Estado de la cuestión
En primer lugar debo decir que, en contra de lo que una gran mayoría piensa, creo que es en el ofertorio de la Misa tras la reforma del Misal por Pablo VI, donde encontramos la mayor parte de los problemas que atañen a la celebración eucarística. Más si cabe que en las plegarias eucarísticas introducidas en el Misal del 69 y las que han estado y están en uso, especialmente, en las ediciones nacionales del Misal.
El problema es ya un problema antiguo, que viene de lejos y que estriba en comprender cómo un preámbulo al momento sacrificial, propiamente dicho de la celebración, tiene una apariencia más de oración que de acción exterior. La fe nos dice que la misa, además de ser sacrificio de Cristo, es sacrificio nuestro. ¿Cómo se solucionan esos dos aparentes problemas, es decir por una parte la de un preámbulo sacrificial que más que acción exterior como parecería exigir parece una oración y por otra la de evidenciar que también es sacrificio de los fieles?
Tuvieron que pasar siglos hasta que la Iglesia vio claro estos problemas, y todavía más tiempo hasta dar expresión litúrgica al carácter sacrificial de la institución de Cristo y a la intervención de la comunidad en el sacrificio del celebrante. La formación de esta legítima conciencia la podemos seguir en la historia del ofertorio que ahora nos proponemos.
El concepto de ofertorio
En los primeros siglos predominó un fuerte movimiento espiritualista, representado por los escritores cristianos conocidos bajo de nombre de “apologetas”, que poco o nada quería saber de ofrendas materiales. Sentían una fuerte repulsa y desconfianza hacia las prácticas de los sacrificios paganos, y aún judíos, que les impedía dar más relieve a la acción en la que intervenían cosas materiales ( pan, vino, agua…) De aquella época data la expresión “eucaristía” (acción de gracias) para caracterizar la celebración de los santos misterios.
Presentación de las ofrendas
Se necesitó que el péndulo se moviera hacia el error gnóstico, para que la joven Iglesia, especialmente San Ireneo empezara a dar importancia al hecho de que en la eucaristía intervenían el pan y el vino, como ofrecimiento de las primicias de la creación, pero simplemente como una cosa natural, previa, necesaria, exenta de acción simbólica de oblación. Por eso, a pesar de que San Hipólito llama a las materias sacrificiales “ofrendas” (oblata) e incluye en su anáfora expresiones de ofrecimiento, desconoce una entrega de ofrendas por parte de los fieles, previa a la celebración eucarística. Lo que traen para los pobres lo presentan después de la celebración.
Cuando en el siglo IV en Oriente se empieza a desplegar mayor esplendor en el ceremonial, transformarán en procesión solemne, no la entrega de las ofrendas por parte de los fieles, sino la traslación al altar, por parte del clero, de las materias sacrificiales. Esta ceremonia, que ocupa el sitio del ofertorio romano, no tiene carácter de oblación previa, sino de simple solemnización de las acciones preparatorias. Conviene fijarse en este aspecto pues también predominó en la liturgia romana hasta el siglo V.
La entrega de ofrendas por el pueblo
No fue en Roma donde apareció por vez primera la entrega de ofrendas incorporada al núcleo del culto, sino en el norte de África y en la liturgia milanesa. La entrega procesional de ofrendas entra a formar parte de una ceremonia que sólo llegara a Roma a partir del siglo VII cuando los Ordines Romani nos dicen que el Papa bajaba a la nave a recoger las ofrendas. La contribución de los fieles no llega a considerarse como ofrenda directamente a Dios en el altar, no es acto sacrificial. Por eso los fieles no se acercan al altar. Es el Papa el que baja para recibirlas.
Esto no es obstáculo, con todo, para que en Roma esta entrega de las ofrendas por parte de los fieles sirva de punto de partida para la formación del ofertorio.
Ciertamente, en la liturgia romana medieval ni siquiera se daba importancia a la preparación del cáliz que se hacía en algún momento de la liturgia de la palabra o incluso en la sacristía. En el actual rito dominicano se prepara el cáliz antes de empezar la misa, de lo que también es eco la costumbre hispánica de comenzar la misa (tanto la rezada como la cantada pero no la solemne) con el cáliz ya en el centro del altar sobre el corporal. Es una herencia y reflejo del rito hispano-mozárabe donde el cáliz ya con el vino aunque no con el agua está sobre el altar desde antes del inicio. Es muchos lugares en la misa tradicional así lo hacen como costumbre lícita e inmemorial.
Pero el argumento más convincente de que la entrega de las ofrendas por parte de los fieles es el verdadero punto de arranque del ofertorio, la tenemos en la “oratio super oblata” (secreta) oración la más antigua del ofertorio que habla principalmente de las oraciones de los fieles, encomendándolas a Dios.
