La verdad es que eso del
sínodo y la sinodalidad, tiene muy mala pinta. Por empezar, no nació la idea en
Roma, sino en Alemania. Simplemente, Roma y el papa van a remolque de la
Conferencia Episcopal de Alemania, totalmente tomada por el lobby gay del lugar
(aunque también el Vaticano está tomado por las mismas hordas). Sólo a partir
de esas premisas se puede entender de dónde viene y hacia dónde nos lleva la sinodalidad
que, todavía sin definir, ya va haciendo de las suyas.
Parece que detrás de esa
palabra está, entre otras cosas, la idea de que la Iglesia ha de estar en
perpetua renovación (aggiornamento),
para ir acomodándola a las exigencias de un mundo cambiante. Concilio Vaticano
II en estado puro. Está también la idea de que hay que hacer todos los
esfuerzos por la unidad: ut unum sint.
Más bien en la dirección hacia la que apunta el papa, de que “ya somos uno”,
refiriéndose a los protestantes y a los ortodoxos. Es decir que hemos de
aparcar tanto como podamos, las diferencias doctrinales que en su momento
provocaron la separación. Y por fin, contamos con la desacralización de la
liturgia para acercarnos a los protestantes: de hecho, la sustitución de la
Misa por asambleas de “culto”. Por ahí andan ya las celebraciones de la
Palabra.
Y puesto que es el
acercamiento a los protestantes lo que empuja a los obispos alemanes al Camino
Sinodal, y puesto que Roma se está esmerando por evitar el reconocimiento y la
formalización del cisma de hecho, decidido por los alemanes; ante esas
premisas, el Vaticano ha optado por sumarse al cisma del Camino Sinodal,
aceptando acríticamente la totalidad de sus doctrinas, entre las que ocupa un
lugar destacado, el nuevo invento de la sinodalidad, que Roma se ha empeñado en
extender a toda la Iglesia.
Lo cierto es que esa historia
la empezó el papa Francisco y, como tantas otras cosas suyas (sin ir más lejos,
la continuidad del Tucho en Doctrina de la Fe), la continuó para desesperación
de muchos, el papa León. Y he aquí que, en perfecta e inconmovible continuidad
con el anterior pontífice, esta semana acaba de entregar el Grupo de Estudio nº
4 del inacabable Sínodo de la Sinodalidad, la revisión (¿reforma en
profundidad?) de la Ratio Fundamentalis
Institutionis Sacerdotalis “en perspectiva sinodal misionera”.
Ni que decir tiene, que eso de
la “perspectiva sinodal” me ha traído a las mientes la prolífica “perspectiva
de género” de infausta memoria de nuestros políticos, sobre la que construyeron
las cosas más fantasiosas y justificaron las más generosas y creativas
subvenciones. Y ya me estoy viendo los grandes prodigios de creatividad de la Ratio Sacerdotalis, es decir, de la
razón de ser del sacerdocio, que nos podemos encontrar al aplicarle la que se
adivina prolífica “perspectiva sinodal misionera”. Eso, teniendo en cuenta que
venimos de la condena explícita del “proselitismo” por parte del anterior
pontífice. Y por parte del actual, estamos en el empeño de homologación y
unificación no sólo de la totalidad de las “confesiones” cristianas, sino
también de los demás caminos encontrados por el hombre para llegar a Dios.
Evidentemente, de estos
antecedentes pueden surgir los desarrollos y las conclusiones más peregrinas
sobre la “nueva” naturaleza del sacerdocio católico y sobre los nuevos enfoques
que han de presidir los programas de formación de los novísimos sacerdotes
sinodales de la sinodalidad. Y, obviamente, esta renovación o restauración del
nuevo sacerdocio con la “perspectiva sinodal” que requiere la Nueva Iglesia,
sólo es posible si se remata ya doctrinalmente, la demolición del sacerdocio
por lo visto anticuado, que viene arrastrando la Iglesia cada vez con menos
convicción.
No perdamos de vista que, bajo
esta profunda revisión de la Ratio
Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (la Razón fundamental de la
Institución Sacerdotal), corren tormentosas ideas, aunque de momento no se
declaren, tan revolucionarias como la liquidación del celibato (y, ojo, que las
novísimas perspectivas de género explicitadas por la Iglesia en la Fiducia súpplicans, dispuesta a bendecir
todo tipo de parejas, le han ampliado al sacerdote sinodal de mañana, el
generosísimo horizonte que le ofrece el levantamiento del celibato). Y aparece
también en el horizonte, el sacerdocio femenino (ya totalmente encarrilado a
partir de la homologación del sacerdote católico con el pastor protestante).
