viernes, 24 de noviembre de 2017

La Glosa Dominical de Gérminans

C:\Users\SISTACH\Desktop\arton1087.jpgEsta fiesta de Cristo Rey se sitúa en el corazón mismo de nuestra vida cristiana y en el centro de la misión evangelizadora de la Iglesia. Hemos pues de estar decididos a llevar a cabo el combate cristiano del que en sus Ejercicios Espirituales habla San Ignacio, resistiendo a todas las presiones que incluso dentro de la misma Iglesia recibimos, para alejarnos del Reino de Nuestro Señor Jesucristo, por esa casi apostasía que en la práctica constatamos entre no pocos creyentes. El objeto de nuestra fe es que Nuestro Señor Jesucristo reine en nosotros, en nuestra familias, en nuestra ciudades: “Oportet illum regnare” dice San Pablo. Es necesario que Él reine. 

¿Por qué el papa Pío XI creyó necesario añadir al calendario litúrgico una festividad particular en honor de Cristo Rey? ¿Era necesaria? ¿Acaso la realeza de Nuestro Señor Jesucristo no estaba suficientemente significada y expresada en todas las fiestas del año litúrgico? En efecto, si leemos los textos litúrgicos de Navidad, de la Epifanía, de las grandes ceremonias de la Semana Santa, y aún si cabe con mayor razón las de Pascua y la Ascensión, veremos que la realeza de Cristo se encuentra constantemente subrayada. Todas esas fiestas, y cómo no la de Corpus Christi, no hacen otra cosa que manifestar el reino de Jesucristo y su reinado. ¿Por qué entonces instituir esta fiesta de Cristo Rey?

Cuando el 11 de diciembre de 1925, al final del Año Santo, el Papa Pío XI instituyó la Solemnidad de Cristo Rey, la colocó en un contexto global en el que se alzaban -sobre todo en Europa- formas peligrosas de totalitarismo político: del nazismo al comunismo, por citar sólo los dos bloques opuestos y más absolutistas. La idea de gobierno que parecía emerger en ese momento, no era sino un deseo de dominio absoluto.

Era evidente que estos modelos, en consecuencia, estaban también alimentados por una ola de violencia que conduciría al estallido de la Segunda Guerra Mundial, y que representaban a los ojos del Papa, una seria amenaza no sólo para la humanidad, sino también de la dimensión espiritual de un mundo, el cristiano, que apenas podía reconocerse a sí mismo, en uno u otro modelo, y vio que todo era un intento de cuestionar la supremacía de Dios sobre el mundo y la historia, tal como la fe cristiana enseña. ¡Los hombres queriendo destruir el reino de Jesucristo!

Durante siglos, al mismo tiempo que las sociedades y los gobernantes iban reconociendo la realeza de Jesucristo, los que perseguían con odio al Evangelio y a la Iglesia de Jesucristo decidieron acabar con la Cristiandad, con el orden cristiano, con el reino de Jesucristo sobre las sociedades: fomentando disturbios para erradicar toda huella de Jesucristo y de su Iglesia en la sociedad. Tal como dijo el papa León XIII en su encíclica “Humanum genus” refiriéndose a la masonería: “su fin es destruir todas las instituciones cristianas”. Ese es su fin. Y no han claudicado en ello, tomando como primer objetivo destruir todo gobierno e institución que plantease una visión cristiana de la historia y la sociedad. Y no solamente eso. Para este fin han usado como instrumento destruir el reino de Jesucristo en las almas, creando un clima de apostasía general, un clima de ateísmo. Y el medio es arruinar la fe de las familias cristianas. Que las familias renuncien a Jesucristo. Si en ellas ya no reina su ley y su gracia, las vocaciones desaparecerán. Es lo que esperan. Esperan destruir la Iglesia por medio de la destrucción de la familia cristiana, llegando por este camino a los seminarios, los noviciados y las congregaciones religiosas.

Y ciertamente en la actualidad hemos de constatar que en principio están consiguiendo sus objetivos. E incluso una porción nada desdeñable de la Iglesia les presta ayuda y los secunda en esta apostasía. Lo constatamos por doquier. Son muchos los que afirman que el reino de Cristo en las almas y por consiguiente el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo es cosa de otros tiempos. Increíble pero cierto.