Resumiendo, la entrega de las ofrendas por parte de los fieles no es un acto sacrificial independiente sino participación del sacrificio de Cristo. Por eso de por sí, carece de valor sacrificial, y lo adquiere en el momento en que se realiza el sacrifico de Cristo. En todo esto hay que tener en cuenta que, para que se realice el sacrificio de Cristo, es necesaria la oblación humana: sin la entrega de las materias sacrificiales no es posible el acto sacrificial de Cristo. La concepción primitiva del ofertorio no es de un sacrificio previo, como los del Antiguo Testamento, sino una simple preparación para cuando Cristo entre en acción que no lo hace hasta la plegaria eucarística. Por eso no se debe, según el Papa San Inocencio, encomendar los nombres de los oferentes antes del canon, porque sólo en el canon la oblación se convierte en sacrificio. No es necesario esperar a la consagración: toda la plegaria eucarística forma una unidad indivisible. Además, para que se encomienden los nombres, basta que el sacrificio haya empezado, no que esté concluido.
El sentido del ofertorio es, pues, clarísimo: sin ser él sacrificio, es el punto dentro de la misa en que se da forma y expresión litúrgica al hecho de que el hombre, mediante sus ofrendas materiales de pan y vino, interviene en el sacrificio de Cristo. Bellamente ilustra este sentido la ceremonia de recogida de los dones en el culto estacional antiguo o en las procesiones de ofrendas después de la reforma del 69: el sacerdote, representante de Cristo, baja en persona a la nave para solicitar las aportaciones de los hombres, que en manos de Cristo se convertirán en ofrendas de valor infinito. La misma verdad ha quedado simbolizada en la mezcla del vino con agua y en su oración correspondiente.
Pero también quedaba expresada en la liturgia antes de la reforma del 69, en la que habían desaparecido la entrega de ofrendas. Y lo hacía en una serie de oraciones oblativas del ofertorio que formaban una especie de súplicas encarnadas en ofrendas. El “Suscipe Sancte Pater”, el “Offerimus tibi calicem” y muy especialmente el “Suscipe Sancta Trinitas” eran justamente eso: ofrendas sustituyendo preces, oblaciones portadoras de las intenciones por las que luego se ofrece el sacrificio eucarístico.
En estas oraciones el tono no recaía sobre el “ofrecemos” sino en el “por”, o sea, el fin principal de las oraciones del ofertorio consiste en expresar nuestras peticiones, mientras preparamos nuestra intervención en el sacrificio de Cristo.
Por eso, y concluyendo por hoy, mi tesis es la siguiente: la presentación del pan y el vino con la bendición a Dios por esos dones que han de convertirse para nosotros “en pan de vida y bebida de salvación” está coja sin la procesión y recepción de ofrendas: acaban siendo una simple “bendición” judía por los dones pero no un ofertorio sacrificial.
Por eso en la liturgia romana el hecho de poner los dones encima del altar, y que data del siglo VIII, tiene aspecto en sí de ofrecimiento sacrificial, de ahí que ese momento se llenase pronto de oraciones, más allá del primer uso de tomar en sus manos las dos oblaciones, levantarlas un poco y mirando al cielo, rezar en silencio para luego colocarlas encima del ara, que sabemos fue el rito primitivo.
Las oraciones más evolucionadas posteriormente y que son las conservadas hasta la reforma del 69 no se limitaban a la expresión de las intenciones ni al ofrecimiento sino que indicaban también bendición de ofrendas expresada en forma de petición dirigida al Espíritu Santo para que baje sobre las ofrendas algo así como una epíclesis previa. Es la “Veni, Sancte Spiritus et benedic hoc sacrificium tuo sancto nomine praeparatum”
Oratio super oblata
Resumiendo: la mayor profundización del misterio del sacrificio eucarístico, junto con una mayor conciencia de nuestro papel intervencionista en él, fue el terreno propicio para la creación de un conjunto de ceremonias previo al sacrificio de Cristo. Al llenar luego de oraciones el acto de depositar las materias sacrificiales sobre el altar, quedó completa la historia del ofertorio.
Todo bien hasta la reforma del 69, que plantea los problemas mencionados. A no ser que se desee desdibujar el aspecto sacrificial de la Misa, situación que nos introduciría en un problema aún mayor. Y más grave aún si fuese con la intención de acercamiento a los “hermanos separados” (protestantes, claro)…
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet




¿A cuantos fieles creen que les preocupa la ciencia del ofertorio?
ResponderEliminarEl lugar del Ordo Offertorii en la Misa romana (introducción corregida)
ResponderEliminarMuy interesante artículo, he obtenido eso de diferentes fuentes para ser criticado. Es un ejercicio de "reforma de la reforma litúrgica" que pidió Benedicto XVI en su época.
En la estructura clásica de la Misa romana, el Ordo Offertorii ocupa un lugar decisivo: es el punto de transición entre la Liturgia de la Palabra y el Canon Missae, y es la primera fase propiamente sacrificial del rito. Para comprender su sentido pleno conviene situarlo en su contexto inmediato, el antes y el después.
Antes del ofertorio, la Iglesia ha escuchado la Palabra de Dios en la Epístola y el Evangelio, y ha respondido con la profesión de fe. Este conjunto de lecturas y proclamaciones no es un mero preámbulo intelectual: es la preparación espiritual del pueblo, que recibe la enseñanza divina y se dispone a entrar en el misterio del sacrificio. La homilía, cuando se pronuncia, cumple la función de iluminar la inteligencia y mover la voluntad hacia la conversión y la adhesión a Cristo. Tras el Evangelio y el Credo, el sacerdote convoca a la asamblea con el "Dominus vobiscum" y el "Oremus", señal de que la Iglesia pasa de la escucha a la acción: recibió la Palabra, ofrecerá el sacrificio.
