Escándalo para los
judíos y necedad para los gentiles
1ª Corintios, 1:23
Me
refiero a la cruz-no-cruz que corona la Sagrada Familia, cuya solemnísima
bendición será el núcleo del viaje del papa León XIV a España. Con la tremenda
paradoja de que al tiempo que el líder máximo de la Iglesia católica pone en
marcha la imponente maquinaria propagandística de un viaje papal para bendecir
una pseudo-cruz en Barcelona, evitará con sumo cuidado acercarse a la auténtica
cruz (de 150 metros de altura y 46 de envergadura) del Valle de los Caídos, la
mayor del mundo, a escasos 60 kilómetros de Madrid.
Evidentemente,
la Cruz (la exaltación de la Santa Cruz) no es el núcleo del viaje del papa a
España. Y no será por falta de tiempo, porque más de un tercio del disponible
para todo el viaje, lo pasará el papa en Madrid. Ni parece que sea, la Cruz, el
núcleo del catolicismo de hoy. Como metáfora, no está nada mal.
Y
encima acabará resultando que, sobrevolando el alboroto típico de los viajes
del papa, la noticia más espectacular y más comentada será en negativo: será el
esfuerzo del papa por ignorar la mayor cruz del mundo, pasando en silencio al
margen de ella. ¡Uy, la metáfora! Aparte de la cruz física, la mayor del mundo,
la del Valle de los Caídos, ¿cuál es hoy la mayor cruz moral de este mundo?
Dura, durísima cruz es, que la Iglesia esté mirando al mundo para que sea éste
quien le indique cuál es su mayor cruz y le explique cuáles son los caminos
para cargar con ella dignamente (cristianamente). O, mejor aún, para abrazarse
a ella como Cristo. Pero no, evidentemente el papa no va por el mundo a
difundir el mensaje de la Redención por la cruz: Adoramus te, Christe, et benedícimus tibi, quia per sanctam crucem tuam
redemisti mundum, recitábamos el Viernes Santo. No, no es ése hoy el
mensaje del papa.
Pero
como nunca llueve a gusto de todos, a alguien se le ha ocurrido emprender una
campaña para pedirle al papa que, en su próximo viaje a España, no se conforme
con exaltar la Cruz inaugurando-bendiciendo la que se ha instalado en la
Sagrada Familia para coronar su torre más alta. Una cruz que parece más bien de
camuflaje (para que, si se diese el caso, fuese fácil negar su condición de
cruz). Pues sí, los promotores de esa campaña se han empeñado en poner al papa
en un compromiso más: elegir entre la supuesta cruz que corona el templo (¡expiatorio!)
de la Sagrada Familia, y la imponente cruz del Valle de los Caídos: la más
monumental del mundo.
¡Para
qué nos vamos a engañar! La que llaman “cruz” colocada en la torre más alta del
templo de la Sagrada Familia para coronar esa edificación tan espectacular, no
es una auténtica cruz. Es el remate arquitectónico de una edificación
espectacular, que no podía rematarse en una cruz plana, puesto que siendo
redonda la torre a rematar, por razones estéticas requería una cruz redonda, es
decir una especie de “cruz en movimiento”. Lo que está claro es que, si algún
día los musulmanes convirtiesen la Sagrada Familia en mezquita (no sería la
primera iglesia que sufriese esa transformación), los nuevos dueños no
sentirían la necesidad de sustituir la supuesta cruz por la media luna. Podrían
superponerla sin más a la supuesta cruz, sin ofender a la estética de toda la
edificación.
En
cualquier caso, dudo mucho que el papa, por más que se le presione, acepte
visitar y bendecir la gran Cruz del Valle de los Caídos. Los inconvenientes que
desaconsejan esa visita y aún más esa bendición, son varios:
En
primer lugar, la Conferencia Episcopal Española en pleno, y con votación
cercana a la unanimidad si el tema se votase, se mostraría totalmente en
contra: y no por eso de las antiguas heridas (que no sólo están más que
cicatrizadas sino que incluso han hecho callo), sino porque ideológicamente la
práctica totalidad de nuestro episcopado tiene el sentimiento de que se tenían
que haber evitado la exaltación de los numerosísimos mártires de la guerra
civil, promoviendo su beatificación y canonización; y que, por tanto, tiene
poco fundamento el sentido reconciliador del Valle de los Caídos; y que en
cualquier caso, la cosa no va con ellos. No se sienten concernidos en absoluto
por esa lamentable historia.
En
segundo lugar, siendo el Valle de los Caídos por sí mismo un tema políticamente
conflictivo, la Secretaría de Estado del Vaticano, tan cautelosa (véase China),
nunca ofendería de una forma tan directa a las autoridades políticas de España
que, con tanto empeño se están esforzando en “resignificar” la basílica,
trasladar a la comunidad benedictina y a ser posible, deshacerse de la cruz que
corona el espectacular monumento. No les costaría encontrar para ello, pretextos
geológicos, ecológicos o arquitectónicos. En cualquier caso, la Conferencia
Episcopal evitaría esa visita por todos los medios.
Y
en tercer lugar (por limitar a sólo tres los inconvenientes), estando el mundo
como está, con los musulmanes crecidísimos en esta especie de guerra santa con
la que están enfrentándose al tándem Israel-Estados Unidos, con la bendición de
la enorme cruz del Valle por el Papa, se les ofrecería un blanco espectacular
para un atentado quirúrgico (sin necesidad de ninguna clase de víctimas) que
les redundaría en factor electrizador de todo el mundo musulmán.
Y
curiosamente, no es la Conferencia Episcopal la que tiene competencia sobre el
lugar sagrado del Valle de los Caídos (basílica, monasterio y dependencias),
sino el Vaticano. Nada menos que es el papa el que tiene la última palabra
sobre este conflicto abierto en carne viva. ¿Y cuál es el programa al respecto?
¡Cuál va a ser! ¡¡¡Ignorarlo!!!
No
olvidemos, por otra parte, la tremenda lucha que llevan los Abogados Cristianos
desde hace ya unos cuantos años, en el goteo incesante de cruces que se
eliminan o que se quieren eliminar en buen número de municipios. La última cruz
agredida ha sido la que corona el Aneto, el pico más alto de los Pirineos
(3.404m.); una cruz que habiendo sido repuesta después de ser vandalizada, ha
vuelto a ser objeto de profanación al cabo de pocos meses: troceada con una
radial para eliminarla totalmente.
Si
fuesen por ahí las intenciones el papa y los empeños de la Conferencia
Episcopal Española, el viaje papal estaría orientado a una auténtica exaltación
de la Santa Cruz, aprovechando la espléndida oportunidad de bendecir la mayor
cruz del mundo. Pero no, como la Iglesia actual lleva su cruz de forma
vergonzante, se conformará con hacerle bendecir al papa ese floripondio de la
torre más alta de la Sagrada Familia, que puede ser interpretado como una cruz
de cuatro brazos por quien así lo desee.
Virtelius Temerarius