El lenguaje nos ha facilitado
muchísimo el camino para dar el salto del sacerdote al pastor. Porque en
realidad, la nueva Ratio Fundamentalis del
sacerdocio, coloca la “pastoral” como la principal (si no la única) razón de
ser del nuevo sacerdocio católico sinodal. Abona esta idea el hecho de que incluso
fue el carácter de “pastoral” el que quiso ostentar el Concilio Vaticano II
para inaugurar el reinicio de la Iglesia en clave modernista. En efecto, a
partir de ahí, el salto de sacerdote a “pastor” resulta casi imperceptible. Y
de ahí, el triple salto mortal a pastora, se verá como una consecuencia lógica
de la sinodalidad (que aún está por definir) y se vivirá como una profunda
necesidad pastoral para el nuevo sacerdocio auténticamente católico.
Téngase en cuenta, además, que
con esta nueva configuración del sacerdocio, con el levantamiento del celibato
de doble género, y la consiguiente “libertad sexual” de doble género para el
sacerdote, se confía en resolver de un plumazo la principal lacra, la de los
abusos, que viene castigando a la Iglesia desde hace más de medio siglo.
En efecto, tenemos ya
confortablemente instalado y ampliamente aceptado al sacerdote pastor, ocupando
el lugar del sacerdote celebrante del Sacrificio de la Misa dispensador de los
sacramentos. La profunda desacralización de la misa, convertida en banquete de
libérrima y gozosa participación (sin referencias morales ni religiosas que la
limiten, tal como decidió la Leticia del Amor), ha afianzado esta nueva visión
eminentemente pastoral del sacerdocio católico, hermanado con el protestante.
En efecto, la Iglesia ha permitido (aunque parece que más bien, aceptado) que
cada vez más misas tengan finalmente un gran parecido con las asambleas del
culto protestante. Es lo que requiere la nueva visión pastoral de la Iglesia,
es decir la Ratio Pastoralis a fin de
cuentas, del sacerdote católico del siglo XXI.
Es que, claro, según la Nueva
Teología, el sacerdocio emana del Pueblo de Dios. No es Dios quien lo
instituye, sino el Pueblo. Es pura emanación del Pueblo, instituido para su
servicio, y en plena sinodalidad con él: el sacerdote ha de rendir cuentas al pueblo
de su sacerdocio, del mismo modo que el político ha de rendirlas de su acción
de gobierno. Es un sistema de pastoral consensuada, un nuevo planteamiento en
el que Dios está de más. A partir de ahí, hasta se pueden votar los
Mandamientos. Todo muy democrático (en la jerga eclesiástica, sinodal). Hemos
pasado de la verticalidad, tan incómoda en un mundo que pregona democracias, a
la absoluta horizontalidad. El poder de la Iglesia ha pasado a manos del Pueblo
de Dios. Y es finalmente a este Pueblo, a quien rinde culto el nuevo sacerdote
con su nueva Ratio Fundamentalis.
Evitando, por encima de todo, cualquier fundamentalismo dogmático, moral o
litúrgico: que los fundamentalismos son fuente de conflictos. Ahí tenemos, en
efecto, a la Fraternidad.
Virtelius Temerarius



¡Oh, sí!, en tiempos de inclusión infinita, todo fundamentalismo y todo radicalismo repugna a la Iglesia Católica Reformada del Vaticano II. Es la Nueva Iglesia Pastoril, que aparcó los viejos y anticuados dogmatismos con los que se han sellado los sucesivos cismas. Bien dice el papa León, consecuente con la renuncia a hacer hincapié en los dogmas, que en realidad SOMOS UNO con las iglesias separadas. En efecto, basta ponerles sordina a los dogmas (e insistir en la pastoral) para que la unidad tan ansiada por el papa no sea un deseo, sino un hecho. ¡Así de fácil! ¿Cómo estábamos tan ciegos que éramos incapaces de ver algo tan evidente?
ResponderEliminarUfffff, de pena 😢
ResponderEliminarSoy protestante , quiero aclarar unos puntos respecto a lo que dice el artículo. Primero , los protestantes o evangélicos no queremos la unidad con la Iglesia Católica, es como mezclar agua con aceite . Segundo , nosotros no aceptamos -salvo algunas iglesias díscolas-ni la ideología de género ni las uniones homosexuales. Tercero, nuestra visión de la Santa Cena es algo que tiene gran valor espiritual, el problema lo tienen ustedes. Cuarto, el azote de la pederastia y la hipocresía sexual lo tienen en la iglesia católica, nosotros no promovemos ministros castrados, nosotros promovemos los cinco ministerios del que habla Pablo en sus epístolas, así como los ministerios de liderazgo, para personas con familia.
ResponderEliminarPor tanto, nada tenemos que ver con el susodicho concilio alemán ni vaticano...no nos metan donde no estamos ni queremos estar. Esto es un problema exclusivo de ustedes. Busquen otro chivo expiatorio..