Con el ofertorio comienza esa acción. La tradición litúrgica clásica lo considera una preparación ritual y espiritual del sacrificio que Cristo consumará en el Canon —lo que la teología manualística postridentina llama praeparatio oblationis y que, con una acuñación puramente pedagógica y no técnica, podríamos llamar "prae-sacrificio"—. En él se presentan el pan y el vino, se mezclan el agua y el vino, se invoca al Espíritu Santo, se pide la asistencia angélica, se rechaza toda influencia del enemigo y se expresan los cuatro fines clásicos del sacrificio eucarístico —latréutico (adoración), eucarístico (acción de gracias), propiciatorio (expiación de los pecados) e impetratorio (súplica de las necesidades materiales y espirituales)—, a los que este Ordo añade, como categoría pedagógica propia y no como un quinto fin de la misma naturaleza que los anteriores, la dimensión oblativa: la entrega completa de la vida a Dios que constituye, más que uno de los fines, la naturaleza misma de todo acto sacrificial. Además, la Iglesia ofrece el sacrificio en nombre de sus tres estados: la Iglesia militante, que lucha y peregrina en este mundo; la Iglesia purgante, que espera la purificación final; y la Iglesia triunfante, que participa ya de la gloria celestial.
El ofertorio es, así, un acto de profunda densidad teológica. En él se reconoce que el pan y el vino son primicias de la creación y fruto del trabajo humano, y se pide que sean elevados por el Espíritu Santo para convertirse, mediante la consagración, en el Cuerpo entregado y la Sangre derramada de Cristo. La mezcla del agua y el vino simboliza la unión inseparable de la humanidad con la divinidad del Señor y anticipa la purificación que brota de su Sangre redentora. El lavabo del sacerdote expresa la necesidad de pureza interior para tocar el misterio. La oración sobre las ofrendas recoge las súplicas de toda la Iglesia y las deposita sobre el altar, mientras que la recepción de los dones del pueblo manifiesta su participación activa en la oblación de Cristo.
Concluido el ofertorio, la Misa entra en su fase más sagrada: el Prefacio, el Sanctus y el Canon Missae, donde se consuma sacramentalmente lo que el ofertorio había preparado y expresado de manera pedagógica. El Ordo Offertorii no es, por tanto, un simple rito de presentación de dones, sino la entrada solemne de toda la Iglesia en el sacrificio de Cristo: el puente entre la Palabra proclamada y la inmolación sacramental, el instante en que se unen la tierra, el purgatorio y el cielo.
El lamentable la falta de pedagogía episcopal sobre la misa y su dejadez pecaminosa en que sus curas realicen todo tipo de abusos y violaciones litúrgicas. De algunos no sé para qué aceptaron ser obispos.
Presentación de la propuesta: una corrección de segunda fase al ofertorio del Novus Ordo
ResponderEliminarLo que sigue es una propuesta pedagógica, recogida de diferentes fuentes, de corrección textual del ofertorio del Novus Ordo Missae, redactada en el espíritu de lo que Benedicto XVI llamó "reforma de la reforma": un enriquecimiento del texto actualmente en uso con el vocabulario sacrificial, expiatorio y angélico que las oraciones tridentinas del ofertorio poseían y que la reforma paulino-bugniniana de 1969-1970 suprimió sin necesidad doctrinal estricta.
El criterio de composición ha sido el siguiente.
Primero, se conserva la estructura y la extensión característica del ofertorio del Novus Ordo —nueve momentos con textos moderadamente breves, aptos para la proclamación— en lugar de restaurar sin más las fórmulas latinas íntegras del Missale de 1962, que son considerablemente más extensas.
Segundo, se devuelve a cada fórmula el lenguaje que la tradición romana empleaba antes de Bugnini 1969 para expresar la naturaleza sacrificial, propiciatoria y oblativa de lo que se ofrece, hoy diluido en las excéntricas berajot de inspiración judía que sustituyeron a las oraciones tridentinas.
Tercero, se indica en cada sección el modo de proclamación —secreto o en voz alta— siguiendo, cuando existe paralelo directo, la rúbrica histórica del Missale de 1962, y señalando expresamente cuándo una fórmula o una nota doctrinal es aportación pedagógica propia y no restitución de un texto preexistente, para no confundir jamás lo recibido de la tradición con lo compuesto ex novo.
Conviene insistir, antes de leer el texto, en que esta propuesta no está destinada a la celebración efectiva de la Misa. Ninguna comunidad ni sacerdote puede introducir por iniciativa privada fórmulas nuevas en la liturgia realmente celebrada: la regulación de la sagrada liturgia compete en exclusiva a la Sede Apostólica y, dentro de los límites del derecho, al obispo diocesano, conforme a Sacrosanctum Concilium 22 y al canon 838 del Código de Derecho Canónico.
