mortales, para darle un remedio eficaz, para curarle y conducirle al seno de la Iglesia, para hacerle descubrir el plan de Dios sobre él. No, no con ese objetivo, sino para subrayar que compartimos con ellos las necesidades y aspiraciones humanas, y que la lucha por estas es ya suficiente para su realización personal y plena. De manera clara se renuncia a la trascendencia de las realidades supremas implantando un nuevo humanismo de cariz optimista. Ya no importa descubrirle al hombre su miseria y su grandeza, su innegable mal profundo arraigado en el pecado original, incurable por sí mismo, sin olvidar lo que hay de bien en él, siempre marcado por la belleza y su superioridad invencible. La nueva pastoral se detiene mucho más en el aspecto positivo del hombre, que en el negativo. Su actitud es neta y voluntariamente optimista ante un hombre que no necesita redención. En el fondo subyace en su mentalidad un humanismo laico y profano, como si necesitase pregonar al mundo que la Iglesia rinde también culto al hombre. Todos herederos de la antropología teológica de Karl Rahner con sus cristianos anónimos.
Y ante la imposibilidad de negar directamente las antiguas normas y preceptos, la actitud ha sido relegarlas al olvido para sacudírselas de encima. Y esa es una causa del hundimiento de la práctica religiosa. Todos se sienten autorizados a poner en duda toda norma en materia de creencias, de comportamiento y de práctica. Es como si hubiese llegado tardíamente el Aufklärung en la definición que Kant daba de las Luces, como libertad de pensar por sí mismo: sólo se practica lo que te gusta, lo que sientes, lo que experimentas. Como dicen los franceses “chacun à son choix”, es decir el moderno “self-made”. La religión hecha al gusto de cada cual. Esa exaltación de la dignidad humana, de la autonomía de la conciencia y de la libertad sacude a toda la Iglesia, a las diócesis, a sus seminarios y a la mayoría de todas las congregaciones, a la sociedad civil y a la familia.
Pero según mi parecer eso es poner el carro delante de los bueyes, presentar las cosas al revés. Quien se adhiere al error destruye su dignidad personal y no puede construir nada sobre ésta. Lo que funda la libertad no es la dignidad sino la verdad. “La Verdad os hará libres” dijo del Señor.
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco de Santa Coloma de Gramenet

24 comentarios:

  1. Agradezca, mossén Espinar, no estar incardinado en los Estados Unidos de América; porque podría encontrarse con que su ordinario lo internase por unas semanas en el psiquiátrico especial para sacerdotes, con el propósito de que lo "evaluasen". Y tras la evaluación, el obispo le recetaría por indicación del psiquiátrico unos meses de internamiento para que lo "normalizasen" Dé gracias a Dios de que su ordinario no sea de ese talante estalinista. Siempre puede ser peor. Siempre hay motivos para dar gracias a Dios, incluso en la peor situación.
    http://religionlavozlibre.blogspot.com/2018/09/reprograman-curas-fieles-en-centros.html?m=1

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    1. No subestimes el estalinismo de D. Juan José Omella. En Zaragoza sabemos que puede ser proverbial.

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    2. Este comentario no se si suena a condescendiete buenismo o a solapada amenaza.
      Lo primero no me preocupa: describe al autor
      Lo segundo en cambio, seria impropio

