jueves, 15 de marzo de 2018

Traduttore, traditore

El Kirie eleison, la limosna y los pordioseros
Curiosamente en latín comparten nombre la tradición y la traición: traditio, es decir entrega. Obviamente si entregas algo a quien debes entregarlo, eso es tradición; pero si se lo entregas a quien no debes, es traición. En ambos casos es trádere, transmitir, que es mandar (míttere) trans, es decir más allá, a la otra parte. Y ahí tenemos mezcladas las tradiciones y las traducciones (trans-dúcere) con las traiciones. Es realmente difícil no cruzar esas sutiles fronteras. Y ya que estamos en las “trans-ducciones”, el latín prefirió llamarlas “versiones”: de “vértere”, que es verter los contenidos de un recipiente-lengua a otro.
Desenmascarando pues las traiciones que han cometido los traductores, voy a empezar por la palabra y el concepto de limosna, tan vilipendiada hoy. Resulta que la gente ya no quiere limosnas (como no sean los pordioseros profesionales) porque les falta una cosa esencial, que es la compasión. La compasión que le pedimos a Dios cuando rezamos el kirie eleison. Kýrios es el Señor (de ahí la palabra “curia”); y eléison, imperativo del verbo eleéo, que significa compadecerse, tener piedad. De este verbo procede el nombre eleemosyne, que significa limosna. Pero antes de llegar a la eleemosyne se pasó por el adjetivo verbal eleémon, que significa compasivo, misericordioso. La sustantivación de este adjetivo relativa a la cualidad es elemosýne, que se refiere a la cualidad de sentir piedad o ser compasivo. Y obviamente una de las manifestaciones de esa cualidad es la limosna. Es decir que para los griegos, eleemosýne es la inclinación a la compasión, a la piedad. Y ésta no desemboca necesaria y únicamente en la limosna. A menudo el afecto y la compañía (que forman parte de la eleemosýne griega) reconfortan mucho más que la limosna. La mayoría de las miserias que se ceban en la gente que nos rodea (en nuestros prójimos) no se resuelven con limosnas, no con compasión sino con simpatía, con cercanía, con afecto, con ponerse si no en la piel del otro, sí al menos a su lado. Ésta es la auténtica eleemosýne, para la que se necesita tener corazón. Para la limosna, basta un poco de calderilla.
Es conveniente entre medio, aclarar qué es la compasión (dejo para otro momento su bellísimo sinónimo, la piedad). Es una palabra formada por el prefijo “con” y el nombre passio (acus. pl. passiones) derivado del verbo pátior-passus sum, que significa sufrir, padecer y experimentar cualquier pasión. Nada que no supiésemos ya. Pero lo que nos pilla de sorpresa es que compasión es una palabra espejo del término de origen griego simpatía: syn (con) + pázos, pazéia (pasión, padecimiento). Es decir que compasión y simpatía son la misma palabra, pero dicha la primera en latín, y la segunda en griego. Esta última, que es la original, con una fuerza y amplitud de significado que se redujo en la segunda (que es su traducción). Es decir que cuando expresábamos la compasión con el término griego, había en ella mucho más hermanamiento con el que sufría, que cuando la expresábamos en el término latino. Es que no es lo mismo, ¡ni de lejos!, tenerle a uno simpatía, que tenerle compasión; sentir compasión, que sentir simpatía por alguien. Y sin embargo son la misma palabra. En la antipatía, que es su contrario, es donde vemos más claro lo que realmente significaba la simpatía. El caso es que al haberse alejado tanto la simpatía de la compasión, hubo que inventar el siglo pasado la empatía: un término que intenta recuperar el significado genuino de simpatía como forma griega de la compasión.

En fin, que al haberse cargado la compasión de desafección mientras la simpatía ganaba en afecto, la gente empezó a rechazar la compasión, porque ésta implica reconocimiento de la miseria o de la condición de miserable. Recordemos que la traducción latina del Kirie eleison es Dómine miserere. Este verbo deriva del sustantivo miseria, que da lugar a la misericordia: corazón para el miserable. Volvemos a acercarnos a la simpatía de los  griegos y a las obras de misericordia, que requieren mucho más corazón que dinero. Es el corazón lo que hemos de comprometer con el prójimo necesitado, no el dinero: el de la limosna, siempre escasísimo (calderilla); porque el paso siguiente en cantidad y en dignidad es el donativo. Gran diferencia entre la limosna y el donativo o el don. Lo que le ofrecen los Reyes Magos a Jesús no son limosnas sino dones. El don va acompañado del reconocimiento y del respeto hacia aquel a quien se le ofrece.   