Lo que aquí se ofrece es, por tanto, material de estudio y de formación teológica sobre cómo podría verse, en el plano de los textos, una segunda fase de la reforma de la reforma de Benedicto XVI aplicada específicamente al ofertorio —el tramo de la Misa donde la ruptura entre la misa tridentina 1962 y la paulino-bugniniana 1969 fue más profunda—, dejando a la autoridad competente cualquier decisión sobre su eventual aprobación.
Los nueve momentos del nuevo Ordo Offertorii:
los nueve momentos del Ordo Offertorii pedagógico, como preparación inmediata al Canon Missae:
I. Disposición del ministro válidamente ordenado con potestad de orden, intentio faciendi quod facit Ecclesia y del Altar — recogimiento inicial y preparación material.
II. Presentación del Pan de trigo ázimo — se ofrece la materia que será Cuerpo de Cristo.
III. Presentación del Vino de uva — se ofrece la materia que será Sangre de Cristo.
IV. Mezcla del agua y el Vino — se simboliza la unión de la humanidad con la divinidad de Cristo.
V. Ofrenda de las Materias — invocación del Espíritu Santo y petición de protección angélica frente al enemigo demoníaco.
VI. Lavabo — purificación exterior e interior del ministro antes de tocar el Misterio.
VII. Súplica sobre las ofrendas — se presenta el Sacrificio en nombre de toda la Iglesia (militante, purgante, triunfante).
VIII. Ofrenda del Pueblo de Dios — los fieles se unen, con sus propios dones, a la oblación de Cristo.
IX. Conclusión del Ofertorio — silencio final e invitación "Orad, hermanos", puerta inmediata al Canon.
En conjunto, los nueve momentos siguen una lógica ascendente: ministro, altar y materia (pan, vino, agua) se pasa a la invocación y purificación (Espíritu Santo, ángeles, demonio, Lavabo), luego a la dimensión eclesial (las tres Iglesias, el pueblo), para desembocar en el silencio que introduce el Canon, donde lo aquí solo dispuesto y significado se consumará realmente por la consagración.
Ordo Offertorii Solemne
ResponderEliminarI. Disposición del sacerdote y del altar
Rúbrica
El sacerdote, de pie ante el altar, inclina la cabeza y guarda silencio. El altar está preparado: corporal extendido, cáliz velado, patena descubierta.
Modo de proclamación: en voz baja, casi susurrada. No corresponde a ninguna oración concreta del Missale de 1962 en este punto exacto; es aportación pedagógica propia que anticipa el silencio de recogimiento que Sacramentum Caritatis 40 pide recuperar antes de toda acción litúrgica importante.
Fórmula
«Señor, que este altar sea ara del sacrificio de Cristo y mesa de comunión para tu pueblo. Dispón mi alma para preparar lo que tú transformarás en el Cuerpo entregado y la Sangre derramada de tu Hijo, y líbranos de toda influencia del enemigo, para que este sacrificio sea puro y agradable a ti.»
II. Presentación del pan (Susceptio Panis)
Rúbrica
El sacerdote toma el pan, lo eleva ligeramente y lo deposita en el centro del corporal.
Modo de proclamación: en voz alta, con la posibilidad de decirla en secreto si hay canto de ofertorio, tal como ya prevé la Institutio Generalis Missalis Romani (nn. 141-142) para la fórmula vigente. Corrige y sustituye la excéntrica berajá judía "Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan que hemos recibido de tu generosidad", devolviendo el lenguaje sacrificial y expiatorio que tenía la antigua "Suscipe, sancte Pater", dicha siempre en secreto en el Missale tradicional católico.
Fórmula
«Recibe, Señor, este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que tu pueblo te presenta como primicia de la creación. Haz que este pan, humilde y terreno, sea elevado por tu Espíritu Santo y preparado para transubstanciarse, por la fuerza de la consagración, en el Cuerpo de Cristo, Cuerpo entregado por nosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Que esta ofrenda sea para nosotros signo de adoración, de acción de gracias, de expiación de nuestros pecados y de súplica de nuestras necesidades materiales y espirituales, y oblación de nuestra vida entera a Dios. Y que, al convertirse en el Cuerpo de Cristo, nos fortalezca en la fe, nos sostenga en la esperanza y nos inflame en la caridad.»
III. Presentación del vino (Susceptio Vini)
Rúbrica
El sacerdote toma el cáliz, recibe el vino, lo eleva y lo deposita sobre el corporal.
Modo de proclamación: en voz alta, con la misma posibilidad de secreto que en la sección anterior. Corrige la incoherente berajá judaica devolviendo el lenguaje de alianza y de remisión de los pecados que tenía la antigua y clásica "Offerimus tibi, Domine", dicha siempre en secreto en 1962 mientras el sacerdote sostenía el cáliz elevado con ambas manos.
Fórmula
«Recibe, Señor, este vino, fruto de la vid y del esfuerzo humano. Que sea para nosotros signo de tu alianza eterna, sellada con la Sangre redentora de Cristo, Sangre derramada para la remisión de los pecados. Prepara este vino para que sea transubstanciada en la Sangre de tu Hijo, Sangre que nos lava de nuestras culpas y de toda impureza moral, nos renueva de nuestra tibieza y de nuestras heridas interiores, y nos configura con Él en su obediencia, su humildad y su amor sacrificial. Que esta ofrenda sea para nosotros signo de adoración, de acción de gracias, de expiación de nuestros pecados y de súplica de nuestras necesidades materiales y espirituales, y oblación de nuestra vida entera a Dios.»