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  2. Estaba uno esperando, mosén Francesc, que Germinans abordara ese problema con autoridad y conocimiento de causa. Todos hemos nacido en un ambiente de religiosidad popular. No conozco a nadie que haya llegado a Cristo sino a través de María, de esa Virgen a la que rezábamos las tres avemarías al acostarnos, y que no debemos dejar de rezar. Esa Virgen cuya imagen o cuadro no fataba en ningún hogar. Salvo en los conversos, como el director del Observatorio Cornell, un astrofísico eminente recién llegado a la Iglesia Católica a través del ejemplo de otros científicos cretentes y que ha fundado una asociación de científicos católicos, que nació en una familia judía no practicante. Lo normal entre nosotros es haber crecido en una religiosidad popular. Porque, de entrada, Dios no hace acepción de personas. Y no sólo no discrimina entre el hombre sencillo y el cultivado, sino que las verdades se les enseña primero a los pequeños y se les esconde a los sabios de este mundo. Quien no lo entienda es que no ha entendido el evangelio. Esa gente sencilla, de religiosidad popular, es la que ha mantenido el sensus fidei, fundamento teológico de nuestras creencias. En las sesiones de Biblia las mejores exposiciones las he oído de personas sin más luces que su fe a marchamartillo. No necesitaban saber arameo, ni arqueología bíblica, ni exégesis comparada, ni géneros literarios, ni manejo de los rollos del Mar Muerto, por cierto hoy puestos en entredicho. Son gente de rosario y devociones privadas. No me cabe la menor duda de que el reducto de Israel se encuentra hoy en las parroquias como la suya de San Juan Bautista. Porque ocurre, además, que sin alharacas, ni tratados de sociología y economía, sin planes pastorales, son los que realmente arriman el hombre cuando se les necesita, como estos días en la recogida de alimentos, costureros parroquiales, etcétera. Son ellos los que van a las afueras. Ello no obsta para que otros discípulos del Señor se pelen los codos estudiando y buscando razones para una mayor inteligibilidad del mensaje cristiano, desde la más subida teología trinitaria hasta la moral más depurada como ocurre estos días con la manipulación de embriones viables. Por cierto no he leído ningún comentario ni juicio moral entre las instituciones arzobispales, como es la facultad de san Paciano o el Borja. Y eso que hasta los periódicos de todos los colores se han puesto a pontificar. Gracias Mosén por dar en el clavo, una vez más.

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    1. "Esa gente sencilla, de religiosidad popular, es la que ha mantenido el sensus fidei, fundamento teológico de nuestras creencias."

      El problema de Barcelona y de todos los obispados catalanes, es que Mons. Omella no toma en absoluto el pulso al pueblo, y sólo depedende de su jefe elector-selector, Francisco, y de los grupos de interés y presión de Barcelona.

      Ante Omella, no hay ningún tipo de responsabilidad que se le pueda imputar: puede salir con los peores números, que nadie se lo recriminará. Como Sistach, que reposa bondadoso en el lindo cubil de la emeritud jubilacional. Le pagamos todo nosotros, a quien ha llevado a la diócesis a una eclesiocatástrofe. Y nadie le exige nada: mamá, quiero ser arzobispo de Barcelona...

      No hay duda que el modelo de Iglesia del Concilio Vaticano II ha fracasado estrepitosamente: Papa, ¡¡¡los cardenales-cobardenales!!!, y obviamente, todos los obispos-avestruz, que en Cataluña, se encuentran en esta cárcel-presidio de barrotes de oro: grupos de presión, la inútil Conferencia Episcopal Tarraconense, donde se toman decisiones "por consenso", Francisco, y la Curia cardenalicia, la más inepta de todos los siglos. Eso sin contar con los poderes mundanos políticos.

      La totalidad de nuestros obispos catalanes están encerrados en sus torres de irresponsabilidad: nada los conmueve, nadie les inquieta, sólo el estar a bien con Francisco y esta ya decadente Roma que para nada sirve, sólo molesta.

      Debe de haber algún sistema para espabilar a nuestros muertos obispos: ¿electroshock? ¿aparición de fantasmas a las tres de la madrugá? ¿una semana a pan, ajo y agua? Algo habrá, digo yo...

      ¿Por qué nadie exisge responsabilidad a nuestros obispos catalanes por los males que hacen, por los fracasos que cometen, por lo peor que gobiernan y enseñan, por lo nada que santifican? ¿Por qué viven en la irresponsabilidad?

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    2. Totalmente de acuerdo con el Sr Valderas Gallardo.

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    3. Cuidado con el ajo que igual espumarajean por la boca y ponen los
      Ojos 👀 en blanco

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    4. Sr. Anónimo de las 1:25,con lo de la aparición de FANTASMAS a las 3 de la madrugá sería lo mas eficaz, jeje, lo ha bordado usted!!!