Pero hoy la gente ni quiere limosnas ni acepta la compasión o misericordia. ¿Por qué? Aquí hay una historia de mucho calado: la compasión o misericordia figuraba entre los vicios de los que tenía que huir un señor, ya fuese griego, ya fuese romano. Porque si se dejaban arrastrar por estos sentimientos, perdían la dominación. Para griegos y romanos ni la compasión ni la misericordia eran virtudes, sino vicios peligrosos, debilidades de un corazón demasiado blando que inexorablemente les llevaban a perder el poder. Tener piedad del cautivo, del explotado, del dominado, sólo servía para debilitar la fuerza del señor, la virtus.
A partir de esta perspectiva, podemos entender la fuerza enorme y la novedad de una invocación como el Kirie: Señor, ten compasión; Señor, ten piedad. ¿Pero no es eso una contradicción flagrante? Señor y compasión son términos antagónicos. Se repelen como el agua y el aceite: es impropio de un señor tener compasión. Eso será para un señor cualquiera, pero para “El Señor”, para “Nuestro Señor” es lo más propio: inclinado a la misericordia. He ahí pues, cuánto de reconocimiento, cuánto de fe tiene esa brevísima oración: Kirie eleison. Es que un esclavo no puede andar pidiéndole constantemente a su señor que tenga compasión de él y que le perdone. Un esclavo no; pero un hijo, sí. Desde nuestra condición de hijos de Dios, podemos pedirle compasión y perdón. Desde la condición de esclavos, ni en sueños. No está nada mal esa invocación para empezar la misa.
Pero resulta que eso que le pedimos a Dios, no queremos pedírselo a nuestros hermanos, cuando lo propio es que Dios se sirva de ellos para ejercer su piedad en nosotros y para hacernos sentir su compasión. ¿Cómo es que le pedimos compasión a Dios y no la aceptamos de nuestros hermanos? Será porque por una u otra razón somos dignos de compasión y porque no nos duele reconocer ante Él nuestra miseria. Es que la compasión (recordemos que fue eleemosýne) ha degenerado en limosna en su forma más indigna y humillante: la de la calderilla. Y porque la misericordia, que es grandeza de corazón, se ha convertido en miseria de corazón.
Tiempo hubo en que los pobres llevaban el piadoso nombre de pordioseros. Pedían por Dios, por el amor de Dios. Pedían caridad y pedían por caridad. Pedían al hermano que les socorriera por amor a Dios; pedían por caridad: por la más grande y definitiva virtud teologal (las virtudes que nos acercan a Dios). En el cristianismo, los pobres siempre han pedido por el amor más grande, por el amor a Dios. Porque difícilmente podía pedir un desconocido que se le socorriese por amor a él. Pero pedir por el amor de Dios, era un argumento poderosísimo para el corazón de un cristiano. He de decir de todos modos que me reconforta dar limosna (nunca menos de un euro, por no humillar con menos al pobre), sobre todo cuando escucho como agradecimiento un “Que Dios le bendiga”: una bella invocación que siempre me llega al alma.
He aquí cómo se devalúan las palabras tanto como las virtudes que expresan, reflejo ambas de nuestra degradación. La compasión nos sienta mal, la limosna también. La simpatía es un exceso, la misericordia nos incomoda y el pordiosero (¡por Dios!) es lo más tirado de nuestra corrompida sociedad. Y acabamos creyéndonos que nos sobra la misericordia de Dios porque se acabó nuestra miseria. Kirie eleison, Christe eleison, Kirie eleison.  
Cesáreo Marítimo

17 comentarios:

  1. Hablando de limosnas y donativos en este bellísimo artículo, sólo queda decir: "D. Cesareo, ¡que Dios se lo pague!"

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  2. Una Iglesia sectaria para un bando15 de marzo de 2018, 23:42

    Hoy he leído que el Abad de Montserrat visitó este miércoles a los llamados dos Jordis en la prisión del Soto del Real de Manzanares / Boscatge del Reial de Pomares.

    Me lo tomo a broma, pero este incompetente divisor social abad de Montserrat, Josep Maria Soler Canals, vuelve a ponerse de parte de los supuestos golpistas delincuentes que han querido llevar a la revolución y a la guerra civil de odio étnico, nacional y político a Cataluña.

    Aunque a este sectario de abad no le afecte (en parte sí), he observado que a esta su visita a favor de estos dos presuntos delincuentes golpistas, NUNCA JAMÁS se ha correspondido, por parte de los últimos lamentables politizados abades, con una visita también a favor de las VÍCTIMAS DEL TERRORISMO en Cataluña.