Ordo Offertorii Solemne
ResponderEliminarIV. Mezcla del agua y el vino (Mixtio Aquae et Vini)
Rúbrica
El sacerdote vierte unas gotas de agua en el cáliz.
Modo de proclamación: en secreto, en las dos formas del rito romano por igual. No es punto de corrección, sino de continuidad: la antigua "Deus, qui humanae substantiae" y su versión abreviada vigente ("Por el misterio de esta agua y este vino...") coinciden en decirse en voz baja, normalmente por el diácono cuando lo hay. La fórmula que sigue amplía, sin alterar su carácter secreto, el contenido teológico de la versión actual.
Fórmula
«Que esta mezcla de agua y vino sea signo de nuestra unión con Cristo, que asumió nuestra humanidad para elevarla a tu divinidad. Así como el agua se une inseparablemente al vino, une nuestra vida —débil y limitada— a la Sangre redentora de tu Hijo, para que participemos de su sacrificio, de su entrega y de su gloria.»
V. Ofrenda de las materias (Oblatio Materiae)
Rúbrica
El sacerdote inclina la cabeza, traza la señal de la cruz sobre las ofrendas y, si se usa incienso, las inciensa a continuación.
Modo de proclamación: en secreto. Corrige la ausencia total, en el Novus Ordo, de una invocación explícita al Espíritu Santo y de la protección angélica en este punto del rito. Restaura el contenido de la antigua "Veni, sanctificator", que en 1962 se decía en secreto al bendecir las ofrendas —en toda misa, con o sin incienso— y añade, como composición pedagógica propia inspirada en la tradición exorcística de bendición y no en ninguna oración concreta del Canon Romano, la petición de custodia angélica frente al enemigo.
Fórmula
«Señor, acepta estas ofrendas preparadas para tu santo nombre. Envía tu Espíritu Santo para que las disponga al sacrificio que Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, ofrecerá en este altar con su Cuerpo entregado y su Sangre derramada. Que tus santos ángeles custodien este altar, que aparten de aquí toda influencia del enemigo diabólico, el ángel caído, la serpiente antigua, que en el Apocalipsis será definitivamente vencido y arrojado para siempre al fuego eterno, y que presenten nuestras ofrendas ante tu majestad. Que esta preparación sea para nosotros camino de santificación y anticipo de la redención que brota del Calvario.»
VI. Lavabo (Purificación del ministro)
Rúbrica
El sacerdote lava sus dedos y vuelve al centro del altar.
Modo de proclamación: en secreto, en las dos formas del rito por igual. Corrige la reducción del Novus Ordo a un solo versículo, restaurando el contenido del Salmo 25 (Vulgata), "Lavabo inter innocentes manus meas", que el Missale de 1962 recitaba entero en voz baja.
Fórmula
«Lavaré mis manos entre los inocentes y me acercaré a tu altar, Señor, para escuchar la voz de tu alabanza y contar todas tus maravillas. Amo, Señor, el decoro de tu casa y el lugar donde reside tu gloria. Purifica mi corazón y mis manos, para que pueda tocar y ofrecer dignamente el misterio del Cuerpo entregado y de la Sangre derramada de tu Hijo. Que esta limpieza exterior sea signo de la purificación interior que necesito para entrar en tu presencia.»
Ordo Offertorii Solemne
ResponderEliminarVII. Súplica sobre las ofrendas (Oratio Impetratoria)
Rúbrica
El sacerdote inclina la cabeza y ora en voz clara.
Modo de proclamación: en voz alta, dirigida a la asamblea. No restaura ninguna fórmula tridentina concreta —la tríada Iglesia militante/purgante/triunfante pertenece a la teología manualística postridentina y al Memento de difuntos del Canon, no a una oración propia del ofertorio de 1962—, sino que es catequesis explícita, coherente con la primera fase de dignificación del rito vigente, para hacer visible ante el pueblo la doctrina de la comunión de los santos en el momento mismo de la ofrenda.
Fórmula
«Señor, mira con bondad estas ofrendas y las súplicas que representan. Te las presentamos en nombre de toda tu Iglesia: la Iglesia militante, que lucha y peregrina; la Iglesia purgante, que espera la purificación final; y la Iglesia triunfante, que ya goza de tu presencia. Que este sacrificio sea para tu gloria y para la salvación de todos. Que, por la Sangre redentora de Cristo, nuestras súplicas sean escuchadas, nuestros pecados perdonados, nuestras almas fortalecidas y nuestras vidas transformadas.»
VIII. Ofrenda del pueblo (Oblatio Ecclesiae)
Rúbrica
El sacerdote recibe los dones del pueblo, si los hay.
