I. Exordio: El
Signo de los Tiempos
Hermanos en la
Fe, nos encontramos en una hora de tinieblas donde la confusión no solo rodea
los muros de la Iglesia, sino que parece haber penetrado en el mismo Santuario.
San Pío X, en su encíclica "Pascendi Dominici Gregis", ya nos
advertía que los enemigos de la Iglesia no están solo fuera, sino en sus
propias venas y entrañas. Hoy, esa profecía se manifiesta en la claudicación de
la jerarquía ante el mundo.
II. El Valle de
los Caídos: Entre la Profanación y la Omisión
El reciente
escándalo sobre la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos es el
síntoma de una patología terminal en la valentía apostólica. Se nos habla de
"resignificación", una palabra moderna para camuflar la profanación
de un lugar sagrado y el desprecio a la Cruz de Cristo, la más grande de la
Cristiandad.
La traición de
los pastores: La aparente firma o aquiescencia del Cardenal José Cobo,
Arzobispo de Madrid, para facilitar la entrada del brazo político en el recinto
sagrado, es un acto que clama al cielo. Aunque la Secretaría General de la
Conferencia Episcopal intente ahora marcar distancias alegando que no fue una
"autorización vaticana", el daño está hecho: el escándalo de la duda.
Fundamento
Doctrinal: El Código de Derecho Canónico (Canon 1210) es taxativo: "En un
lugar sagrado solo se admite aquello que favorece el ejercicio y la promoción
del culto, de la piedad y de la religión". Ceder un templo a la ingeniería
social de un gobierno laicista no es "convivencia", es sacrilegio por
omisión.
¿Dónde ha quedado
el espíritu de San Ambrosio, que se plantó ante el Emperador Teodosio para
recordarle que el emperador está dentro de la Iglesia, no sobre la Iglesia?
Hoy, los sucesores de los apóstoles parecen preferir la sonrisa del César al
favor de Dios.
III. El Escándalo
de Canterbury en el Corazón de Roma
Como si el ataque
a nuestros templos nacionales no fuera suficiente, asistimos con dolor a la
claudicación ecuménica en la misma Roma. La recepción con honores de Sara
Mullally, quien se arroga el título de "arzobispa" de la comunión
anglicana, no es un gesto de caridad, sino de confusión doctrinal.
La Realidad
Teológica: Debemos recordar la carta apostólica "Apostolicae Curae"
de León XIII, que declaró de forma definitiva e irreformable que las
ordenaciones anglicanas son "absolutamente nulas y sin valor alguno".
La Ofensa a los
Apóstoles: Ver a una laica vestida de obispo realizando actos de culto o
"bendiciones" ante la tumba de San Pedro y San Pablo es una bofetada
a la Tradición y al Magisterio. No se puede bendecir el error. El Papa Pío XI,
en su encíclica "Mortalium Animos", fue claro: "La unión de los
cristianos no puede fomentarse de otro modo que procurando el retorno de los
disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo".
Recibir con
honores de sucesor de los apóstoles a quien persiste en el cisma y en la
alteración del Sacramento del Orden es, sencillamente, una apostasía
silenciosa.
IV. Análisis
Teológico: ¿Una Jerarquía Cobarde y Sumisa?
La pregunta que
todo fiel se hace es: ¿Qué está pasando con la Iglesia? Estamos ante la
inversión de la misión evangélica. Cristo dijo: "Si el mundo os odia,
sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros" (Juan 15:18). Pero la
jerarquía actual parece obsesionada con ser amada por el mundo, por los
organismos internacionales y por las agendas globales.
Estamos viendo el
cumplimiento de lo que el Catecismo de la Iglesia Católica describe en su
numeral 675:
"Antes del
advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que
sacudirá la fe de numerosos creyentes... el misterio de la iniquidad bajo la
forma de una impostura religiosa".
La jerarquía se
ha vuelto antidoctrinal cuando sustituye la Verdad por el
"acompañamiento" sin arrepentimiento; es sumisa cuando calla ante
leyes inicuas para no perder privilegios estatales; y es cobarde cuando
persigue a los fieles que defienden la Tradición mientras abraza a los lobos
que devoran el rebaño.
V. Conclusión: El
Deber del Remanente
No nos llamemos a
engaño. El Magisterio de la Iglesia no pertenece al Papa de turno ni a los
obispos del momento; ellos son meros custodios, no dueños del depósito de la Fe
(Depositum Fidei). Como dijo San Pablo en Gálatas 1:8: "Si aun nosotros, o
un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos
anunciado, sea anatema".
La Iglesia es de
Cristo, no de los burócratas de la fe. Frente a la profanación del Valle de los
Caídos y la claudicación en el Vaticano, nos queda la resistencia espiritual,
la formación doctrinal y el valor de confesar a Cristo Rey.
¡Que la Virgen
María, Auxilio de los cristianos, nos mantenga firmes en la Verdad que no muere!
Pablo Hertfelder
García-Conde
Periodista



Grandioso artículo.
ResponderEliminarMuchas gracias!