    Ir a la cárcel puede servir para estas obras de misericordia:

    1. A una obra de misericordia corporal:

    - Visitar a los encarcelados

    2. A algunas obras de misericordia espirituales:

    - Corregir al que se equivoca (fueron golpistas)
    - Enseñar al que no sabe
    - Dar buen consejo al que lo necesita
    - Perdonar al que nos ofende
    - Consolar al triste
    - Rogar a Dios por los vivos y los difuntos

    Visitar a las víctimas de atentados y crímenes también sirve para diversas obras de misericordia, las espirituales todas, y las corporales una:

    - Visitar a los enfermos (las víctimas enferman de dolor)
    - Enterrar a los muertos (fueron Templos del Espíritu Santo)

    Desearía que algún lector de GG me corrigiera, pero NO HAY NINGUNA VISITA DEL ABAD DE MONTSERRAT A LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO (de Soler y los anteriores), sobre todo en estos más importantes:

    1. Atentado de Hipercor, Barcelona: 19 de junio de 1987, 21 muertos y 45 heridos, total 66 víctimas (parte de ellos los vi, estuvieron desamparados social y administrativamente)

    2. Atentado de Vic, 29 de mayo de 1991, Caserna de la Guardia Civil, 9 muertos (5 niños) y 44 heridos, total 53 víctimas (castigados por parte de la sociedad con un "se lo merecieron")

    3. Atentado de Barcelona, 17 de agosto del 2017, 15 muertos (5 españoles, 4 de Cataluña) y más de 100 heridos (fueron quizás miles los afectados psicológicos, las víctimas ocultadas no contadas, no estuve en aquella locura por poco pero sí posteriormente).

    Hubo más atentados (Lluc, Roses, Barcelona), pero nuestro triste y sectario abad de Montserrat sólo tiene obras de misericordia para con estos dos conjeturables delincuentes golpistas que iban a provocar el riesgo de una guerra civil revolucionaria y cruenta de odio.

    Fuera los benedictinos de Montserrat.

    Pobre Virgen María, rompiendo tu lugar de todos, rasgando la bella unidad eclesial y la Casa de Todos.

    Jesús, haz justicia con estos inicuos.

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    1. ¿Acaso las víctimas 1, 2, 3 estaban en prisión?

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    2. En este abad, lo único que veo es un desmesurado afán de protagonismo, de ocupar las primeras páginas de los diarios y, por qué no, los primeros puestos. Que Dios tenga misericordia de él y de sus monjes

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  3. Limosnas, hoy en Barcelona15 de marzo de 2018, 23:50

    "Resulta que la gente ya no quiere limosnas (como no sean los pordioseros profesionales) porque les falta una cosa esencial, que es la compasión."

    Me ha gustado este artículo, sobre todo por las interesantes interrrelaciones del concepto de limosna.

    Pero yo mismo he dejado de dar limosnas, y las doy muy puntualmente.

    En Barcelona existe toda una mafia de pordioseros profesionales. No hay que darles ninguna limosna.

    En Barcelona, además, ya existe toda una red de asistencia social del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalidad de Cataluña. A ellos les derivo todos los pobres, pues por imperativo constitucional del Estado del Bienestar, son ellos quienes deben de atenderlos.

    Hay que tener en cuenta que hoy, el Estado, incluyendo el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalidad de Cataluña y el Gobierno del Estado, se nos llevan en impuestos y cotizaciones de la Seguridad Social casi el 45% de nuestra riqueza: pagamos impuestos por un tubo a unos políticos corruptos bastantes, golpistas algunos, ineficientes todos.

    Por tanto, por lo que hace a la limosna, en Barcelona casi no doy a nadie, y sólo las doy en casos necesarios y urgentes. Los pobres que me las piden, los envío al Ayuntamiento de Barcelona, que es quien tiene la obligación de atenderlos, o a Cáritas o a alguna ONG, quienes valoran con protocolos informatizados al necesitado, para ver qué es lo que necesita en realidad.

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  4. Un ejemplo de caridad15 de marzo de 2018, 23:55

    Religión en Libertad da un ejemplo de limosna ejercida colectivamente, y que está como enlace de noticia de GG:

    "¿Cuánto esfuerzo le cuesta a una parroquia mantener un comedor social que dé comidas gratis cada día, de lunes a sábado, a las seis de la tarde, a 150 o 200 comensales? ¿Cuánto cuesta mantenerlo durante 20 años?

    Esto es posible en Barcelona gracias a la implicación de la parroquia de Santa María Reina, en el barrio rico de Pedralbes (www.parroquiadepedralbes.com), y su red de benefactores y voluntarios. Se necesita que cada día colaboren entre 8 y 10 voluntarios en el comedor.

    El comedor social parroquial, llamado “El Pa de Sant Oleguer” (El Pan de San Olegario) cumple dos décadas y el cardenal de Barcelona, Juan José Omella lo visitó en el tercer domingo de cuaresma, con el párroco e impulsor del proyecto Jaume González Agapito. La misa de acción de gracias llenó de gente la parroquia."