Modo de proclamación: en voz alta. No es punto de corrección: la procesión de ofrendas es una restauración legítima de la reforma de Pablo VI, que recupera una praxis patrística anterior al desarrollo medieval del ofertorio privado del sacerdote. Aquí el Novus Ordo se acerca más a la Iglesia primitiva que el rito tridentino, y la reforma de la reforma puede consolidar lo anterior integrándolo con el lenguaje sacrificial restaurado en las secciones anteriores.
Fórmula
«Acepta, Señor, los dones de tu pueblo, que se ofrece a sí mismo junto con el pan y el vino. Recibe la lucha de la Iglesia militante, la esperanza de la Iglesia purgante, y la alabanza de la Iglesia triunfante. Une nuestras vidas a la oblación de Cristo, para que, por su Cuerpo entregado y su Sangre derramada, participemos de su sacrificio y de su victoria.»
IX. Conclusión del Ofertorio (Conclusio Offertorii)
Rúbrica
El sacerdote junta las manos; a continuación, vuelto hacia el pueblo, dice en voz alta la invitación "Orad, hermanos", y el pueblo responde; el sacerdote se prepara así para el Canon.
Modo de proclamación: en secreto hasta la invitación final, que se dice en voz alta (voce elata), tal como en 1962. Corrige la decisión de la reforma de 1969-1970 de convertir en audible la antigua Secreta, aquí rebautizada "Oración sobre las ofrendas", restaurando el silencio final que precede al Canon y con él el contenido de la "Suscipe, Sancta Trinitas".
Fórmula
«Señor, hemos dispuesto lo que tú transubstanciarás. Recibe nuestra adoración, nuestra acción de gracias, nuestra expiación de nuestros pecados, nuestra súplica de nuestras necesidades materiales y espirituales, y nuestra oblación o entrega de vida entera a ti. Recibe también la oración de la Iglesia militante, la esperanza de la Iglesia purgante, y la alabanza de la Iglesia triunfante. Que este sacrificio, unido al de Cristo, sea para nosotros fuente de vida, de gracia y de salvación, por la virtud de su Cuerpo entregado y de su Sangre redentora.
— Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios Padre todopoderoso.»
La propuesta anterior sigue, sección por sección, un único criterio: allí donde el Novus Ordo ya coincide con la tradición (la mezcla del agua y el vino, la ofrenda del pueblo), se conserva sin cambios; allí donde diverge sin necesidad doctrinal (el lenguaje sacrificial del pan y del vino, la invocación pneumatológica y angélica, el silencio final antes del Canon), se corrige devolviendo el contenido tridentino adaptado a la extensión propia del rito vigente; y allí donde se añade algo sin precedente histórico directo (la mención explícita de los tres estados de la Iglesia), se señala como tal.
ResponderEliminarSe trata, como se dijo al principio, de un ejercicio de estudio, no de un texto para uso litúrgico efectivo: la aprobación de cualquier modificación real del Ordo Missae compete en exclusiva a la Sede Apostólica, conforme a Sacrosanctum Concilium 22 y al canon 838 del Código de Derecho Canónico. Su valor es el de mostrar, con la mayor fidelidad posible al criterio expuesto por Benedicto XVI, cómo podría verse en la práctica una segunda fase de la reforma de la reforma aplicada al momento del rito romano donde la ruptura del primer Novus Ordo de 1969 fue más profunda, es decir, romper ya y dejar atrás definitivamente lo que hizo la generación paulino-bugniniana de los 1960, y seguir la tradición clásica, ortodoxa y tradicional de nuestra época más moderna y con más cultura litúrgica y amor al Vetus Ordo bimilenario. Que caiga Traditionis custodes, resurja Summorum pontificum, y sea reformado el Novus Ordo en un sentido clásico, ortodoxo y tradicional: adiós para siempre, Bugnini, adiós (que también cambió la Semana Santa en el Misal de 1955). Ya es hora de pasar página de una generación que tuvo unos criterios muy discutibles y arbitrarios hace ya como mínimo unos 70 años... no nos vinculan sus creencias de lo que debía de ser una misa que se basó en la innovación, abreviación y opcionalidad, que no tuvo la tradición.
Bibliografía técnica y fuentes documentales
ResponderEliminarFuentes magisteriales y canónicas
Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium (4 de diciembre de 1963), especialmente nn. 22 (reserva de la regulación litúrgica a la Sede Apostólica y, dentro de los límites del derecho, al obispo) y 50 (mandato de simplificar el ordo Missae "servatis tamen substantialiter") como marco jurídico de toda reforma posterior.
Código de Derecho Canónico de 1983, canon 838, sobre la competencia exclusiva de la Sede Apostólica y, subsidiariamente, de las Conferencias Episcopales, para ordenar la sagrada liturgia.
Missale Romanum, editio typica de 1962 (última edición preconciliar, la que Summorum Pontificum declaró "nunca abrogada" y hoy regulada por la ilegítima, inacceptable y reprochable Traditionis Custodes y sus posteriores "aclaraciones"), como fuente de las rúbricas de secreto citadas para las secciones II, III, V, VI y IX.
Missale Romanum, editio typica tertia (2002/2008) e Institutio Generalis Missalis Romani, como fuente de la praxis vigente del Novus Ordo citada en cada nota de reforma.