Y no sólo, según dicen, es imposible, como siempre afirmaron los agnósticos y ateos, sino inoportuno. Eso era cosa de la Edad Media, no de nuestros tiempos modernos. Y eso no les basta: admiten como principio que Jesucristo no debe reinar en la sociedad, pues eso es contrario a la dignidad humana. Ese concepto de la dignidad humana según el cual cada hombre debe tener la religión de su conciencia. Imponer en la sociedad el reino de Cristo sería violar la conciencia y la libertad y por consecuencia la dignidad humana. Es por esa razón que reclaman que los estados sean, no aconfesionales, sino laicistas. Tal como sucede actualmente en España. Lo malo es que ante todo esto los católicos no reaccionamos porque han sembrado en nosotros toda clase de complejos. Es por ello que esta fiesta de Cristo Rey les parece inútil. Y así lo escuchamos en boca de muchos sacerdotes e incluso obispos. Sin embargo escuchamos en el himno de esta fiesta: “Scelesta turba clamitat: Regnare Christum nolumus” (La muchedumbre impía clama: No queremos que Cristo reine”) “Te nos ovantes ómnium Regem supremum dicimus” (Nosotros, entre ovaciones, te  proclamamos supremo Rey de todos”.

Nosotros pues, nos oponemos al grito de la muchedumbre impía que no quiere que Cristo reine. Antes al contrario queremos y deseamos proclamarlo Rey. Anhelamos que Cristo reine no sólo en nuestras almas, sino en nuestras familias y en la sociedad.

Es la negación de pecado original lo que está en la raíz de esta apostasía. Si Nuestro Señor Jesucristo ha venido a la tierra y quiere reinar en todas las almas, en todas las familias, en todas nuestras ciudades, es precisamente para destruir tanto el pecado original como sus consecuencias: consecuencias abominables que conducen al infierno, que llevan a la muerte eterna. Él ha venido para otorgarnos la vida eterna. Si se niega el pecado original, Jesucristo no es necesario. ¿Y qué ha venido a hacer? Ha venido a alterar el orden de la libertad humana.

Pero si creemos que realmente hubo un pecado original y que todos los hombres están manchados por él con todas las consecuencias que conlleva el pecado original y que únicamente Nuestro Señor Jesucristo es capaz de curarnos de él, de darnos la vida, de purificarnos en su Sangre y darnos su gracia, de darnos su Ley, entonces hemos de girarnos hacia nuestro Salvador. Que Él sea nuestro Rey, que su Ley reine por doquier, que su gracia impere en todas las almas.

Si no existe el pecado original, los hombres nacen buenos y pueden desear lo que quieran, según su libertad y su conciencia. En otro himno de esta fiesta rezamos: “Gens et regnum quod non servierit tibi, peribit” (La nación y el reino que no te sirva, perecerá).

¿Qué tenemos pues qué hacer ante esta situación? Desear el reino de Jesucristo, rezar con todo nuestro corazón, con toda el alma, especialmente en esta fiesta, pedir a Nuestro Señor que reine, que nos ayude, que venga en nuestro socorro. Dios sabe que nos ha dado todos los medios para salvarnos. Pero ante esta situación aparentemente insoluble ¿qué más podemos hacer? Pues lo que Jesucristo quiere que hagamos: sacrificarnos, es decir, santificarnos, resucitar la gracia que un día recibimos en nuestro bautismo para borrar el pecado original y todas sus secuelas. Bien sabemos que aún tenemos en nosotros esas heridas que el pecado original infligió en nosotros, que las llevamos en nosotros: y que hemos de luchar constantemente por la gracia de Jesucristo, a través de la oración, recibiendo digna y frecuentemente los sacramentos a través de la asistencia y participación en la Santa Misa. Sabemos que así purificaremos nuestras almas y éstas se santificarán y que nuestras almas harán reinar en ellas la ley y la gracia de Jesucristo. Y no hemos de hacerlo sólo por nosotros. Tenemos una misión, una vocación aquí en la tierra. No vivimos solos, aislados. Tenemos que hacer que Él reine en nuestras familias, en nuestros ambientes de trabajo, en nuestros barrios y ciudades. A través de nuestras buenas obras haremos ya presente su Reino en todo lo que hagamos por el bien de nuestra ciudad y de nuestro país.
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Cruces de Matagalls y de Pedralbes. (Izquierda y centro) y Calvario en Bretaña (derecha)
Ha llegado el momento en el que los verdaderos católicos nos demos cuenta de la situación actual, de nuestro entorno que cada día se degrada más y más, año tras año. Nuestro pueblo aún no ha perdido del todo su fe católica. Aún hay mucha gente que cree, gente que aún tiene la verdadera fe católica. Hay que reunirlos, hay que despertarlos. Tenemos que hacer que entre nosotros reine la unidad, que todos los que tienen profundas convicciones católicas asuman responsabilidades. Es asombroso ver cómo en países de honda tradición cristiana, sus gobernantes  o atacan los valores cristianos o se avergüenzan de ellos, queriendo instaurar leyes anticristianas que pretenden socavar los fundamentos de nuestra civilización. Atacan la enseñanza católica, instauran proyectos legislativos abominables que atentan contra la juventud: aborto, permisividad sexual, droga, leyes educativas malsanas.Lobbys anticristianos minoritarios que consiguen marcar la marcha de la sociedad, dominando por completo el mundo. 