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  5. La base de eleemosýne parece ser eleos: piedad, caridad, compasión, misericordia.

    Un ejemplo está en el Evangelio según San Mateo, Capítulo 9, versículo 13:

    Ἔλεος θέλω καὶ οὐ θυσίαν
    Eleos telos kai ou thysian
    Misericordia quiero y no sacrificio

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    1. La transcripción de la segunda palabra griega (respuesta a "Eleos) es "zélo" = quiero; no "télos", que significa "fin". Corrección fraterna, por supuesto.

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  6. Pórtico del monasterio de Santa María de Ripoll16 de marzo de 2018, 0:16

    Vayan a visitarlo lo más pronto que puedan, pues según nos ha dicho hoy un experto de la historia del arte, tiene una grave enfermedad o mal de la piedra, ya indetenible, propio de estas obras del siglo XIII, y según él, a pesar de las apariencias de buen estado, dicho portal tiene muy cercano su completo fin.

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  7. Magnífico artículo que nos ayuda a entender el origen y profundidad de las virtudes cristianas. Si en las homilías se prestara parte de la atención al contenido del concepto y no se quedaran en la epidermis de los términos, los fieles estarían mejor formados y comprenderían mejor su fe. Siempre que cumplía el precepto dominical en alguna iglesia inglesa me ponía a pensar en el significado teológico del “God have mercy on us” (Kyrie eleison). Su lección me ayudará en adelante. Muchas gracias.

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  8. El escrito de hoy me parece un pretexto para hacer una exhibición de conocimientos lingüísticos.

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    1. Al comentarista de las 9:33.

      Pues a mí siempre me alegra aprender algo nuevo. Si alguien tiene conocimientos lingüísticos y los comparte conmigo, yo encantado.

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    2. Al anónimo de las 17:16

      A mí también me gusta ampliar conocimientos. Pero...busco los conocimientos en un libro adecuado. La observación es sobre si GG es un blog lingüístico. De lo contrario nos encontramos con un blog enciclopédico.

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    3. Al Sr. anónimo de las 20:59

      Tiene usted toda la razón. La cuestión es si GG acaba convirtiéndose en un blog lingüístico. Pero no creo que ocurra tal cosa porque una o dos veces al mes se publique alguna cuestión lingüística. Otro tema es que estas cuestiones interesen tan poco a los lectores de Gérminans que acaben ahuyentándolos. Más bien pienso, con el Anonimus de las 23:44, que lo mismo que les ocurría a sus alumnos que se sentían fascinados porque les diese a conocer algunas etimologías sorprendentes, muchos lectores de Gérminans serán como esos alumnos y se sentirán agradecidos por aprender sobre las palabras que solemos usar en el ámbito eclesiástico, y que difícilmente encontramos en los libros.

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  9. Magnífico comentario. El despliegue semántico (y polisémico) de las voces latinas permite ahondar en el profundo significado de las palabras vertidas al español.

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  10. Totalmente de acuerdo con el sr. Valderas Gallardo.

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  11. No hay tal exhibición lingüística. Sí la necesaria explicación de los orígenes y recorrido de unas palabras que utilizamos a veces de manera degradada, desgastada o inconsciente. De modo que, tras leer con atención el texto, el lector hará en adelante un uso más consciente de palabras como misericordia, simpatía o compasión. El día que yo comenté en una clase que "pordiosero" era el que pedía por amor de Dios, o el día en que dije que "ojalá" es palabra árabe que significa 'Alá -Dios- lo quiera', a los estudiantes se les abrían e iluminaban los ojos. Las etimologías sirven para saber de dónde vienen las palabras, que es como decir de dónde el viene mundo que configuramos con nuestro lenguaje verbal.
    El gran Joan Corominas consagró su vida a las etimologías sobre todo del castellano y del catalán. Impagable. Gracias a él sabemos que Santander es pronunciación evolucionada de San Emeterio, patrón de Calahorra, y que la plaza del Azoguejo de algunas ciudades españolas es la plaza del mercado o intercambio comercial, que azogue es sinónimo de mercurio y que Mercurio es el dios de los intercambios comerciales y de los comunicados para los cuales necesita moverse fácilmente. Por eso de un niño que se mueve sin parar se dice que "tiene azogue".
    El gusto por el buen uso de la lengua agrada a Dios. Su Hijo no dejó nada escrito pero su palabra fue tan honda y luminosa como verdadera. Tanto que salta los siglos.
    Que la expresión verbal debía ser cuidada y bella hasta el esmero, fue algo que tuvieron bien claro muchos monjes medievales, como se recoge en ese libro maravilloso que en alguna ocasión mencionó Benedicto XVI, titulado "El amor a las letras y el deseo de Dios".

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