jueves, 8 de noviembre de 2018

Nuestro prójimo lejano y reciente

Es que somos así: el vecino no nos vale como prójimo. Tiene una serie de características que lo hacen descartable como prójimo. Es demasiado cercano a nosotros, demasiado “próximo”: lo tenemos demasiado encima, y eso asfixia. La prueba está en que esos que se llenan la boca defendiendo la inmigración y a los inmigrantes, nunca se les ocurre llevárselos a casa. 

El otro defecto que tiene nuestro vecino, es la antigüedad, una prerrogativa cargada de privilegios. Y como ocurre en las empresas, la antigüedad implica derechos: tanto más onerosos, cuanto mayor es la antigüedad. Es que nos gusta cambiar de prójimo a menudo: como de camisa. Y cuanto más exótico, mejor. ¿Por qué será que acaba sentándonos fatal que nuestro prójimo sea o acabe siendo igual que nosotros?
 
Ya suele pasar: ¡hay que ver lo amables que son con la gente de fuera los que tratan a los de casa a dentelladas! ¡Hay que ver cómo engañan! Viéndolos cómo se comportan con la gente de la calle, uno da por totalmente supuesto que su trato con los de casa ha de ser una auténtica delicia.Es que, seamos como seamos, a todos nos gusta ser vistos como gente de buen corazón, gente de alma exquisita. Y ahí tenemos a los inmigrantes para exhibir con ellos nuestra inmensa bondad para con el prójimo, aunque venga de muy lejos, aunque haya que ir a buscarlo a las costas de África para rescatarlo de la patera en que lo han embarcado los traficantes de personas. 

Y resulta, ¡vaya por Dios!, que los mayores alardes vienen de aquellos que están a tortazo limpio con sus compatriotas, con los que tienen en casa: es decir con sus prójimos más próximos. Aquí en Cataluña por ejemplo, y en el País Vasco, regiones donde las élites que monopolizan el poder, aspiran a ser ellos solos; y que a fuerza de acosar a los que no son de los suyos han conseguido hacer limpieza étnica expulsándolos. La fórmula típica es incordiarlos e incluso aterrorizarlos hasta que tomen por sí mismos la decisión de exiliarse todos esos prójimos indeseables: bien amarga es nuestra experiencia al respecto. Bien reciente tenemos la experiencia de Alsasua. Tienen ardientes deseos de cambiar de prójimos. ¡Ah!, y para solemnizarlo al máximo, echando las campanas al vuelo.

Para esos tales, el acogimiento de los inmigrantes es todo un alarde de solidaridad y un derroche de amor, para compensar obviamente el que les han quitado a los que se han tenido que exiliar. No se trata de un espejismo, ¡qué va! Son esos mismos que han expulsado y siguen expulsando a sus auténticos prójimos a base de violencia (a veces tan explícita que llega a cruenta), justo esos son los que compiten entre sí por ver quién se muestra más generoso con los prójimos de repuesto, que se traen tan solidariamente de lejanas tierras.

No es que toda atención a los inmigrantes esté movida por la hipocresía o por los complejos; por supuesto que no. Se trata de que ese alarde de buenas obras tan espectaculares y tan fotogénicas, se presta mucho a la hipocresía. Todos recordamos el Aquarius (600 inmigrantes en un mar de miles de inmigrantes en patera al mes). A cuenta de este barco rescatador, hubo codazos entre los políticos para hacerse la foto con el barco y con sus felices pasajeros. Y a la semana siguiente, centenares de inmigrantes de a pie, devueltos en caliente, es decir condenados a la esclavitud o a la muerte. Tremendamente edificante. Es que si se trata de sacar rendimiento político de la buena obra de acoger inmigrantes, hay que empezar por distinguir entre inmigrantes e inmigrantes. ¡Por supuesto! Todos igual de prójimos lejanos, pero unos más prójimos que otros. Es decir que si se hace el bien, hay que anunciarlo a bombo y platillo para sacarle buenos réditos; de lo contrario no sirve para nada.  Al contrario que en el Evangelio (cf. Mateo 6,3). 