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Redemptionis Sacramentum (25 de marzo de 2004), sobre abusos litúrgicos y su corrección, presupuesto doctrinal de la "primera fase" tal como se ha expuesto en el bloque 1.
Benedicto XVI, Carta a los obispos con ocasión de la publicación del motu proprio Summorum Pontificum (7 de julio de 2007), fuente literal de la expresión "enriquecimiento mutuo" (mutuo arricchimento) entre las dos formas del rito romano.
Benedicto XVI, Summorum Pontificum (7 de julio de 2007) y su Instrucción de aplicación Universae Ecclesiae (2011).
Benedicto XVI, Exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis (22 de febrero de 2007), nn. 38-42, sobre el "ars celebrandi" citado en el bloque 1.
Benedicto XVI, discurso a la Curia Romana con ocasión de la presentación de los votos navideños (22 de diciembre de 2005), fuente de la "hermenéutica de la continuidad" frente a la "hermenéutica de la ruptura".
Fuentes teológicas de referencia
Joseph Ratzinger, Der Geist der Liturgie (1999; trad. esp. El espíritu de la liturgia, Madrid, Ediciones Cristiandad), especialmente los capítulos sobre orientación litúrgica y sobre la naturaleza del ofertorio como acción representativa del sacrificio de Cristo.
Joseph Ratzinger, Milestones: Memoirs 1927-1977 (trad. esp. Mi vida, recuerdos 1927-1977), para su testimonio autobiográfico sobre la recepción de la reforma litúrgica postconciliar.
Annibale Bugnini, La riforma liturgica (1948-1975) (Roma, CLV-Edizioni Liturgiche, 1983), fuente primaria del proceso de supresión de las oraciones ofertoriales tridentinas ("Suscipe sancte Pater", "Offerimus tibi Domine", "Veni sanctificator") por el Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia.
Klaus Gamber, La Réforme liturgique en question (edición francesa, Éditions Sainte-Madeleine, Le Barroux, 1992, con prefacio del cardenal Ratzinger); la edición española de referencia circula bajo el título La Reforma de la Liturgia Romana (Ediciones Renovación, Madrid, 1996).
Nota metodológica final: todas las fórmulas del "Ordo Offertorii Solemne" presentados son composición pedagógica propia inspirada en el vocabulario de las fuentes tridentinas citadas, no transcripción literal del Missale Romanum del rarito de 1965, y los de 1962, 1920, 1884, 1634, 1604 o 1570 de San Pío V (Quo primum) u otro anterior, cuyo texto latino oficial debe consultarse en la editio typica para cualquier uso académico riguroso.
Benedicto habló de una "reforma de la reforma litúrgica" del Novus Ordo paulino-bugniniano de los 1960 siguendos dos pasos: primero, seguir fielmente el Novus Ordo, y luego, reformar todo el Novus Ordo en línea con el Vetus Ordo.
ResponderEliminarUna de las degradaciones que ha habido en la misa está en el ofertorio, fuente muchas veces de abusos y violaciones litúrgicas. Voy a poner las recientes que he visto:
La ley litúrgica solo permite presentar pan, vino y dones reales para pobres o para el culto. Todo lo demás —puertas simbólicas, cañerías, detectores, botellas, herramientas, etc.— no está previsto por el rito romano y constituye abuso litúrgico, aunque en algunas parroquias se tolere pastoralmente.
A partir de aquí, un análisis técnico con precisión doctrinal y rubrical.
1. Qué objetos se deben presentar según la ley litúrgica (IGMR)
La IGMR 73 establece tres categorías únicas de ofrendas legítimas:
1. Materia
a) Materia: Pan de trigo ázimo — destinado a la consagración.
b) Materia: Vino de vid — destinado a la consagración.
2. Dones para los POBRES ECONÓMICOS — alimentos, dinero, bienes reales.
3. Dones para el CULTO EN CELEBRACIÓN — hostias y vino (materia), flores, aceite, etc.
Nada más.
La norma es cerrada: solo se presentan cosas que tienen un destino real. No se admiten objetos simbólicos ni elementos profanos sin uso real.
2. Qué objetos no se pueden presentar (abuso litúrgico)
Todo objeto que no tenga uso real para pobres o culto es ilícito:
a) Puertas simbólicas con la letra "J": Jesús es la puerta
b) Cañerías o tuberías: Jesús como agua viva
c) Detectores, aparatos, herramientas: Jesús como carpintero
d) Botellas, vasos, recipientes sin destino real: símbolos de la acción de Jesús
e) Libros no litúrgicos no destinados al culto: Jesús leía para instruirse
f) Velas simbólicas no destinadas al altar (¡peligro, pueden ser nuevaeranas y ser muy peligrosas exorcísticamente!)
g) Una campana de oveja o vaca o cascabeles (tolón-tolón)
h) Objetos catequéticos o decorativos o de otro tipo (presentar barcos que representen la barca de Jesús, un pozo o brocal o cubo o polea; un cuadro con ovejas y pastores; una obra artística que represente cualquier lectura)
La Iglesia lo prohíbe explícitamente en Redemptionis Sacramentum 70–71:
“No se introduzcan innovaciones en la presentación de los dones.”
