Este Domingo de Resurrección, el obispo auxiliar Javier Vilanova presidió la misa en la parroquia de San Juan Bautista de Santa Coloma de Gramenet y celebró ad orientem, tal como se realiza siempre en esta comunidad del barrio de El Fondo, en la periferia barcelonesa, cuyo párroco es Mn. Francesc Espinar. Celebró versus Deum con absoluta normalidad y desenvoltura, sin que ningún fiel no acostumbrado a esa manera tan digna de celebrar pudiera sentirse desubicado.
Cabe decir, además, que el obispo Vilanova supo ganarse la estima de los asistentes con una magnífica homilía, bien estructurada, sin apunte ni guion alguno, y mucho menos lectura farragosa. Cercano, sencillo, atento y cordial. Y con un exquisito celo en las vestimentas episcopales, con la incorporación del manípulo, así como de la mitra y el báculo en el momento de la prédica.
Este auxiliar lleva más de cinco años como obispo y puede decirse que ya tiene plenamente asumido el cargo. Cierto es que en estos años se ha prodigado en toda clase de actos y Omella lo ha utilizado para todo. Incluso ha tenido que afrontar más de un asunto peliagudo, como sucedió con la parroquia del Espíritu Santo. Pero lo cierto es que a este joven auxiliar ya le conoce toda la diócesis y ha sabido granjearse las simpatías tanto del clero como de la feligresía, sin distinción de tendencias o ideologías.
Pero la presencia de Vilanova no terminó con la eucaristía. Después hubo procesión, y vaya procesión: la del Encuentro de Cristo Resucitado con su madre, María Santísima. La presidió también, revestido de habito coral (a diferencia de Omella, que sale a recibir las procesiones de Viernes Santo en la plaza de la Catedral con clergyman). Ahí todavía se veía más feliz al obispo; no en vano la procesión del Encuentro del domingo de Pascua es típica en sus tierras del Ebro, de donde la importó Mn. Espinar, que la viene sacando a la calle desde hace 23 años.
La procesión es un auténtico acontecimiento en el barrio de El Fondo. Y en estos tiempos, en los que algunos se llenan la boca con la integración de los emigrantes, un verdadero exponente de como la Iglesia nos puede unir a todos: niños bolivianos tocados con barretina, chinos lanzando confetis, ecuatorianos haciendo explotar la traca, cual si fuesen valencianos. Todos celebrando la resurrección del Señor. Y los musulmanes mirándoselo con respeto; no en vano Mn. Francesc Espinar se corta el pelo con un barbero pakistaní y ellos le llaman “el Papa”. El Papa de Santa Coloma.
Presencia católica en la calle. Canto del Pange Lingua de Mocedades cuando Cristo Resucitado se encuentra con su madre. Y no acaba ahí, sino que se vuelve a la iglesia, que quedó desbordada este domingo de Pascua con unos 400 fieles en un templo en el que caben 200 sentados. Y ya dentro nueva sesión de cantos, incluidas unas jotas típicas de las tierras tortosinas que Mn. Espinar cantó de viva voz dedicadas al obispo, quien las escuchó con una sonrisa en los labios: sonrisa de la alegría del evangelio que había recordado en su homilía.
Me decía un feligrés de la parroquia que este año se había notado un notable incremento de asistentes a los diversos oficios de Semana Santa. No sé si será ese despertar católico del que tanto se habla, pero lo cierto es que ese resurgir lleva años brotando en la parroquia de Mn. Espinar. El verdadero párroco de Santa Coloma, al que incluso llaman para administrar los últimos sacramentos o celebrar las exequias para fieles que no son de su parroquia, como sucedió hace pocos días con el fallecimiento de Manoli Aragón, una voluntaria incansable de la Iglesia Mayor.
El obispo Vilanova pudo comprobar la vitalidad y el dinamismo de la parroquia de San Juan Bautista y el amor incondicional de los feligreses hacía su párroco. El cardenal Omella ya lo comprobó hace años y, desde entonces, ha mostrado su cercanía y afecto por Francesc Espinar.
Veintitrés años de procesión del Encuentro. Veintitrés años como párroco. Fue recibido con recelo y ahora es el verdadero rector de la población. Un fenómeno sociológico con gente de su barrio, uno de los más humildes de Barcelona. Una realidad viva que nunca sale en los medios de comunicación subvencionados.
Oriol Trillas




¿Este obispo auxiliar es el encargado por el arzobispo de controlar a los sacerdotes jóvenes, demasiado conservadores para el gusto del señor cardenal?
ResponderEliminarVaya vaya con el peloteo... Sigue Germinans como es habitual enterándose poco de la película. Vilanova engaña a los fieles con su sonrisa y su estilo melifluo. Pero el clero no está contento con él, más bien al contrario. Pocos le tragan.
ResponderEliminarPero Oriol siempre está dispuesto a hablar por hablar cómo si supiera algo.
Ya lo dije yo el otro día.
ResponderEliminarVilanova, próximo Cardenal de Barna.
Por el 18 de Julio, por cierto.