¿Por qué extraña enfermedad del alma, la gente prefiere ayudar al prójimo lejano que al que tiene al lado? Aparte de la ayuda al correligionario, ya lo vemos en lo más “progresista” de nuestros lares: como ellos son la élite, una ínfima minoría, al resto de la población no los ven como prójimos, porque los perciben ideológicamente lejanos. Y como su corazón es tan generoso, se van cada vez más lejos a buscarse algún prójimo en el que volcar su bondad. Y en cuanto tocan poder, se complacen en pasar de largo de su prójimo geográfico, de su prójimo de patria, para ir a buscar a otras latitudes y a otras patrias, gentes en las que volcarse.

Necesitan sobreactuar dentro de los parámetros básicos de la “bondad” de izquierdas. Y ahí tienen en el inmigrante el frente en que más inequívocamente pueden presumir de buena gente. Se les puede discutir si la promoción de la homosexualidad, del aborto o de la eutanasia es un bien tanto para la persona afectada como para la sociedad. Pero en la ayuda al inmigrante, tan bien organizada y tan espectacular, los únicos que protestan son una minoría de gente de derechas, reclamando que la inmigración a España sea tan ordenada como fue en su día la emigración de españoles a Europa.

Y cuando se trata de propagar el Evangelio, de llevar la fe a quien no la tiene, ¿de dónde nos viene esa obsesión por ir a buscar lo más lejos posible los infieles a los que predicar el Evangelio? ¿Acaso no tienen por lo menos el mismo derecho a salvarse los prójimos más próximos a nosotros? Siendo como somos tierra de misión, nos largamos a tierras lejanas en busca de infieles a los que transmitirles nuestra fe. Bien está, pero ¿hemos abandonado el anuncio de la fe y de la doctrina y moral católicas en nuestros lares? ¿O no es eso?

Era foraster i em vau acollir”, vemos colgado en las fachadas de algunas iglesias, haciendo alarde de la disposición (cierta) de la Iglesia a acoger a los forasteros. Pero con un pequeño defecto solemnemente proclamado en Cataluña, porque de paso, despreciando su lengua, tantas veces hemos hecho forasteros a los que están con nosotros.

En fin, que tenemos pendientes unas cuantas reflexiones para enderezar el rumbo hacia nuestros prójimos. Para ser capaces de comunicarnos en las distancias cortas. No vaya a sucedernos lo que les ocurre a tantos y tantos, que alardean de estar comunicados con todo el mundo. Y lo que les ocurre en realidad es que esa supuesta comunicación con el mundo mundial, lo único que consigue es aislarlos de los que tienen al lado, como en la Teoría sueca del amor. Y ahí están, todos juntos, pero cada uno aislado en su móvil.  Pensando que son libres cuando el poder los ha atomizado y fragmentado. Huérfanos de padres y maestros, niños sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres  y por las artimañas engañosas del error (Efesios 4, 14). 

Custodio Ballester Bielsa, pbro. 
www.sacerdotesporlavida.info

9 comentarios:

  1. El control riguroso de la emigración (1/2)9 de noviembre de 2018, 2:54

    "Pero en la ayuda al inmigrante, tan bien organizada y tan espectacular, los únicos que protestan son una minoría de gente de derechas, reclamando que la inmigración a España sea tan ordenada como fue en su día la emigración de españoles a Europa."

    Una manera de entender porqué la emigración ha de estar controlada, es el recurso a la ecología de Laudato si de Francisco: las dimensiones humanas y sociales del medio ambiente y su tratamiento global.

    En el 2015, en Alemania hubo la crisis de refugiados, el "verano de los refugiados", con casi 1 millón de emigrantes sirios, afganos y balcánicos, que casi desbordaron a las autoridades y dio lugar a episodios de violencia (violaciones masivas, atentados). Las consecuencias, hoy 2018, son la desaparición de Merkel, el aumento de las deportaciones, el endurecimiento de las condiciones de asilo y de reagrupamiento familiar, y los fuertes controles de residencia y comunicación de los emigrantes dentro de Alemania, además del ascenso y acceso al poder del nazismo.

    Se ha comentado que existe una ideología supranacional, el NOM, apoyado por Soros, que pretende destruir la identidad de Europa a través de tres ejes:

    1. Por un lado, se trata de reducir el número de nacionales a través del aborto, la eutanasia, la anticoncepción, el homosexualismo, la ridiculización del matrimonio y la familia, el monoparentalismo, la baja natalidad y la reproducción asistida (maternidad tardía).

