domingo, 17 de noviembre de 2013

¿Por qué no Taltavull como secretario de la CEE?

El pasado miércoles, haciendo zapping después de cenar y como por casualidad, vi un fragmento del programa “Hermano Mayor” en los que un veterano waterpolista de élite que en la cumbre de su carrera cayó en la drogadicción -Pedro García Aguado- se dedica a ayudar a jóvenes con gravísimos problemas de autoestima e inserción en sus respectivas familias. Conviviendo con éstas, ayuda a todos los familiares a descubrir, reconocer y aceptar sus errores de conducta y a sanar los conflictos.

Una escena y una frase que dieron del mencionado conductor, me impactó sobremanera: ató a un joven de 19 años con su padrastro con un par de esposas, obligándoles a hacer cosas juntos. La frase, aún mejor: “sólo la convivencia supera prejuicios y lejanías”.

Y yo, que como tantos otros sacerdotes, vivo inmerso en este clima político catalán cada vez más enrarecido, donde en todo lo que se refiere al encaje Cataluña-España, van tomando cuerpo enfrentamientos verbales, actitudes de desprecio mutuo, posicionamientos engreídos, ridiculeces y barbaridades varias, pensé en la conveniencia de que la Iglesia, como en otros momentos de la historia reciente, diese un ejemplo de la capacidad de convivencia y respeto entre hermanos. Así como el tándem Tarancón- Jubany fue famoso en aquella España de la Transición, marcando el ritmo de un cambio social y político en el que la Iglesia no permaneció ajena, no sería descalabrado predicar ahora con el ejemplo, no con estéril palabrería, sino con un gesto edificante y esclarecedor: elegir a un obispo catalán - aunque menorquín, Taltavull lo es por el destino ministerial confiado- como nuevo Secretario General de la Conferencia Episcopal Española y portavoz de la misma.

Don Sebastián lo ha sido todo. Su iter curricular es perfecto: conoce el ámbito de las órdenes religiosas -es antiguo alumno salesiano-, el de los jóvenes y el vocacional tras su paso por el Seminario menorquín, ha sido profesor de religión, consiliario de grupos de revisión de vida y de scouts, se mueve como pez en el agua en el mundo catequístico, ha sido formador de matrimonios, párroco, Vicario General, canónigo penitenciario, deán de la catedral, ha sido delegado de Medios de Comunicación y relaciones institucionales, y es muy apreciado como director del Secretariado de Pastoral de la CEE. Como creo, aunque no estoy seguro de ello, que también fue “caixer capellà” en las fiestas de San Juan de Ciudadela, sólo le faltan dos cosas, o una u otra: o Fallera Mayor de Valencia o Secretario General de la CEE. Es un hombre trabajador. Tiene madera para ello. Para Secretario General, quiero decir.

Don Tià es un hombre adaptable, de trato afable, de buena palabra, inteligente, bien preparado y con unas legitimas ambiciones personales muy socavadas por el papel de comparsa que nuestro n.s.b.a. Cardenal Martínez Sistach le asigna.
 
Hay que salvar a Tià. Sacarlo del pútrido estanque barcelonés y que nade con libertad por el amplio océano de la Conferencia Episcopal Española.

Contribuirá a deshacer entuertos, sabrá desenvolverse entre las instituciones; tiene la razonable dosis de buen humor para desdramatizar y suavizar enfrentamientos, es buen conocedor del episcopado español. Éste lo estima y lo considera como buen interlocutor. Es el hombre ideal para ese cargo. Y facilitará el necesario entendimiento entre los diversos sectores y sensibilidades del panorama episcopal español. Y sin duda alguna, sabrá presentar la cuestión catalana con serenidad y sosiego. Será un buen valedor ante Madrid.