Y todo ello es posible porque los católicos están convencidos de que no deben entrar en el ámbito público. Tienen miedo de hacerse presentes en el mundo de la política. Bien al contrario, deben comprometerse en ese sentido para impedir que todo lo malo se instaure; deben manifestarse públicamente, asumir responsabilidades por el bien de las almas, para instaurar el reino de Cristo en el orden social a través del compromiso social y político. 

En este orden hay un enorme déficit de los católicos fieles a su fe. En aquellos pueblos en que los católicos son creyentes convencidos, deben tomar las riendas de la política, asumir responsabilidades municipales. Y lo mismo en los estados. No hay que tener miedo a asumir responsabilidades. Y eso no es hacer política de partido, colaborar con la mala política; eso es simplemente buscar el reinado social de Jesucristo. ¿De qué otro modo esperan estos católicos impregnar a la sociedad del bien de que son portadores?

 Y es por ello que hemos de rezar y animar a todos nuestros amigos y conocidos, a todos aquellos que están capacitados para asumir responsabilidades políticas, a participar en la vida pública. En la vecina Francia mucho ha cambiado en los últimos decenios en este sentido. No podemos imaginarnos cómo ha cambiado la vida en cientos de pequeños municipios e incluso en ciudades de una cierta importancia. Y enseñar a los fieles a votar con conciencia católica. Creo que es una de las enseñanzas en esta fiesta de Cristo Rey. Como decía santa Juana de Arco: « Combatamos, recemos y Dios nos dará la victoria” Si creemos  que es imposible, que no se podrá, que es demasiado difícil, que no podremos cambiar nada, entonces sí que no podremos invertir esta realidad. Pero si contamos con la gracia de Dios, Dios estará con nosotros. Dios quiere reinar, Él quiere el bien de las almas. Y si en consecuencia los católicos se unen, rezan, hacen sacrificios y militan en favor del reinado de Jesucristo, podemos contar con el auxilio de su gracia. Con la ayuda de la Santísima Virgen que es poderosa como un ejército en orden de batalla, con la ayuda de los santos, del arcángel San Miguel, de los santos patronos de nuestros pueblos y ciudades. Invoquémosles y pidámosles que Cristo reine en nuestros países, para salvar las almas de las generaciones futuras, salvar las nuestras y reconstruir desde sus fundamentos la civilización cristiana y el dulce reinado de Nuestro Señor Jesucristo.

Mn. Francesc M. Espinar Comas  
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

15 comentarios:

  1. salvador (nombre de pila)25 de noviembre de 2017, 8:13

    Mn. Francesc. Molt Agrait per aquets despertar de CONCIENCIES.

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  2. Muy oportuna su reflexión, mosén Francesc, sobre la realeza de Cristo con la coda particular de su instauración concreta en nuestra sociedad, no en general, sino en la pequeña porción del mundo donde vivimos. ¿Tú eres Rey? Tú lo has dicho. Mi reino no es de este mundo. Justamente lo contrario de lo que observamos a nuestro alrededor: obispos ensalzando reyezuelos que quieren ahormar a los demás, curas cuyo celo no es la gloria regia de Cristo, sino la sang vermella derramada a cop de falç. Ay que ver con qué entusiasmo lo cantan, que yo lo he visto, en la serranía de las alturas de Monistrol unos señores de luengas sayas. Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat.

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    1. Glorioso el comentario del don Valderas, como siempre.

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  3. Magnífico artículo.
    ¡Viva Cristo Rey!

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  4. Laurentius Dertosensis25 de noviembre de 2017, 12:49

    CHRISTUS VINCIT,CHRISTUS REGNAT,CHRISTUS IMPERAT,AMEN!

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  5. Hoy 25N, es el día internacional de concienciación contra la violencia ejercida sobre las mujeres.
    Pedimos a Nuestro Señor Jesucristo que Reine en el corazón de todos los hombres, que alumbre a nuestra iglesia, para que no permita ni ampare la violencia de género en su seno. Señor Jesús, te pedimos otorgues tu Visión a los hombres de tu Iglesia, para que sean capaces de ver a las mujeres, como Tú las veías. GLORIA AL SEÑOR.

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    1. ¿MACHISMO EN LA IGLESIA?

      Pura leyenda negra que se ha tragado usted porque el progresismo se ha inventado otra forma de promocionar a la mujer: no la mujer madre, sino la mujer-todo-sexo. Ha mordido usted el anzuelo. La figura excelsa de la Madre de Dios como modelo y como exaltación de la mujer, y miles de mujeres modélicas en el santoral católico, no tiene parangón en ninguna cultura ni en ninguna religión. ¿Quitarle la maternidad a la mujer para darle nosequé y para que tenga ilimitada disponibilidad sexual? A otro perro con ese hueso.