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  3. Certera continuación a su Glosa Dominical del primer domingo de Adviento.
    Esa búsqueda de la Verdad es lo que se pretende eliminar con el "cada cual a su bola", que dicen mis nietos. La Verdad, es por sí misma y no está sujeta a ningún avatar. Digan lo que digan y lo diga quien lo diga.
    Dijo Jesús "la Verdad os hará libres" y, también "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". Alejándose del Señor, se le den los adornos que se le den, nos alejamos de la Verdad y esto equivale a un camino equivocado, terreno del rey de la Mentira.
    Al final, los principios son pocos y claros: los Mandamientos y el Evangelio. Aunque necesitemos mucha ayuda para cumplirlos.
    Gracias, Mosén Francesc.

    N.- Buena foto la de su Parroquia presidida por el Cristo de las piernas cortas, agonizante y llenita de feligreses.


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    1. ¿Cristo de piernas cortas? ¿Es una burla?

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  4. Goyo
    Mn. Francesc, se puede decir más alto pero no más claro. Cuanta verdad recogen sus palabras, como siempre. Ojalá las pueda leer nuestro cardenal Omella y abra los ojos para ver que aún tiene sacerdotes como Ud.y algunos otros, que contra corriente, pero con la ilusión se servir con dignidad y ejemplaridad a las ovejas que le han sido encomendadas, dedicándose únicamente a la salvación de éstas, siguen el camino del Maestro Jesucristo. Sólo hace falta que los feligreses les ayuden, acojan, arropen y colaboren con la misión eclesial que desean tirar adelante. Que María Auxiliadora esté con todos los auténticos sacerdotes y ayude a los que se han apartado de su misión para que renueven su entrega total a la Iglesia católica. Loado sea Dios.

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  5. ¿Procesiones de antorchas?

    No me gusta nada, y discúlpenme. Las antorchas siempre han gustado mucho a nazis y afines, como hace poco recordaba acertadamente el sr. Valderas.

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    1. He asistido a esas procesiones. El probleema es de nomenclatura. Son simples velas de las que se usan en la iglesia. Nada que se parezca a esos alardes de marchas nocturnas nazis y similares. Algo tan modesto como velas, con una pequeña pantalla de plástico para que no las apague el menor soplo de viento.

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    2. Depende de quién lleve la antorcha, si es de los buenos ningún problema; pero si es de los que no me gustan al fuego con ellos.

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  6. Gracias, Mossèn Espinar. Esta reflexión nos ayuda a mantener vivo el "sensus fidei".

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  7. Glorioso día el de Ayer. Haber si alguien espabila y bloquea la PROFANACIÓN del VALLE. Sería lo mejor para el bien de España entera, la Católica por supuesto.

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    1. Benditos patriotas españoles que no saben ni escribir en su lengua.

      ¿Cómo es posible que todavía haya quien confunde "a ver" con "haber"?

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  8. En Andalucía empieza el cambio que necesita España.

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  9. Anónimo de las 17.42. No es ninguna burla (Dios me libre).
    Según parece, la imagen estaba concebida para ser contemplada desde un determinado ángulo y tiene una piernas anormalmente cortas. Se puede comprobar viéndola.

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    1. No se preocupe, que se ha entendido perfectamente. Eso también es religión popular: el apego a nuestro Cristo, a nuestra Virgen, a nuestra Santa, en esa forma precisamente, que no confundimos de ninguna manera con un politeísmo. (Es una perspectiva similar a la del Cristo de Dalí que está en Glasgow)

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    2. No se preocupe, que se ha entendido perfectamente. Eso también es religión popular: el apego a nuestro Cristo, a nuestra Virgen, a nuestra Santa, en esa forma precisamente, que no confundimos de ninguna manera con un politeísmo. (Es una perspectiva similar a la del Cristo de Dalí que está en Glasgow)

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    3. Muy hermosa, por lo que deja ver la fotografía.

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  10. Mn. Francesc, envidio a sus feligreses. Ruego por usted, que el Señor le siga acompañando.

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