Hermano separado Protestante, sea usted bienvenido. Eso de que no quiere usted saber nada de la Iglesia Católica pues no se entiende ya que anda usted zapeando por aquí. Sepa que un señor llamado Francisco andaba con la letanía del Todos-todos-todos y entronque a Lutero y a la Pachamama. Aún así, queda usted invitado a venir al Catolicismo y abandonar su vida cismática
EliminarSense discrepar en res dalt:
ResponderEliminarPotser soc ingenu, però encara tinc unes poquíssimes esperances en la persona a la dreta de la foto.
Poquíssimes
Del presumit nefast Grech a l'esquerra, res de res de res de res.
[i] Entrevistat el desembre de 2018, va dir que agraïa les discussions amb ateus que han perfeccionat les seves creences i preferit el diàleg. Quan se li va preguntar sobre qüestions familiars i sexuals, va dir:
« Si algú ve a mi demanant-me ajuda per descobrir Jesucrist... podria ser homosexual i fins i tot en una relació homosexual. És igual. No impediré aquesta persona; al contrari, jo l'ajudaria. L'últim que faria és posar-me en contra d'aquella persona... Abans es deia: "primer posa ordre a la teva vida i després començarem el camí cap a Déu". Avui, en canvi, diríem: «Apropem-nos a Jesucrist... i Crist ens ajudarà a posar ordre»... «El negre» i el «blanc» encara existeixen; però la zona grisa entremig ha crescut. És a les zones grises que hem de buscar. Per això he dit que desconfio d'aquells sacerdots, o cristians, que senten que ja saben totes les respostes. Ningú pot fer aquesta afirmació. Tots hem de seguir buscant.
Viquipedia
[ii] 'Així doncs, sí, l'home [en Grech] està a favor de donar voltes. Però no en una planxa calenta com el pobre Sant Llorenç, que va ser martiritzat pel poder de les seves conviccions.
Per citar malament el difunt cardenal Francis George [Chicago], el bisbe Grech no morirà en una plaça pública ni per defensar la fe ni per lluitar per la democràcia, ja que les seves conviccions estan tan fixes com un penell en un dia de vent.
https://manueldelia.com/2017/11/guest-gozo-bishop-rome-castille/
F.E.M.
La filosofía analítica hizo un gran bien a la filosofía desnudándola de sus filosofemas, de su impostura y engolamiento con vana palabrería. En su degradación máxima ésta se hizo acreedora de la definición ridiculizadora: trata de lo que todo el mundo sabe con palabras que nadie entiende.
ResponderEliminarEsa verborrea cabe aplicarla al sínodo de la sinodalidad. No pasan, en su contenido, de la definición etimológica: sin-odós, recorrer el camino juntos. De esas etimologías sabe usted mucho Virtellius.
Más allá de ese caminar juntos que nos da el sacramento del bautismo, que comporta el sacerdocio común, o de los fieles, se pisa la línea roja del dislate. Ya sabemos que a Francisco, como a Tucho, les ha gustado mucho jugar a la comba, un paso a la derecha de la línea, un paso a la izquierda.
No puedo evitar asociar mentalmente a Francisco y a Tucho, en el Vaticano, con el dragón que hay en la catedral luterana de Estocolmo. Llamaradas de azufre en la Iglesia.
Contra ese azufre se erigió Trento, concilio al que debemos la teología de los sacramentos. Tan decisiva, tan profunda fue su aportación que hasta los más osados de los teólogos han sido conscientes de ello. Pienso en Schilleebeckx, cuya tesis doctoral fue justamente el concepto de sacramento en Trento. Tucho, en su pornografía, no parece haber tenido tiempo de hojearla, y mucho menos los cánones conciliares.
Nadie podía pensar antes de Bergoglio que la Iglesia atravesaría esta tormenta, esta prueba, esta noche obscura, esta crisis tan cruel.
Para nuestra desgracia, Virtellius, habrá que esperar que pase el pontificado de León XIV. Mons parturiens murem.
Totalmente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.
EliminarEl Sínodo de la Sinodalid no es mas que un cuento de la falsa iglesia, la de que todos los caminos conducen a Dios. Nada más lejos de la Verdad, un gran engaño en estas décadas desde 1948 de engaño tras engaño. En España, el gran engaño se aplicó a toda máquina, con ingentes cantidades de dinero con el Régimen del 78 pero ya al Caudillo le habían endosado el "trágala" de la libertad religiosa del post-concilio...
ResponderEliminarAl Caudillo nadie le endosó ningún trágala.
ResponderEliminarEra demasiado Católico para dejarse engañar.
22.49 Tiene usted razón. Franco era católico pero llegó a pensar que si el CVII se hizo fue para torcerle el brazo al Caudillo con lo de permitir la libertad religiosa e imponerle obispos "poco católicos"
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