LA EXCOMUNIÓN FINANCIERA MADE IN GERMANY

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La realidad pura y dura es que la “comunión” con la Iglesia, en Alemania tiene precio (en torno al “diezmo”, es decir el 10% que forma/ba parte de los mandamientos de la Iglesia). De ahí se deriva algo tan lógico y elemental como que, quien no paga (quien declara por escrito que se niega a pagar ese diezmo junto con los impuestos del Estado) queda “excomulgado” latae sententiae (con sentencia ya decidida: sin juicio). Es decir que la Iglesia (el episcopado alemán) le niega todos los sacramentos y sacramentales, incluido el entierro como católico. La sentencia lata es la sentencia ya llevada a cabo. Al ser latus-lata-latum el supino de fero-ferre, lo que se indica con ese adjetivo añadido a “sententia”, es que se da por desarrollado ya el juicio preceptivo para imponer cualquier pena eclesiástica: y con mayor razón, la más grave y definitiva de todas las condenas eclesiásticas, la pena de excomunión. Equivalente a la pena capital.

Vender los sacramentos (si pagas, los tienes; y si no pagas, te quedas sin ellos) parece bastante más grave que vender las indulgencias (que es de donde arrancó la “Reforma” de Lutero). Problema financiero, al fin y al cabo: Roma (la Santa Sede) necesitaba gran cantidad de dinero para atender a sus cuantiosos gastos del momento. También en este momento, la suprema dirección de la Iglesia necesita mucho dinero. En realidad, tiene un importante déficit: gasta más de lo que ingresa. No hace falta preguntarse cómo se financia o se enjuga ese déficit. Es la inmensamente rica Iglesia católica de Alemania la que está ahí para lo que haga falta. Cuando fue la Iglesia americana la que lideraba esa función, el Vaticano asumió el onerosísimo precio que le impuso McCarrick.

Si observamos que, en España, la contribución del Estado a la Iglesia a través de los impuestos, se sostiene en el variopinto capítulo del 0,7%; mientras que en Alemania se sostiene en el potentísimo capítulo del Kirchensteuer (la contribución a la Iglesia), que es un incremento del impuesto sobre la renta entre un 8 y un 9%; basta observar esa diferencia abismal, para entender los dinerales que le transfiere el Estado alemán a la Iglesia católica (previa deducción de una comisión de cerca del 3% por este enorme servicio). Y obviamente, es esta inmensa afluencia de dinero a las arcas del episcopado alemán, la que convierte a la Iglesia alemana en la más potente (y dadivosa) del mundo y la inviste, de paso, de una respetabilidad que amplifica su voz y su influencia hasta niveles que escapan a toda lógica comprensión. En efecto, es la Iglesia alemana la que enjuga el déficit de funcionamiento del Vaticano. Por eso, el “Camino Sinodal” de los obispos alemanes es atendido con tan rendida veneración que, de hecho, la Santa Sede ha decidido adherirse a él mediante la Sinodalidad Universal y el Camino de la Reforma perpetua (como la de Lutero). En el “Camino Sinodal” made in Germany, todo puede ser reformado, hasta las Sagradas Escrituras: no en su texto, sino en su “lectura”.
 

Tanto hoy como en tiempos de Lutero, la Iglesia necesita dinero, mucho dinero. En el caso de Lutero, resulta que el dinero no se fue con Roma, sino con la Reforma. Por eso, la Iglesia da por bien aprendida esa lección; y viniendo de donde viene el máximo caudal, ni siquiera se le ocurre resistirse a la Reforma del Camino Sinodal que le exige el episcopado alemán. ¿Los alemanes son reformistas? Pues el Vaticano también. ¿Y están empeñados en imponer la sinodalidad como nueva esencia y nueva forma de gobierno de la Iglesia? Pues el Vaticano se pone de cabestro para arrastrar a toda la Iglesia por ese Camino: su propósito es imponerlo como dogma y hacerse con las marcas del Camino Sinodal y de la Sinodalidad como genuinas marcas vaticanas.

¿Y de dónde le viene a la Iglesia alemana esa fuerza y esa riqueza tan exorbitante? Pues de la capacidad de castigar con la excomunión fulminante a cualquiera que se niegue a ese incremento sustancial de sus impuestos para sostener a la Iglesia, a la inmensamente rica Iglesia alemana. Vamos, le viene de la lucrativa venta de los sacramentos.