    2. Por otro lado, se trata de sustituir a los nacionales europeos mediante la masiva emigración, y específicamente, mediante la emigración musulmana afro-asiática, la cual, al ser pobre, monopoliza todas las ayudas y subvenciones para la educación, vivienda y seguridad social.

    3. Finalmente, los organismos internacionales se orientan hacia temas de la cultura de la muerte, el relativismo moral, la ideología de género y el laicismo beligerante de exclusión, mientras que la Iglesia Católica, a través del actual Vaticano de Francisco, se tuerce y pervierte hacia la ecología, la economía y la emigración, y la corrompe al olvidar lo suyo propio: la salvación de las almas, la intercesión por la sociedad, la defensa de la vida, la familia, la educación, el bien común de la propia patria y nación, y la lucha contra el fanatismo laicista y musulmán, como dijo Benedicto XVI.

    También se observa una correlación muy sugestiva:

    - Alemania tiene 80 millones de habitantes, tiene 100.000 abortos anuales, tiene una grave crisis demográfica, pues en lugar de tener el mínimo de 2,1 hijos por mujer, sólo hay 1,37 hijos por mujer, y los estudios certifican que Alemania, según la Fundación Robert Bosch, es el país donde "viven más mujeres sin hijos que en ningún otro país europeo" y donde menos se desea tener hijos, por razones de ocio, trabajo y carga económica.

    Significativamente, se puede decir que en Alemania, por cada hijo asesinado en el aborto o que se impide en la anticoncepción, hay un emigrante que lo reemplaza.

    Sin lugar a dudas, un suicidio colectivo demográfico alemán, demorado eso sí en el tiempo, y edulcorado por la propaganda de la diversidad y la acogida.

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  2. El control riguroso de la emigración (2/2)9 de noviembre de 2018, 3:00

    Es evidente que España nunca jamás podrá integrar la cuota que le corresponde de emigrantes como en Alemania 2015: 500.000 de golpe, y Cataluña, 100.000 de una tacada, y Barcelona, 25.000 en días.

    Ello es así por la indisciplina propia de España, por la presencia de partidos enemigos de España y de la Constitución, y por una cuestión de ecología.

    La ecología natural y humana, la visión integral que demanda Francisco en Laudato si, exige el control de fronteras y de. flujo de emigración, además de que los emigrantes tengan la obligación de conocer la lengua, cultura y valores, junto con el cumplimiento de la ley y de las obligaciones fiscales.

    Es evidente que España no puede asumir la emigración descontrolada. En Barcelona, se daría una gravísima crisis de vivienda: ¿dónde colocar a 25.000 emigrantes súbitos, más a sus familias agrupadas, quizás 100.000 más, en una ciudad de 1,5 mll. hab.?

    Además, está el colapso ecológico urbano: urbanismo, sanidad, escuelas, transporte, orden público, y sobre todo, que todo el presupuesto público debería ir a los nuevos pobres, los cuales necesitarían años para adaptarse a la lengua y economía.

    Por eso, los políticos que se dicen católicos, "de la gente" o patriotas, y apoyan las leyes de la cultura de la muerte, del relativismo, de la ideología de género y del laicismo de exclusión, son unos verdaderos criminales que comenten graves delitos de lesa Humanidad y contra su propia patria y nación que dicen falsamente amar, pues van contra el derecho humano a la vida y al desarrollo humano integral (Pablo VI) y a la ecología integral (Francisco). Aquí tenemos a Pujol, Mas, Puigdemont y Torra, más todos los demás que se digan católicos y cristianos. Son anticristos que no aman ni a Dios ni al prójimo, ni a sí mismos, pues engañan. Incluso se da entre nosotros: cardenales, obispos, curas, religiosos.

    Finalmente, es indignante que no se acuse de crímenes contra la Humanidad hacia todos los dirigentes, africanos y asiáticos, que desprotegen a sus ciudadanos, al darles una ecologia nefasta en su país de corrupción, violencia e injusticia masivas, y hacerles peligrar su vida y salud en emigraciones peligrosas. Qué curioso.