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  6. ricardo de Barcelona25 de noviembre de 2017, 17:27

    Gracias por esta homilia que se deberia leer en las Iglesia.

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  7. Gracias, mosén Espinar porque estamos muy necesitados de que nos despierten y nos hagan recordar nuestro pobre trabajo por el Reino. Satán aparece bajo numerosos disfraces, de bienhechor, filántropo o demócrata lleno de dulzura; pero reconocemos que no es Cristo, ya que Satán nunca se ha aparecido con llagas en el cuerpo.

    En la cima de la montaña Satán trata de concentrar la atención de Jesús en una carrera política, pero fracasa. Los fariseos también querían que lo divino se sometiera a lo político. Pero El deseaba que lo político sirviera a lo divino: “Cristo Rey del Universo”.

    Estamos como en tiempos de Jesús.
    Muchos creen que la política tiene que estar al margen de nuestra vida. Eso sí, rezamos y rezamos para que el mundo cambie y Dios venga a la tierra a transformar lo que nuestra gandulería, aburguesamiento y tibieza es incapaz de llevar a cabo.
    Y otros, los activos, pero en dirección equivocada, cual fariseos en tiempos de Jesús predican que lo divino se someta a la política.

    Nuestro Señor, por tanto, hoy igual que entonces tuvo que habérselas constantemente con este problema. Pero dejó bien sentada su actitud a este respecto:
    La libertad política respecto al césar no era asunto primordial.
    La verdadera libertad era espiritual y significaba liberación del pecado.
    Para adquirir esta libertad para todos, tanto para judíos como para gentiles, se ofrecería voluntariamente como rescate por el pecado.

    Él había venido ante todo para restablecer los derechos de Dios, Él era un libertador: “el Hijo os hará libres”. Como ya les había dicho anteriormente, si ellos buscaban primero el reino de Dios y su justicia, todas estas cosas, tales como la libertad política, les serían dadas por añadidura.

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    1. Aparte de la intervención en la vida pública a través del voto, existe el fenómeno asociativo.

      En el campo de la educación y de la cultura
      En el campo de la familia. Hubo gran auge en este campo. Por el fantasma yunque se ralentizó.
      En el campo de las actividades profesionales
      En el campo de la política

      LOS CATOLICOS EN LA VIDA PUBLICA. Instrucción pastoral. CEE. 1984.
      http://www.conferenciaepiscopal.nom.es/archivodoc/jsp/system/win_main.jsp

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    2. XIX Congreso Católicos y Vida Pública
      Madrid 17/18/19 de noviembre de 2017
      http://www.congreso.ceu.es/

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  8. A DIOS ROGANDO Y CON EL VOTO DANDO

    Muy bien, mossén, los católicos tenemos también responsabilidades pòlíticas: y nos corresponde comportarnos también políticamente como católicos. El católico que menos responsabilidad política tiene, tiene la responsabilidad del voto, que es una gran, una enorme responsabilidad. Si los católicos, además de rezar como católicos votáramos TODOS como católicos, otro gallo nos cantara. Y no sólo a los católicos, sino a toda la nación española. Funcionaría mucho mejor toda ella. Por ejemplo, si el voto católico llegara como voto católico al parlamento, sería imposible el adoctrinamiento sexual (corrupción institucionalizada) de los niños en la escuela. Y eso se hace hoy con la fuerza y el aval de muchísimos miles de votos católicos. Y como ésta, muchas más. Ya va siendo hora de que despierte el VOTO CATÓLICO y salga de su modorra.

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  9. ¡VIVA CRISTO REY!

    Intuyo que con esta homiía, con ese magnífico epílogo en el que apela a la RESPONSABILIDAD POLÍTICA de los católicos, se ha dado el pistoletazo de salida a una realidad que ha estado ocultada, acallada y silenciada, que es EL VOTO CATÓLICO. De un modo u otro empezará a adquirir conciencia de sí mismo y a coordinarse, de manera que se manifestará (Dios quiera que con mucha fuerza) en las próximas elecciones generales. ¡VIVA CRISTO REY!

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  10. Me podrían decir en que Iglesia está expuesto el magnifico Cristo crucificado con la corona de Rey qué sale en la portada del magnifico artículo?,Gracias.

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  11. Por coincidencia iba a preguntar lo mismo que el anónimo anterior. Es un estilo muy curioso, una Majestad románica en plan "santos de Olot". Me llama la atención lo humilde del tratamiento de la pared y se percibe el esfuerzo colosal para poder tener esta imagen a costa de muchos sacrificios.

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