3. Por qué una puerta con la palabra “Jesús” es abuso
Una puerta es un objeto profano, sin uso real para pobres o culto, introducido solo por simbolismo arbitrario, ajeno a la tradición romana, que nunca ha usado objetos inventados como signos al estilo freudiano o jungiano. Por tanto, una puerta con la palabra “Jesús” es ilícita en el Ofertorio.
Si se admite una puerta, no hay principio que impida admitir una ventana, una llave, un muro, un candado o cualquier objeto que “simbolice” algo (de algunos de ellos también los he visto). Esto destruye la disciplina del rito.
4. Por qué una cañería por donde “pasa el agua de Jesús” es abuso
Una cañería es un objeto industrial sin relación sacramental, sin destino real, introducido por creatividad catequética, incompatible con el carácter sacrificial del Ofertorio. La liturgia romana no usa metáforas tecnológicas. El agua como signo sacramental existe, pero solo en su forma natural (agua bendita, abluciones, bautismo). Una tubería no es signo litúrgico.
5. Principio doctrinal que invalida estas ofrendas
El Ofertorio no es un momento catequético. Es la preparación del sacrificio: llevar al altar lo que será consagrado y lo que se destina a los pobres económicos.
Las ofrendas simbólicas postconciliares: no están en el Misal, no están en la IGMR, no tienen criterio normativo, generan abusos por falta de límites, confunden liturgia con teatro catequético.
Si se admite una botella o una tubería, no hay principio que excluya cualquier otro objeto profano.
Este agosto ha sido "divertido" de ver cómo obispo, presbíteros, religiosas, y laicos comprometidos, por verdadera ignorancia y desprecio al dogma, han protagonizado verdaderos abusos y violaciones litúrgicas. Luego dirán del descrédito del Novus Ordo, de los obispos, los curas y los religiosos, y de que las parroquias cierran, no hay vocaciones, todo se cierra (templos y monasterios), pero lo dice I Corintios 11: una eucaristía indigna acarrea condenación, debilidad, enfermedad y fallecimiento, tanto de cuerpo como espíritu, como de la misma comunidad, por no hablar de la coherencia eucarística de Sacramentum caritatis 83 de Benedicto XVI: comulgar es defender los 4 principios innegociables de los católicos en la vida pública: vida, familia y matrimonio, educación paterno-filial y bien común patriótico-nacional y eclesial.
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I. Baile con miriñaques durante la Misa (Santander)
Naturaleza del abuso
Violación del carácter sacro de la liturgia (SC 7, 21).
Introducción de elementos profanos y teatrales no previstos por el Misal.
Contravención directa de Redemptionis Sacramentum 78:
“No se introduzcan danzas, espectáculos o elementos profanos en la celebración de la Misa.”
Gravedad
Abuso litúrgico grave, pero no constituye herejía ni cisma.
Se clasifica como ilícito por adición de elementos ajenos al rito.
...
II. Negación de dogmas marianos en la homilía
Naturaleza del abuso
La homilía es ejercicio del munus docendi (IGMR 65; RS 64).
Negar dogmas definidos (Inmaculada, Maternidad divina, Virginidad perpetua, Asunción) es:
Herejía formal si hay pertinacia.
Error doctrinal grave si no hay pertinacia.
Gravedad
Máxima gravedad doctrinal.
Canon 1364 §1: la herejía es delito reservado a la Santa Sede.
Si no hay pertinacia, se aplica canon 1371 §1 (doctrina contraria).
...
III. “Consagración feminista” con cura y religiosas (Santander)
Naturaleza del abuso
Si se trata de:
1. Religiosas pronunciando palabras de consagración
Simulación del sacramento (canon 1379 §1).
Acto gravísimo:
“Quien simula administrar un sacramento incurre en pena.”
2. Gestos de concelebración no permitidos
Concelebración solo para sacerdotes (IGMR 199).
Participación gestual de religiosas en la plegaria eucarística es abuso grave.
3. Rito paralelo o ideológico (“consagración feminista”)
Introducción de un rito no aprobado: RS 59–60.
Si se pretende alterar el significado sacramental, puede constituir acto cismático.
Consagración inválida al no decir las palabras preceptivas: no hay transubstanciación
Gravedad
Gravísima si hubo simulación.
Muy grave si hubo participación ilegítima en la plegaria eucarística.
...
IV. Cobo presentando al público las especies consagradas
Naturaleza del abuso
Depende del gesto exacto:
1. Mostrar la hostia fuera de los momentos previstos
La elevación tiene lugar solo en la consagración y en el “Ecce Agnus Dei”.
Cualquier otra “presentación” es ilícita.
2. Exposición sin rito de exposición
La exposición del Santísimo requiere rito propio (Ritual de la Sagrada Comunión y del Culto Eucarístico fuera de la Misa).
Mostrar las especies consagradas sin rito es abuso.
3. Presentación teatral o catequética
La Eucaristía no se usa como “objeto de demostración”.
RS 60: prohibido instrumentalizar la liturgia.
Gravedad
Grave, pero no necesariamente sacrílega si hubo intención recta.
Puede ser sacrílego si se manipulan las especies sin reverencia.