Hemos de felicitarnos por tan extraordinaria eventualidad; porque si no llegase a estar la cuota necesaria de esa inmensa riqueza a disposición del Estado Vaticano, habituado ya al vicio tan moderno del endeudamiento, como uno más entre los Estados, se vería obligado a emitir deuda y salir al mercado financiero a vender esa deuda. Y lo que ocurriría no es que no hubiese manera de colocarla, como le ocurre hoy a América, sino que el mercado pujaría por hacerse con esa santa deuda en la mayor cantidad posible. Y no precisamente por el rédito (que hasta podría tomarse el lujo de imitar y hasta superar a los japoneses en su mejor momento); sino porque, nos guste o no nos guste, al final, el deudor acaba siendo esclavo de su acreedor. ¡Le aparecería a la Iglesia un nuevo amo! 

Si tal sucediese, llegaría el momento en que tuviese que suplicarle no a Dios Padre, sino a su acreedor (un Estado, unos Fondos de Inversión), dimitte nobis débita nostra (nada de ofensas, sino deudas), aunque no estuviese en condiciones de añadir sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris: como nosotros les perdonamos las deudas a nuestros deudores: que la Iglesia alemana, gran maestra, nunca soñó con ser una perdonadeudas.
 

Pues ahí lo tenemos: siendo, al menos a primera vista, un mal menor que la Iglesia del Vaticano dependa de la Iglesia de Alemania, el hecho de que la cabeza de la Iglesia se convierta en deudora en cualquier modo, no deja de ser motivo de grave preocupación. Aunque, como en el caso de la Iglesia alemana, la deuda no sea contable, sino moral. 

Y digo que “a primera vista” la cosa parece menos grave. Pero no por eso hemos de desestimar el “coste moral” de una “deuda moral” que, mal negociada, podría llegar a ser mucho más onerosa para la Iglesia, que la deuda financiera. Y parece que justamente ése es el problema que está asfixiando hoy a la Iglesia: la fuerza económica aportada a la “Iglesia Vaticana” por la Iglesia alemana, se está convirtiendo en un dogal moral que la asfixia de peor modo que asfixian a cualquier mortal las deudas financieras.

Efectivamente, basta ver cómo el Vaticano ha tenido que ‘bendecir’ con la “excepción alemana” (recognitio de 28 de agosto de 2012, prot. n. 934/84) esa especie de venta de los sacramentos; basta ver de qué manera tan singular ha tratado el Vaticano la cuestión financiera de la Conferencia Episcopal Alemana, para entender de qué género y estilo son o pueden ser las demás relaciones de la Iglesia alemana con la Santa Sede. Es quizá a partir de este dato, con la descomunal implicación económica que arrastra, como nos podemos situar respecto a la absolutamente inexplicable fuerza (¡incluso doctrinal!) que ejerce la Iglesia alemana sobre el Vaticano y sobre la totalidad de la Iglesia católica. De hecho, la Santa Sede les autoriza a ‘vender’ de ese modo la asistencia espiritual y la salvación de sus almas, tremendamente comprometida mediante la peculiar excomunión con que esa Iglesia castiga a los católicos que se niegan a contribuir a su gran riqueza.

Como diría Virgilio, a crímine uno disce omnes; o como decimos en castizo, quien hace un cesto hace ciento. Ne nos inducas in tentationem, sed líbera nos a malo (¿a Malo?). 

COROLARIO:

La tremenda necesidad de dinero que sintió la iglesia hace medio milenio, dio lugar a una solución calamitosa, pero tremendamente productiva, conocida con su peor nombre, como “venta de indulgencias”. Lutero, despechado por haberlo rechazado el papa como predicador de ese pío negocio, denunció rabiosamente esa redención de penas mediante dinero, y se lanzó a la Reforma protestante, es decir al cisma. 

Hoy, por lo visto, tiene también la Iglesia (el papa) tremenda necesidad de dinero porque, como todos los Estados del mundo, gasta más de lo que ingresa.  Y resulta que es la “Iglesia Alemana” la que está proporcionando ese dinero: pero con un carísimo peaje doctrinal. Las tragaderas sinodales y parasinodales del Vaticano, empezando por la “excepción alemana”, tan sumamente rentable, son mastodónticas. Y el dinero de la que los críticos llaman “venta de los sacramentos” fluye, fluye con enorme generosidad. Y es de nuevo Alemania la que amenaza con el cisma. ¿Es ésa la Salus animarum
 