Si los obispos españoles no consideran esta hipótesis inteligente desaprovecharán una magnífica oportunidad de tener, por una parte, un muy válido Secretario General; y por otra, de contribuir con un importante granito de arena al hermanamiento entre los hombres y tierras de España. A mi entender, también ésta es misión de la Iglesia.

Prudentius de Bárcino

15 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo Prudentius, suscribo el artículo desde la primera hasta la última letra. !qué gran secretario seria Don Sebastià!, a no ser que el Vaticano y Don Renzo le tengan preparada otra misión..........

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  2. Rvdo. Prudentius de Bárcino, gracias por mostrar su dignidad sacerdotal con esas palabras: ..."Y yo, que como tantos otros sacerdotes, vivo inmerso en este clima político catalán cada vez más enrarecido..."

    ¿Ya le toca el cese al jesuita, Monseñor Martínez Camino?

    Para mi no estaría mal que el cargo lo ocupase Mons. Sebastià Taltavull, pero el hermanamiento entre los hombres y tierras de España que nos hace falta es a nivel poñítico que en público se enfrentan unos contra otros y en privado tienen buena relación e incluso algunas amistades.

    En cuanto a la Iglesia y a los católicos, solo es necesario una cosa, que como se desprende el Evangelio proclamado en la Misa del día de hoy, que Dios, ocupe el primer lugar de nuestra vida

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  3. ¿No es este el Sr. Obispo que escondió la cruz en un programa en Catalunya Radio? ¿Un Sr. Obispo que se avergüenza de la cruz de N.S. Jesucristo?

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  4. Ideas positivas y de acercamiento.

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  5. Mons. Sebastiá Taltavull es de aquellas personas que siempre suman y de un carácter integrador. afable y de una excelente formación teológica y por supuesto pastoral, siempre dispuesto a decir sí a cualquier petición de cualquier parroquia sea donde sea y con quien sea. Aquí en nuestra diócesis le falta "aire" y otro destino donde poder desarrollar sus cualidades sería excelente. Recemos para que sea posible esta posibilidad. Gracias.

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  6. Dependera de lo que el Papa Francisco tenga pensado y decida para la Archidiócesis de Barcelona, con la jubilación del Sr. Cardenal-Arzobispo Lluís Martínez.

    Vienen cambios en Madrid, después Barcelona, y 13 diócesis más en España.
    Que Dios ilumine a los que tienen la responsabilidad junto al Papa Francisco de tomar decisiones en estos nuevos nombramientos.

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  7. Los verdaderos artífices de la Transición no fueron Tarancón-Jubany, verdaderos artífices del desastre eclesial, fueron Suquía-Tagliaferri, según el P. Fortea:

    - Monseñor Suquía (el nuevo arzobispo) y monseñor Tagliaferri (el nuevo nuncio) se aplicarían a la tarea de evitar el desastre, de desactivar la bomba. Hubo momentos en que aquello parecía Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú. Digo las cosas en broma pero no exagero. Tagliaferri diría muchos años después, que en los primeros años en la nunciatura de Madrid hubo noches en las que no durmió. El bueno pueblo fiel permaneció completamente a los movimientos de los exaltados. Los cuales no querían retroceder ni un metro. Suquía y Tagliaferri, ellos, y no Tarancón, sí que hicieron una labor de relojeros. Ellos sí que fueron las grandes figuras de gobierno. Tiene gracia que en el espacio de butacas crean que ese honor le corresponde a Tarancón. Una vez más comprobáis como el vulgo no se entera de nada, como siempre da por buenas cuatro afirmaciones suficientemente repetidas, y ya está.