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  3. Está en cartelera, mosén Custodio, “Infiltrado en el Ku Klux Klan” una película sobre la gesta de Ron Stallworth, el policía negro que se introdujo en esa asociación racista con una historial de muerte. Mientras iba avanzando la cinta inevitablemente la mente identificaba los comportamientos de los distintos personajes y situaciones con la situación actual en Cataluña. Desde las marchas de las antorchas --¿por qué a todos los nazis de diverso pelaje les da por atizar las teas?—hasta los discursos racistas en nombre de Dios y de la civilización cristiana. (“Els drets dels pobles”, wasp en la película, Novell, Pujol, Vives, Pardo o Soler, en el terruño de aquí.) Puedes ir poniendo nombre a cada gesto, a cada palabra, a cada maquinación, abstrayendo el lugar. Frases y expresiones que te dejan helado. “Las calles son nuestras”, literalmente chilla un energúmeno supremacista del “White Power”. Ritos de iniciación que parecen catecumenados y recuerdan actos paracultuales (en las arengas políticas peseudohomiléticas y preces incendiarias de catedrales, templos y monasterios de acá). Magnífica descripción la suya del fariseísmo de un supuesto amor al prójimo.

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    1. Totalmente de acuerdo con el Sr Valderas Gallardo.

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    2. Lo de las teas queda guapo por la noche. Lo de dios, que no Dios, es un ídolo para despistar. Los del White Power son iguales que los del Black Power, sólo que Nixon se cargó de todas las maneras posibles, muerte moral o física, a través del programa COINTELPRO, a los líderes de los Panteras Negras, a través de atentados encubiertos, según parece, mediante el FBI de Hoover.

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  4. Esto es como los grandes acontecimientos meteorológicos y telúricos. A los pueblos y las naciones, de vez en cuando (cada 50, 75, 100 o 150 años, les da por volverse malos y hacer todo el mal que pueden: a conciencia). Sin ir más lejos, véase la Alemania nazi, véase nuestra guerra civil, véanse los actuales coqueteos guerracivilistas en España. Los españoles nos hemos llevado bien durante demasiado tiempo, y encima a la fuerza. Así que ya va siendo hora de limpiar territorios o patrias como la patria vasca y la patria catalana. O asimilados, o expulsados. Igual que pasó aquí en España con los judíos y los moros. Y son los que más critican esa limpieza, los que más ansiosos están por hacer su propia limpieza étnica. Y si la solución fuiese la solución final que tanto éxito tuvo en la alemania nazi, el número de fanáticos de aquí no es menor que lo fue el número de fanáticos nazis. Así que ya iremos viendo. Y mientras tanto, por favor, puertas abiertas a los inmigrantes.

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  5. Para la mayoría de políticos,MI PRÓJIMO es LA PELA. Se aprovechan de los pobres inmigantes, pobres autóctonos ,ectc.... para medrar. Ningún político ayuda a nadie de su bolsillo,NADIE!

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  6. De vez en cuando debería recordarse la cifra descomunal de personas que hubieron de marcharse del País Vasco y de Navarra desde 1975 y la de aqiellas que prefirieron abandonar Cataluña desde 1980. Eran próximos pero no prójimos, no eran forasteros pero se les hizo sentir como tales mediante la amenaza, el hostigamiento, la hostilidad, el desprecio, el ninguneo, etc.
    Todo ello en periodo de "democracia".

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  7. La única clave interpretativa es la de la fe.

    En nuestro medio, Cataluña, hay una hegemonía de la mentira, una libertad sin verdad y por ello sin justicia. Justificación de una sexualidad ideológica, robo de la dignidad del prójimo nacido y por nacer, del hermano, de la propia patria, etc. También justifica ese tráfico de personas, mano de obra barata. No existen los actos intrínsecamente malos. Eso sí activismo hacía el lejano. Al egoísmo es muy fácil ponerle una máscara.

    Es la posición cainita. ¿Dónde está tu hermano Abel? No lo sé. ¿Soy acaso el guardián de mi hermano? “En el principio” no fue así como dice el Génesis porque fuimos hechos para la libertad y para el bien. Satanás está actuando desde entonces. Estamos en una situación prebélica.

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