Virtelius Temerarius        

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7 comentarios

  1. ¿Quiere decir, mosén Temerarius, que toda esa basura sinodal que nos está imponiendo la Iglesia, y la acogida y acompañamiento gay que ha adoptado tan caritativamente el Vaticano, se deben a puro chantaje económico de Alemania?
    Si es así, si el Vaticano está cediendo al chantaje económico de Alemania, lo de la venta de las indulgencias fue de una candidez estremecedora. ¡Claro que hay que volverlos al seno de la Iglesia Vaticana! ¡Pobrecitos!
    Está claro que hoy la Iglesia Vaticana tiene clarísimo que ha de caer en la parte donde está el dinero. Que de ningún modo incurrirá en la torpeza de echar o de dejar que se le escindan los de los dineros. Si quieren escindirse de la Iglesia que lo hagan otros (los que se oponen a la nueva fe sostenida en la nueva misa, los homófobos que detestan la acogida de los movimientos LGTB+ por la Iglesia, los ácidos críticos del papa y los sedevacantistas). Que se vayan esos, pero no los generosos enjuagadores de los agujeros negros del Vaticano. Eso, jamás.
    Han de estar bien contentos los que preferían un papa chantajeable.. Ahí lo tienen. Pueden llevarlo por donde quieran.

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  2. Con los pastores sin el celibato obligatorio y que puedan trabajar en un oficio ejerciendo de sacerdotes solo los domingos, todo solucionado. El cura obrero es la solución. El sistema actual es para satisfacer a los ricos.

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  3. En plata, Virtellius, que nos hallamos ante un simonía colosal. Baviera, la que conocí, era un land generoso con la Iglesia. El saludo normal al entrar en la panadería o en cualquier sitio era "Gruss Gott", las iglesias rezumaban esplendor contrarreformista y apenas había reticencia ante el diezmo. Pero las cosas han cambiado, y no poco. La Unificación supuso un esfuerzo tributario a toda la nación que ha durado hasta hoy. Sería el momento de que la Iglesia se adelantara y diera un primer paso para desligarse de la dependencia gubernamental concienciando a los católicos practicantes.

    Porque la Iglesia necesita dinero. Pero no tanto el Vaticano cuanto las misiones y obras de evangelización en el Tercer Mundo e Hispanoamérica.
    Los desajustes en la balanza tienen mucho que ver con los gastos consuntivos, no con la propagación del evangelio, sensu lato (universidades, hospitales, parroquias, seminarios, obras de solidaridad).

    La rémora de la dependencia de alemana es sumamente peligrosa. Y supeditar a ella la defensa de la doctrina es suicida. El Sínodo Alemán sólo pudo persistir por la falta de pulso doctrinal de Bergoglio. Con Ratzinger, que era bávaro, no hubiera prosperado. Prevost se ha entregado a un falso teólogo que está llevando a la Iglesia por las aguas procelosas del relativismo y la amoralidad. Una amoralidad placentera de besos de rosca y del yacer con moza del arcipreste de Hita, eso sí, siempre que se haga con mucho discernimiento, la palabra tabú que elevó a categoría moral Bergoglio sacrificando la conciencia bien formada.

    Sería un sofisma excusar la defensa de la verdad recibida con la necesidad de dinero. Al final, ni el dinero basta ni se recupera la credibilidad en la doctrina. Recuerdo que hubo un fraile de la familia March al que el patriarca de los banqueros quería promocionar y le propuso a los religiosos la construcción de un convento en el centro de Palma de Mallorca a condición de que el prior fuera el ahijado. Los frailes repusieron: don Juan, nuestra Orden ha elegido siempre a sus superiores desde la fundación hace setecientos años y no hay dádiva (soborno) que la cambie. Se quedaron sin convento, pero con la dignidad intacta.

    Nunca lamentaremos bastante el daño que el dúo Bergoglio-Fernandez ha traído a la Iglesia.

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  4. De pena.

    Que prescindan Ipso Facto de la herética Iglesia sinodal Alemana, YA

    Mejor más pobres , que no ir al precipicio infernal, donde irán Marx, el Cardenal y compañía.

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  5. Tremebundo a la par que triste. Gran artículo.

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  6. Una pregunta: los protestantes hacen lo mismo???

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  7. Repugnante y anti evangélico. La Iglesia de Cristo no necesita complejas estructuras , mirad el libro de hechos de los apostoles , o las cartas apostólicas ... cierto que la Iglesia Católica le seria muy difícil volver a la simplicidad organizativa de la iglesia primitiva, pero debemos preguntarnos a que precio se ha convertido el Cristianismo católico, con la simbiosis de poder político y religioso. No hay soluciones mágicas, pero Cristo que fundó la Iglesia, no fue con el modelo actual..

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