    - La Iglesia en la época de Tarancón aún podía influir poderosísimamente en la sociedad. Desgraciadamente, con un buenismo cuya candidez raya con Hello Kitty, el cardenal y los que pensaban como él se limitaron a no hacer nada. Cuando todavía podía hacer algo, no se hizo nada. Durante la Transición, en los primeros años de la democracia, se podía haber animado a la sociedad a preservar unos mínimos, se podía haber imprimido una dirección a la democracia, se podrían haber blindado ciertas leyes morales. El aborto es un ejemplo de esto, un solo ejemplo pero el más claro. La sociedad hubiera estado con los obispos. La sociedad estaba con los obispos. ¿No vieron lo que había sucedido en las otras democracias?
    Hubo obispos que sí que lo vieron, y no pocos. Hubo obispos que sí que percibieron lo que iba a pasar. Pero la forma de hacer de Tarancon, stilus taranconiensis, se extendió como el modo moderno de proceder en la sociedad: no hay que quejarse de nada, sería de mala educación.


    - Suquía fue el Gorvachov que tuvo que ir cambiando de los puestos clave al clero más politizado, díscolo y heterodoxo. Y la verdad es que lo hizo magistralmente. Poco a poco. Tanteando, midiendo sus fuerzas, evitando la insurrección: la victoria fue completa. Sea dicho de paso, cuando decimos Suquía habría que decir Suquía-Tagiaferri, pues el nuncio y el arzobispo formaban una unidad indivisible de destino común. Y eso que Tagliaferri no estaba al 100% complacido con Suquía, porque deseaba que el arzobispo fuera más rápido, que fuera más decidido.
    Y así las cosas, llegó monseñor Rouco. Monseñor Rouco añadiría algo a esa visión realista suquiniana: añadiría la convicción de que hay que actuar en la sociedad del modo más contundente posible. Rouco supone un cambio en el modo de hacer las cosas. Él es como un general de un ejército espiritual que entiende que no sólo hay que defenderse, sino de que hay que atacar con todos los hombres y armas disponibles. Rouco es el primer arzobispo que ha comprendido que la lucha por el alma de la sociedad se libra con batallas bien organizadas y no sólo con buenas intenciones. Por eso Rouco es tan criticado y ridiculizado.

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    1. Ja.ja.ja. Rouco un general? Igual que el ilustre paquito... Eran hijos de la misma tierra.

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    2. De aquel fenómeno... esos lodos.

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    3. Estoy de acuerdo con usted en lo de Rouco. El odio de la izquierda es síntoma inequívoco de que lo está haciendo bien. es triste que las cosas sean así, pero hay que meterse en la cabeza de una vez que la izquierda es un enemigo al que hay que batir.

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    4. La verdad es que Tarancón era valenciano y eso parece que es sinónimo de inoperancia, no saben que hacer y no hacen nada.
      En cuanto a Rouco totalmente de acuerdo. Necesitamos más como Rouco, preparado y decidido, pero decidido en el buen sentido y dirección. Es cierto que muchos son inoperantes pero cuando se deciden lo hacen casi siempre tarde y mal, en esos casos más valdría no haber hecho nada

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    5. Sebastián Taltavull tiene un doble fondo....... pregunten en Menorca a quien hay que preguntar

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  8. me parece buena idea, escuché la ceremonia de su consagración como obispo en Radio María y fue toda ella entrañable y en beneficio de las almas.

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  9. No tengo especial simpatía ni antipatía por Taltavull, y pienso que la idea que aquí lanzan tal vez sea buena, aunque habría que ver si no hay otras fuerzas que ya se han movido para colocar a otro candidato (incluso en virtud del trillado principio promoveatur ut amoveatur). Pero sí deseo rogarles algo: supriman Vds., por favor, la muy impropia comparación de que sólo le falta ser Fallera Mayor, pues se trata de un comentario que suele dirigirse, al menos donde yo periclito (y seguramente en otras zonas del país), para definir a varones de tendencias "alegres". Ya me entienden. La considero una ofensiva salida de tono, muy desafortunada.

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  10. Pues no ha sido elegido Taltavull como secretario de la conferencia episcopal. Pfrudentius no acertó. Tampoco ha salido el candidato de Rouco. Se avecinan cambios y no en la dirección germinante precisamente.

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